Revista Velvet | Lucas Sáez Collins: “En mi arte encuentro a Dios”
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Lucas Sáez Collins: “En mi arte encuentro a Dios”

Lucas Sáez Collins: “En mi arte encuentro a Dios”
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Lucas Sáez Collins: “En mi arte encuentro a Dios”

POR equipo velvet | 18 mayo 2026

El multifacético actor enfrenta un movido primer semestre con el estreno de la serie Alguien tiene que saber –inspirada en el caso Matute–, teatro y los ensayos de su propuesta musical. “Uno se dedica a esto porque hay una necesidad vital de entenderse, de entender al otro”, señala.

Por Marietta Santi Fotos Pedro Magnere Ropa Mo Studio Locación Marciel Art Café

Desde el año pasado que el nombre de Lucas Sáez Collins (29) suena fuerte en el medio actoral chileno. Luego de su rol como antagonista en la cinta musical La Ola, de Sebastián Lelio, y su protagónico en la obra, también musical, Tick, tick…¡boom!, Sáez se convirtió en el talento joven que hay que ver. Hoy, se luce como el hermano del desaparecido en la serie de Netflix Alguien tiene que saber –inspirada en el caso Matute– y protagoniza la obra unipersonal Las cosas extraordinarias.

Si hubiera que definir su trabajo, la palabra interdisciplinario sería la más adecuada. A su formación como actor en la Universidad de Chile suma la danza – clásica y contemporánea–, el canto y la música.

“Hay inquietudes que me interesa seguir profundizando, como usar mi trabajo actoral desde la interdisciplina. Eso es lo que más me interesa: investigar la música, investigar la danza. Estoy en eso”, dice sentado en un café de Bellavista –donde es amigo más que cliente–, mientras mira a los ojos y toma un té chai.

Lejos está de Lautaro, el adolescente con cáncer que interpretó en la serie de TV Pulseras Rojas (2014) papel para el que fue elegido por casting.

-Me llama la atención ese camino tan interdisciplinario.

-Creo que ha sido una búsqueda de tratar de entenderme, de entender mi lugar en este mundo. Va más allá del oficio porque, al final, uno también se dedica a esto porque hay una necesidad vital de entenderse, de entender al otro, de comunicarlo y de compartirlo.

-¿Siempre quisiste ser actor?

-De chiquitito quería ser cantante (ríe). De hecho, mi primera contraseña de email era “cantante”. Después cambié la voz, empecé a tener gallitos, y sentí que quizás no iba a poder cantar. Pero acompañaba mucho a mi papá (Juan Pablo Sáez) de gira o en las funciones. Me gustaba ver el movimiento que había tras bambalinas y me sabía las obras de memoria. De a poco fui decidiendo que quería hacer de esto mi vida, y que quería encontrar cuál era mi camino.

-¿Luchaste con el deseo de ser artista escénico? Me refiero por tener papá actor y con un teatro, además.

Sí, sin duda. Yo podría estar simplemente trabajando en el Teatro San Ginés y seguir ese legado, pero no ha sido mi inquietud, porque he necesitado encontrar cuál es mi lugar en este mundo, desde dónde puedo aportar con mi arte. También, un poco más joven, necesitaba demostrarme a mí mismo que era suficiente. Creo que todos tenemos esa búsqueda en su minuto, más allá de la familia y de tu contexto.

En 2021 tuvo la oportunidad de estudiar con David Zambrano, maestro de danza venezolano afincado en Ámsterdam y Bruselas, y al año siguiente audicionó para la compañía holandesa Het Houten Huis. Así fue elegido para la obra Als het anders loopt, con la que durante el 2023 recorrió Holanda y Bélgica.

“La obra es bien física, yo andaba en skate en escena. Fue una tremenda experiencia ya que, de alguna manera, demostré que también mi arte es apreciado en otros lugares, donde nadie conoce mis apellidos o de dónde vengo”, reflexiona.

Tan bien le fue con Zambrano, que el año pasado dio su primer workshop en su escuela. Esta experiencia que repetirá en agosto próximo.

INSPIRADO EN LA REALIDAD

En medio de esa búsqueda vital, que continúa, el talento de Sáez también ha seducido al mundo audiovisual. Filmó la película Mi nuevo estilo de baile, biopic de la banda ochentera Emociones Clandestinas que aún no ve la luz; La Ola –de Lelio– y ahora la controvertida serie inspirada en el caso Matute, que dirigen Fernando Guzzoni y Pepa San Martín.

-¿Cómo llegaste a Alguien tiene que saber?

-Por casting, a cargo de Eduardo Paxeco. Me llamaron y yo estaba en un proceso para otra serie. Pasé las etapas y, bueno, a veces el puzzle de la vida te necesita en ciertos lugares. Al poco tiempo estaba viviendo en Concepción para grabar la serie.

-¿Cómo fue la experiencia?

-Fue una gran experiencia actoral, la verdad, porque casi todas mis escenas son con Paulina García. Y eso fue verdaderamente un entrenamiento. Ella es seca, y también muy abierta a compartir.

-Háblame de tu personaje.

-Interpreto a Erick, que es el hermano del joven que desaparece y quien empieza a secundar a la madre, a contenerla… Me costó entenderlo, porque es un personaje que se construye bastante desde el silencio, desde la compañía y de pasar a un segundo lugar, porque la mamá enfoca toda su energía en encontrar al otro hijo.

-¿Te influyó que la serie se inspire en un caso real o te centraste en el guión?

-Si bien la serie está inspirada en un caso real, que conmocionó al país y que no es único en su tipo, es una ficción muy bien hecha con una construcción dramática suficiente para que uno como actor pueda emprender el viaje. Me traté de enfocar en mi trabajo, que estaba en el set y en el guión. No busqué demasiado afuera, porque cuando uno hace cualquier proyecto atrae la energía de la historia que está investigando.

Piensa unos segundos y agrega: “Creo que eso fue muy compartido con mis colegas. Clemente (Rodríguez), que interpreta al protagonista, fue un muy buen camarada, realmente construimos una hermandad. No nos conocíamos para nada”.

Con Alguien tiene que saber Lucas volvió a vivir en Concepción, donde en 2024 filmó Mi nuevo estilo de baile. En la cinta, aún en postproducción, interpreta a Jorge “Yogui” Alvarado, el líder de la banda ochentera Emociones Clandestinas.

-¿Buscaste mucho para dar con Yogui?

-La búsqueda siempre está, pero llega un momento en que hay que confiar y soltar el control. Soy bastante estudioso, leo, busco referentes y le pregunto al director. Me obsesiono. En ese momento escuché solo música chilena de los ochenta. Así construí mi propio personaje.

-¿No te han tentado las teleseries?

-La verdad es que no le hago el quite a nada. La actuación es mi trabajo, entonces feliz haría algo. Creo que todo medio, si es que está bien escrito, puede permitir que aparezca una buena actuación, que aparezca un buen contenido.

EL LUGAR DE LA TERNURA

Por estos días, Lucas está en cartelera con la obra Las cosas extraordinarias, de Duncan MacMillan, que narra la historia de un hombre que cuando niño empieza una lista de cosas extraordinarias para evitar que su mamá se suicide. La dirige su pareja, Amalia Cuevas, y la montó con su propia productora, Fulgor.

En la puesta despliega su fisicalidad, canta y emociona al público con una historia que hace carne. “Me cautivó porque generalmente los formatos clásicos, si bien les guardo respeto, no son los que me motivan más como actor. Me pareció que hacer que el público fuera un ente activo es genial”, comenta.

-¿Y el tema?

-En un mundo en que cuesta tanto encontrar razones para vivir, una lista de cosas extraordinarias me parece necesario. Vivimos en un mundo, al menos en el lado occidental, donde estamos muy desconectados. Y cuando nos conectamos es desde las emociones más densas. Hay poca esperanza, hay mucha depresión. Yo creo que, en mi generación entera y para abajo, casi todos toman antidepresivos. Algo estamos haciendo mal.

-Pese al tema, la obra es muy tierna.

-Sí, la ternura es algo que me ronda y me interesa investigar, sobre todo porque al menos en Chile siento que tendemos a un teatro pesado, como heavy metal. También podemos hablar de las cosas extraordinarias de este mundo.

Lucas no puede evitar hablar de Amalia, su pareja y directora de la obra. “Ella es actriz, dramaturga y directora. Es mucho más chica que yo y nos conocimos en el ámbito teatral. Yo programé una obra de ella. Después, bueno, nos enamoramos”, cuenta con toda su cara convertida en sonrisa.

-¿Cómo ha sido trabajar juntos?

-Ha sido bacán, con toda la paleta de colores de lo que somos los humanos. Salen los fantasmas lindos y también los monstruos del sótano.

En medio de la conversación, Lucas sorprende con la noticia que está trabajando en su propio proyecto musical solista. “José Antonio Raffo, Joaquín Alvear y Sofía Pilar son mis productores. Puedo decir que armé un personaje”.

-A lo Bowie.

-Sí, no se llama Lucas Sáez. Es un personaje y su estilo es latinoamericano, pero también mezcla raíces españolas. Es bien mestizo. Tiene algo folclórico, algo barroco, pero también hace uso de las nuevas tecnologías. Es bien de cantautor, pero con algo popero.

-Con toda nuestra conversación tengo la sensación de que tu trabajo lo mueve una búsqueda humana integral.

-Sí. Creo que desde muy chico tengo ese bichito metido, que quizás tiene que ver con que nunca me hizo mucho sentido que esta fuera la realidad. Quizás por eso elegí el arte como camino. De alguna forma, mi oficio permite desajustar la realidad e imaginar otros mundos posibles, que me encantaría que fueran más bondadosos. En mi arte encuentro a Dios. Y me refiero a Dios como el sentido, como la unidad cósmica, como lo inconmensurable, como el misterio. Y ese es el lugar que me interesa investigar.

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