Revista Velvet | Guaw: Negro, Peaky y Javiera, un amor a prueba de todo
Entrevistas

Guaw: Negro, Peaky y Javiera, un amor a prueba de todo

Guaw: Negro, Peaky y Javiera, un amor a prueba de todo
Entrevistas

Guaw: Negro, Peaky y Javiera, un amor a prueba de todo

POR Paulina González | 15 septiembre 2026

Negro y Peaky han acompañado a Javiera Acevedo durante casi nueve años y se han convertido en sus grandes compañeros de vida. Con ellos comparte rutinas, alegrías, miedos y una conexión que, asegura, va mucho más allá de las palabras. En esta conversación, la actriz revela cómo sus perros le han enseñado a vivir el presente, agradecer lo cotidiano y experimentar un amor que define como completamente incondicional.

Fotos Pedro Magnere

Para Javiera Acevedo, el amor por sus perros no es una frase bonita ni una manera de hablar. Negro y Peaky han sido parte de sus grandes decisiones de vida. Nacieron hace casi nueve años en su propia cama y, aunque en un comienzo pensó que tendría que buscarles un hogar, terminó entendiendo que no podía separarse de ellos. Tanto así, que dejó atrás su departamento en Providencia y se compró una casa para que tuvieran el espacio que necesitaban.

“Mis perritos nacieron en mi cama, no pude regalar ninguno. Son mis guaguas”, cuenta Javiera. Y basta escucharla hablar de ellos para entender que la palabra “guagua” no es una metáfora. Negro es su sombra, su protector y su compañero inseparable. Peaky, en cambio, es la reina de la casa, la hembra alfa que tiene todo bajo control. Juntos han construido una familia en la que, dice Javiera, su felicidad está directamente relacionada con la de ellos.

Hace poco, sin embargo, ese vínculo se vio enfrentado a uno de sus momentos más difíciles. Negro sufrió una hemorragia después de, aparentemente, ingerir veneno para ratón. Javiera vivió esos días con la sensación de que podía perder una parte de sí misma. Hoy, cuando se acerca el cumpleaños número nueve de sus perros, mira el tiempo de otra manera: los abraza más, se mueve menos de la casa y agradece cada día que siguen juntos.

Porque si algo le han enseñado Negro y Peaky es precisamente eso: a vivir el presente. A agradecer. Y a entender que, para ella, hay amores que simplemente no se pueden explicar.

— ¿En qué momento te diste cuenta de que Negro y Peaky habían dejado de ser “tus perros” para convertirse en tus guaguas?

— En el momento en que me tuve que comprar una casa para irnos a vivir juntos.

— Tus perritos nacieron en tu propia cama y, finalmente, no pudiste regalar ninguno. ¿Qué pasó ese día para que dijeras “se quedan todos”?

— Sentí que eran parte de mí y que nadie los iba a poder cuidar mejor que yo. Solo regalé uno, a un muy buen dueño, con el que tengo contacto hasta el día de hoy.

— ¿Te acuerdas de cuando los viste nacer? ¿Qué sentiste al tenerlos por primera vez en tus brazos?

— Los días previos me lo comía todo, jajajá. Me sentía como si iba a parir yo. Mientras nacían escribía la hora, veía sus facciones y lloraba de emoción y ternura.

— Si tuvieras que describir la personalidad de Negro, ¿cómo es él?

— Mi Negro es tremendamente regalón y no se despega de mí. Es mi protector y es celoso absoluto de mis cariños. Es mi sol y mi sombra. Me sigue a donde vaya.

— ¿Y Peaky? ¿Qué tiene de especial y en qué se diferencia de Negro?

— Mi Peaky es pilla, es regalona a morir, buena pa dar besos y comer, y la protectora de la casa. Es la hembra alfa de la casa. Tiene todo controlado y manda. Es la reina del hogar. Te pide cariño y no te suelta por una hora.

— ¿Cuál de los dos es más regalón?

— Son igual de regalones, pero creo que él es más fundido y ella es más independiente.

— ¿Y cuál es más celoso o territorial contigo?

— El Negro el más celoso y la Peaky la más territorial.

— ¿Hay alguna maña de ellos que te dé risa, pero que jamás corregirías porque ya es parte de su personalidad?

— A la Peaky le digo la chancha guatona. Se come la olla y sube de peso. Le sigo dando cositas obvio, pero menos.

— ¿Duermen contigo? ¿Quién ocupa más espacio en la cama?

— Duermen conmigo, sí. La chancha guatona al medio de toda la cama y el negrito se pone en mis pies.

— ¿Qué cosas haces por ellos que quizás alguien que no tiene perros encontraría exageradas?

— Les doy comida de mi boca, onda para que me la saquen (no debería decir esto).

— Dijiste que tus planes han estado muy guiados por el amor hacia ellos. ¿Hasta dónde ha llegado ese amor en tus decisiones de vida?

— A comprarme una casa e ir a vivirme a Chamisero por ellos, para tener espacio.

— Vivías en un departamento en Providencia y decidiste cambiarte porque necesitabas que ellos tuvieran jardín. ¿Cómo fue tomar una decisión tan importante pensando primero en su bienestar?

— Mi felicidad está directamente relacionada con la felicidad de ellos, entonces no dudé dos veces al tomar tal decisión.

— ¿Alguna vez has dejado de hacer algo, viajar a algún lugar o tomar una decisión porque no querías separarte de ellos?

— Muchas veces no he viajado por ser un viaje muy largo. Lo hice apenas nacieron y después nunca más. Ser mamá perruna es una responsabilidad grande y hay que estar y, si no, llevártelos.

— ¿Qué crees que te han enseñado Negro y Peaky sobre el amor?

— Me enseñan día a día que el presente es lo único que tenemos y que su amor es algo realmente incondicional y no merezco nada menos que eso.

— ¿Sientes que ellos te han acompañado en momentos difíciles de tu vida de una manera que quizás una persona no podría?

— Ellos me sienten de una manera en que nadie más puede. Porque cuando tengo pena o pasa por mí un mal sentimiento son los primeros en irme a dar un beso y pegarse a mí. Es muy fuerte eso.

— Hace poco Negro tuvo un episodio muy grave después de, aparentemente, ingerir veneno para ratón y sufrió una hemorragia. ¿Cómo viviste ese momento?

— Nunca en mi vida sentí un dolor tan grande. Es raro decirlo, pero sentí que se me había ido una parte de mí o yo por completa. No he tenido pérdidas tan intensas. Sentí que una parte de mí había muerto. No sé cómo está vivo. Lo vi fuera de su alma, lo vi irse y ocurrió un milagro.

— ¿Qué fue lo primero que pensaste cuando supiste que Negro podía estar en peligro?

— Culpa por no estar, por no haber visto lo que pasó, por no poderle dar mi vida para que estuviera sin sufrir.

— Después de una experiencia así, ¿cambia la manera en que uno mira el tiempo que tiene con sus animales?

— Debo decirte que ya poco me muevo de la casa porque solo quiero estar con ellos. Siento que fue un aviso para decirme: no estaremos para siempre, mamá.

— ¿Te consideras una mamá sobreprotectora con ellos?

— Ahora lo soy más que antes. Porque van a cumplir 9 años.

— Si Negro y Peaky pudieran hablar, ¿qué crees que dirían de ti como mamá?

— Dirían: nunca nadie nos da tanto amor y tanta linda energía. Nunca nadie nos hace tanto cariño y nos regalonea tanto. Somos como hijos humanos de tanto amor.

— ¿Qué crees que ellos saben de ti que nadie más sabe?

— Que soy tremendamente vulnerable a las energías. Ellos son los únicos que me logran calmar haciéndoles cariño.

— ¿Hay algún momento del día que sea especialmente de ustedes tres?

— Cuando me quedo sin Kai. Un fin de semana completo con ellos es maravilloso, porque tienen el espacio completo en mí. Y también cuando llego a la casa. Esas miradas y esas movidas de cola no se comparan con nada.

— ¿Qué hacen cuando quieren llamar tu atención?

— Me van a levantar la mano con su hocico.

— ¿Tienen algún ritual familiar que no puede faltar?

— Comer juntos todo lo que comemos con Kai (su hijo) y luego dormir juntos.

— ¿Alguna vez has llorado por ellos o por miedo a que les pase algo?

— Muchas veces.

— Ahora que ambos se acercan a cumplir nueve años, ¿cómo vives el paso del tiempo con ellos?

— Los aprovecho al máximo cada día y cada segundo. Al despertar les doy las gracias por estar y por enseñarme a vivir el presente al máximo.

— ¿Te da miedo pensar en el día en que alguno de ellos ya no esté?

— Pienso todos los días en eso y, la verdad, no me imagino la vida sin esa mirada. Pero sé que llegará el día y quiero estar preparada. Ojalá ellos me ayuden a poder vivir con eso y mueran de una manera tranquila. Lo rezo siempre.

— Si pudieras regalarles una experiencia perfecta, ¿cuál sería?

— Una experiencia perfecta sería irme a una casa frente al mar donde pasemos muchos años juntos. Los vería felices corriendo y persiguiendo pájaros, olas y bañándose. Eso sería mi máxima felicidad: verlos correr libres y a mi lado.

— ¿Qué has descubierto de ti misma gracias a ser mamá de perros?

— Que la vida es muy corta, que soy extremadamente enamorada y entregada en un 1000% y que hay que agradecer que estamos juntos y somos felices. Aprovechar el presente.

— Y si tuvieras que explicar en una sola frase por qué Negro y Peaky son tan importantes para ti, ¿qué dirías?

— Porque nunca vi almas tan puras mirarme así, con tanto amor.

Te puede interesar