Para Paulita Errázuriz, Blue no es solo su perro: es compañía, contención y una presencia constante en cada etapa de su vida. Regalón, intenso y profundamente leal, ha sido testigo de sus procesos más íntimos —personales y creativos— acompañándola siempre desde ese lugar silencioso donde todo se vuelve más simple. Hoy, mientras su universo evoluciona, hay algo que permanece intacto: ese vínculo que, sin esfuerzo, lo sostiene todo.
Fotos Pedro Magnere
En 2015, cuando Paulita errázuriz decidió instalarse en Barcelona y empezar su marca desde cero, también tomó otra decisión igual de radical: encontrar al perro perfecto. Lo buscó como quien busca una obsesión —específico, único, “el más lindo del mundo”— hasta que apareció Blue, un bulldog francés gris (o “azul”) que viajaba en tren desde la frontera con Francia dentro de una caja. Hubo huelga, espera y ansiedad. Hasta que un timbrazo lo cambió todo. Desde entonces, no se separan.
Blue no solo ha sido su compañero en la vida, sino también en el proceso creativo: estuvo ahí cuando su marca era apenas una idea, cuando los días transcurrían entre bocetos y encierro voluntario, cuando el foco era total. Regalón, manipulador, profundamente leal y con una personalidad tan intensa como entrañable, es de esos perros que —como dice ella— saben cosas que nadie más sabe. Hoy, mientras su proyecto evoluciona hacia un taller propio, asesorías y nuevas formas de revalorizar prendas, hay algo que no cambia: Blue sigue siendo su centro. El que la completa.
El que la baja. El que, incluso, habla —literalmente— para pedir agua.

—¿Cómo llegó Blue a tu vida y qué estaba pasando contigo en ese momento?
—Llegó a mi vida en Barcelona, en un momento súper importante. Yo me había ido a Europa, primero a Londres y después me instalé en Barcelona ya de forma más definitiva. Me compré un departamento, estaba full estable y quería un perrito. Siempre había querido tener uno, y aunque había tenido bulldog inglés, los bulldog francés siempre me habían llamado la atención. Pero yo decía: si voy a tener uno, quiero el más lindo, uno especial, increíble. Me puse a buscar el bulldog más lindo del mundo en Google y encontré el bulldog francés azul, que en realidad es gris. Busqué criaderos, encontré uno con campeones de belleza y ahí estaba Blue. En una camada donde algunos eran más estirados, él era el más gordito, el más echado, el más tranquilo.
—Amor a primera vista…
—Fui súper específica: quería ese. Me decían “come mucho, es muy gordito”, pero yo estaba decidida. Lo encargué, aunque no estaba en Barcelona sino en la frontera de Francia con España. Fue heavy porque lo mandaban en tren, en una cajita, y justo hubo un paro de trenes. Estaba muy nerviosa. Cuando finalmente llegó, yo estaba como niña esperando al Viejito Pascuero. Me tocaron el timbre y era Blue, chiquitito en su cajita. Fue amor a primera vista. No lo soltaba. Desde ahí me dediqué a criarlo: es mi regalón y mi fiel compañero.
—¿Por qué decidiste llamarlo Blue?
—Le decían así a los bulldog francés “azules”, que en realidad son grises. Me encantó el nombre, pero además en la universidad había hecho un trabajo sobre el color azul, su profundidad, entonces ya era algo que me hacía sentido. También siempre he pensado que los nombres de perros tienen que ser cortos, para que los entiendan bien. Blue era perfecto.
—¿Qué recuerdas de sus primeros días contigo?
—Era muy divertido, muy regalón. Estaba conmigo todo el tiempo, era un cachorrito exquisito. No podía salir todavía porque tenía dos meses, así que todo pasaba en el departamento. Le encantaba jugar con la escoba, con la aspiradora, perseguía todo. Nos reíamos mucho. Era muy juguetón, muy regalón, exquisito desde el primer día.
—¿Cómo era la Paulita de 2015 versus la de hoy, vista a través de Blue?
—Fue justo cuando empecé la marca, entonces él marcó mucho ese momento. Me inspiré en él para el logo también: el bulldog tiene algo delicado, elegante, único, que tiene que ver con mi marca. Yo ya era una persona que sabía lo que quería, muy clara, pero en ese momento estaba mucho más enfocada. Era más joven, más energética, pero también más casera porque estaba creando desde el departamento. Tener a Blue me ayudó mucho a concentrarme, a no salir tanto y a dedicarme completamente a la marca.

—¿Qué ha significado para ti que te acompañe desde una etapa tan específica de tu vida?
—Muchísimo. Europa me marcó profundamente: el estilo de vida, empezar la marca, todo. Y Blue estaba en todo eso. Fue una etapa donde puse en papel mis ideas, mis emociones, todo. Y él siempre estaba ahí: en mis pensamientos, en mi proceso creativo, acompañándome en todo lo que me pasaba.
—¿Qué crees que Blue sabe de ti que nadie más sabe?
—Muchas cosas… cosas que ni siquiera puedo contar. Me ha visto en todas. En verdad, en todas.
—¿En qué momentos sientes que más te ha contenido emocionalmente?
—En todos, pero especialmente cuando uno está enfermo o en reposo. Esos momentos en que no puedes moverte, te sientes más vulnerable o sola… ellos son los mejores compañeros. Se quedan contigo, hacen el reposo contigo, están ahí fieles, acompañando, entregando amor. Es un amor puro. Es lejos cuando más he sentido su contención.
—¿Cómo cambia tu energía cuando estás con él?
—Me siento completa. Llena. No me falta nada. Cuando no estoy con él, siento que me falta algo. Con él estoy plena, tranquila, en paz.
—¿Te ha enseñado algo sobre el amor o la lealtad?
—100%. Me ha mostrado una lealtad inigualable. No sé si uno puede encontrar algo así en un humano. Es un amor incondicional, puro, sin celos, sin envidia. El amor más pleno que puede existir.
—¿Hay algún ritual entre ustedes dos que sea sagrado?
—Salir a pasear en la mañana, sí o sí. Las comidas son sagradas para él. El regaloneo en la mañana y en la noche. También tomar sol, salir un rato, estar tranquilos. Todo eso es ritual. Y además, el cariño constante.
—Si tuvieras que describir a Blue como persona, ¿cómo sería?
—Es un regalón total, manipulador, mamón. Consigue todo lo que quiere. Es llevado a sus ideas, muy decidido. También juguetón, pero ahora más tranquilo. Muy cariñoso, llorón cuando quiere algo, medio flojo, pero a la vez ágil. Me lo imagino como un gordito buena onda, medio ra- pero, choro, con estilo, pero por dentro muy regalón.
—¿Es más mañoso, regalón o independiente?
—Muy regalón. Cero independiente. Siempre quiere estar pegado a uno, ojalá en contacto físico.
—¿Cuál es su mayor debilidad: comida, cariño o flojera?
—La comida. Absolutamente la comida. Es lo más importante para él.
—¿Qué es lo más chistoso que hace?
—Habla. Literalmente habla. Dice cosas como “agua”. Se comunica mucho, más que ladrar. Todo el mundo se ríe cuando lo escucha.
—¿Tiene alguna “maña” muy suya?
—Pedir con la patita, agarrarte el brazo, como un niño chico. También pedir comida todo el tiempo y querer subirse a los asientos.
—¿Cómo es un día perfecto para Blue?
—Comida, premios, paseo corto con sol, tranquilidad. Después, estar en la casa, en la cama o el sofá, con mucho cariño. Lo ideal es que yo no salga y esté con él todo el día.
—¿Qué tipo de regaloneo ama más?
—En la cama, con cariño, masajes. Le encanta que le toquen el cuello, detrás de las orejas… y el poto.
—¿Hay algo que tú le permites y sabes que no deberías?
—Darle comida cuando estoy comiendo. Sé que está mal, pero no me puedo resistir.
—¿Quién manda en la casa realmente?
—Yo… pero también él. Es muy demandante, así que igual termina mandando bastante.
—¿Qué crees que diría Blue de ti si pudiera hablar?
—Que me ama, que soy su mamá y que lo he dado todo por él. Pero también que viajo mucho y no lo llevo. Que le gustaría estar más conmigo y acompañarme en todo. Y probablemente diría que no entiende por qué no lo llevo si él se portaría bien.