La secretaria general de Renovación Nacional desmenuza la agenda de seguridad del gobierno: “Faltó que se hiciera un trabajo prelegislativo y se discutiera previamente más con los partidos”. Además, cuestiona a las senadoras Camila Flores y Fabiola Campillai a raíz del altercado en el congreso. “Ninguna entendió dónde estaban ni lo mal que la hacen a la imagen de los políticos”.
Por Juan Cristóbal Villalobos Fotos Pedro Magnere
Intensos han sido los últimos meses de Katherine Martorell. Desde abril es secretaria general de RN, por lo que pasa gran parte de su día en la histórica sede de Renovación Nacional, una señorial casona ubicada en calle Antonio Varas, en el corazón de Providencia. A ella le corresponde poner paños fríos cuando en los grupos de WhatsApp internos surge alguna crisis o cuando algún parlamentario protagoniza una polémica. “Este es un partido muy diverso, con presencia en todo Chile y con militantes que tienen mucha opinión”, comenta con entusiasmo.
En momentos en que la discusión política gira en torno al polémico plan de seguridad presentado por el presidente José Antonio Kast, Martorell mantiene la cautela: “En Renovación Nacional nos vamos a reunir con constitucionalistas para analizar bien la propuesta”, afirma, reflejando -aunque sin decirlo abiertamente- la distancia con la que diversos sectores del oficialismo ven los anuncios de La Moneda.
Sin embargo, quien fuera Subsecretaria de Prevención del Delito en la segunda administración de Sebastián Piñera, destaca varios aspectos de la llamada Agenda contra el Crimen Organizado y el Terrorismo (ACOT). “La segmentación de cárceles y el que se fortalezca el trabajo de inteligencia carcelaria son avances muy importantes, porque más del 20% de los delitos se coordinan desde ahí”, dice.

-¿Coincide con la crítica de Evelyn Matthei de que el Gobierno asumió sin tener un proyecto de seguridad?
-Lo que pasó fue que se produjo una confusión entre lo que es el plan de seguridad del Estado, que había sido aprobado en el período de Gabriel Boric y que trasciende a la administración de turno, y el programa de José Antonio Kast en esa materia. Este enredo comunicacional fue culpa de La Moneda, porque sí había una planificación de lo que se haría. De hecho, el “Plan Cancerbero”, presentado recientemente con el traslado de presos de alta peligrosidad a la cárcel La Laguna en Talca, fue una promesa de campaña. Más allá de los errores comunicacionales, el desempeño del Gobierno en seguridad ha sido bastante positivo.
-A propósito de cómo La Moneda comunica, se la ha acusado de convertir en un “show” el traslado de estos presos de alta peligrosidad, ya que el operativo se transmitió en directo y con videos musicalizados con canciones pop.
-Puede que a algunos no les haya gustado cómo se hizo, pero el comunicar que las cosas se están haciendo bien es fundamental. Los chilenos necesitan saber que hay un “cambió la mano” y ver que los delincuentes ya no quedan impunes. Esto es tan relevante como la baja de los delitos, porque vivir con miedo afecta terriblemente la calidad de vida. De hecho, la última encuesta Cadem demostró que ha bajado la sensación de inseguridad, lo que es un logro del Gobierno.
-Dentro de los aspectos que tanto el oficialismo como la oposición han criticado está la normativa que busca inhabilitar a los condenados por delitos graves como crimen organizado, narcotráfico y terrorismo para recibir cualquier beneficio o prestación estatal en salud, educación, trabajo y previsión social. La propia ministra de Salud, May Chomali, dijo que esto atentaría contra derechos constitucionales. ¿Qué le parece?
-Yo sinceramente espero que esto no prospere. En todo caso, lo que ha presentado el Ejecutivo es muy amplio, por lo que se tendrá que discutir a fondo en el Congreso. Aquí no se trata de ser más o menos duro. Yo, como subsecretaria de Seguridad, fui bien draconiana, pero hay que hacer la cosas correctamente.
-¿Faltó que el Gobierno hiciera un trabajo prelegislativo y discutiera previamente más con los partidos?
-Totalmente. Cuando se trata este tipo de temas, que además incluyen cambios constitucionales, el debate dentro del oficialismo es clave. Y si bien algo se comunicó, esto debería haber sido más conversado.
-Otro de los puntos controvertidos es el nuevo estado de excepción constitucional de seguridad, el que se puede extender hasta 240 días. Hoy, es de 30 días renovables. Esto implica restringir varias libertades personales y derechos políticos.
-Considero que los estados de excepción deberían tener plazos más acotados, pero esto también debería ser parte de la discusión parlamentaria.
-Las últimas cifras sobre delincuencia reflejan una baja en el número de todo tipo de delitos, ¿cuánto de eso se puede atribuir a la gestión de Gabriel Boric?
-En esta tendencia hay un factor que influye mucho: las leyes claves que se aprobaron en el anterior gobierno, gracias a nuestros partidos y al Socialismo Democrático. Eso no se logró hacer durante el período del presidente Piñera porque el ambiente político en esos años era muy hostil ante cualquier proyecto de ley relacionado con la seguridad. La Ley de Control de Armas, por ejemplo, fue muy difícil de aprobar, incluso Boric y Camila Vallejo, siendo diputados, votaron en contra. En esa época la mayor cantidad de homicidios ya había pasado de ser producto de ataques con armas blancas, a armas de fuego, pero nosotros no contábamos con una legislación que pudiera controlarla. Cuando Boric llegó al poder, hubo un cambio de postura en su sector.

-¿Teme que los sectores más ultra dentro de la derecha empiecen a exigir más facilidades para portar armas, así como sucede en Estados Unidos?
-Nadie ha planteado eso y espero que no lo hagan. La regulación actual permite que quien quiera tener un arma en su casa, incluso para defensa personal, lo pueda hacer, a la vez que se garantiza que su dueño esté capacitado psicológicamente para andar armado.
-¿Siente que los republicanos tienen una visión muy distinta de RN frente a diferentes temas? Justamente a raíz de la reforma en seguridad, algunos han acusado al presidente Kast de tener una agenda “antiliberal”.
-Nadie duda que el 58% que logró José Antonio Kast en la presidencial es muy diverso. El rol de RN es plantear nuestros puntos de vista, los que en muchas ocasiones son distintos a los de otros partidos oficialistas. Nosotros aportamos con una mirada de clase media. Tenemos 60 alcaldes y la bancada de concejales más grande, lo que nos permite tener una perspectiva de lo que sucede en la calle. Somos un “cable a tierra” para el Gobierno.
Esa colaboración ha hecho que los proyectos de ley se aprueben de una forma distinta a como fueron planteados originalmente, gracias a las indicaciones de nuestros senadores y diputados. De eso justamente se trata la política.
-¿Es el momento de crear una alianza política electoral entre todos los partidos oficialistas?
-En la próxima elección municipal –octubre de 2028– sin duda tiene que haber un pacto electoral, ya que si vamos en listas separadas le estamos regalando la elección a la izquierda. La oposición tiene muy clara la importancia de ir unidos, por eso sus pactos municipales son tan amplios, e incluyen incluso a la Democracia Cristiana.
-¿Pero RN está dispuesto a ser parte de una coalición política permanente?
-Esa es una discusión para más adelante. Hoy debemos concentrarnos en lograr la coordinación necesaria para que en el Congreso se aprueben las leyes que permitan construir buenas políticas públicas en seguridad, crecimiento y empleo. Esa es la mayor muestra de apoyo al gobierno.
-¿RN se sentiría cómodo en una alianza con el Partido Libertario?
-Los propios libertarios afirman que son una “oposición amigable”, así que no sé cuán cómodo se sentirían en una coalición con nosotros. Pero repito: no olvidemos que el adversario está en la izquierda.
-¿Qué le parece la presión que han puesto tanto los libertarios como los republicanos para indultar a los ex uniformados presos?
-Como lo ha expresado el presidente Kast: hay que revisar caso a caso, lo que es muy distinto al indulto general que piden esos sectores.
-¿Esto se debería limitar a los detenidos por hechos producidos en el estallido social o también hay que considerar a los condenados por violaciones a los derechos humanos durante la dictadura?
–Actualmente la conversación gira en torno a casos relacionados con el estallido. Esto tiene que hacerse bien, por eso no me gustan los indultos generales. Hay situaciones que en su momento fueron difíciles de tratar por la Justicia, por lo que ahora corresponde revisarlas. No olvidemos que el presidente Gabriel Boric indultó y dio pensiones a personas que después cometieron otros delitos de alta connotación.
Con respecto a los presos de Punta Peuco, ya han habido intentos legislativos para tratar los casos humanitarios de condenados que están con una enfermedad terminal. Yo confío que en eso se pueda avanzar, incluso con el apoyo de la izquierda. Esta es una oportunidad de sanar ciertas heridas.

-¿Está de acuerdo con indultar al ex capitán de Carabineros Patricio Maturana como pide la senadora de su partido Camila Flores? Maturana fue quien disparó contra la senadora Fabiola Campillai.
-Yo no soy quién para limitar una facultad del presidente. Podremos discutir si nos gusta o no el indulto presidencial, pero es algo que existe en nuestra legislación.
-¿Pero apoya la petición de la senadora Flores?
-Comprendo lo que ella plantea, pero es el presidente Kast quien debe resolver en conciencia.
-¿Qué hará RN frente a la pelea a gritos e insultos entre Campillai y Flores?
-La senadora Flores fue pasada al Tribunal Supremo del partido, el que se pronunciará sobre estos hechos. Además, el mismo tribunal está analizando la causa por irregularidades que la parlamentaria enfrenta en la Justicia. Ese es un ente autónomo y hay que esperar su resolución.
-¿La directiva no tiene opinión?
-A mí no me gustó lo sucedido. La gente necesita sentir que la política es un trabajo serio y este tipo de altercados públicos no aporta a eso.
-¿Flores fue cruel al decirle a Campillai que había llegado al senado “haciéndose la víctima” y pedir el indulto a Maturana, que fue quien la dejó ciega?
-Ambas fueron crueles y desubicadas, porque también Campillai hizo alusiones a hechos complejos de su vida privada. Ninguna de las dos entendió dónde estaban ni lo mal que la hacen a la imagen de los políticos.