Durante décadas, los diminutos brazos del Tyrannosaurus rex han sido uno de los mayores misterios de la paleontología. Ahora, una nueva investigación publicada en la revista Proceedings of the Royal Society B podría haber encontrado la explicación definitiva: sus extremidades se habrían reducido como consecuencia directa del crecimiento de su enorme cráneo y poderosa mordida.
Según informó CNN, el estudio analizó 85 especies de dinosaurios carnívoros y detectó un patrón evolutivo común: mientras más grandes y fuertes eran sus cabezas, más pequeños tendían a ser sus brazos.
La investigación fue liderada por Charlie Roger Scherer, estudiante de doctorado del University College de Londres, quien explicó que la evolución habría priorizado el desarrollo del cráneo como arma principal para cazar presas de gran tamaño.
Los investigadores concluyeron que mantener brazos largos y funcionales implicaba un gasto energético innecesario para especies que dependían principalmente de la fuerza de sus mandíbulas. En el caso del T-Rex, cuyos brazos medían cerca de 90 centímetros frente a un cuerpo de más de 12 metros, el protagonismo absoluto recaía en su cabeza y mordida, consideradas entre las más poderosas del reino animal prehistórico.
El estudio también identificó esta misma tendencia en otros grupos de dinosaurios carnívoros, como los abelisáuridos y carcharodontosáuridos, lo que sugiere que no se trató de una rareza evolutiva aislada, sino de una estrategia que apareció repetidamente durante más de 180 millones de años.
Expertos consultados por CNN destacaron que esta investigación ayuda a comprender cómo distintas especies desarrollaron soluciones evolutivas similares frente a los mismos desafíos de supervivencia. “Los grandes depredadores terminaron convirtiendo la cabeza en su principal herramienta de caza, mientras sus brazos se fueron reduciendo”, explicó el paleontólogo Steve Brusatte, de la Universidad de Edimburgo.