Dueño de una singular historia, el artista chileno-peruano acostumbra enfrentarse al lente para ponerse en la piel de sus ancestros de gran prosapia. Es cuando aparecen las figuras de su familia, todos aristócratas, colonos y próceres que le han dado vida a las dos naciones que lo han visto crecer. Su apuesta, más que una alegoría, es un nostálgico ajuste de cuentas contra la pérdida.
Por Alfredo López J. Fotos Pedro Magnere
Puede subir o bajar de peso, depilarse por completo, someterse a antiguos corsés y fajines. Todo para situarse en el rol de sus ancestros, tanto paternos como maternos. De ese modo, Christian Harald Fuchs Camprubí (46) ocupa el pasado para construir un relato único en el arte contemporáneo.
Con un pie en Santiago y otro en Lima, el ganador de la beca Pollock-Krasner Foundation, viene de exponer en la galería del Centro Cultural Inca Garcilaso del Ministerio de Relaciones Exteriores de Perú y también en el Espacio Valverde de Madrid.
Esta vez nos recibe en la galería NAC, en Vitacura. Ahí, junto a un retrato que expuso en la Fundación Cultural de Providencia, comienza a hilvanar una suerte de arqueología personal.
“Tengo muchos otros cuadros en Santiago, pero esta obra me gusta mucho”, dice. La dama de la imagen es Benjamina Eléspuru y Martínez de Pinillos. Una de sus tías tatarabuelas, hija de próceres de la independencia de Perú y nieta del Alférez Real que representaba al Rey de España en Trujillo. Para lograrlo, confeccionó vestidos de época a la medida, utilizó joyas del patrimonio familiar y posó emulando la misma actitud de templanza de su antepasado.

La premiada fotografía, que entrelaza los límites del autorretrato y la referencia histórica, ha sido exhibida en distintas galerías del mundo. Para Fuchs, la figura de Benjamina es determinante en su genealogía materna. “Su padre estuvo desterrado en Chile y, una de sus hermanas, se casó con el chileno Martiniano Urriola y Guzmán… Ahí comienza mi conexión materna con este país y, por lo mismo, es una obra que me gusta mucho”, sostiene. Por el lado paterno, pertenece a una familia de inmigrantes alemanes que se establecieron en Osorno y también desciende de Agueda Flores y Talagante, cuyo nombre original era Agatha Blumenthal, la abuela de La Quintrala.
Ambas ramas familiares fueron, además, viajeros que cruzaron la frontera de Chile y Perú de manera frecuente. De niño, estas historias le llamaban la atención de una manera casi misteriosa. “Yo, junto a mis dos hermanos, fuimos criados por nuestra abuela chilena, Carmen Silva Schilling. Siempre nuestras vacaciones eran en los campos de mis parientes en el sur. Lo pasábamos lindo”. Con los años se tituló de abogado en la Universidad de Lima y, finalmente, ejerció la profesión solo por tres meses en un estudio.
-¿Se desencantó? ¿Qué pasó?
–Nunca me gustó, la verdad. En esa época nadie te decía ‘estudia arte’ y, además, en mi familia había muchos abogados. A mí, en cambio, siempre me interesó mucho la metafísica y el tema de las sanaciones. Mucho más tarde, estudié fotografía en el Centro de la Imagen. Desde ahí me quedé como fotógrafo, también pinto y dibujo. En definitiva, mi formación de artista vino después. A lo mejor podría haber estudiado psicología.
-¿Cuáles fueron sus primeros trabajos, sus primeras obras?
-Eran collages digitales de la casa de mis ancestros, de las casas en Osorno y otras en Perú. Recuerdo que eso fue en el 2009, cuando presenté mi primera muestra individual. Mediante fotos hechas por mí e imágenes de archivo, lograba nuevas escenas y distribuía en la composición a personajes que habían vivido ahí. Aparecían asomándose por una ventana, o caminando en un corredor.
-¿Por qué derechamente optó por construir casi una ruta arqueológica de su familia?
–Creo que fue por el hecho de haber sido criado por mi abuela, ella siempre hablaba de Osorno, de sus abuelos que también la criaron. Esos relatos generacionales fueron quedando como algo muy presente en mí.

-Pero qué elementos de su personalidad, por ejemplo, le hicieron llevar la concentración a ese punto… ¿Tiene una mirada nostálgica de la vida?
-Soy muy nostálgico y siempre lo he sido, desde niño. Cada vez que llegaba a mi casa había objetos, historias, cuadros y muchos retratos. Siempre los estaba mirando y curiosamente me sentía muy conectado con esos seres que estaban colgados en la pared. En esos lugares, cada cosa contenía una historia.
-¿Una suerte de orgullo o era más que eso?
-Siempre tuve orgullo, pero era más que eso. Algo así como un sentido de pertenencia. Nosotros podemos descender de muchos ancestros, pero siempre hay una línea con la que tú resuenas más, con la que sientes que perteneces. Nací con una añoranza inexplicable, que no sabría cómo explicar.
-¿No ha pensado que tal vez se trate de algo más profundo, un miedo, por ejemplo?
-Cuando miro hacia atrás me doy cuenta de que, desde el inicio de mi trabajo, todo tiene que ver con lo que sucedía en mi familia. Mi abuela casi muere en el 2012 y, después, afortunadamente, pudo vivir cinco años más. Ella estuvo a nuestro lado, porque mi madre murió cuando éramos muy jóvenes y, además, estuvo mucho tiempo internada después de que le diagnosticaran esquizofrenia. Mi padre se volvió a casar y se fue. Entonces, fueron mis abuelos los que se hicieron cargo de nosotros, porque mi madre estaba muy enferma. Y tal, como tú dices, ese sentido de pertenencia creció, al igual que la idea de tener a una familia alrededor mío, una que me protegiera, que estuviera cerca.
-Asignar una permanencia a algo que también es frágil.
-Exacto. Digamos que realizar esta obra, de personificarme con muchos de mis ancestros, es una manera de tener siempre a mi familia presente.

-¿Cómo desarrolla ese proceso de personificación? ¿Tiene un método?
-Como muchos de mis ancestros son históricos, los estudio mucho. Investigo, leo sus diarios y reviso qué hábitos tenían. Al momento de personificarme incluso replico cosas que hacían, como la forma de comer, de dormir. Si comían lentejas los lunes, yo también lo hago. Empiezo a repetir, en la medida de la posible, esas conductas que de alguna manera ya están grabadas dentro de mí.
-¿A qué conclusiones ha llegado con este proceso creativo?
-El punto de partida de mi trabajo es la memoria. De cómo podemos llegar a ser un contenedor que guarda todas las memorias de nuestros ancestros. Entonces, mediante la repetición de estos actos, se activan memorias que estaban dormidas, que vuelven a la superficie y que las podemos integrar de manera consciente.
-¿Con qué cosas se encuentra en ese camino?
–Creo que cada uno de nosotros siempre vive manifestando todos sus ancestros, todos los días de la vida. Pero nunca nos preguntamos de dónde viene algún rasgo, de dónde viene una enfermedad, una característica especial. Porque lo cierto es que heredamos todo, tendencias y enfermedades. No es solo lo que se ve desde afuera. Pueden ser los ojos de un determinado color, el tipo de pelo, la nariz. Esa herencia que llevamos dentro nos conecta con millones de personas. Cada uno tiene el holograma de millones de seres que viven dentro de nosotros y, cada uno de ellos, puede manifestarse en diferentes momentos de la vida.

-Desde el punto de vista de lo exterior, ¿cómo lo hace? ¿Se rasura, se cambia el pelo?
-Claro, me afeito, adelgazo o engordo, me depilo también. El día de la fotografía trabajo junto a maquilladores que me ponen muchas capas para que la piel aparezca, por ejemplo, muy blanca, al igual que los cuadros antiguos. También me peinan. La depilación de piernas, pecho y brazos, si es que es necesario, la hago normalmente el día anterior. Porque estas señoras, obviamente, lucían escotes y brazos que no podían tener un pelo. Luego vienen los corsés, los vestidos y también los accesorios.
-¿Siempre ha interpretado a sus ancestros? ¿Nunca ha extrapolado su trabajo a personajes más distantes a su historia familiar?
-Una vez hice a Mary Poppins. Pero fue por un tema de un gusto personal, no está dentro de esta serie. Pero siempre he hecho más mis ancestros y lo voy a seguir haciendo. Solo que ahora también estoy pensando en abrirme a ciertos arquetipos comunes a los seres humanos, por ejemplo, el Hombre de Neandertal. Quiero llegar muy atrás.