Revista Velvet | Nicole Wallace: “Estar en Chile fue muy impactante”
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Nicole Wallace: “Estar en Chile fue muy impactante”

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Nicole Wallace: “Estar en Chile fue muy impactante”

POR Paulina González | 19 mayo 2026

En la nueva adaptación de La casa de los espíritus de Prime Video, la actriz española se sumerge en el universo de Isabel Allende desde un proceso íntimo y profundamente espiritual. Entre acentos, viajes internos y una conexión honesta con lo invisible, construye a una clara del valle que encarna memoria, intuición y la fuerza silenciosa de las mujeres a lo largo del tiempo.

Hay actrices que construyen personajes. Y hay otras que, en silencio, parecen abrir un canal para que esos personajes existan a través de ellas. A Nicole Wallace, su madre le dice “Baby Yoda”: un alma vieja, intuitiva, profundamente conectada con lo que no siempre se ve. No es un dato anecdótico. Es, quizás, la clave para entender cómo llegó a Clara del Valle, uno de los personajes más enigmáticos del universo de Isabel Allende.

Cuando recibió la propuesta para sumarse a La casa de los espíritus, la nueva adaptación de Prime Video, Wallace no estaba en su mejor momento. Venía de una pausa autoimpuesta, de un quiebre personal que la había llevado a alejarse de la industria y a cuestionar su propio lugar en ella. Sin motivación, sin energía creativa, había decidido detenerse. Por eso, cuando el proyecto apareció, no fue solo una oportunidad laboral: fue, en sus propias palabras, un reencuentro con la ilusión.

Esa conexión —tan poco calculada como profundamente honesta— se convirtió en el punto de partida para construir a una Clara que no se impone, sino que escucha; que no explica, sino que siente. Una Clara atravesada por lo espiritual, por lo invisible, por una sensibilidad que dialoga directamente con la propia experiencia de la actriz española. Viajes astrales, meditaciones, registros akáshicos, pero también acento, cuerpo y territorio: todo fue parte de un proceso que desdibujó los límites entre interpretación y vivencia.

La serie, que se estrenó el 29 de abril en más de 240 países, marca la primera adaptación en español de la icónica novela de Isabel Allende, una saga que cruza generaciones de mujeres en un continente atravesado por la memoria, la violencia política y la resiliencia. Presentada en el Teatro Municipal de Santiago junto a gran parte de su elenco, la producción vuelve a poner en el centro una historia donde lo íntimo y lo colectivo se entrelazan con una vigencia inquietante.

En conversación con Velvet, Wallace no solo habla de su proceso actoral, sino también de lo que significa habitar un personaje como Clara en un momento personal de reconstrucción. Porque a veces, cuando la vida se desordena, el arte no solo refleja: también repara.

—¿Qué pasó la primera vez que tú leíste el libro La casa de los espíritus?

—Creo que poder haberlo leído ya sabiendo que iba a formar parte del proyecto fue muy bonito. Porque, claro, yo leía y me imaginaba el poder hacer esas escenas y entrar en ese mundo. Leí primero el guion antes que la novela, entonces fue también como llenar espacios que no sabía por el guion. Y fue muy enriquecedor y muy bonito. También fue, igual, un poco pesado imaginar ese mundo, ¿no? Porque al final me pasaron mis capítulos para leer. Y claro, luego al leer el libro y saber toda la historia, sí que fue una sensación de responsabilidad, pero también de felicidad.

—Cuéntame un poco sobre la construcción del personaje. No es un personaje fácil o común de interpretar.

—El trabajo del acento fue muy importante. Ese acento, para mí, fue como un canal directo para Clara, porque al hacerlo también se te cambia un poco la voz, hablas un poco más agudo de lo normal, y eso ya me colocaba en un lugar muy específico. La época, el vestuario, todo lo más superficial, me ayudaba mucho a tener una base sólida donde caer. Y bueno, luego al entrenar y sumergirme en ese mundo mágico de espiritualidad y misticismo, hice un viaje astral. Abrimos los registros akáshicos de la serie, hice meditaciones, leí sobre la época y sobre qué tipo de mujeres existían en esa época latinoamericana, porque no es la misma historia española que yo tengo en la cabeza. Fueron muchas cosas, salir de mi zona de confort e intentar adentrarlas desde un lado honesto y real. Ya fuese el acento, o al final ir a Chile, sentirme chilena, escuchar a gente chilena y que se me pegara el acento… eso fue, en realidad, la vía más rápida. Actuar esa magia desde un sitio muy honesto y real, fue la ruta muy honesta y rápida. Coger todas esas cosas que no son comunes o normales desde un sitio muy real, sin forzar, sin intentar imaginar, simplemente ser.

—Y me hablabas del acento. Mucha gente dice que el acento chileno es complicado, poco común. ¿Cómo lo estudiaste? ¿Te enfocaste en alguna persona en específico, quizá algún amigo chileno?

—Ahora tengo muchos amigos chilenos. (Risas). Tuvimos una coach que se llama Moria Miller, que es maravillosa, y trabajamos mucho con ella. También teníamos la ventaja de que es un acento chileno, pero neutralizado a la época. Creo que lo difícil del acento chileno hoy en día es que tiene muchas palabras muy propias: el “cachái”, el “sí po”, el “ya po”. Todo eso, en la época no estaba de la misma manera. Entonces quitaba una capa, ¿no?, y lo hacía bastante más fácil. Además, todos estábamos en el mismo barco, intentando encontrar ese acento y un acento latinoamericano que fuese bastante común entre nosotros, pero que tuviese una raíz chilena. También fue interesante encontrar que hay acentos españoles que se parecen, como el andaluz o el canario. Tienen una tonalidad o ciertas características similares, como el seseo. Fue muy bonito ver esa conectividad.

—Sé que hablaste un poco de este viaje astral, pero detállame más. ¿Eres una persona mística por naturaleza o fue algo que exploraste por el papel?

—Yo soy una persona mística ya de por sí. Soy muy espiritual desde siempre. Mi mamá, cuando crecí, me decía “Baby Yoda”, como un alma muy mayor, muy sabia. Y creo que por eso también se me hizo más fácil. Pero es verdad que la excusa de entrar en ese espacio por estar trabajando en un personaje que lo requiere me llevó a un lugar mucho más profundo.

También entrar en Chile, que es un país que vive el misticismo y espiritualidad de forma muy cotidiana, fue muy bonito para mí. El viaje astral fue muy intenso. Te guía una persona y vas entrando en distintos espacios, moviéndote con la imaginación, con los ojos cerrados. Mi objetivo no era encontrarme con Clara, sino entrar en ese mundo, sentir algo más allá de este plano.

Y al final fue como una conversación conmigo misma, con esa idea de Clara que existe en el imaginario colectivo: la abuela de Isabel Allende, otras interpretaciones, distintas visiones. Fue como empaparme de todo eso. Y sí, fue una conversación donde sentí que me decía que confiara, que hiciera lo que sintiera necesario para contar la historia. A pesar de que ella me contó que estaba nerviosa por la adaptación, me dio mucha tranquilidad.

—¿Te empoderó con el papel?

—Me enseñó quién era Clara. Es una persona que deja ser a los demás, que acepta, que acompaña, que acoge. Más allá de lo que me sirviera a mí en lo personal, fue en- tender que ese es el tipo de persona que es Clara. Deja a los demás ser libre, porque ella es muy libre.

—A veces, cuando uno hace estos procesos por trabajo, también nos toca en lo personal. ¿Te cambió a ti?

—Mucho. Yo venía de un momento bastante duro en mi vida personal. Había decidido parar, no tenía motivación ni ilusión ni confianza en la industria. Decidí darme un tiempo de descanso, a pesar de que estaba por comenzar con otra serie. No me sentía creativamente inspirada y el personaje no merecía que yo lo hiciera sin estar al cien por cien. Entonces me di un tiempo para sanar y no tenía planes de entrar en un set.

Y de repente apareció este proyecto. Cuando me dijeron que me habían elegido, lloré muchísimo de felicidad. También tenía miedo, era una producción grande, irme a Chile sola tanto tiempo… pero la primera conversación con las directoras (Fernanda Urrejola y Francisca Alegría) me dio mucha tranquilidad y se me quitaron todos los miedos. Era un espacio de cuidado, de escucha, de ternura. Ellas también entendieron el momento vital que estaba yo e hicieron del set un espacio seguro. Trabajar en un set lleno de mujeres fue increíblemente sanador. Me devolvió la ilusión y me hizo conectar con lo que habla la serie: sanar heridas, incluso las que no son propias.

—¿Te volviste a ilusionar con tu arte?

—Totalmente.

—¿Qué parte del personaje sentiste más cercana a ti y cuál te desafió más?

—Lo más cercano es esa lucha feminista por hacer del mundo un lugar mejor, su espiritualidad, su intuición. Lo más desafiante fue el duelo. No he vivido muchas pérdidas cercanas, y Clara atraviesa muchas y fue difícil ponerse en ese lugar. Ella vive la muerte desde un sitio muy pacífico y de aceptación. No le da miedo porque conecta con espíritus y sabe que hay algo más allá. A mí eso no me pasa, me da mucho miedo la muerte. A pesar de que soy muy mística, también soy muy lógico. A veces, por lo mismo, entro en un espiral muy loco. La muerte para mí es el FOMO (Fear of Missing Out o “temor a perderse algo”) máximo. Tengo la fortuna que me gusta mi vida para sentirme así.

—La historia atraviesa generaciones de mujeres muy fuertes. ¿Cómo dialoga tu personaje con ese linaje?

—Es una historia profundamente feminista, de principio a fin. Habla de todas las mujeres que han tenido que existir, luchar y morir, para que hoy tengamos derechos y libertad. Clara es un ejemplo muy bueno de eso. Me gusta mucho el libro Mujeres que corren con los lobos y habla de cómo la intuición de las mujeres se ha callado durante mucho tiempo porque nos ha tremendamente poderosas y mágicas. Creo que Clara es eso, el temor del patriarcado de lo que nos podemos llegar a convertir.

—¿Qué te conmovió de la historia de Chile?

—Estar en Chile fue muy impactante. Escuchar lo que ocurrió en ciertos lugares, recorrerlos… fue muy emocional. Sentí que no estábamos contando solo ficción, sino historias reales. También viajar por el país fue muy fuerte. Estuve un mes sin grabar y viajé a Patagonia, Atacama y Pucón. Me empapé de la variedad que tiene Chile y fue muy bello. Es increíble cómo los humanos cogemos algo terriblemente doloroso y horrible para luego transformarlo en algo tan bello. Eso pasa en Chile. La resiliencia de seguir adelante, de no quedarse estancados es muy latinoamericano.

—¿Tuviste la oportunidad de conocer a Isabel Allende?

—No, ojalá. Mi madre se muere si es que llega a suceder. Espero que pronto suceda. Ella está ocupada escribiendo sus libros increíbles, pero yo me muevo a dónde me diga.

—¿Qué reflexión te deja esta serie como mujer?

—Que no podemos acomodarnos. Que hay que seguir luchando. Que si no lo hacemos nosotras, nadie lo hará.

—¿Qué estás leyendo?

—Estoy leyendo Just Kids de Patti Smith.

—Es mi favorito

—Ya voy por la mitad y me ha encantado.

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