“Luego de probar sin éxito varias recetas, ahora la ciudadanía puede buscar liderazgos anti-elite”, advierte el analista político Cristián Valdivieso. Además, el experto en encuestas afirma que los problemas de instalación y comunicacionales del gobierno han provocado la caída del respaldo ciudadano y la desconfianza de la gente.
Por Juan Cristóbal Villalobos Fotos Pedro Magnere
“En la actualidad, la “Luna de Miel” de los gobiernos son muy cortas. Vivimos ciclos de muchas expectativas y altas frustraciones. En ese contexto, la baja en las encuestas es algo natural”, explica el fundador y director de Asuntos Públicos de Criteria, una de las principales encuestadoras nacionales y un respetado barómetro de la política chilena.
Columnista de radio T13, de La Tercera y del programa político Mesa Central de Canal 13, Cristián Valdivieso se ha convertido en una escuchada voz sobre el acontecer nacional gracias a sus agudos análisis, basados no solo en opinión, sino que también en números.
—En estos casi dos meses en el poder, ¿cuáles han sido los principales problemas que ha enfrentado José Antonio Kast?
—Ha existido demasiado ruido en el proceso de instalación, esto pese a que durante años los republicanos dijeron que se estaban preparando para gobernar. Estas dificultades se han producido justamente en los dos temas por las que la gente votó por Kast: economía y seguridad. Por una parte, al ministerio de Seguridad le ha costado desplegarse y, por otra, los anuncios económicos han tenido problemas en términos de comunicación, prioridad y foco.
—¿Cuál ha sido la consecuencia de esos errores?
—Han generado desconfianza. Sin embargo, no creo que exista un error de diagnóstico por parte del equipo presidencial, por lo que el gobierno todavía está bastante en sintonía con las expectativas y anhelos de la ciudadanía. Se puede tener una evaluación correcta de los problemas, pero si esas demandas se conducen mal y no se ven las soluciones pronto, se perderá el apoyo.
—¿La baja en el impuesto corporativo que contempla la megarreforma de Kast aleja al gobierno de la ciudadanía? Según la encuesta Criteria, el 72% de los consultados quiere lo opuesto: aumentar de los impuestos a las grandes empresas.
—En ese caso, más que un problema diagnóstico, hay un desacople entre la técnica, la experiencia y el cómo la ciudadanía percibe las cosas. Por ejemplo, la gente apoya la disminución de la carga tributaria de las pymes, lo que también es parte del proyecto, ¿entonces por qué la baja del impuesto corporativo es lo central? Son los propios ministros los que lo han planteado así.
La Moneda se ha manejado con poca delicadeza: el creer que solo con actuar con criterio técnico es suficiente, le está pasando la cuenta en cuanto al apoyo ciudadano.
Cuando en la discusión sobre las medidas de reactivación se mezclan el quitar una parte de la gratuidad con el impuesto corporativo, las cosas se enredan y se pierde el foco en lo relevante. Si hasta el presidente de la Cámara, Jorge Alessandri, que es un fan del gobierno, dijo que todo esto sonaba a una discusión de “Sanhattan”. La conversación que tienes con el mundo empresarial en Casa Piedra no puede ser la misma que entablas con la ciudadanía, porque los intereses son diferentes. Lo central de la reforma tiene que ser mejorar la vida de las personas. De lo contrario, se pensará que se está beneficiando a los más ricos, que es la sospecha que siempre ronda a la derecha. Puede que esto no tenga nada que ver con la realidad y que contradiga los criterios técnicos, pero lo subjetivo es justamente lo que mueve los relatos.
—¿Estos errores son preocupantes?
—Hay ciertas señales de desconexión con la ciudadanía. Esto es algo todavía preliminar, aunque preocupante. Justamente, la crítica al almuerzo que realizó el presidente en La Moneda va más allá de si fue correcto o incorrecto, lo importante es cómo es visto por la opinión pública. Esas son sensibilidades que no se están leyendo bien y que pueden ser el germen de mucha rabia.

¿CAMBIO DE GABINETE?
—¿Kast debería sacar a ciertos ministros para superar las dificultades de estas primeras semanas?
—Esto no se soluciona removiendo a un ministro o a una ministra en particular. Existe un problema de la comunicación en general, lo que hace que los mensajes sean confusos y difusos. Sin embargo, más va allá de los errores comunicacionales, esto tiene que ver con que si la gestión política está ordenada o no. Y ahí hay una falla.
—¿Sería perjudicial para La Moneda hacer un cambio de gabinete a menos de dos meses de asumir?
—Antes de eso, tienen que estar muy conscientes de cuáles son las debilidades y amenazas que se enfrentan, y cómo se pueden solucionar. Dicho eso, siempre es mejor cortar el desangramiento antes de que la sangre llegue al río.
—¿Fue un error nombrar a Trinidad Steinert en el ministerio de Seguridad?
—No sé si está mal escogida, pero claramente no ha demostrado tener las habilidades para resolver -ni menos cerrar- la polémica generada a raíz de las diferencias con el director general de la PDI, Eduardo Cerna (luego del llamado a retiro de la directora de Inteligencia de la policía civil, Consuelo Peña). Tampoco Steinert ha logrado transmitir bien sus mensajes, justamente en uno de los temas que más preocupan a la ciudadanía como es la seguridad. Por eso, la agenda de la ministra se ha desplegado en forma desordenada y sin foco, y ha hecho que lo que más se destaque sea el aumento de los homicidios, generando un desgaste de la confianza ciudadana.
El caso opuesto es el del ministro de Vivienda Iván Poduje, quien es un gran comunicador, aunque a veces lo traicionan sus emociones. Él logra mantener la crítica al gobierno anterior, pero siempre hablando lo que está haciendo en concreto. Es un ministro gerundio, alguien que se mantiene en acción. Esto a diferencia de otros ministros, incluso del presidente, que tienen la tendencia de emplear un tono de prédica. Mientras ellos hablan de cómo se deberían hacer las cosas, Poduje dice lo que está haciendo y muestra un norte claro. Esa es la adrenalina que le ha faltado en el gabinete.
Aunque todavía el viento sopla a favor de las prioridades que ha puesto La Moneda en seguridad, orden y crecimiento, se tienen que mover las velas para que no se hunda el bote. Las turbulencias han sido demasiadas.

—¿Las demandas de los chilenos pueden cambiar?
—Perfectamente. La “rueda de la fortuna” no está clavada en una sola posición. Hace un par de años los chilenos estábamos preocupados del cuidado del medio ambiente, de la desigualdad, de la reforma de pensiones y de cómo mejorar la educación. Todo eso ya no está en la agenda, pero si la promesa del presidente de que vamos a tener más plata en el bolsillo se desmorona, surgirán otras recetas de solución.
—¿Cómo el populismo?
—Perfectamente. Pueden volver los retiros, las demandas para que el Estado gaste más, la exigencia de nuevos bonos y las movilizaciones. Por eso es tan importante que la ciudadanía vea respuestas rápidas. A esto se suma que quienes destacan en la oposición son los más vociferantes y cuestionadores; aquellos que no le dejan pasar ni una a Kast. Ellos, sin duda, pueden dañar al gobierno con sus críticas, pero también desacreditan la política en general, porque no proponen nada concreto. Y eso es muy peligroso.
—Si se produce un desplome importante del apoyo gubernamental, ¿hacía dónde mirará la gente?
—Mi olfato pone en duda que el ciclo del estallido social haya terminado, recordemos que el 18 de octubre partió como una impugnación a la clase política. Y eso no se ha solucionado. Los chilenos probamos con dos procesos constituyentes fracasados, y con un presidente de izquierda y otro de derecha -ambos fuera del sistema tradicionalpero dentro de los bordes políticos-.
Esta frustración puede hacer que luego de probar sin éxito varias recetas, ahora la ciudadanía busque liderazgos anti-elite.
—¿Cómo Franco Parisi?
—Él es quien mejor representa el descontento frente a la política. La oposición de izquierda tiene que ser muy cuidadosa, porque el fracaso de este Kast no significa necesariamente el arribo de ellos al poder. Si la ciudanía siente que no se cumple lo prometido, ahora no va a mirar a la izquierda, sino que fuera de la dicotomía derecha-izquierda. La gente estará más en la lógica anti-política versus política tradicional.
La irrupción del populismo, independiente de si es de izquierda o de derecha, siempre tiene que ver con el fracaso de la política.
Lo que está claro -y las personas lo dicen en las encuestas- es que Chile ya no es distinto al resto de Amé- rica Latina y que aquí pueden pasar las mismas cosas que suceden, por ejemplo, en Perú o Ecuador. La ilusión de que éramos los “jaguares” de la región se acabó. Se instaló la idea de que estamos en una emergencia y que el país se cae a pedazos, por lo que ahora nos sentimos al debe con respecto a nuestros vecinos. Esto, independientemente de que muchas veces este sentimiento se base en razones subjetivas.
—¿Parisi entonces podría surgir como respuesta a estas recetas fracasadas?
—Podría verse como una “nueva esperanza” que impugna las soluciones que ha dado la clase política. Para él sería un tremendo activo si la opinión pública percibe que tanto Boric como Kast no cumplieron con lo prometido, porque ahí podría surgir y decir que “ni fachos ni comunachos” pudieron levantar al país.
—En este contexto, ¿Johannes Kaiser y el Partido Libertario tiene algún espacio?
—No realmente. Kast cuenta con propuestas en seguridad y economía que son apoyadas por la opinión pública, mientras que a Kaiser no se lo ve como alguien que pueda revitalizar al país económicamente, algo que hoy es una demanda central. A esto hay que sumarle que, a nivel mundial, las derechas más radicales están perdiendo apoyo.
Sin embargo, el exdiputado podría tener una posibilidad si al gobierno le empieza a ir mal y él entra como ministro y logra revitalizarlo. Así podría transformándose en una alternativa, pero desde la posición en que está ahora es muy difícil que logre ser una opción de mayoría.
—¿Los chilenos han entendido que una parte importante de los problemas económicos que enfrenta Chile se deben a las guerras en Ucrania e Irán?
—En parte sí, pero La Moneda tampoco ha podido comunicar bien eso ni mostrar el contexto mundial. Además, existe un problema de origen: el presidente viajó a abrazarse con Donald Trump; y por eso ahora no ha podido armar un discurso crítico a la guerra contra Irán, porque quien empezó la crisis que afecta a nuestra economía fue Trump.