El alcalde de Santiago, que política, que lo vio como subsecretario, ministro, diputado, presidente de partido y secretario general de partido, hoy dice estar en su mejor rol. “Este es el cargo más lindo que uno puede tener”, comenta.
Fotos Jesús Alvarado
El Alcalde de la Municipalidad de Santiago ha tenido un año bastante movido. No solo por cumplir casi dos años en su rol como edil, sino que también por haber renunciado a Renovación Nacional en marzo y porque, ahora en octubre, lanza un nuevo movimiento político que busca revivir el espíritu del centro y la centroderecha.
Desde su oficina en Plaza de Armas, cuenta todo lo que ha logrado en su mandato como edil de la comuna que alberga el corazón histórico de Santiago, aunque reconoce que aún queda mucho por hacer.
-¿Cómo ha sido su período frente de la municipalidad?
-Ha sido entretenido, me gusta mucho el cargo de alcalde. He pasado por varios cargos públicos: subsecretario, ministro, diputado, presidente de partido, secretario general de partido, y creo que este es el cargo más lindo que uno puede tener en el servicio público. Lo he disfrutado.
-¿Cómo ha evolucionado?
-Al inicio fue duro, pero estamos bastante estabilizados. Logramos ordenar las finanzas y, lo más importante, podemos mostrar resultados de nuestra gestión. Eso ya tranquiliza la presión pública del inicio. Ya se está notando y, por lo tanto, puedo decir que la comuna de Santiago hoy–y lo dicen los agentes especialistas– es la con mayor auge en arriendo de oficinas, locales comerciales y departamentos. Es decir, es la más atractiva para invertir en términos inmobiliarios, y la que bajó más la victimización de las comunas grandes en la última ENUSC. Eso más una serie de otros datos y, sobre todo el testimonio de los vecinos y vecinas, me tiene contento, porque la gente valora mucho los cambios.
-¿Qué temas pendientes tiene?
-Falta mucho. La seguridad ha avanzado, partimos la gestión con 280 guardias, hoy vamos en 900 y llegaremos a fin de año con 1.200, pero se hace poco. La limpieza de la comuna ha mejorado, vamos a hacer un giro completo en cómo se estaban llevando los temas de aseo. En salud hemos avanzado, pero falta mucho y es uno de los desafíos más grandes que tengo. En deporte hemos recuperado y arreglado casi todas las canchas y camarines, y las dos piscinas que estaban funcionando están impecables. Se invirtió un dineral en la piscina temperada, recuperamos la piscina de la Quinta Normal. Hemos ido recuperando los parques, las plazas, pero todavía falta.

-¿Lo más difícil que ha encontrado en este rol?
-Hay una guerra sucia de la izquierda más dura, porque perder la comuna capital obviamente les dolió, y uno ve en cada intervención cómo se intenta desinformar a la gente con cientos de comentarios de bots en redes sociales –porque no son personas reales– y todo eso es mentira. Hay una campaña que trata constantemente de desinformar a la ciudadanía, pero me quedo muy tranquilo porque los vecinos y vecinas ven día a día los cambios. Puede que esa campaña sirva para fuera de la comuna, pero adentro es completamente inútil. Pero bueno, es parte de la política. Tengo el cuero bien duro y me lo tomo –como decimos los viejitos– con andina.
-Y a nivel de comunidad, ¿que ha sido lo más complejo?
-Los episodios duros han sido no poder avanzar más rápido en algunos temas. Ver vecinas y vecinos que no tienen alcantarillado y que viven en condiciones precarias, no poder avanzar más rápido en materia de salud, con CESFAM colapsados, donde tengo ya bien avanzados tres proyectos concretos. También el no tener los recursos para invertir más y, al mismo tiempo, ver cómo esta comuna aporta 170.000 millones al fondo común municipal y recibe apenas 13.000 de vuelta. Es muy injusto porque es de clase media, pero aporta como si fuera comuna rica. Administramos una comuna con 450.000 habitantes legales, 150.000 indocumentados que atendemos en salud y más de 3 millones de población flotante. Entonces, la carga que tiene Santiago es gigantesca, además de la carga simbólica.
El alcalde ya lleva medio año como independiente, después de militar 26 años en Renovación Nacional. Más aun, este 3 de octubre tuvo el primer encuentro de su nuevo movimiento político en Talca. Este nació en conjunto con el alcalde de Zapallar, Gustavo Alessandri, y busca reunir a alcaldes e independientes en torno a un proceso de conversación.
“Le pusimos ‘Diálogo por Chile’, porque hace falta un diálogo con una mirada del centro y la centroderecha que recoja una visión más moderna –yo adhiero mucho al Partido Popular de España, por ejemplo– y que marque su impronta en la discusión pública en temas fundamentales, como la economía, las políticas sociales, la seguridad. Siento que la centroderecha más visible, que son los partidos Chile Vamos, ha estado más preocupada en competir a republicanos o libertarios –en un nicho muy de derecha– en vez de trabajar reforzando su línea propia”, comenta.
-¿Puede profundizar?
-Creo que Chile Vamos y los de centroderecha no somos lo mismo que republicanos y libertarios. Podemos ser complementarios, socios, aliados y amigos, pero somos distintos. Y, respetando esa diferencia, la centroderecha y el centro tenemos que marcar un camino distinto. Se puede crecer, se puede crear empleo y, al mismo tiempo, tener políticas sociales robustas con una mirada solidaria de la política pública. Como plantean teóricos de los partidos populares de Europa.
-¿Qué espera de este nuevo movimiento?
-Lo primero es que esto no es contra los partidos de Chile Vamos. No me interesa generar un problema con ellos, para nada. Siento que hay que remecer un poco a Chile Vamos, los veo muy pendientes de pelearle el elector a los republicanos y son, la verdad, electorados distintos. Quizás lo más concreto que visibiliza este error es que el Partido de la Gente es el que le habló a la clase media en la última elección, a la gente moderada. El resultado está a la vista. Mientras, Chile Vamos le hablaba al electorado más duro, y ser el sucedáneo del original me parece un error tremendo.
-¿Qué características deben tener quienes quieran sumarse?
-Vamos a plantear algunos mínimos comunes que tienen que ver con cosas políticas, no con temas valóricos que quedan en el ámbito de lo que uno tiene derecho a sentir o pensar. Creemos en una democracia liberal. Eso significa, por ejemplo, que nadie que adhiera o respete a la dictadura cubana o que esté de acuerdo con Nicolás Maduro podría estar con nosotros. Y creemos en la economía social de mercado con una mirada solidaria y una política firme en materia antidelincuencia. Creo que ese es un desde, un básico, y luego ver cómo se planta la centroderecha y centro en otros temas más sensibles.
-¿Cómo cuáles?
-Yo estoy en contra del wokeismo, pero lamentablemente la centroderecha ha caído en el error de regalar temas importantísimos a una izquierda que los ha desfigurado y transformado en algo incluso risible o ridículo. Doy ejemplos concretos. La defensa del medioambiente y el feminismo no tienen por qué ser temas de izquierda. Yo soy feminista, creo que hay que igualar la cancha entre hombres y mujeres con los mismos derechos y oportunidades. Ese es el feminismo que yo defiendo, no la mirada de la mujer en contra del hombre que promueve la izquierda. Pero no por eso vamos a regalar el feminismo, la ecología y la mirada animalista. Yo soy animalista, pero en el buen sentido, no pretendiendo que el ser humano esté por debajo o que una mascota es igual a un hermano menor. Tengo cinco perros y los adoro. Y creo en el cuidado del medioambiente y que tenemos que defender nuestro patrimonio ambiental y natural.
-¿Y qué pueden hacer al respecto?
-Regalarle causas importantes a la izquierda por calificarlas de wokeistas y no mostrar nosotros el lado correcto de abordaje a estas causas me parece una concesión que no se entiende. Tenemos que peleárselas en el mundo de la juventud, de las mujeres, y hacer una bajada de esta centroderecha moderna en esto. Iré a Lima a fines de octubre a exponer a un Congreso del Partido Popular de España, del centro de pensamiento de ellos –Reformismo 21– y quiero plantear estos temas.
-¿Reúnen a personas principalmente cercanas al Piñerismo?
-Por ahora haremos algo más acotado con alcaldes, no sé si algún parlamentario, pero hay gente del PPD, que fue Radical, varios DC –ex y activos– que quieren participar y que no necesariamente adhirieron a la figura del presidente Sebastián Piñera. Pero sí creo que el presidente es un referente como un hombre que nos planteó un desafío para construir una centroderecha moderna. Esa fue su última gran cruzada y por eso su mirada calza perfecto con esto. No es que queramos arrogar a la representación del presidente Piñera, para nada. Creo que somos muchos en RN, UDI y Evópoli que –incluso con las diferencias que pudimos haber tenido con él en algunos temas– adherimos a mucho de lo que planteó. Si él estuviera hoy, no tengo dudas de que le complicaría este mimetismo entre Chile Vamos y republicanos y estoy seguro de que plantearía que somos complementarios, pero no lo mismo.
-¿Sueña con que este movimiento sea un partido político?
-Es un tema que habrá que evaluar. Hay gente que quiere que sea partido, gente que no quiere ir a la elección o reelección en los partidos de Chile Vamos o de centro, gente que tuvo partido y se disolvió. Hay que verlo. Creo que los partidos están blindándose para evitar que surja competencia y a los nuevos les van a pedir X militantes en cierta región. Si fuéramos decentes en este país, los partidos políticos que están haciendo esta reforma se aplicarían la vara con la que pretenden medir a un partido nuevo. Ahora, no sé si va a derivar en eso. No lo descarto, para nada, pero tampoco es mi intención de buenas a primeras.

Mario Desbordes cuenta con una amplia trayectoria que lo ha visto pasar por diferentes roles políticos. Por lo mismo, es interesante ver cómo ha percibido el accionar del nuevo gobierno liderado por José Antonio Kast.
“Creo que está bien enfocado en sus propuestas de seguridad. La primera prioridad era controlar la frontera en el norte, ya que el gobierno de Boric solo hizo gestos simbólicos. Así que las primeras medidas están en la línea correcta. Almorcé con el subsecretario de prevención del delito y con el ministro Arrau en una picada en Franklin y conversamos justamente de esto. Yo adhiero a buena parte de la reforma que mandaron. Lamento muchísimo que Chile Vamos fuera el primero que saliera a torpedear esta propuesta”, reflexiona.
-¿Qué siente con eso?
-Me duele ver a senadores y diputados RN, y algunos UDI, que lo primero que hicieron fue pegarles a los proyectos del Gobierno. Lo lógico hubiera sido decir: conversemos en la interna a ver si los mejoramos. El Gobierno está bien enfocado en la inversión que está haciendo en seguridad, en policía. Converso mucho con el presidente Kast, tenemos muy buena relación, y él tiene razón en lo que está planteando.
-¿Qué falta?
-El Gobierno tiene que mejorar su capacidad comunicacional, no hay duda. Le decía al presidente que la gente no se da cuenta de que generó una coalición con una base más amplia que ninguna otra en los últimos diez años, solo comparable con la Concertación. Tiene antiguos radicales, DC, Amarillos y hasta libertarios. No recuerdo otro gobierno con personas de tan diverso origen trabajando juntas bajo el liderazgo del presidente. Estoy conforme con lo que se ha hecho seguridad. El Gobierno sabe que son los primeros pasos, lleva apenas seis meses. Hay harto que mejorar, pero claramente van por buen camino.

-Como exministro de Defensa, ¿cómo ve a Chile en el “Escudo de las Américas”?
-Primero, confío absolutamente en el presidente respecto de que lo que se suscribió tiene contenido positivo para Chile. Segundo, en lo más macro, creo que es compleja la situación con el actual gobierno de EE.UU., no como país. Con EE.UU. tenemos las relaciones más antiguas. Desde 1811, en el gobierno de José Miguel Carrera, EE.UU. se transformó en principal amigo de Chile. Pero hoy, dado el escenario mundial, es importante mirar, en términos de defensa, con mucha más atención a Europa, incluyendo Turquía e Israel. Y, respecto del Asia, no hay duda de que Japón y Australia son nuestros principales socios. No es fácil el escenario que estamos viviendo y, en ese contexto, a este acuerdo –tal como lo señaló el gobierno– no le veo problema. Pero hay que tener ojo con cómo se desarrolla lo que viene. El presidente Trump ha sido extraordinariamente inestable, ha amenazado con anexar Canadá, se ha enfrentado a la OTAN, acaba de desahuciar a su principal aliado, o uno de los principales, en el extremo oriente, que es Corea del Sur, para decir que es amigo del líder de la dictadura de Corea del Norte y así, una inestabilidad muy grande. Por lo tanto, con EE.UU. las mejores relaciones; con este gobierno actual, la cosa es difícil.
-Y la polémica que hubo con la Ley de Seguridad Municipal, ¿quedó zanjada?
-Absolutamente zanjada, fue un error. El subsecretario Guerrero tiene muchas habilidades y se manejó muy bien en cómo solucionar este entuerto. Ya estamos trabajando para corregir el reglamento. En el tema de los alcaldes o alcaldesas lo más complejo, para mí, eran una serie de exigencias, como equipamiento que ni las policías tienen y que, para nuestra comuna, eran 1.400 millones adicionales. Tenemos guardias al mejor estándar internacional, pero de ahí a otros equipos era una locura. Hay varios errores, pero está solucionado este impasse.
-También se rechazó por un voto el proyecto para ampliar los plazos de detención para expulsiones a migrantes, ¿cómo lo ve?
-Me parece grave. Soy partidario de que haya una migración ordenada, como planteó el presidente Piñera en su minuto. No se trata de cerrar la puerta a la migración, hay rubros y áreas que dependen de esto, y yo le he mostrado al presidente migrantes todavía no regulares que llevan 7 a 8 años de cotizaciones. Evidentemente, algo hay que hacer. Coincido con el senador Ossandón en lo que planteamos al gobierno, pero respecto de migrantes irregulares, donde hay que tomar la medida de expulsión, ampliar el plazo bajo custodia me parecía razonable. Debemos tener una mirada que aborde el tema de quienes llegaron irregulares –ahora que ya empezamos a controlar la frontera– de manera responsable, sin demagogia. Hay que ordenar, pero hay que tener sentido de realidad también.
-Como independiente, ¿cómo observa Chile Vamos hoy?
-No quiero ser crítico de la directiva porque sé lo que es ser presidente de partido cuando uno es gobierno, sobre todo los primeros meses de instalación. Creo que ha sido una dura tarea, es un proceso muy complejo. Espero, sí, verlos más ordenados y ver a sus partidos apoyando más al gobierno porque, hasta ahora, se ven más críticos y eso me parece mal. Y me gustaría ver cómo influye Chile Vamos en la política pública hoy.
-¿Tiene pensado volver a militar en un partido?
-Por ahora no tengo la intención. Me lo han planteado algunos partidos actuales y la respuesta ha sido que no, que soy independiente. Así que no está en mi horizonte.
-¿Cuál es el rol que más le ha gustado de los que ha tenido?
-Alcalde, sin duda, me gusta estar con la gente. Los medios me reclaman porque no ando mostrando a diario qué se hace, con operativos. Es súper legítimo, pero prefiero salir sin cámaras y, a veces, sin redes sociales. Estoy mucho en terreno, caminando los barrios, y me encanta que la ciudadanía se acerque. No he recibido, hasta el minuto, ningún peso –ni del gobierno anterior ni del actual– para resolver los grandes problemas y hemos logrado avanzar. Sé que voy a tener ayuda en este Gobierno, pero aún no ha llegado nada.
-¿Ya decidió si repostulará?
-Si mi señora me da permiso, tengo hartas ganas de ser alcalde un período más, pero debo tener esa conversación con ella y, sobre todo con mi hija chica, que vive conmigo y tiene 13 años. No ha sido fácil para ella ver al papá amenazado a muerte. Es complejo y, además, este es un trabajo muy demandante. Pero mi señora me ve feliz en el cargo y siempre me ha apoyado en todo, así que si no hay ninguna situación que cambie mi actual felicidad con el cargo espero repostular. Además, la mayoría de lo que estoy iniciando va a recién funcionar en cuatro a seis años más.
-¿Qué le falta hoy a la política chilena?
-Creo que el acuerdo por el acuerdo no sirve mucho, y el diálogo por el diálogo tampoco. Yo fui prueba de que se puede dialogar, llegar a acuerdos y establecer una línea roja que no estás dispuesto a transar, pero con elementos importantes que podrías llegar a ceder para que el otro haga lo mismo y así tener acuerdos en temas sensibles de largo plazo. No espero mucho del PC ni del ala dura del FA, pero sí de los sectores moderados para que haya disposición a conversar y sacar adelante los grandes temas que aquejan a la mayoría ciudadana.