En medio de un océano de voces en redes sociales ofreciendo soluciones para todos, respecto de infinitos asuntos, y atendiendo a que muchas veces solos se hace muy cuesta arriba abordar
las exigencias de la vida personal y profesional, Velvet eligió a cinco mujeres que, a través de sus trayectorias, coachean, orientan, acompañan y tienen como propósito sacar la mejor versión de sus clientas y clientes.
Por Rita Cox F.
Dirige su propia consultora de headhunting, especializada en cargos de media gerencia hacia arriba —minería, energía, retail, dispositivos médicos, consumo masivo, tecnología—, con clientes en Chile, Latinoamérica y Estados Unidos. En paralelo, trabaja como coach ejecutiva con una metodología propia y patentada, The Permanence Method, que integra reclutamiento y coaching desde un enfoque cuerpo-mente-alma. El dato que exhibe con orgullo: 99,3% de permanencia en sus colocaciones, frente al 70% promedio de la competencia, en más de 150 búsquedas.
María Cristoffanini (@mariacristoffanini_headhunter) es ingeniera comercial, con un minor en Neurociencia y Neuromarketing en Rotterdam. Se formó en la consultoraSpring Professional —hoy fusionada en Lee Hecht Harrison— antes de independizarse hace cuatro años. Se certificó como mindfulness coach y, después, como coach ejecutiva especializada en liderazgo, cultura y gestión de equipos, con un diplomado en la UDD. En marzo viaja a Boston a certificarse en Harvard.

Trabaja sobre todo con ingenieros comerciales y civiles desvinculados, mayores de 35 años, en un programa de siete sesiones de marca personal, currículum, simulación de entrevistas, negociación salarial. Cuenta que en ese ejercicio ha notado un patrón: los hombres procesan el despido con negación y síndrome del impostor; las mujeres tienden a moverse más rápido.
Su primer ejercicio con cada coachee es diseccionar el descriptor de cargo línea por línea, para transformar la experiencia de la persona en un espejo de lo que el empleador busca. Luego aplica tests de autoconocimiento, entre ellos el Eneagrama, y trabaja con material concreto: rentas de mercado, vocabulario ejecutivo, cómo suplir un requisito que no se cumple con una habilidad adyacente que sí. La sesión de negociación salarial es, dice, la más temida. Enseña a dar un piso y una banda, nunca un número cerrado, y a devolverle la pregunta al reclutador antes de aceptar la primera cifra sobre la mesa.
-¿Cuál es la diferencia entre ir al psicólogo y un coach?
-El coaching tiene que partir de que la persona quiera hacer el cambio. Yo entrego las herramientas, pero tiene que nacer de ella. No es una hora para desahogarse, es decir: esta es mi situación actual, dónde quiero llegar, y qué herramientas tengo que tomar para llegar ahí.
-¿Qué error ves más seguido en la gente que busca trabajo?
-El copy-paste de mensajes que le mandan a todos buscando trabajo, porque se nota. El 80% de las postulaciones no se publican. Hay que llegar a los tomadores de decisiones de manera estratégica, y el networking se hace estando con trabajo, no cuando ya no lo tienes.
Es coach ontológica especializada en identidad femenina y, en paralelo, estudia Psicología. Su territorio son especialmente las mujeres entre los 45 y los 60 años, que atraviesan lo que ella llama la segunda mitad de la vida: menopausia, nido vacío, reinvención laboral, más tiempo libre. Trabaja sobre cinco ejes: escucha, creencias, emociones, comunicación y, el que más les cuesta a sus clientas, soltar el control. Se trata de un proceso de máximo diez sesiones, desmontando el mandato de “no ser suficiente”, sin necesidad de remover cada herida: para eso, dice, está la psicoterapia, y ella deriva cuando corresponde.
Macarena Matte (@macarenamatte) es periodista de profesión: trabajó en El Mercurio y en revista Paula, fue directora de comunicaciones en un ministerio durante el segundo gobierno de Sebastián Piñera, y ejecutiva de marketing y branding. Llegó al coaching gracias a la insistencia de sus amigas, que aplaudían su escucha e intervenciones precisas y motivantes. Investigó las corrientes y se formó en Newfield, la escuela que trajo a Chile el coaching ontológico de Rafael Echeverría, esa idea de que el lenguaje construye realidad.

Su proceso arranca con una entrevista por pantalla para evaluar en qué momento está la persona y si ambas están “destinadas a trabajar juntas”. De ahí vienen sesiones de una hora, presenciales u online, donde trabaja el árbol de creencias, rastreando de quién se heredó cada convicción, muchas veces hasta la generación de la abuela, con tareas entre sesión y sesión que van desde collages hasta cartas nunca escritas.
Su convicción de fondo: nadie logra en diez sesiones lo que no logró en años, así que el coach no reemplaza un proceso terapéutico largo, pero sí puede acompañar eficientemente un tramo acotado.
-¿Qué te hizo estudiar coaching, más allá de la insistencia de tus amigas?
-Creo que teniendo buenas conversaciones puedes ayudar a las personas a verse, a mirarse, a visualizarse, y empujar a otras personas.
-¿Qué te enseñó a ti misma el coaching ontológico?
-Que el lenguaje construye realidad: importa mucho qué dices de ti misma y cómo lo dices. Y que los juicios que hacemos sobre otros son, casi siempre, un espejo de nuestra propia historia.
En el precioso espacio que inauguró hace unos meses, Andrea L’Huillier (@andrealhuilliert) acompaña procesos de cambio (separaciones, duelos, crisis laborales) a través de un método de doce sesiones: parte con una etapa de autodiagnóstico y continúa en cuatro módulos —trabajo emocional, creencias limitantes, comunicación y, al cierre, resignificar el cambio como oportunidad y no como trauma.
Fue miss, modelo, se tituló de periodista y fundó la agencia de comunicaciones Dos Alas. Pero, antes de eso, y a lo largo de la vida, le ha tocado cuidar, especialmente a su madre y a uno de sus hijos con parálisis cerebral. Esas exigencias, y la necesidad de mantenerse saludable y en equilibrio —tanto para otros como para ella misma—, la llevaron a buscar respuestas en la naturaleza, la alimentación consciente y la medicina alternativa.

Se certificó como health coach integrativa en el IIN, instituto que enseña a mirar a la persona en toda su dimensión: cuerpo, mente, espíritu y emoción. Y, para ordenar su propósito, se formó con una exigente mentora especializada en marca personal que la guió para construir un sistema propio.
Antes de comenzar a trabajar con una clienta hace una “llamada de claridad”, en la que explica en detalle cómo funciona el acompañamiento: la alternancia entre conversación, meditación y otras herramientas corporales, y las tareas breves que asigna entre una sesión y la siguiente.
-¿Qué es estar bien para ti?
-Estar en coherencia, en totalidad. Yo no estaba mal, pero me faltaba algo: dedicarme a lo que siento que es mi propósito de vida.
-¿Cómo diferencias tu trabajo del de un psicólogo?
-Mi approach es más un push: vamos a hacer esto y te voy a comprometer con esto, porque ya lo hablamos y tú escogiste hacerlo. Hay cosas que no entran por las ideas y hay que verlas a través del cuerpo, de la meditación, de otras herramientas.
Romina Capetillo (@romicapetillo) lidera “Solo para mujeres, del desorden al orden”, una comunidad donde acompaña, semana a semana, con un método sin fórmulas mágicas: entender de ingresos, gastos y deudas; ordenarlos, armar presupuesto, recuperar la capacidad crediticia, ahorrar e invertir.
No es coach certificada —lo aclara ella misma— sino acompañante financiera grupal, y su punto de partida no fue un diplomado sino su propio sobreendeudamiento: tuvo una orden de embargo sobre su departamento y recibió las llamadas de cobranza que hoy usa como nutrientes de su método. Su convicción central es que las finanzas personales son, antes que números, un asunto de autoestima y vergüenza. Dice, también, que cuando detecta que alguien sabe lo que tiene que hacer y no lo hace, deriva a terapia y termina su rol.

Su herramienta de trabajo es la repetición: arma eslóganes y los machaca sesión tras sesión hasta que se instalan como hábito. Buena parte de su trabajo consiste en desmontar creencias del estilo “no soy buena para las finanzas” y “no me alcanza la plata”, y convertirlas en preguntas concretas: ¿de verdad no alcanza, o hay otras prioridades compitiendo por el mismo peso?
Su comunidad no está hecha, en general, de personas con deudas extremas, sino de mujeres con “desorden” que llevan un anhelo más profundo que el dinero: cumplir un sueño postergado, comprar una propiedad, poner un negocio.
-¿Cuál es el error más común al ordenar las finanzas?
-Suponer. “Yo aproximadamente gano esto, gasto tanto”. Suponer te ayuda a hacer un pésimo presupuesto, y eso genera frustración: que no te alcanza, que no puedes ahorrar.
-¿Cómo se transforma un consejo financiero en un hábito?
-Repetición, repetición. Armo eslóganes y los repito una y otra vez: “del desorden al orden”, “mil es más que cero”, “la tarjeta de crédito no es tu dinero”.
Desde Concón, María José Arellano (@majocoach_official) dirige un programa propio de doce semanas que trabaja de forma simultánea tres dimensiones: interior, física y estética. Lo hace combinando sesiones individuales y grupales, un acompañamiento diario por chat y un libro de trabajo digital. Cuenta con el apoyo de una nutricionista y de un coach especializado en creencias limitantes.
Trabaja con mujeres de 25 a 60 años, con mayor concentración entre los 40 y los 55. “Suelen ser exitosas y autoexigentes, pueden liderar una empresa, pero no son capaces de decirle no a un pastel, o decirle sí al descanso y a ordenar sus rutinas de sueño y ejercicio”.
Antes de lanzarse en este camino, estudió Arte en la Universidad Católica, luego dos años de Diseño de Vestuario en INACAP, con la idea de dedicarse a la moda. Pero a los 25 años cayó en una crisis profunda que afectó su relación con la comida. Ya se sentía insegura de antes. Tras recuperarse, consciente de lo que aprendió para salir del laberinto, se certificó como coach transpersonal, fue mamá soltera, dio clases de Zumba gratis en un estacionamiento de Portal La Reina y, recién en pandemia, activó su Instagram con intención comercial.

Es enfática en marcar los límites de su rol: no es médica, no es psicóloga, no diagnostica ni trata enfermedades. Organiza el trabajo en distintos ejes que combinan lo físico y lo emocional con la imagen personal. La colorimetría y la asesoría de imagen, dice, no se usan como prescripción estética sino como herramienta de autoconocimiento.
-¿Cuál es el error más común de las mujeres con las que trabajas?
–Llegan habiendo probado inyecciones, nutricionistas y dietas restrictivas, desde una lógica de castigo. Muchas arrastran patrones familiares en torno a la comida y el cuerpo. Mi rol es ayudarlas a ordenarse en sus rutinas del día a día y sostener. No es hacer más, es hacerlo mejor con lo que tienes.
-¿Qué rol le das al descanso dentro del método?
-Muy importante y, para eso, buena parte del acompañamiento consiste en revisar la rutina diaria completa, desde que la clienta despierta hasta que se acuesta, para encontrar dónde faltan pausas, sueño, silencio.