Revista Velvet | Nace la Escuela de Madrastras: El primer taller en la materia que existe en Chile
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Nace la Escuela de Madrastras: El primer taller en la materia que existe en Chile

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Nace la Escuela de Madrastras: El primer taller en la materia que existe en Chile

POR equipo velvet | 10 septiembre 2026

Llegamos al primer taller en la materia que existe en Chile, a cargo de la sicóloga Javiera García-Huidobro. Un espacio donde ellas logran sobreponerse a un rol frecuentemente maltratado por la historia y la literatura. Aquí, lejos de ser las malvadas, ellas primero aprenderán que nunca podrán reemplazar a una madre, pero que sí tendrán derecho a voz y a voto.

Por Alfredo López J. Fotos Pedro Magnere

Todo partió por una historia personal. Javiera García-Huidobro (44 años, @psicologa.javiera.gh) de un momento a otro se vio en medio de una familia ensamblada. “Yo soy madrastra. Mi marido tiene dos hijas de su primer matrimonio y estamos juntos por más de diez años”, relata. Ella pensaba que, por su formación de psicóloga, tenía las herramientas para interactuar sin problemas con niños y adolescentes. Todo funcionaba bien, hasta que llegó el día a día. Aparecieron dinámicas distintas de convivencia “cada vez más complejas”, sostiene.

“Pensaba que por el hecho de que me encantaran los niños, de que sabía tratar con adolescentes, todo andaría bien. Pero me di cuenta de que toda relación de convivencia puede implicar conflicto y que el lugar de la madrastra es un lugar muy frágil, porque es un rol que está muy poco definido socialmente. Entonces no sabes hasta dónde te puedes meter, hasta dónde puedes opinar, o bien si te alineas o no con tu marido”.

Ese plano de vivir en constante inseguridad la hizo hablar con amigas. Ninguna de ellas era madrastra, salvo una. “Con ella, comenzamos a conversar, a compartir mutuamente nuestra experiencia y fue muy rico para las dos. En definitiva, nos pasaba lo mismo”.

Se daban consejos y surgió entre ellas un espacio de sanación. “Nos dimos cuenta de que era normal que surgieran ciertos aspectos a veces no tan agradables, nos empezamos a dar consejos mutuamente. Nos convertimos en amigas de aprendizaje”.

EL PRIMER PASO

De ese modo, Javiera García-Huidobro, con más de 20 años de experiencia en psicología clínica, formada en psicoanálisis y en EMDR (una terapia neurológica que utiliza estimulación bilateral para suavizar recuerdos traumáticos), se convenció de que un taller para mujeres que estaban en su misma situación era más que necesario. Un lugar donde ofrecer además apoyo psicológico y emocional para mujeres que, por cosas de la vida, formaban parte de familias ensambladas.

“En 2018 hicimos un primer taller, denominado Madrastras S.O.S., para diez mujeres, más nosotras dos. Fueron cuatro sesiones y fue muy lindo. Se dio una suerte de espacio de acogida entre mujeres que estaban muy inseguras en este rol, que no sabían cómo moverse, hasta dónde meterse, que no querían ofender a nadie, que no querían encajar en el rol de la madrastra mala, pero que tampoco les era viable ser la madrastra súper buena onda siempre. En fin, mil dudas”.

Confirmó, entonces, que había que profesionalizar el taller, porque había muchas mujeres que necesitaban ayuda a la hora de mejorar la convivencia en sus hogares, establecer límites y manejar los conflictos sin culpa.

Al poco tiempo, Javiera tuvo su primera hija. “Después vino el estallido social, la pandemia y mi amiga con la que hacíamos el taller se separó. Entonces el proyecto quedó ahí, pero yo mantenía ese bichito de retomarlo, porque en verdad encuentro que es importante definir y darle un espacio a este rol y sacarle de encima muchos prejuicios”.

Pasaron ocho años y ahora, en el reciente mes de mayo, decidió retomar el proyecto, pero con un nuevo enfoque. Esta vez, centrado en lo terapéutico. “Si bien hay una gran parte en torno a la psicoeducación, extendemos el trabajo hacia la definición de roles y de establecer estrategias claras. También se da una suerte de terapia grupal, a través de intervenciones mías como la psicóloga que guía el grupo, o mediante la retroalimentación de las participantes. Todo a través de grupos de tres y máximo cinco personas”.

La vivencia para las mujeres que han tomado este taller, hasta la fecha más de 24, ha sido principalmente aliviadora.

ROMPER EL ALGORITMO

Fran Soza llegó al taller por invitación directa de Javiera. “Contesté que quería participar de inmediato. Ser madrastra es una labor desconocida, de mucha dificultad y se habla poco. Sin embargo, es una pega linda, también”, explica una de las primeras inscritas en el taller. “Me fui a vivir con mi pareja actual, hace doce años. Él tenía tres niños, que ahora ya son grandes. Y yo sumé dos hijos más. Hemos formado juntos una familia ensamblada increíble, donde todos escuchamos la opinión de todos”. En el taller, dice, se encontró con otras madrastras que también estaban viviendo los conflictos de los primeros años. “Es ahí cuando te das cuenta de que tienes que aprender a ceder. Si no tienes esas herramientas de flexibilidad, o si eres muy celosa, intensa, o muy absorbente, estás perdida. Ser madrastra es querer compartir, es comprender que si bien no fuiste la que pariste, estás igualmente criando. Uno de mis hijastros me dijo: siento que cambiaste el algoritmo de la madrastra, imagínate”.

Andrea, otra de las participantes del taller, llegó porque sencillamente se le hizo difícil la relación con los hijos de su pareja. “Uno a veces no sabe qué hacer, dónde meterse o no, qué hacer frente a algunas situaciones donde uno no es la mamá y no puede dar las reglas. En el taller te dan las herramientas para que, desde tu espacio, puedas opinar y dar tu punto de vista. Te sientes acompañada en un mismo tema, es muy bueno escuchar otras experiencias siempre desde la confidencialidad”, manifiesta.

LA MALVADA DEL CUENTO

Compartir experiencias frente a un tema prácticamente tabú hace más enriquecedora la experiencia. “La idea, a partir de lo que me han dicho las mujeres que han venido a los talleres, es abrirse a toda la familia ensamblada, como a los padrastros e hijastros”.

Los tópicos en torno a la madrastra, sin embargo, son los más fuertes desde un punto de vista cultural. En la literatura, en los cuentos, es a menudo una figura más cerca del mal que del bien. “Eso es muy fuerte de derribar y, de hecho, mucha gente me ha comentado ‘no le pongas taller de madrastras’ porque suena demasiado feo. Pero yo digo no, ese es el nombre de la persona que tiene ese rol. Sucede que en la sociedad, por este asunto de la ficción, como el cuento de Cenicienta o la comedia Juego de Gemelas, ubican siempre a la madrastra en un lugar muy negativo. O bien, muy por el contrario, en un lugar muy positivo como La Novicia Rebelde”, prosigue Javiera.

Entonces se produce una trampa. “Eres muy malvada o eres perfecta, cuando la realidad es que no eres lo uno ni lo otro, ¡es imposible! Hay que partir por desmitificar el rol, de educarse, de averiguar, pedir ayuda y buscar espacios de contención”.

LA PELIGROSA DUALIDAD

El principal error, de acuerdo a su diagnóstico, es la falta de alineación entre el padre y la madrastra. A veces, son ellas las que desean establecer una regla, pero es el padre quien pide no ser tan estricto con el niño y añade que está pasando un momento especial, que el colegio es difícil, etc.

“Es muy válido que el padrastro tienda a proteger más a sus hijos, pero en el contexto es importante entender que una madrastra también puede establecer una intención formativa en un determinado hogar”.

¿Qué pasa cuando un niño o niña advierte esa dualidad? Se genera confusión, disminuye la figura de la madrastra y ella desciende del lugar jerárquico que ocupa en la familia.

“En el fondo la madrastra no viene a reemplazar a la mamá, pero es un adulto que está a cargo y debe estar en una jerarquía distinta a la de los niños”, puntualiza Javiera. Además, se le está concediendo, involuntariamente, una herramienta al niño para que pueda manipular situaciones.

Por otra parte, también hay que saber hasta dónde puede tomar posición una madrastra en casos, por ejemplo, de que haya mal rendimiento escolar. “Por lo general, esa materia corresponde directamente a los padres”.

TIPOS DE MADRASTRAS

No son todas iguales. “Están las madrastras puertas afuera, que son como las pololas del papá, pero que no comparten un hogar. Muchas comparten solamente situaciones de fines de semana, vacaciones. Aquí se da más un plano de distensión, de entretención, algo más lúdico”, añade.

Pero el rol “puertas adentro” es el más complejo y también depende mucho de la cantidad de tiempo que los niños pasan con el padre. “Si existe una tuición compartida, la madrastra adquiere un rol más relevante y tiene más injerencia en las cosas que le pasan a los niños”. También está la madrastra que, además, suma sus propios hijos al hogar. “Ahí es más complejo y se dan muchas variables”. En este punto, hay que hacer frente bajo otros prismas de igualdad y justicia.

Las mujeres que se han sumado a esta verdadera escuela de madrastras dicen, en su mayoría, haberse sentido acogidas y han confirmado que la conexión de una con la otra es algo muy poderoso. En este camino, Javiera ha tenido que crear su propio marco de trabajo. “Me he basado en mi experiencia clínica de más de veinte años, he hecho muchas formaciones distintas, entonces conozco mucho de vínculos, sanos y no sanos, de apegos. He visto muchos tipos de familia también. He ido armando mi marco a partir de mi experiencia y de mi formación profesional”.

En resumen, su apuesta es dignificar un rol muy exigente socialmente. “En general, a pesar de estar en el año 2026, el trabajo de la casa siempre recae más en la mujer. De una madrastra se espera más que de un padrastro, pese a que la mayoría de las veces se trata de una tarea silenciosa”.

A su consulta también han llegado mujeres que le han manifestado su pesar por no haber conocido antes el taller. “Me dicen: ‘qué pena, me hubiera servido tanto mientras estuve en mi relación anterior’”. Porque, nunca hay que olvidarlo, siempre hay historias de mujeres que han fracasado en el papel de madrastras, posiblemente el más difícil de sus vidas.

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