Sabemos que el deporte es un pilar fundamental en nuestras vidas, sobre todo a medida que vamos cumpliendo años. Sin embargo, si antes el deporte apuntaba a los físico, ese discurso ha cambiado y hoy también se incentiva el moverse por el bien de nuestra salud emocional.
Compensar lo comido, quemar calorías y tener el cuerpo ideal es un discurso que ha quedado en el pasado. No solo porque resulta agotador, sino porque nos presenta el hacer ejercicio como una forma de castigo o de controlar cosas. Por lo mismo, no debería extrañarnos que muchos abandonen su faceta deportiva.
Nuestro cuerpo no es solo lo que nos permite movernos…. es donde guardamos todo lo que nos pasa. Lo bueno y lo malo. Penas, enojos, estrés, dejar pasar cosas que nos afectan, etc. Todo eso encuentra su lugar en nuestro cuerpo y moverse, entonces, ayuda a soltar esas emociones.
El cuerpo guarda emociones a través de la somatización, manifestando tensiones físicas, dolores o enfermedades cuando las emociones no se procesan o expresan mentalmente. Esta conexión mente-cuerpo convierte emociones reprimidas (estrés, miedo, ira) en bloqueos físicos, frecuentemente en cuello, hombros y espalda, ya que el sistema nervioso reacciona a experiencias vividas.
El estrés, la angustia, el miedo y la sobrecarga se acumulan en el cuerpo y la mayoría de las veces buscamos resolver dándole vueltas en la cabeza. Sin embargo, más allá de justificar y analizar, lo que necesita el cuerpo es moverse.
Andrea Ritzer, autora de Tu Cuerpo Habla, se refiere a esto en su libro y entre los temas que toca nos da las señales del cuerpo cuando está cargando más de lo que debería así como también, qué hacer al respecto.
1. Tensión sin explicación física
Cuello, hombros, mandíbula y lumbar tensos sin haber hecho esfuerzo ni haber dormido mal. Eso es el cuerpo sosteniendo lo que no pudo soltar.
2. Cansancio que no se va con descanso
Duermes y descansas pero sigues igual. Cuando el agotamiento es emocional, el reposo físico no lo soluciona, y necesita movimiento para regular el sistema nervioso.
3. Desganada
Apatía y todo te cuesta el doble. Tu cuerpo está quieto pero la cabeza no para. Muchas veces ese “no tengo ganas de nada” es señal de que hay demasiado acumulado y el sistema colapsó. Pero el mínimo movimiento, desde una una caminata a bailar una cancisón, puede cambiar ese estado.
Movimientos de descarga
Cuando estés tensa, cansada o con la cabeza llena, sacude las manos, los brazos y los hombros. Como si te estuvieras sacando agua. Inhala profundo y luego suéltalo ojalá haciendo ruido. Muchas clases de yoga o animal flow lo incluyen y por más que parezca inútil, realmente sirve.
Caminar en blanco
Esto se refiere a moverse sin la lista de pendientes, solo caminar y sentir tu cuerpo. Son un par de minutos para ver dónde está la tensión, qué es lo que me duele, etc.
La pregunta antes de moverse
La pregunta que debes hacerte no es si tienes ganas o no, sino más bien, qué necesita tu cuerpo. Y ahí es donde todo cambia.