Revista Velvet | Sin filtro, pero juntas: Isidora Gaete y Daniela Ginestar del podcast Sin Ofender
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Sin filtro, pero juntas: Isidora Gaete y Daniela Ginestar del podcast Sin Ofender

Sin filtro, pero juntas: Isidora Gaete y Daniela Ginestar del podcast Sin Ofender
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Sin filtro, pero juntas: Isidora Gaete y Daniela Ginestar del podcast Sin Ofender

POR equipo velvet | 26 octubre 2026

Isidora Gaete y Daniela Ginestar encontraron en sin ofender una fórmula que parece sencilla, pero no lo es tanto: hablar de lo que todos están hablando, decir lo que piensan y convertir sus conversaciones en contenido. Lo que comenzó casi por casualidad hoy también es una productora y el punto de partida de una nueva marca de medios.

Hay algo en la dinámica de Isidora Gaete y Daniela Ginestar que se entiende rápido: se caen bien. Se ríen, se interrumpen, completan las frases de la otra y hablan con una confianza que no parece construida para las cámaras.

De hecho, buena parte de lo que ocurre en Sin Ofender nace justamente de ahí: de una conversación entre dos amigas que decidieron abrir el micrófono.

Pero llegar hasta ese punto fue bastante menos planificado de lo que podría parecer. Daniela fue quien encontró a Isidora en TikTok. La vio haciendo videos sobre moda, skincare, beauty, tips, espectáculos y, sobre todo, dando su opinión. Lo que le llamó la atención no fue solamente el contenido, sino algo que para ella es difícil de conseguir: que alguien logre detenerle el scroll. “Me quedaba pegada viéndola y ya no era un video, eran varios. Entonces dije: ‘Esta galla, con ella podría ser un podcast distinto’”, cuenta Daniela.

Se juntaron a tomar un café en Alto Las Condes y hubo química inmediata. Pero Isidora recuerda otro detalle que terminó de convencerla: Daniela llegó puntual y con una presentación lista. “Yo dije: ‘Ah, es igual a mí en ese sentido’. Porque yo soy similar: si ya tengo una idea, voy y la ejecuto”

—¿Qué vio cada una en la otra?

—Daniela: Yo vi que Isi tenía algo que podía funcionar en un podcast. Yo venía de hacer entrevistas y de un periodismo más clásico, y ella tenía esa personalidad y esa opinión que yo pensaba también, pero que no se me habría ocurrido decir.

—Isidora: Yo le agradezco a la Dani. Si no fuera por ella, probablemente seguiría trabajando en la consultora financiera donde estaba. Ella tenía todo el know-how de cómo hacer una presentación, cómo venderle al auspiciador, cómo hacer una pauta. Yo hacía videos de TikTok y no tenía idea de nada de eso.

—Daniela: Y las dos somos muy parecidas en eso. Somos trabajólicas y de ejecutar rápido. Tenemos una idea y no la pensamos tanto. Partimos y después vamos arreglando en el camino.

La sociedad terminó convirtiéndose también en amistad. Hablan durante todo el día y ya no solamente de trabajo. “Yo a la Isi la considero mi amiga, no mi socia y amiga”, dice Ginestar.

EL PRIMER DESACUERDO: “POBRE, FEO Y ADEMÁS INFIEL”

No pasó mucho tiempo antes de que apareciera la primera diferencia importante. Fue en el primer capítulo, cuando Gaete lanzó una de las frases que después se convertiría en parte del lenguaje del programa: “No puedes ser pobre, feo y además infiel. Elige una”.

A Daniela la palabra “pobre” le generó ruido. Quería cortar esa parte porque sentía que podía sonar demasiado fuerte. Isidora, en cambio, insistía en que no estaba hablando de pobreza como condición social, sino de sumar distintos defectos en una misma persona. Lo conversaron fuerte después de grabar. Y finalmente decidieron dejarlo.

—¿Qué terminó convenciendo a Daniela?

—Daniela: Me di cuenta de que la gente no lo veía tan terrible como yo. Yo venía mucho del periodismo tradicional, de tratar de tantear el universo de la gente que te lee.

—Isidora: Yo le decía: “Dani, yo he dicho esto y cosas peores en TikTok y te juro que no me ha pasado nada”. Y no ha pasado nada.

La relación con la llamada “funa” también forma parte de la conversación. Para ellas hay una diferencia entre contar algo que uno hizo y opinar sobre algo o alguien.

—¿Y qué pasa cuando una opinión genera molestia?

—Isidora: Probablemente nos van a venir muchas más funas. O gente que esté en desacuerdo, que es normal, o gente a la que no le guste el podcast y nos tire hate. Pero es parte de…

—Daniela: Y decir opiniones controversiales tiene su lado bueno y su lado malo.

Para ellas, además, existen límites que no necesitan ser escritos. Hay temas que simplemente no tocarían de determinada manera.

—Daniela: Yo jamás hablaría en contra de una mujer que fue abusada. Tengo una historia de abuso y estoy muy en contra de esos temas. Y con los animales, por ejemplo, jamás avalaría una conducta en contra de ellos. Eso lo hago genuinamente, no porque me vayan a funar.

—¿Eres feminista?

—No sé si soy feminista. Yo creo que la vida sí te hace feminista. Soy animalista, aunque no soy vegetariana.

“SIN OFENDER” ES, JUSTAMENTE, UNA IRONÍA

El nombre del podcast resume bastante bien su espíritu. No busca evitar la ofensa; más bien funciona como una advertencia antes de decir algo que puede incomodar.

—¿Por qué Sin Ofender?

—Isidora: Es irónico, porque claramente es con ofender. Es como “sin ofender, pero la verdad es que…”.

El nombre, además, fue idea de ella. Y la fórmula rápidamente encontró su propio lenguaje. Una parte importante está en cómo se comportan frente a cámara: hay teatralidad, exageración y juego, pero no sienten que estén inventando una personalidad completamente distinta.

—Isidora: Es nuestra personalidad, exacerbada. En verdad nos sale natural porque es lo que pensamos. Yo no diría jamás algo que no pienso.

—Daniela: Se exagera más. Hay una teatralidad. Eso también explica por qué algunos de sus reels parecen improvisados. Según cuentan, muchas veces las situaciones que terminan viralizándose nacen ahí mismo, en el set. La pauta tampoco parte de una gran estructura editorial. Tienen un grupo de WhatsApp llamado “temas sin ofender” donde van dejando ideas. El día de grabación hacen una mini pauta y ordenan los temas.

Hay farándula, siempre. También el tema contingente de la semana, ya sea político o de actualidad. La regla parece bastante simple: hablar de aquello de lo que está hablando la gente. Y de esas conversaciones han salido algunos de sus conceptos más reconocibles.

“MACHISTAS POBRES”, “PUTI POETAS” Y “PUTI VIAJERAS”

El más viral fue el de los “machistas pobres”. Isidora Gaete explica que nació a partir del caso de un chileno que insultó a un brasileño en un avión y de una reflexión sobre aquellos hombres que quieren comportarse como “patrón de fundo” y “macho alfa” sin tener los recursos para sostener ese modelo.

—Isidora: Si tú quieres ser machista y ser macho alfa, debes tener a la señora con auto, con nana, con todo, para realmente dártelas así. Pero si vas a ser machista, andar gritoneando en la casa y tener a la pobre señora trabajando y cuidando a los niños, si no tienes plata para tener personal, te tocó hacerte cargo también. No puede quedar todo en manos de la mujer.

El concepto se fue rápidamente a los reels más virales del programa.

Después aparecieron las “puti poetas”: mujeres que muestran su cuerpo en redes sociales y acompañan la imagen con frases de superación, Nietzsche o algún filósofo.

—Isidora: Si quieres mostrarte sexy, muéstrate sexy, pero ¿por qué va a ir con una frase de motivación? De ahí sale la “puti poeta”.

Y luego llegó la “puti viajera”, una extensión de la misma idea, pero trasladada a los viajes: destinos como Dubai, frases motivacionales y una vida cuya explicación laboral, dicen entre risas, no siempre resulta evidente.

MUJERES HABLANDO, MUJERES OPINANDO

—Parte de la conversación inevitablemente pasa por el género. ¿Se juzga distinto el humor cuando quienes opinan son mujeres?

—Isidora: Yo creo que, si dos hombres se pusieran a hablar lo mismo que nosotras, nos funarían bastante más. Yo tengo esa percepción.

Daniela agrega otra experiencia: cuando una mujer da una opinión sobre otra, rápidamente aparece la acusación de envidia.

—Daniela: A nosotras, como mujeres, siempre nos tildan de envidiosas cuando una da una opinión. Si tú dices que alguien te cae mal, te dicen: “Envidiosa, te encantaría tener la vida de ella”.

En el caso de Gaete, además, existe otra etiqueta que intenta reducirla a un personaje: “cuica deslenguada”.

“No me gusta que me encasillen en eso porque siento que es como caricaturizar mucho con un personaje. Yo no sé si me considero tan cuica tampoco, quizás sí, pero no es un tema que tenga pendiente. Yo doy mi opinión no más, con franqueza”, explica.

Mientras Sin Ofender crece, el proyecto ya comenzó a tomar otra dimensión. Juntas están desarrollando Brava Media, una nueva marca que imaginan como un canal con programación propia.

—¿Qué quieren construir?

—Daniela: La idea es que dentro del canal de Sin Ofender haya una programación, como si fuera un canal de televisión, que se va a llamar Brava Media. Va a tener Sin Ofender, otros programas que conducimos nosotras y otros que vamos a producir para otras personas.

El contenido no estará restringido al humor. Quieren hacer de todo, pero manteniendo una característica común.

—Isidora: Va a tener de todo, pero siempre va a tener una cuota de irreverencia.

Ya tuvieron, incluso, la posibilidad de llevar Sin Ofender a un canal de streaming. Decidieron rechazarla porque prefieren hacer crecer su propio canal. No descartan que algún día pueda televisarse, pero quieren que siga siendo suyo. Y hay otro escenario que también las espera: les ofrecieron hacer stand-up y quieren probarlo durante el verano.

Quizás ahí esté la verdadera evolución de Sin Ofender: no solamente convertirse en un podcast más grande, sino transformar una manera de conversar en una marca. Una que nació de un café, de una intuición y de dos mujeres que, desde el principio, tuvieron algo bastante claro: primero había que hacerlo. Después, arreglarlo en el camino.

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