Revista Velvet | Viajes con Majo Winter: Uyuni, donde el horizonte desaparece
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Viajes con Majo Winter: Uyuni, donde el horizonte desaparece

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Viajes con Majo Winter: Uyuni, donde el horizonte desaparece

POR equipo velvet | 11 junio 2026

Estos últimos años he podido hacer check a muchos lugares que tenía pendientes: el nordeste de Brasil, Machu Picchu, Aruba, Isla de Pascua. Pero me faltaba uno, tan cerca de Chile y a la vez tan lejano, que implica logística, paciencia y ganas: el Salar de Uyuni.

Por Majo Winter @majowinter

El salar más grande del mundo, con 10.500 kilómetros cuadrados de sal pura, tan plano que la NASA lo usa para calibrar sus satélites y tan vasto que cuando llueve, el cielo y la tierra se funden en un espejo infinito. Puedo decir ahora que valió absolutamente cada hora de viaje.

LA TRAVESÍA: GANARSE EL CAMINO

Para llegar a esos lugares del planeta que parecen de otro mundo, hay que saber que el camino no será fácil. El Salar de Uyuni no es la excepción. La mejor puerta de entrada desde Chile es San Pedro de Atacama, donde muchas agencias ofrecen la travesía clásica de tres días: salida de madrugada, cruce por Hito Cajón, cambio a un 4×4 boliviano y un recorrido que incluye lagunas de colores, géiseres y aguas termales antes de llegar al salar.

Yo elegí una ruta más directa desde Calama hacia Ollagüe, pero sin importar por dónde entres, el paisaje te va preparando para lo que viene: altiplano infinito, llamas y vicuñas al borde del camino, montañas nevadas y, en algún punto del trayecto, el Valle de las Rocas, un paisaje rojizo y surrealista con formaciones volcánicas gigantes esculpidas por el viento, donde puedes bajarte del auto y caminar entre los bloques de piedra como si estuvieras en otro planeta. Y así, casi sin darte cuenta, llegas a tu destino.

DORMIR DENTRO DEL SALAR: HOTEL LUNA SALADA

¿Sabías que en Uyuni hay hoteles construidos con bloques de sal a orillas del salar? Los más destacados son Palacio de Sal y Hotel Luna Salada, que no solo ofrecen un lugar para dormir, sino una experiencia completamente inmersiva en el paisaje blanco del altiplano boliviano. Están ubicados muy cerca del pueblo de Colchani, la pequeña localidad que funciona como puerta de entrada a este mundo blanco.

Yo me quedé en el Hotel Luna Salada, un lugar construido sobre una pequeña colina que le da vistas privilegiadas del salar en todas direcciones. Combina diseño innovador con elementos locales: cuadros de artistas bolivianos, tejidos y mantas de artesanos de la zona.

Desde que entras, algo cambia. El piso está hecho de sal gruesa y suelta que cruje bajo los pies exactamente como la nieve. La recepción es amplia, con una chimenea encendida que se agradece mucho cuando el frío de los 3.600 metros sobre el nivel del mar se mete por todos lados. Las paredes, los muebles, las mesas y hasta los cabezales de cama están hechos de bloques de sal compactada, que además de decorativa, funciona como aislante natural. Casi todas las habitaciones y áreas comunes tienen grandes ventanales con vista al salar, para ver cómo los colores cambian a lo largo del día.

Y el desayuno: café boliviano bien cargado, té de coca para el mal de altura, pan de quinoa, fruta variada y cereales de amaranto con chocolate, mientras el sol va apareciendo lentamente sobre el blanco. Me llené de energía porque era el momento de salir a recorrer esta belleza.

EL ÚNICO LUGAR DEL MUNDO DONDE TOCAS EL CIELO EN LA TIERRA

Antes de hablar de la inmensidad del Salar de Uyuni, quiero contar la leyenda andina que explica su origen. Porque creo que solo así es posible dimensionar un lugar tan mágico como este.

Cuenta la leyenda que, hace miles de años, las montañas que hoy rodean el salar no eran simples cerros, sino seres vivos. Entre ellos estaba la diosa Tunupa, una poderosa figura femenina asociada al volcán que lleva su nombre. Ella estaba profundamente enamorada de otro volcán, el imponente Kusku. Pero Kusku la traicionó, abandonándola por otra montaña.

Tunupa quedó sola, con su hijo en brazos. Y la pena fue tan grande que comenzó a llorar sin consuelo, días y noches, hasta que su dolor inundó todo el altiplano. Sus lágrimas, mezcladas con la leche que brotaba de su pecho materno, formaron una inmensa extensión blanca: el salar.

Por eso la gente local dice que el Salar de Uyuni no es solo sal. Es el rastro de un corazón roto.

Y con esa historia en la cabeza, recorrer el salar se convierte en algo completamente distinto.

UN DÍA DENTRO DEL BLANCO

Aunque el efecto espejo es más intenso entre diciembre y abril, para mi gusto una de las mejores épocas para visitar Uyuni es entre mayo y junio: aún puedes encontrar el espejo en zonas específicas y al mismo tiempo el salar está lo suficientemente seco para que los 4×4 accedan a lugares como la isla Incahuasi. Lo mejor de los dos mundos.

Durante el día, tu guía boliviano te lleva en su vehículo a través del salar. Ver cómo abren caminos en medio de la sal mientras atraviesas un desierto blanco que no tiene fin es algo difícil de describir. Donde sea que mires, solo hay sal. Y silencio.

El recorrido pasa primero por los Ojos del Salar, pozas naturales formadas por la presión del agua subterránea que atraviesa la gruesa capa de sal. Luego el Monumento al Dakar y la Plaza de Banderas, donde cada turista ha dejado su huella colocando la bandera de su país en medio del salar.

Después, la isla Incahuasi, una colina solitaria cubierta de cactus gigantes en medio de la nada, donde puedes hacer trekking o simplemente recorrer la zona y tomarte fotos desde lo alto con el salar como fondo infinito. Otro punto que no puedes saltarte es el Parque de las Esculturas, un museo al aire libre con figuras enormes hechas de sal por artesanos locales: una pirámide, una mano, llamas, y un laberinto de paredes de sal por el que me metí confiada y del que tardé 15 minutos en salir, con solo el cielo azul como guía. Nadie me advirtió que era tan grande.

Y donde sea que camines, cuando mires hacia abajo, el suelo te va a detener: los hexágonos de sal que se forman durante la época seca cubren toda la superficie, un mosaico natural de patrones perfectos producidos porla evaporación del agua. Es uno de esos detalles que no aparecen en las fotos y que cuando los ves en persona, no puedes dejar de mirar.

NADIE TE ADVIERTE DEL TODO SOBRE LO QUE SIGNIFICA VER EL ATARDECER DESDE EL SALAR

El sol empieza a bajar y los colores se despliegan lentos: primero amarillo, después naranjo, luego un rosado que no parece real. Y todo eso no ocurre solo arriba, en el cielo, sino también abajo, reflejado en el agua o en la sal húmeda, creando esa imagen donde el horizonte desaparece y ya no sabes dónde termina la tierra y dónde empieza el cielo. Caminas y ves tu propio reflejo moverse contigo. Arriba y abajo. Tú y tu sombra duplicada en el blanco.

Es uno de esos momentos en que el cuerpo no sabe exactamente qué hacer: si quedarse quieto para no romper nada, o correr. Yo hice las dos cosas.

Uyuni es de esos lugares que te cambian levemente la escala de las cosas. Vuelves a casa y por un par de días, todo lo demás parece un poco más pequeño. Y eso, viniendo de un salar de 10.500 kilómetros cuadrados, tiene todo el sentido del mundo.

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