El actor y músico tiene dos hijas, Malú y Gala, junto a su mujer, la abogada Macarena Sarras. Con ellas descubre cada día una nueva forma de mirar el mundo: una donde ellas son las protagonistas.
Entre grabaciones, ensayos y escenarios, Matías Oviedo atraviesa uno de los momentos más intensos y luminosos de su vida. El actor acaba de terminar las grabaciones de El jardín de Olivia, teleserie en la que aún aparece en pantalla, mientras continúa recorriendo escenarios con su homenaje a Gustavo Cerati y prepara el musical Close to Me, que llegará en julio al Teatro Municipal de Las Condes.
Pero lejos de las luces del espectáculo, hay otro rol que hoy ocupa el centro de su vida: el de papá. Junto a su mujer, la abogada Macarena Sarras, tiene dos hijas, Malú y Gala, de cuatro y dos años. Y aunque reconoce que la paternidad es desafiante, también habla de ella como una felicidad permanente, una fiesta que se vive mientras se sube una montaña.

-¿Cómo te cambió la paternidad?
-Cambia radicalmente la visión del mundo. En el fondo, cambia el foco de la vida un poco. Eso es lo que yo siento que pasa. Uno tiene puesto el foco en uno mismo, en los más cercanos, pero uno es el protagonista de su vida. Y cuando llega llegan las niñas, los niños, cambia ese foco. Creo que el foco ya está puesto en ellas y ellas empiezan a ser las protagonistas de tu vida.
-¿Qué tipo de papá intentas ser?
-Trato de ser un papá entretenido. Son chicas, entonces están en una etapa en que su vida es el juego, y a través del juego nos relacionamos. Trato de entrar en ese mundo. Pero también trato de enseñar, de guiar conductas, cosas que se pueden y cosas que no se pueden hacer. Estoy en esa etapa donde son niñas chicas que recién se están enfrentando el mundo, entonces trato de tener esa dualidad entre alguien con quien pueden sentirse cómodas, jugar, y también alguien que les inspire respeto.
-¿Hay cosas de tu crianza que decidiste repetir o quisiste hacer todo diferente?
-Creo que uno, inevitablemente, repite ciertos patrones de la crianza que tuvo. Ese es el único modelo que uno tiene. Es bien cliché lo que voy a decir, pero nadie te enseña a ser papá o mamá. Y el único modelo que uno tiene es el papá que tuvo. Yo tuve la suerte de tener dos papás súper bacanes, participativos y preocupados. Entonces, en ese sentido, trato de repetir ese patrón. Y me alejo un poco del autoritarismo vacío. Si hay que poner autoridad, tiene que ser con un contenido, tiene que ser por algo. Cuando era chico viví ese autoritarismo porque sí, y no le encontraba sentido.

UNA PATERNIDAD PRESENTE
Para Matías Oviedo, la crianza también refleja un cambio generacional. Si antes los padres estaban más ligados al rol proveedor y a largas jornadas fuera de la casa, hoy siente que la presencia emocional y cotidiana tiene otro espacio.
Y aunque admite que equilibrar la sensibilidad con la autoridad no siempre es fácil, intenta construir una relación cercana, marcada por el juego, la honestidad y los pequeños rituales compartidos.
-¿Cómo convive lo profesional y la familia en tu carrera de actor y músico?
-Conviven bien porque no me ha tocado tener giras. Si bien siempre estoy tocando fuera, no es por largo rato. Y, en general, el teatro y la música se dan más en las tardes o noches. A veces empiezo a trabajar a las cinco de la tarde, cosa que no es tan agradable porque prefiero los ensayos en la mañana, pero muchas veces no se puede. Entonces puedo estar en el día y agradezco caleta cuando lo puedo hacer. No es que esté todos los días, pero muchas veces me toca estar en el día en la casa y salir en la tarde, y eso lo veo como el vaso medio lleno. Me gusta.
-Aunque sean pequeñas aún, ¿has aprendido de tus hijas?
-¿Sabes qué me gusta de las niñas y los niños? Que son súper verdaderos. Tú no puedes mentirles. De repente uno está acostumbrado a decir “voy a la esquina y vuelvo altiro”, y te vas dos días. En esas cosas que uno a veces tontamente hace, ellos te enseñan que es mejor ir de frente. Son más simples y tienen menos mañas que uno, obviamente, Entonces he aprendido de ellas esa transparencia.
-¿Cómo has vivido el cambio generacional?
-Yo tenía un papá que trabajaba en horario de oficina, entonces uno lo veía poco. Ahora no es así. Uno está más involucrado también. No digo que los viejos no hayan estado involucrados, pero se implicaban menos. Mi papá no cambió un pañal en su vida y somos cinco hermanos. Yo sí cambié y sigo cambiando, es lo normal. Lo raro sería que no lo hiciera.
-¿Han construido algún momento clave que hagan seguido?
-Hay varios panoramas que hacemos siempre. Tengo una plaza al frente de la casa, por ejemplo, entonces pasamos harto allá. Y salimos los tres en bicicleta. Bueno, en triciclo la Gala, por ahora. Muy chiquitita todavía.

-¿Qué te gustaría que recordaran de esta etapa?
-Que lo pasaban bien conmigo. Que me recuerden como alguien con quien podían pasarlo bien.
-¿Qué es lo más difícil de ser papá para ti hoy?
-Para mí es todo este tema de la autoridad. Se me hace difícil tener que retar cuando dejan la escoba. Igual soy corazón de abuelita, entonces me da pena. Lo hago, pero quedo con el corazón roto.
-¿Y lo mejor?
-Lo más increíble, hay una canción que lo dice, es que uno ya nunca más está solo. Como que somos indivisibles, somos para siempre.
-Si tuvieras que definir la paternidad en una imagen, ¿cómo lo harías?
-Es como una felicidad, pero igual es difícil, es rudo, digamos. Si tratara de mostrarlo en una imagen podría ser como si estuviera en una fiesta constante, pero subiendo una montaña. Como que se disfruta, pero cuesta.
-¿Quisieras traspasarles algo de tu vocación de actor y músico a tus hijas?
-Son muy chicas todavía para pensar en eso, pero sí me gustaría traspasarles la sensibilidad hacia la belleza, para que puedan acercarse quizás a distintas formas de arte. De ahí a que les guste o se dediquen a algo así, ya da lo mismo, pero que tengan ese acercamiento.