Revista Velvet | Panti Alcalde en la cocina de La Moneda: “A Piñera le gustaban los churrascos, Kast no tolera la cebolla”
Entrevistas

Panti Alcalde en la cocina de La Moneda: “A Piñera le gustaban los churrascos, Kast no tolera la cebolla”

Panti Alcalde en la cocina de La Moneda: “A Piñera le gustaban los churrascos, Kast no tolera la cebolla”
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Panti Alcalde en la cocina de La Moneda: “A Piñera le gustaban los churrascos, Kast no tolera la cebolla”

POR equipo velvet | 14 agosto 2026

La mujer que estuvo detrás de las comidas y banquetes en La Moneda durante dos administraciones presidenciales, dice que se levantó una falsa ola de especulaciones en torno a su salida de Palacio. En esta entrevista, además habla de cómo se recuperó después de su separación y también desclasifica cómo será su futuro en Icare como subdirectora de producción y protocolo.

Por Alfredo López J. Fotos Pedro Magnere Maquillaje Bernardita Santa Cruz

Cuando francisca alcalde correa (44 años, conocida en las redes sociales como @panticook) dejó su cargo como jefa del departamento de repostero presidencial y casino general de la presidencia, se levantó una ola de falsas hipótesis que, ahora, ella enfrenta y desmiente. Fue en el entorno del mismo Gobierno que se extendió la idea de que su renuncia se produjo luego de diferencias por los recortes presupuestarios impulsados por el director administrativo de la Presidencia, Julio Feres: un hombre que abiertamente ha promovido una política de fuerte contención del gasto, bajo un sello de austeridad.

Con más de 56 mil seguidores en Instagram, Panti señala que, seguramente, se trató de un día con pocas noticias en la pauta. Dueña de una trayectoria que la ha tenido al frente de dos administraciones presidenciales, se ha destacado en la escena de la gastronomía nacional por su enfoque de permanente excelencia y pasión por los detalles. Primero estudió cocina en Culinary y luego cursó un diplomado en ceremonial y protocolo en la Universidad Católica. Después, casada y con tres hijos, viajó con su familia a España, donde completó un máster en producción de eventos, protocolo y comunicación corporativa.

-¿Qué la motivó a establecerse en Madrid?

-La verdad es que fui por el trabajo de mi exmarido. Estando allá, me separé. Pero igualmente me quedé un tiempo más y seguí con mis estudios. Yo no sirvo mucho para quedarme en la casa. En el máster tenía que hacer unas prácticas y, en la primera que hice, me ofrecieron trabajo. Al principio, dije no. Pero me volvieron a insistir y, al final, me di cuenta de que se trataba de una súper buena empresa, que se dedicaba a hacer eventos. Me acuerdo de que era la única extranjera y me veían como algo exótico, como si hubiera llegado arriba de un elefante. Eso, un poco, por la ignorancia de los europeos en relación a lo que somos como país.

SEPARADA SE ME HIZO MUY DIFÍCIL

-En ese momento, además, estaba a cargo de sus tres hijos…

-Así es. Pero tengo la satisfacción de que siempre estuvieron bien, yo tenía un buen trabajo y, además, ellos estaban en un súper buen colegio. Madrid es una ciudad increíble para vivir. Fueron dos años y medio en total, pero finalmente decidí volver…

-¿Por qué?

-Porque separada se me hizo muy difícil. Lo estaba pasando pésimo e, independiente de que allá tenía amigos que fueron mi familia, no es lo mismo. No existía esa contención que podía tener aquí. En lo práctico, son muchas cosas. Imagínate, ahora vivo al lado de mi mamá y muy cerca de mis hermanos. Somos todos súper achoclonados.

-Después de esta ruptura, ¿quedó con alguna deuda pendiente o es algo ya superado?

-Todo está superadísimo. Diría que estoy felizmente divorciada.

-¿Y ahora sigue sola?

-Estoy pololeando.

Franca y directa responde que su actual novio es Andrés Allende, cuya familia está vinculada al más importante holding cárnico del país. Siente que son buenos tiempos, sobre todo después de haberse enfrentado a uno de los momentos más difíciles de su vida junto a sus hijos, hoy de 13, 17 y 18 años.

-No hay duda de que se trata de algo difícil, ¿cómo logró salir adelante?

-Trabajando, levantándose nomás. A pesar de la distancia al principio, fue fundamental el apoyo de mi familia, de mis amigas. En las primeras semanas, la verdad, no le contestaba el teléfono a nadie y no me quería levantar de la cama. Entre medio, me llamó la Amelita Izquierdo y me hinchó varias veces para que ingresara a los equipos de la empresa banquetera de su familia. Junto a su hermano, Juan Pablo, me dijeron que necesitaban a alguien para que se integrara al equipo de su mamá, la señora Amelia Correa, a quien quiero mucho. Pero yo les insistía en que yo no valía nada.

-¿Qué hizo finalmente?

-Al final me convencieron. Pero en los primeros meses llegaba llorando y hacía la pega llorando.

-¿Esa depresión fue a partir de su divorcio?

-No sé si exactamente era una depresión, porque sencillamente lo estaba pasando mal. No tenía que ver con que me hubieran dejado, o me hubieran puesto el gorro, sino con que toda separación es un fracaso. Igual yo sé que no soy vieja, pero tampoco tengo 20 años. Después de esos episodios, uno irremediablemente siente que se equivocó.

-¿Cómo lo tomó su familia? ¿Son muy conservadores?

-Mi familia no lo tomó mal, a lo mejor mi entorno sí. La verdad es que en mi familia son muy respetuosos, abiertos y siempre se han respetado mucho las opiniones. En mi casa somos siete hermanos, se discute, se habla de todo y nadie te va a juzgar. Por ejemplo, cuando éramos más chicas a nadie le importaba que alguna se tiñera el pelo, o se hiciera un tatuaje. Ahora de manera más profunda, algunos están a favor del aborto, otros en contra…

-Pero usted dijo que sí sintió presión de su entorno, ¿cómo fue eso?

-Salí de un colegio súper católico, el San Francisco de Asis, con un dios castigador, donde todo era pecado. Ese entorno sí es muy conservador. Pero prevaleció al apoyo de mi familia, de mis hermanos y de amigas increíbles. Además, tengo la suerte de tener dos papás. Uno biológico, que es Carlos Alcalde, y el otro que me crió: Juan José Santa Cruz.

PIÑERA, CERO MAÑOSO

-¿En qué momento aparece en su vida el tema de las redes sociales, de transformarse en Panticook?

-Eso viene de mucho antes. En algún minuto de mi vida, con un amigo que es productor de televisión, hicimos un piloto para un programa de cocina que, al mismo tiempo, sumaba Instagram… En los tiempos en que era una red no tan grande como ahora. Abrí la cuenta y empezó a crecer bastante. De manera muy rápida y orgánica. En ese momento, además, yo tenía un restaurante, pero justo me ofrecieron irme ahí a trabajar con el Presidente Piñera y opté por eso. Estuve los cuatro años de su mandato, pasamos la etapa del estallido social, luego la pandemia… Después de ese período, decidimos con mi familia irnos a España.

-¿Qué recuerdos guarda de su trabajo junto al Presidente Piñera? ¿Cómo fue la experiencia?

-Previo a todo lo que pasó, veníamos con muchas cosas. Chile ese año tenía la ACOP, luego la APEC, también se alcanzó a hacer algo de PROSUR. Era un buen momento y creo que el Presidente, junto a su señora, Cecilia Morel, entendían muy bien la imagen que había que dar frente a las visitas oficiales. Fue muy entretenido. Yo soy muy organizada, así que me lleve muy bien con el Presidente. Recuerdo que él venía con un equipo armado, donde la gente te puede caer bien o mal, pero creo que todos tenían bastante claro sus roles. Entonces, el Presidente golpeaba la mesa e imponía el orden perfecto. Eso me gustaba mucho, porque también me gusta el orden.

Y en términos de gusto, ¿con qué preferían recibir, por ejemplo?

Diría que el Presidente confiaba completamente. No se metía mucho, pero sí le importaban los números y siempre preguntaba cuánto iba a salir cada cosa. Entonces yo tenía que justificar todo muy bien. Cecilia, en cambio, era súper preocupada de todos los detalles, de que hubiera flores. Me decía: ‘Panti, vengo llegando de México y allá todo es increíble’. Yo le respondía: ‘México es México y nosotros también tenemos nuestras cualidades’. Fuera de eso, yo adoro a la señora Cecilia, ella es lo máximo.

-¿Había alguna fijación del Presidente? ¿Dónde ponía el acento? ¿Le gustaban más los pescados, las carnes, los vinos?

-¡Los churrascos! Cuando había reuniones siempre teníamos que estar preparados con churrascos, le gustaban mucho. También el sándwich de salmón con queso crema, la mozzarella. Era un señor cero mañoso, podía comer lo que fuera y jamás iba a pedir algo muy extravagante. Y Cecilia se cuidaba mucho, prefería las ensaladas y no era para nada de cosas exquisitas.

-Después, con los años, pasó al gobierno de José Antonio Kast… ¿Cómo llegó a ese trabajo?

Por recomendación. No conocía a nadie, al igual que cuando llegué a trabajar con el Presidente Piñera. Yo no vengo de campañas, ni de partidos ni de nada. Esa vez, me junté con Julio Feres, el actual director administrativo de Presidencia. Como ya había hecho la pega, nos pareció fantástico y dijimos ‘démosle’. En Presidencia hay dos grandes equipos. Uno es de Servicios Generales y el otro que estaba a mi cargo. Todos los que trabajaban conmigo eran magníficos. Llevan ahí mucho tiempo y, aparte de ser ciegos, sordos y mudos, en el sentido de la confidencialidad, son muy honrados y orgullosos de lo que hacen. Para mí fue total volver con ellos y ellos, a su vez, estaban felices con mi regreso. Me dijeron que no lo pasaron bien durante los cuatro años en que no estuve. Por lo mismo, con mi renuncia sentí que los traicioné un poco, la verdad.

-¿Le hubiese gustado seguir trabajando más tiempo con Kast?

Sí y no. Pero justo llegó esta oportunidad en Icare y, debido al momento que está viviendo el país, me pareció muy desafiante.

-¿Cómo llegó a Icare y cuál será su rol ahí?

Por un llamado de Magdalena Díaz, que era la Jefa de gabinete del Presidente Piñera y ahora es la directora ejecutiva de Icare. Como se trata de una asociación de grandes empresas chilenas, mi trabajo irá por el lado de hacer eventos, crear contenidos, comunicar y mostrar estas empresas al mundo. Se trata de una institución de mucho prestigio y Magdalena quiere que brille.

-¿Tiene algún sueño laboral pendiente?

-Me encanta todo lo que he hecho. Pero hay algo que me mueve mucho, que es mi pyme en Franciscaalcalde.cl. Como siempre voy un poco en contra de la corriente, me tenían un poco aburrida las cosas de Zara Home y el color gris. Entonces decidí abrir este proyecto para ofrecer cosas en ediciones limitadas con mucho color para la mesa, siempre funcionales y bonitas. Hace un tiempo hice una colección de individuales y servilletas para Coquinaria y mi idea es que ese concepto luego se extienda al jardín, a las piezas. Siento que a Chile le falta Europa… Este es un proyecto que va creciendo de a poquito, son puras cosas hechas a mano y a eso me gustaría dedicarme en el futuro. Pero, por ahora, siento que tengo mucha energía y, además, estoy llegando a un lugar muy desafiante, que es Icare. La idea es llevar la institución muy lejos.

EL MAL LLAMADO REPOSTERO

-¿Le acomoda este nuevo desafío?

-La verdad es que sí, soy súper pro empresa. Porque son las empresas las que dan trabajo. Desde mi lado, siento que soy un perfil raro porque estudié cocina, me dedico a la producción, me considero bastante creativa y, a la vez me gusta mucho el protocolo, el orden. Pienso que todo comunica, entonces me encanta esta conexión y ese propósito de que una institución tenga a una Panti preocupada, por ejemplo, de que una tasa se pone de una manera, o que un micrófono tenga los decibeles necesarios.

-¿Se considera obsesiva de los detalles?

No. En este trabajo no se puede ser obsesivo con los detalles. Los eventos van y vienen, muchas veces hay que salvar y lograr que todo se vea bien en el minuto. Obvio, las cosas tienen que salir bien, pero el show debe continuar sin que nadie se dé cuenta de los errores que hubo.

-Así como recién se refirió a los gustos del Presidente Piñera y Cecilia Morel, ¿qué puede decir de José Antonio Kast y María Pía Adriasola? ¿Qué cosas ponen en relieve a la hora de, por ejemplo, recibir a sus invitados?

El presidente José Antonio Kast estaba muy preocupado de que se comiera lo mismo en el llamado repostero del segundo piso y en el Casino General, que es donde comen todos los funcionarios. A propósito, cuando se habla del repostero del segundo piso se incurre en un error, una estupidez, de gente inculta. Porque la palabra repostero viene de aquel espacio que hay entre una cocina y el comedor. De hecho, antes de que me fuera, estábamos pensando en cambiar el nombre, porque se presta para confusión.

-¿Cuál debería ser el nombre ideal?

-Casino General y Eventos de Su Excelencia, algo así.

– Y volviendo a los gustos de Kast, ¿qué prefería para comidas más solemnes…?

Es lo menos mañoso que hay. Eso sí, no tolera la cebolla y tampoco le gusta mucho el pescado. Me cuesta definir cuál era su menú ideal, casi insípido, porque te juro que no pedía nada.

-¿Y la señora, María Pía Adriasola?

Muy poco exigente también. Para ella eran importantes otras cosas, como por ejemplo que las galletas y los quequitos se hicieran en La Moneda. Le gustaba la idea de que sus invitados se sintieran como en casa, en la casa de los chilenos.

-Algunos medios dijeron que su salida de La Moneda había sido misteriosa y que usted no estaba de acuerdo con las nuevas normas de austeridad ¿Qué responde frente a eso?

Nada. Todo muy lejos de la realidad y no sé de dónde sacaron eso. Yo me fui súper en buena e incluso recomendé a la persona que quedó en el cargo. Tuve tiempo de despedirme del Presidente, de la señora Pía y quedamos todos conectados.

-¿Qué le dijo él?

-Me dijo que cuando las oportunidades aparecen, hay que tomarlas. Hay algo que yo creo me enseñaron profundamente en mi casa: siempre salir bien de todos los trabajos, porque la vida da muchas vueltas. Yo, además, no hice nada malo. Simplemente, me ofrecieron un trabajo que me interesó más y donde también me pagaban más. Yo tengo tres niños y esas cosas me importan.

-¿Por qué piensa que su salida fue tan comentada?

Porque sencillamente no hubo noticias esos días.

Al igual que cuando colgaron naranjas a los árboles en una comida de Piñera…

Fue lo mismo. Pero ahí le asignaron más cosas. Dijeron que el Presidente Piñera quería engañar a los invitados para que Chile se viera como un país más productivo.

-¿Esa fue idea suya?

Claro. Justo habíamos contratado a Amelia Correa y hay que decir algo: las naranjas de La Moneda se cosechan. Y justo lo habíamos hecho unos días antes. Entonces no quedaba ninguna… Decidimos ponerlas, a propósito de la visita del Presidente de España. Después iluminamos y, la verdad, es que se veía precioso. Lo triste es que esas noticias se filtran de adentro, porque adentro muchas veces tienes al enemigo.

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