Revista Velvet | Salla Sammalkivi: “La felicidad no requiere cosas enormes”
Entrevistas

Salla Sammalkivi: “La felicidad no requiere cosas enormes”

Salla Sammalkivi: “La felicidad no requiere cosas enormes”
Entrevistas

Salla Sammalkivi: “La felicidad no requiere cosas enormes”

POR equipo velvet | 27 octubre 2026

Recién instalada en Chile, la nueva embajadora de Finlandia ya se impuso una meta: recorrer mil kilómetros del país cada año. Tras una carrera que la llevó por México, Argentina, Brasil y Alemania, abre las puertas de su residencia para conversar sobre su inesperada llegada a la diplomacia, la vida lejos de casa y las claves del país más feliz del mundo: educación, confianza y una relación abierta con la salud mental.

Por María José Crespo Foto Jesús Alvarado

Nos recibe en su residencia, rodeada por un pequeño bosque de arbustos en el que destaca un abedul, el árbol nacional de Finlandia. Antes de comenzar la entrevista, Salla Sammalkivi nos invita a recorrer la casa. A nuestro lado camina Pepe, el pastor alemán que viajó con la familia hasta Chile y que, pocos días después de este encuentro, sería presentado oficialmente a través de las redes sociales de la embajada.

Salla lleva menos de un mes en nuestro territorio. Llegó para asumir como embajadora de Finlandia el 1 de septiembre de 2026, aunque su vínculo con Chile comenzó mucho antes, durante sus años universitarios, cuando recorrió el país junto a un grupo de amigos.

Ese recuerdo permaneció intacto y, apenas se abrió la vacante, supo que quería regresar.

Su llegada a la diplomacia, en cambio, no fue el resultado de una vocación temprana ni de un plan cuidadosamente trazado. Fue una casualidad que terminó convirtiéndose en una carrera y en una forma de conocer el mundo. Alegre, curiosa y cercana, la representante del país que por noveno año consecutivo encabeza el Informe Mundial de la Felicidad habla de los giros inesperados de su vida, de aquello que ha aprendido lejos de casa y de una felicidad que, asegura, no depende de que todo sea perfecto.

—Salla, lleva muy poco en el cargo. ¿Cómo ha sido la experiencia en Chile?

—Muy buena. Cuando se abrió este puesto supe de inmediato que quería postular a Chile. Me interesa toda Latinoamérica, estudié Política Internacional y me centré mucho en la región. He vivido en México, en Buenos Aires, en nuestra embajada en Brasilia. También, cuando era estudiante, trabajé un tiempo en la embajada peruana en Helsinki. Entonces esta región, en general, está muy cerca de mi corazón.

—¿De dónde viene esa pasión por América Latina?

—Es una buena pregunta porque desde joven he estado muy interesada en Latinoamérica. De hecho, tuve una amiga por correspondencia de México, porque por alguna razón misteriosa, me interesaba este lugar. A los 16 años ya sabía que quería venir a Latinoamérica como estudiante de intercambio y en esa ocasión me enamoré muchísimo de México, porque fue una súper experiencia. Entonces, eso me dio un empujón para conocer otros países como Argentina, Brasil y ahora Chile.

—¿Qué recuerdos tiene de su primer viaje a Chile?

—Mientras estudiaba en Argentina, viajé en bus al sur de Chile con algunos amigos. Llegamos a Osorno y luego subimos hacia el norte, recorriendo Isla Negra, Valparaíso y Santiago, antes de regresar a Argentina por tierra y maravillarnos con la cordillera.

—En su presentación en redes sociales como nueva embajadora de Finlandia, usted dijo que quería recorrer 1.000 km de Chile por año. Es una meta ambiciosa, ¿no cree?

—Sí. Pero creo que iré alcanzando los primeros mil en enero (ríe), porque viene mi hijo mayor con su novia desde Finlandia y queremos hacer un viaje en auto por el norte de Chile. Justo tengo un viaje de trabajo a Copiapó y pretendemos aprovechar los días libres en familia ese fin de semana.

—¿Cómo es su vida fuera de su rol como embajadora?

—Muy familiar. Vine a Chile con mi marido y mi hijo menor. Cuando estás en el extranjero, la familia cobra aún más importancia porque hacemos prácticamente todo juntos y termina siendo una especie de aprendizaje. Hablamos mucho de nuestras experiencias y de cómo se siente mi hijo en el colegio, entre otras cosas. Mi marido, por su parte, es muy sociable y ya hizo amigos chilenos gracias al deporte que practica, el jiu-jitsu brasileño. Y bueno, no puedo decir que no me da pena que nuestro hijo mayor se haya quedado en Finlandia, porque siempre ha sido parte de esta experiencia compartida en el extranjero.

—¿Cómo se describiría a sí misma?

—Qué difícil pregunta (ríe). Creo que soy una persona curiosa. Tengo la sensación de que la vida entera no basta para satisfacer la curiosidad que tengo por el mundo. Uno aprende todo el tiempo y no existe una edad límite para eso. También le doy mucha importancia a mis relaciones interpersonales, a mi familia, amigos. Imagina que mi mejor amiga es de cuando teníamos seis años. Sé poner el límite entre el trabajo y la vida privada. Hago deporte y leo cada noche para calmarme, es un ritual muy importante para mí. También valoro el sueño y despertarme temprano.

—¿Qué libros recomienda?

—Del lado finlandés, a Tove Jansson con El libro del verano y a Sofi Oksanen. Entre mis favoritos también están la chilena Isabel Allende, Ildefonso Falcones y Gabriel García Márquez. De hecho, leí Cien años de soledad dos veces, en español y finlandés.

DIPLOMACIA POR AZAR

Mientras conversamos en el living de su residencia, nos ofrecen korvapuusti, el tradicional rollo de canela finlandés, preparado —nos aseguran— según la receta original. Salla se mueve con naturalidad entre la conversación y las fotografías. Dice, entre risas, que no se considera fotogénica, aunque las imágenes demuestran exactamente lo contrario.

Su vestido también cuenta una historia. Lleva el reconocible estampado de amapolas de Marimekko, uno de los grandes emblemas del diseño finlandés y un detalle que no quiere que pase inadvertido. Es una pequeña forma de llevar consigo el paisaje visual de su país.

La conversación transcurre sin las formalidades que suelen acompañar a una figura diplomática. Salla es cálida, espontánea y cercana. A un costado del sillón, Pepe juega con los restos de un juguete que, según cuenta su dueña, le compraron apenas el día anterior. Entre risas y escenas cotidianas, la residencia se siente por momentos más como una casa familiar que como un espacio oficial.

Esa misma naturalidad aparece cuando recuerda su llegada a la diplomacia. No fue una vocación temprana ni el resultado de un plan trazado con años de anticipación, sino una oportunidad inesperada que terminó definiendo su vida. Lo que comenzó casi por casualidad se transformó en una carrera que le permitió alimentar su curiosidad, conocer otras culturas y descubrir el mundo con sus propios ojos.

—¿Cómo llegó a la diplomacia?

—Nunca pensé en ser diplomática en absoluto, tengo que admitir que fue pura casualidad. Cuando me estaba graduando de la universidad comencé a enviar currículums a todas partes y mi padre me avisó que el Ministerio de Relaciones Exteriores buscaba gente. Postulé sin mucha expectativa, pasé el concurso público etapa por etapa y aquí estoy. Nunca lo planifiqué, pero amo esta carrera.

—Antes de ingresar al Ministerio de Relaciones Exteriores, ¿había tenido alguna experiencia vinculada con la diplomacia?

—Sí, cuando era estudiante trabajé en la embajada peruana en Helsinki como traductora y creo que, por supuesto, me ayudó después a comprender lo que sería un trabajo en la diplomacia, pero en esa época no pensaba que sería diplomática. Estaba viviendo la experiencia.

—¿Cómo es el día a día de una embajadora?

—Cada día es muy diferente y eso es lo que me atrae de esta carrera. Tengo reuniones con autoridades, periodistas, sociedad civil, visitamos escuelas, etc. Cuando vienen las autoridades finlandesas tenemos mucho más trabajo. Además, uno de nuestros focos es promover las exportaciones y las inversiones, así que nos reunimos mucho con empresas.

—¿Qué es lo mejor y lo peor de este trabajo?

—Es el trabajo más interesante del mundo porque conoces culturas, aprendes idiomas y hablas de todo, desde cultura hasta seguridad. Lo negativo no es el trabajo en sí, sino dejar atrás a tu familia y amigos, porque te pierdes muchas cosas. Y ahí sí siento nostalgia.

—Usted trabajó en México, Alemania, Brasil, Argentina, entre otros países, ¿cuántos idiomas maneja?

—Hablo cinco idiomas. El finlandés, por supuesto, inglés, español, portugués y francés. Como finlandesa también hablo sueco, nuestro otro idioma oficial. En mi juventud estudié alemán y lo entiendo, pero hace años que no lo uso.

FINLANDIA: EL PAÍS MÁS FELIZ DEL MUNDO

A lo largo de la conversación, Salla Sammalkivi vuelve varias veces sobre la felicidad. Aparece cuando habla del trabajo que ama, del libro que lee cada noche o del bienestar que encuentra al practicar deporte. No se refiere a ella como un estado permanente ni como una vida libre de dificultades, sino como una satisfacción construida a partir de pequeños hábitos, vínculos y certezas cotidianas.

Por noveno año consecutivo, Finlandia fue reconocido como el país más feliz del mundo por el Informe Mundial de la Felicidad 2026, que esta vez puso especial atención en el bienestar de los jóvenes y su relación con el uso de las redes sociales. Para ella, la explicación está en el equilibrio entre la vida personal y laboral, pero también en la confianza que existe en las instituciones, la educación y la comunidad.

Eso no significa que los problemas no existan. La diferencia, explica, está en la manera de enfrentarlos: con apertura, sin convertir la salud mental en un tema prohibido y comprendiendo que pedir ayuda también forma parte del bienestar. Esa experiencia es la que Finlandia busca compartir en Chile a través del primer Festival Internacional de Bienestar y Salud Mental, una idea de Fab360 / Fábrica de Contenidos, que convocó a la Embajada de Finlandia y a la Municipalidad de Lo Barnechea para hacerla realidad.

Juntos dieron forma a un encuentro que acerca a la comunidad experiencias de Chile y Finlandia en torno al bienestar y la salud mental.

—Embajadora, ¿a qué atribuye que Finlandia lleva nueve años liderando el Informe Mundial sobre la Felicidad?

—Primero quiero decir que estoy muy orgullosa y que vamos por el décimo año. La verdad es que no es que seamos siempre sonrientes, sino que tenemos una satisfacción general. Sabemos que la vida diaria funciona, hay un balance entre trabajo y vida personal que no es excluyente y esos suelen ser factores muy importantes en la vida de cada persona. Además, podemos confiar en nuestras instituciones y en nuestros políticos, porque la historia nos ha preparado para hacer frente a un mundo que está viviendo una época muy tumultuosa.

—¿Qué papel juega la educación?

—Es central. Somos un país que fue pobre y pagó una deuda de guerra, pero construimos una sociedad sobre una educación igualitaria. La docencia es una profesión muy valorada, social y económicamente.

—¿Cómo logran que los estudiantes se sientan parte del sistema?

—Con confianza. Confiamos en los profesores y el sistema les da independencia para enseñar. No se basa en la competencia, sino en el bienestar de los alumnos, el sentido de grupo y la responsabilidad. Tampoco se permite el bullying y existe margen para equivocarse porque no tienes que ser perfecto, lo importante es intentarlo.

—¿Cómo influye la baja corrupción en que sean un país feliz?

—Esa tasa baja de corrupción, precisamente, aumenta nuestra confianza en el sistema. Las leyes son las mismas para todos y sabemos que el sistema corrige si un político comete errores. Siempre hay excepciones, pero existe una confianza general.

—Siguiendo en esta línea del país más feliz del mundo, la naturaleza tiene un rol especial para ustedes. Hacen terapia de bosque.

—Para nosotros la naturaleza es clave. Tenemos la terapia de los árboles y todo finlandés sale mucho a la naturaleza. Tenemos tiendas de campaña que están en medio de los bosques, apreciamos ese tiempo en la naturaleza, tenemos mucha costa, muchas islas, lagos, entonces la naturaleza incide mucho en nuestra felicidad.

—Ser feliz no significa no tener problemas. ¿Cómo enfrentan la salud mental?

—Existe y no es un tabú. Se habla abiertamente cuando alguien no está bien y contamos con programas integrales para la prevención y trabajar estos temas.

—En Chile, el 68% evalúa mal la salud mental de los jóvenes. ¿Cómo lo interpreta?

—Es una preocupación mundial, y se dice que las redes sociales influyen porque los jóvenes pasan menos tiempo socializando. No hay una sola solución, se necesita una respuesta integral con la familia, los amigos, la escuela y políticas públicas para combatir la soledad, combatir problemas de salud mental, combatir los problemas de la sociedad en general.

—Justamente ustedes están promoviendo un festival de salud mental. ¿De qué se trata?

—Es la primera vez que lo hacemos en Chile y queremos compartir nuestras experiencias con los chilenos. Hacemos este tipo de eventos en todas partes del mundo y es una manera de conectar con la sociedad local, con el objetivo principal de aprender unos de los otros.

—¿Qué expectativas tienen?

—Como es la primera vez esperamos seguir haciéndolo en adelante y que podamos seguir hablando de temas de bienestar.

—¿Qué mensaje entregaría sobre la felicidad?

—Mi mensaje es que la felicidad no requiere cosas enormes. No se necesita ser perfecto, no se necesita una sociedad perfecta, sino que es un entendimiento compartido en el que todos trabajamos por la misma meta. No se necesitan, finalmente, mayores recetas.

Te puede interesar