Revista Velvet | Alfredo Castro: “He sido juzgado por mi vehemencia”
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Alfredo Castro: “He sido juzgado por mi vehemencia”

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Alfredo Castro: “He sido juzgado por mi vehemencia”

POR equipo velvet | 09 junio 2026

El talentoso actor y director chileno, disfruta sus 70 años como figura del cine internacional. Liberado de restricciones sociales, se permite ser apasionado y emocional. De paso por Chile, señala sobre el clima político: “la incertidumbre nos tiene profundamente agobiados… por lo menos a mí”.

Por Marietta Santi Fotos Pedro Magnere

Alfredo Castro (70), rostro indiscutible del imaginario nacional, se ha convertido en ciudadano del mundo gracias a su talento actoral. Va y viene filmando películas y series, ya que su expresivo rostro -donde destaca su penetrante mirada -es amado por la cámara.

Se echa de menos su trabajo en la cartelera santiaguina, porque nos tenía acostumbrados a una creación constante, siempre disruptiva y a veces polémica. Y las teleseries, donde entregó inolvidables personajes, las dejó en 2011. Sin retorno.

Lo suyo ahora es el audiovisual y, desde 2010 -cuando filmó È stato il figlio dirigida por el siciliano Daniele Cipri-, viajar donde los directores lo requieran. Incluso estuvo a punto de establecerse en España el año pasado.

Aprovechamos una breve parada en Chile para conversar. El día después, Alfredo partió a la Riviera Maya para entregar el premio a la mejor intérprete en los Premios Platino, instancia donde ha sido galardonado cuatro veces.

Más adelante lo esperan una serie futurista en Argentina, otra en España, una película coproducción España/Argentina y otra en Chile.

Luego de una sesión de fotos memorable, Alfredo, que protagoniza la serie Alguien tiene que saberlo-disponible en Netflix-, se instala frente a la grabadora. Estamos en su Teatro La Memoria y la conversación fluye sin trabas.

—Finalmente no te radicaste en Europa.

—Afuera está muy complicado también. 40 metros cuadrados cuestan 500 millones de pesos. Comprenderás que no los tengo y que no voy a vivir en 40 metros cuadrados, con una hija. No valía la pena. A mí me gusta Chile, porque tiene un imaginario que es la locura. Lo que pasa en Chile no pasa en ninguna parte del mundo.

—Entonces, ¿te acomoda ir y venir?

Me acomoda mucho. Encuentro que hace bien salir y mirar de fuera. Me aireo, como exquisito, vivo bien, trabajo las horas debidas. Creo que Chile es de los países donde se filma más cantidad de horas seguidas. En cambio, en España filmas de lunes a viernes y descansas sábado y domingo. Hay una vida privada también que es superlinda. Me va a ver mi hija, me va a ver mi pareja.

—¿Cómo te sientes al haberte convertido en figura internacional de cine?

—(silencio largo antes) Lo que pasa es precioso. El chico que lleva el agua en el set o que te trae la galleta ha visto cine chileno, y te reconoce. Cuenta que en Chile la gente lo asocia cada vez más a las películas que a la TV. “El otro día un taxista me miró y me dijo Ud. es Tony Manero. Es hermoso lo que ha sucedido”, dice con el rostro iluminado.

RENOVADOS 70 AÑOS

Alfredo Castro mira a los ojos. Siempre atento, responde con seriedad aunque sonría. Se ve tranquilo, cómodo en su cuerpo, no dispuesto a polemizar pero tampoco a callar lo que piensa.

—¿Cómo te encontraron los 70 años?

—Hice una pequeña fiestecita con mi gente más querida. Después, a los días, me di cuenta de que había cumplido 70 (ríe) y fue un impacto, porque uno no se siente de esa edad. Me miro y digo: yo veo otros tipos de 70 y son una catástrofe humana. La gente de este país tiene poco amor por su salud. Fue un insight bien potente, pero me estoy reconciliando. Es lo que es.

—¿Te cuidas?

—Hago harto ejercicio. Nado todo lo que puedo, unos mil 500 metros cuando estoy acá, y afuera pido una piscina cerca. Hago pilates también, que me hace súper bien. Y practico una máxima de Clint Eastwood: lo que hay que hacer es no dejar entrar al viejo.

—Tú no lo dejas entrar.

—Nooo. Voy a actuar igual, a correr igual y a ser igual que siempre. Evidentemente el cuerpo está en otra etapa. Ya no me levanto de un auto ni me bajo corriendo como hace veinte años. Y eso lo estoy asumiendo como parte de mí, de mi envejecimiento. Cuando no puedo hacer algo, le digo al director: búscate un doble de cuerpo. No voy a vivir con vergüenza por mi edad (ríe). Al contrario.

Parte importante de la vida de Alfredo es su hij Agatha, de 26 años, cuya mamá es la actriz Taira Court. Se le ríen los ojos cuando muestra el look que ella llevará a la alfombra roja de Los Platino.

—Es grande, te puede hacer abuelo.

—He pensado en eso. Y corresponde.

—¿No te da nervios?

—No, para nada. Cuando me dice que no, le digo que yo le crio la guagua (rie). Ya te crié a ti; sé perfectamente cómo mudar, dar de comer, todo sobre cómo criar a un niño o a una niña. Ella se caga de la risa, porque tiene 26 años y no hay mujer que sea madre a esa edad ahora.

Castro se ríe con ganas. Cuenta que le dice a su hija “no voy a estar vivo si falta mucho, en mucho no voy a estar. Así es que apúrate”.

Cuando escucha que se ve bien, y que salió estupendo en las fotos, pone cara de sorprendido.

—Tu intensidad es interesante.

—He sido juzgado por mi vehemencia, por esas ideas de no llorar, no arrepentirse, o que las emociones hay que guardarlas. Cuando dirijo, cuando actúo, cuando converso contigo, aparece la vehemencia. Ya viejo me dije: ¿por qué la voy a ocultar? Si no es para provocarle nada a nadie, es que me apasiona lo que hago.

SIN MIEDO A LA VERDAD

Una de las características del trabajo de Alfredo, es que participa de muchas óperas primas o segundas películas de directores jóvenes. Como Jorge Riquelme (Isla Negra, 2024), Vania Quevedo (El Ladrón de Perros, 2024), y Felipe Gálvez (Los Colonos, 2023).

—¿No te da miedo arriesgarte?

No, para nada. Es sin prejuicios, en libertad de explorar.

—Cuando decides, ¿te fijas en el currículum del director?

—Me fijo un poco, miro sus tráilers, sus películas. Pero si el guion me emociona, y estoy hablando súper francamente, voy. No es que me guste la historia o que el personaje sea grande. Soy fan de la emoción. Encuentro que es un arma transgresora y muy necesaria en este momento, de tantas redes sociales. No concuerdo con el lema de los políticos, “esto es sin llorar”. Yo digo “esto es con llorar”. Porque puedes arrepentirte, puedes equivocarte, puedes pedir disculpas.

—¿Y te interesan ciertos personajes? ¿O te da lo mismo?

—Me da lo mismo. Obviamente me van a llegar personajes viejos. No puedo escaparme de esa. ¿Y para qué me voy a escapar? Me siento bien con mi edad, me siento físicamente perfecto, mentalmente estupendo.

—¿Te acercas de otra manera a los personajes ahora?

—Con los años aprendí a perder el miedo. Ahora voy con los personajes, me inundo de ellos, me creo ellos. Me emociono de verdad, lloro de verdad, me río de verdad. Lo paso bien y soy capaz de retirarme cuando termino.

—Alguien tiene que saber (se basa libremente en la misteriosa desaparición y homicidio de Jorge Matute Johns en 1999) ha sido muy polémica, además de exitosa.

—Todo el mundo sabía que iba a ser controversial. No tuvimos ningún acto de repudio hacia las filmaciones en Concepción. Pero hay gente muy mala. La semana pasada me llegó un mensaje de una señora que repetía como cinco veces lo mismo: “Ojalá se te muera un hijo”.

—¿Quedaste contento con la serie en general?

—Muy contento. La vi el sábado pasado. No quería verla, me daba miedo. Me pasa con las películas, yo diría que el 90% las he visto en los estrenos o en los festivales. Me aterra.

TIEMPOS DE INCERTIDUMBRE

El actor y director marcó un hito importante en la escena nacional con su Trilogía Testimonial de Chile, donde exploró mundos omitidos socialmente, de travestis y enfermos mentales, con un estilo propio que remeció los años 90 y continuó desarrollando con grandes montajes.

—¿Qué tipo de teatro crees que corresponde hacer en estos tiempos?

—Es una pregunta difícil. Cuando joven pensé cómo llamar este teatro y le puse La Memoria, porque intuí que iba a haber un intento de olvidar la historia del país. El otro pensamiento, después de La Trilogía, fue: ¿qué debería hacer en el teatro para ser transgresor? Por eso hice Casa de muñecas, El Tranvía llamado deseo y tantas otras. Me hiere un poco que me reconozcan solo por las primeras.

Se calla un momento y luego dice: “Para mí lo más transgresor ahora es que las obras se entiendan”.

—Hay muchas cosas que no cambian en nuestra sociedad, en todo caso.

—Es lo mismo, sí. El otro día me preguntó alguien si me sentía privilegiado y le dije que no. Mi padre estudió en una escuela pública, luego pasó al Instituto Nacional, y después estudió medicina gratis en la U. de Chile. Provengo de una familia esforzada, yo pagué mi universidad porque tenía un padre médico que trabajaba de sol a sol para mantener cinco hijos. Parece que si uno es humanista o de izquierda tiene que…

—Ser pobre.

—Claro. Mi aspiración es que todo el mundo tenga los bienes que necesita, para vivir con su familia como un ser humano en absoluta dignidad. No creo que eso sea ser tan comunista. La idea es que se empareje la cancha de verdad.

—En Chile estamos probando, porque fue Boric y ahora Kast.

—Sí, y nos está costando caro porque había ganancias sociales importantes que están ahora en duda. La incertidumbre nos tiene profundamente agobiados. Por lo menos a mí.

—Tu teatro ha estado varias veces en la cuerda floja.

—¿Seguiremos el próximo año? Hay unas ocho familias que viven de este teatro, que es independiente y no puede competir con Zoco, ni con GAM. No puedo programar esas obras porque no tengo fondos, tengo para pagar la luz, el agua, el gas y las personas que trabajan acá. No tengo más.

—¿Pensaste que iba a salir José Antonio Kast de presidente?

—Con lo que está pasando en el mundo, en algún momento lo supe. Y sigue siendo para mí una estrategia del gobierno no decir qué van hacer, qué van a cortar. Por eso la gente está muy violenta, muy temerosa, porque nadie sabe lo que va a pasar.

—Pero tú estás más amoroso, más tranquilo.

—¿Sí? Creo que me doy cuenta. Es que a mí me tocó bien duro, Marietta. Si se hiciera la historia del teatro a través de la crítica, yo sería el peor director de este país.

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