Con un estilo maximalista –marcado por los colores, objetos con formas de animales y cientos de utensilios–, el primer piso de su casa está completamente dedicado a clases grupales en todo su esplendor.
Fotos Pedro Magnere
La cocinera Valentina Mac-Auliffe lleva cerca de 30 años haciendo clases de cocina, tanto a personas como a empresas. Hoy, sin embargo, su foco está en grupos armados de entre diez y 50 personas, que recibe en su propia casa.
Este espacio –que abarca todo el primer piso y el patio– está 100% pensado para las clases. Cada rincón puede adaptarse según el grupo que llegue, y todo ha ido creciendo con una lógica clara: decorar sin vaciar, sumar sin perder funcionalidad.

“Se ha dado que he ido coleccionando cosas desde que empecé a hacer clases más grandes. Antes no tenía tantas”, cuenta. “Las temáticas son infinitas”, añade, destacando que es una experiencia sensorial completa, con recetas divertidas e ingredientes entretenidos. Hoy, los grupos la contactan a través de su Instagram, @valenmacauliffe.
-Como cocinera, ¿qué rol juega la cocina dentro de tu casa?
-La casa partió hace diez años. Vivo con mis niños arriba, pero me tomé el primer piso para las clases y me fui agrandando. Aquí la cocina es el centro neurálgico, es como mi oficina. La mesa de madera se desliza y abajo hay una cocina con encimeras. Antes hacía clases acá, con sillas alrededor, y a la mesa de comedor del lado le puedo poner durmientes para que quede a la misma altura. La cocina es el centro de reunión y mi rincón favorito. Incluso los fines de semana, cuando estoy sin los niños ni eventos, me encanta cocinar y dejar cosas congeladas y guardadas.

-¿Cuál es tu estilo?
-Diría que maximalista. Más es más. Me encantan los excesos y siempre ha sido así. Los tigres son mi animal favorito y están por todas partes. La salita con el tigre en la pared y el de la entrada son los únicos que siempre están fijos. También tengo una pared con distintos corazones –empecé esa colección hace años– y un baño dedicado a los pajaritos.

-¿Tienes algún objeto o espacio con un significado especial?
-El tigre del fondo, en papel mural. Lo puse hace como ocho años; es de una artista mexicana que se asoció con una empresa española. Me fascina, no podría cambiar esa pared.
-¿Qué cosas coleccionas?
-La mayoría de las cosas se usan: la gracia es que todo es parte de la experiencia. Tengo más de 150 delantales, porque necesito tener un stock limpio para cada clase. Y también tengo muchos platos, máquinas, pocillos para postre, licuadoras, cubiertos… todo se ocupa. Los saleros causan sensación: debo tener más de 100, los voy juntando de todos lados.

-¿Sigues alguna lógica estética?
-Para mí, todo lo lindo queda perfecto al lado de lo lindo. Hay una línea en que ya todo combina. Como en Chile la gente es más sobria, meterle color cuesta un poco y puede verse artificial, pero en mi caso es algo orgánico: son cosas que tengo desde chica. Todo es estético, pero también práctico. Necesito cosas grandes, muchos platos, y si algo me gusta a primera vista, lo sumo. Trato de no guardar nada en el closet, porque si no, no se usa.

-¿Prima lo funcional o lo estético?
-Uno no sirve sin el otro. No me sirve tener nada feo, y tampoco me sirve tener algo que no funcione para que las clases sean únicas.
-¿Qué nunca puede faltar en tu casa?
-En la cocina, aperitivos: siempre en el refrigerador y listos. Y mi pieza es como una bodega. Tengo muchas cajas distintas, todas marcadas según lo que tengan – globos, letritas, revistas, etc.– para armar cosas rápido. Me encantan las manualidades, y a mis niños también, igual que cocinar.
-¿Crees que el diseño y la cocina están relacionados?
-Los colores, los ingredientes, los olores y las texturas se conjugan y conversan para crear una experiencia distinta. También influyen las luces y la música.
-Si tu casa fuera un plato, ¿cuál sería?
-Una tabla de sushi.