Con un histórico séptimo lugar en el mundial de Freeride Fis 2026 en Andorra, la tricampeona sudamericana consolida su carrera internacional mientras impulsa Andes Sisters, un proyecto que acerca a más mujeres a la montaña.
Fotos Roberto Cabrera y Roger Salanova
La snowboarder Isidora Assler hizo historia en febrero al alcanzar el séptimo lugar en el Fis Freeride World Championships 2026, en Andorra. Un resultado inédito para esta disciplina en Chile y un hito que la convirtió en la única chilena en competir en un torneo de esta magnitud, tras haberse consolidado previamente como múltiple campeona nacional y tricampeona sudamericana.
Su historia en la nieve comenzó temprano, practicando ski desde los tres años. Pero, a los 15, algo cambió. Empezó a mirar con curiosidad a los snowboarders y decidió aprender por su cuenta.
“Algo me llamaba la atención del deporte de tabla. Quizás era una revelación personal de hacer las cosas de manera distinta, seguir mi propio camino y romper con lo típico, que a esa edad era esquiar. Fui 100% autodidacta. Aprendí a punta de caídas, pero siempre perseverante”, recuerda.
En ese entonces, dedicarse profesionalmente a esto parecía un sueño lejano. Sin embargo, el destino comenzó a tomar forma a los 19 años, cuando participó en su primera competencia en el volcán Quetrupillán.

“Era mi primera vez subiendo un volcán y debía bajar desde la cumbre lo más rápido posible. Quien hacía menor tiempo, ganaba. Sorprendentemente, gané. Y conocí, por cosas de la vida, a ‘Focha’, quien estaba empezando a organizar las competencias a través de Freeride Chile. Él creyó en mí y me empujó cada vez más lejos”.
Su vida es bastante nómade. Este año estuvo en Europa y luego se fue a Canadá a entrenar y trabajar hasta el invierno chileno. Además, durante la primavera austral, trabaja como instructora y guía en ecoturismo en la Patagonia. “Descubrí un hogar”, dice. “Torres del Paine pasó de ser un paisaje soñado a convertirse en mi oficina los últimos siete años. En Patagonia la vida es tranquila, el tiempo transcurre lento, con conversaciones en torno a un mate y tardes de lluvia que permiten tomarse pausas”.
Clasificar al Mundial de Freeride FIS 2026 le produjo sentimientos encontrados. “Mi primer pensamiento fue: ¿quiero participar? Jaja. Justo venía de una etapa de competencia que me generó un poco de rechazo. Llevaba años representando a Chile sin apoyo estatal, lo que significaba ahorrar todo el año para viajar, entrenar y competir”.
Acto seguido, cambió de opinión. “Dije: ‘Claro que voy a ir, ¿cómo no? Si es lo que la Isi soñó todos sus veintes’”.
-¿Cómo fue la competencia desde adentro?
-El día de competencia fue lindo. Me sentí en paz. Pero el proceso previo…Ufff. Fue desafiante, con altos y bajos, pero me permitió sacar lo mejor de mí. Hay días en que te sientes preparada y que rendirás al máximo, y otros en que dudas y te cuestionas si realmente mereces estar ahí. Mi mayor desafío fue mantener la mente sana y positiva.
-¿Te sorprendiste o esperabas este séptimo lugar?
-Mirando hacia atrás, claro que me sorprende hasta donde llegué. Pero, siendo sincera, sí me veía en una mejor posición. Un top 5 o top 3. Sé cómo entreno y cómo ando cuando estoy sin presión, pero bueno, hay muchos factores que entran en juego cuando se trata de una bajada de dos minutos.
-¿Qué aprendiste de esa experiencia?
-Aprendí que, cuando la mente está positiva y fuerte, eso se transmite al cuerpo y a la forma en la que ando sobre la tabla. Y que, cuando está insegura, también. Por eso es importante entrenar la cabeza y no solo el cuerpo. Dedicarle tiempo a tratar las emociones es clave para una buena performance.

La preparación para el Mundial fue un proceso de años, pero especialmente intenso en los ocho meses previos. Entrenó durante el invierno chileno en nieve dura y hielo, hasta fines de octubre. Luego se fue a trabajar guiando trekkings en Torres del Paine –caminatas de 15 km diarios que fortalecieron sus piernas– y complementó con gimnasio, trail running y escalada en roca.
A fines de diciembre viajó al centro de esquí donde sería el Mundial y entrenó durante un mes junto a un snowboarder local para adaptarse a la nieve y las condiciones específicas de la montaña.
-¿Cómo se entrena la mente para competir en condiciones extremas?
-Es necesario salir de la zona de confort constantemente para que el día de la competencia nada se nuevo para el cerebro. Es mantenerse 100% concentrada y en el presente para que, lo que uno planifica, se pueda ejecutar tal cual se imaginó. En nuestra disciplina se visualiza mucho la línea: cierro mis ojos y me imagino andando y descendiendo cada parte de la montaña, cada curva. Y los obstáculos que voy a buscar, como cornisas, rocas o zonas de pendientes fuertes.
-¿Cómo se vive el alto rendimiento sin el apoyo económico suficiente?
-No es fácil. Las ganas tienen que ganarle a lo racional. Pero cuando clasificas al Mundial no puedes tirar la toalla, porque la motivación le gana a los obstáculos. Te das cuenta de que, si lo quieres, habrá una forma de conseguirlo. Para mí fue a través de una rifa, un GoFundMe y un aporte de un privado: un íntimo amigo que me dio la mitad de lo que necesitaba. Me cayó del cielo.
-¿Sentiste que el proceso te fortaleció?
-De todas las formas. De manera técnica sobre mi tabla, físicamente en mi cuerpo y con más fortaleza mental. Me llevo a un autoconocimiento muy enriquecedor. Me di cuenta de que siempre estamos en ese proceso, porque somos dinámicos y en cambio constante. Y me ayudó a entender cómo funciona la mente humana bajo presión.

Isidora define la época en la que está ahora como un tiempo para “disfrutar y cosechar lo sembrado y regado por años”. Pero también se siente con la responsabilidad de empezar a entregarle parte de ella al deporte, por medio de la educación. De hecho, este invierno entrenará a los niños del Club Freeride Chile.
-¿Ha habido momentos en que pensaste en dejarlo?
-Claro que sí. Hace un año ya me estaba retirando de la competencia en mi mente, no quería más presión. Pero ahí me invitaron al Mundial y la vida me mostró que este capítulo aún no debía cerrarlo.
-¿Qué versión de Isi compite hoy que no existía hace diez años?
-Una más calmada, contemplativa y madura en sus decisiones. Que sabe que, aunque no se suba al podio, ya está ganando con tener la oportunidad de dedicarse a esta pasión, compartirla con nuevos amigos y conocer montañas. Para mí, eso es la competencia: la excusa perfecta y rentable para tener este estilo de vida y confirmarme que es el correcto.
-¿Sientes que en el freeride todavía hay brechas para las mujeres?
–Cada vez menos. A nivel internacional se ven mujeres muy talentosas y dedicadas saltando rocas enormes y haciendo backflips (mortales para atrás). Es un truco que, hace unos años, solo lo hacían hombres. En la industria hay marcas grandes apoyando a mujeres que no solo esquían fuerte, sino que inspiran a otras por su forma de ser, humildad y perseverancia. Es muy lindo ver ese rol en esta área.
-¿Te ha tocado demostrar el doble?
-Me ha tocado demostrar de que soy capaz y, como dicen en inglés: prove them wrong. Es decir, demostrarles a ciertas personas que se equivocan en creer que me quedaré atrás o no lograré bajar una pendiente empinada. Pero, sinceramente, no los culpo. Entiendo de dónde viene, y creo que una enseña demostrando silenciosamente. Solos se dan cuenta de que su creencia era errónea.
-¿Qué mensaje le darías a una niña que quiere dedicarse a un deporte de montaña?
-Que siga su sueño, aunque lo vea lejano. Y, si no hay mucha referente nacional, que mire a otros países y culturas. Le recomendaría que viaje, conozca mucho y vea el mundo fuera de la burbuja. Cuando todo le indique que no es fácil, ahí es donde debe ir. Porque ahí está el crecimiento y la evolución.

Creció en el deporte de montaña rodeada de hombres, por lo que imagina cómo habría sido con más mujeres referentes.
“Quizás mi proceso de aprendizaje o de autoconfianza hubiese sido más fácil”, expresa. Con esto en mente, fundó Andes Sisters en 2023 junto a Paulina Retamal para acercar a las mujeres a deportes extremos de forma segura.
Se dedican a hacer camps, guiados, encuentros y viajes, por y para mujeres, con foco en experiencias en la montaña. Se dieron cuenta de que había una necesidad de vivir la energía femenina, salir de las rutinas, experimentar la naturaleza y compartir con mujeres de todas las edades.
-¿Qué cambia cuando una mujer se enfrenta a la montaña y supera el miedo?
-Evoluciona una fuerza interna en ellas. Cosas que creían muy lejanas en tres días las logran y eso les abre la mente. Y lo pueden extrapolar a cualquier otro aspecto o proyecto de su vida.
-Más allá del deporte, ¿qué es la montaña para ti?
-Es un lugar de encuentro conmigo misma y con quienes la comparto. Es una puerta al autoconocimiento y mi escuela de vida. Es donde me muestro tal cual soy y puedo conectar con esa calma y paz mental que pocas veces encuentro en otros lugares.
-¿Qué viene ahora?
-Tengo muchos sueños, unos más a corto plazo que otros. Sueño con poder entregar el deporte a los niños y con que nuestro deporte no sea tan elitista. Con seguir filmando películas que inspiren, que Andes Sisters siga creciendo y construir mi casa propia en la Patagonia. Jajá podría seguir, soy muy soñadora. Es una cualidad que nos lleva lejos si somos proactivos.