El actor, que compatibiliza la práctica de un arte marcial indio con el teatro y la radio, es el protagonista masculino del musical Chicago. “Soy un abogado que maneja las leyes, conoce los vacíos y resquicios legales para manipular. qué más actual”, señala.
Por Marietta Santi Fotos Jesús Alvarado
Eyal Meyer Shevat (40), actor, comunicador radial, bailarín y participante de realities, con una amplia sonrisa abre la puerta de su estudio de Kalaripayattu, ubicado en la antigua Providencia. Ha estado entrenando desde las 7:45 y, a las 10:30, su energía está a mil. Invita a sacarse los zapatos y entrar al espacio donde conviven armas, fotos de sus maestros, altares y una atmósfera de paz.
Después de la sesión de fotos, donde el actor mostró su gran destreza y disciplina en el arte marcial que practica, y frente a un reponedor brunch, se refirió a su camino, humano y profesional, y a sus proyectos.
Acaba de estrenar el musical Chicago en el Teatro Municipal de Las Condes, donde interpreta el rol de Billy Flint, el abogado de Roxie Hart y Velma Kelly, las asesinas protagonistas. Aparte de ser un título emblemático del género, Eyal considera que es muy pertinente para los tiempos actuales: “Las protagonistas son mujeres empoderadas, encarceladas por el asesinato de sus esposos, que reivindican el ser felices. Otro punto es que los asesinatos son una forma de farándula policial y judicial, todo permeado por las lucas. Tal como son las cosas hoy”.
Sobre su personaje, es tajante. “Soy un abogado que maneja las leyes, conoce los vacíos y resquicios legales para manipular, qué más actual. Eso calza con lo que estamos viviendo en términos políticos, económicos, judiciales y periodísticos”.
En esta producción comparte escena con Antonia Bosman, como Velma (la morena), y Constanza Mackenna, como Roxie (la rubia). Antes, el intérprete se había lucido como Tony Manero en Fiebre de sábado por la noche (2017), y el jaguar Sabor en TAR, el hombre de la selva (2018).
-Hay una espectacularidad muy actual.
-En el fondo todo es un negocio, generar lucas, posición. Creo que nos viene de perilla, porque finalmente el delito, mientras más macabro, más presencia en los medios va a tener. Y en la obra, eso mismo genera el estrellato de estas criminales. La fama les permite liberarse de sus pecados. Qué más reconocible que eso.
Eyal Meyer, habla con concentración y entusiasmo de hacer teatro. “La escena para mí tiene un lugar muy especial, no porque lo piense, no por una idea adquirida, sino porque lo siento. Allí me siento en paz, me conecto con otras dimensiones”, reflexiona.
Sobre Chicago, el actor confirma que fue uno de los títulos que repasó cuando estaba en la escuela de teatro de la Universidad de Chile y decidió que debía tener herramientas vocales y físicas. Consciente de esa tarea, en 2009 audicionó para su primer musical, El hombre de la Mancha, producido por Enrique Inda. “Fui elegido para interpretar a Rocinante, el caballo del Quijote, y fue espectacular”, recuerda.
Al año siguiente estuvo en My Fair Lady, también de Inda, obra que inauguró el Teatro Municipal de Las Condes. “Es muy bonito volver a este espacio, con la misma producción con la que empecé en el género. Hay algo afectivo también de saber que estoy en buenas manos, con gente profesional a mil”.
La versión chilena de Chicago cuenta con 34 artistas en escena, de los cuales 14 son músicos, con la dirección de Eduardo Yedro (Cats, Annie, Mamma Mia).

A sus 40 años ha recorrido un camino de búsqueda sostenida, tanto en lo profesional como en lo personal. Separado después de una larga relación, con dos hijos (11 y 13 años), entrena todos los días e imparte clases en su centro de Kalaripayattu (arte marcial india) de Chile, llamado Mauna Kalari e inaugurado en 2020.
En 2023 se legalizó con la autorización de sus gurús indios, siendo reconocido como Representante y Maestro, con un nivel homologado a cinturón negro cuarto Dan.
-Tu camino ha sido individual, porque no formas parte de una compañía de teatro, no formaste un grupo de teatro…
-He seguido un camino de lobo solitario, de búsqueda. Eso me acompaña desde la escuela de teatro en la Chile, mi tesis comienza diciendo: “No sé si lo que estamos estudiando sirve realmente”. Por eso he hecho talleres de voz, de danza, de canto, y he trabajado con profesionales de todas las escuelas. Me gusta probar métodos, formas de acercarse a la escena. No conocía a nadie en el medio, fue todo de a poquito.
-¿Por qué esa actitud?
-Me genera distancia la idealización de los procesos y de las personas. Si bien soy idealista, como buen Sagitario, soy súper pragmático en la pega. No busco espacios de complemento personal, emocional o amistad. Si me hago amigos en el camino, buena onda, pero más me interesa que nos encontremos en la creación. También tengo mis diferencias con este medio, que es muy encasillador y prejuicioso, muy de poner a personas en un lugar. Pienso que el gran espacio de creación está precisamente en lo inesperado, en probar.
-En esta búsqueda, la radio ha sido una constante.
-Probaron a varios actores conmigo y ya son ocho años en FMDOS, tiempo en que descubrí en mí una versión comunicacional que desconocía. Al principio necesitaba libreto de todo, pero luego me fui abriendo al mundo de la animación, de las entrevistas, de la improvisación.
-Y lo del reality, ¿cuándo te invitaron no te generó ruido?
-Me habían llamado para un casting, y siempre voy a los castings. Cuando me llamaron pensé que, si iba súper enfocado y súper claro de quién soy, iba a salir todo bien. La primera semana estuve haciendo el galán (risas) y después entré a jugar esta pseudo ficción realidad. Fue una buena experiencia. Las personas que conocí y los momentos que viví fueron puro aprendizaje.
-¿Y cómo lo explicaste a tus hijos? Porque están grandes.
-Les explico todo, les cuento todo. Ellos son súper participativos en todo y entendieron muy bien. Me dijeron: “Que te vaya bien”, y conseguí llamarlos seguido.
-Imagino que el Kalari te ha ayudado a estar bien.
-Llevo 20 años practicando y está integrado a mi vida. Estoy todo el día vinculado a esa disciplina, que es un camino no solo físico, sino también de vida espiritual y filosófica. La conocí por talleres. Luego, en 2011, fui por primera vez a India por tres meses, donde me recibieron como discípulo y me autorizaron para transmitirla.

El metro noventa y uno de Eyal es difícil de ignorar. Maneja varios idiomas y su biotipo refleja su ascendencia. En TV partió con Soltera otra vez, en 2012, y su última aparición fue en 2023 en Dime con quién andas.
Al respecto dice que “se concentró todo en Mega y, hasta el momento, no he tenido ninguna oportunidad. He demostrado voluntad, pero desde el otro lado hasta el momento no he tenido ninguna invitación, ni siquiera a un casting. Siempre supe que no podía depender de la televisión, por lo que no me genera ansiedad”.
-¿Influirá tu pinta de extranjero?
-Tengo un look particular que a veces es complejo de manejar. Para las historias que se cuentan acá, de repente no encajo. Pero en la teleserie La colombiana yo era el hijo de un taxista y vivía en el barrio Yungay. Y funcionó súper bien, mostró un Chile diverso como es hoy.
Después de hacer series y películas como El puño del cóndor (2023), con Marco Zaror, que se estrenó en Rotterdam, y las dos entregas de Sayen (2023-2024), decidió apostar por el audiovisual fuera de Chile: “Me decidí por México y escribí a agentes.
Algunos me recibieron y me quedé con Gabriel Blanco, mi representante actual. Tuve que aprender el acento neutro, viajar y, si bien no ha salido nada, he llegado hasta el final en varios castings. También sigo perfeccionando el standard american accent”.
-Por lo que dices, los 40 te encontraron bien parado.
-Súper, con un camino bien difícil, con vivencias muy duras, pero que me han fortalecido. Chicago también llega en un momento en que me siento muchísimo más preparado, con más tranquilidad, con más flexibilidad interna, sorprendiéndome de mí mismo y de mis propios registros vocales (sonríe).
-Tus desafíos son muy profundos.
–Tengo mucha energía, que hace años derivó al carrete. Me metí en la noche, me metí en cosas, me viví todos esos procesos. Necesitaba disciplinarme. La gran revolución está en la conducta, en cómo nos comportamos en el día a día, el desear el bien a otro, de verdad. El Kalari claramente es un sostén para relacionarme siempre con lo que hay, no con lo que no hay, y lograr un camino de liberación desde lo mundano, vinculándote con el dinero, con lo sexual, con los placeres. Ese desafío me mueve. Porque todos podemos ser monjes en un desierto.
-¿Cómo ves la sociedad chilena actual?
-Ha habido una tendencia en el último tiempo donde se ha instalado el concepto del ticket de cambio: si no me gusta algo, lo cambio o lo boto. Hay una confusión que entre los derechos y deberes, en todos los ámbitos de la conducta. Hay muy poca tolerancia a la frustración y, en eso, el Kalari ha sido fundamental, porque entrenamos la paciencia y la relación con el error.