Revista Velvet | Mis 50: “Hay cierta belleza en ser una mujer con historia”
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Mis 50: “Hay cierta belleza en ser una mujer con historia”

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Mis 50: “Hay cierta belleza en ser una mujer con historia”

POR Pilar Martínez | 21 marzo 2024

Me mandaron esta frase y me encantó: “El cambio no llega con el año nuevo, el cambio llega cuando uno decide cambiar”. Como este 2024 cumplo 50, inmediatamente, me hizo mucho sentido.

No veo las cinco décadas como un nuevo folio, el fin de una etapa ni menos el principio de la vejez. Todo lo contrario, me siento joven, resuelta, moderna, con hartos proyectos, innumerables inquietudes, además de muchas ideas por hacer a futuro.

Penélope Cruz, Kate Moss y Victoria Beckham también cumplen 50 este año y están mucho mejor que muchas de 30. No seré famosa ni rica como ellas, pero me gusta lo que veo en el espejo, incluso, creo que tengo mejor facha que hace años atrás. Es que la experiencia hace que una aprenda y te saques el mejor partido. Ya no sigo modas ni experimentaré nuevos tonos ni cortes de pelo. A punta de embarradas ya aprendí.

Hay una cierta belleza en ser una mujer con historia. Y tiene que ver menos con lo físico, por eso ya no peleo como antes por la talla y los kilos. A esta edad, la auténtica felicidad la encuentro con la aceptación. Obviamente, envidio el colágeno y el metabolismo de la juventud, aunque la experiencia y seguridad que tengo hoy es mucho más valiosa.

Me cuido, hago deporte, como bien y –junto con el vino– tomo un sinfín de vitaminas, colágenos, calcio, antioxidantes y cuanto me recomienden. Tendré buena genética, pero ésta no es milagrosa y hay que ayudarla. Además, hoy existen tantas cosas para estimular, paralizar y afirmar la cara y el cuerpo que tenemos la suerte de poder dilatar un poco la aparición de las arrugas y de la incómoda flacidez.

Lo que sí me ha costado asumir –y creo que contra ellas voy a batallar hasta la muerte– son LAS CANAS. Empecé a sacarme las primeras una a una con pinzas, hasta que terminé con tal dolor de cabeza que me di por vencida, por eso la tintura y yo somos amigas inseparables. Lo admito, las detesto (la sinceridad sin complejos es otra ventaja de esta etapa de la vida). Prefiero ser una esclava a dejarme el pelo gris, más si estas nuevas ‘integrantes’ en mi cabeza salen más gruesas y rebeldes, lo que se nota aún más en mi indómito pelo.

Enfrento esta etapa como una extensión de la adultez más que como un paso a la vejez.

A mediados del siglo pasado los geriatras atendían a personas de 60 años, ahora la mayoría de sus pacientes son octogenarios y, socialmente, si muere alguien a los 70 decimos con naturalidad que “se fue joven”. Mi abuela cuando tenía 50 años se veía mucho mayor que lo que hoy se ven Jane Fonda y Sophia Loren con sus casi 90 años. Y algo que han demostrado estas divas es que no sólo se trata de genética, ejercicio, dietas y una alimentación saludable, es un tema de actitud.

Esta adultez extendida hace que más mujeres en Chile –como lo señalan en sus sitios web clínicas santiaguinas y centros de reproducción asistida– tengan a su primer hijo después de los cuarenta y tantos años. Tendencia que toma tanta fuerza que los especialistas ya hablan de un “baby boom a los 50”.

En mi caso ese panorama no me parece seductor, una las mejores cosas de la edad madura es no cambiar más pañales (sólo volvería como una gentileza esporádica cuando lleguen los nietos), ni tener más molestias con el SPM, turnos de colegio y muchos otros temas más. Por lo menos los bochornos de la peri y menopausia duran menos que los años de crianza.

Las etiquetas y los estereotipos de la sociedad suelen avivar una temida crisis de los 50. Y esta década no es ni serán los nuevos 25 ni 30, porque no necesitamos ni deseamos aparentar estar en la veintena de la vida.

La fruta madura es mucho más sabrosa y atractiva que aquella que todavía está verde.

*foto de freepik

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