Jab, cross, gancho, uppercut son cuatro palabras que resumen los golpes en el boxeo. Movimientos que conocía y practico en disciplinas como KO, pero que
llevados al box revelan otra faceta.
El box es un deporte intenso, duro, muy versátil y completo. Después de haber probado más de una decena de disciplinas, los guantes y el saco estaban en el tintero, pero el ring llegó a mí de la mano de Mauricio Bustamente, quien lo practica hace 15 años. “Mi primer acercamiento fue como una actividad entretenida y fuera de lo común, después me gustó mucho y fui boxeador amateur. Hace cinco años que soy profe y entrenador profesional”, me cuenta.
Cuando te dicen boxeo piensas en golpes, cuerpos tonificados y fuerza, pero lo cierto es que es mucho más que eso. Involucra rapidez mental y física, alto cardio y mucho aguante.
Para introducirme en esta increíble disciplina llegue hasta el gimnasio Awka, donde Mauro imparte clases para quienes buscan practicar box de forma más pro y en un entorno más cercano al boxeo profesional.
Pensando que la clase consistiría en golpes al aire y al saco, nunca imaginé cómo se conforma una sesión de entrenamiento. Para comenzar, algo de cardio, vuelta al ring corriendo y haciendo una serie de movimientos que incluyen salto, pecho al suelo y, en este caso, seguir los pasos de Esteban Vásquez, boxeador profesional.

Luego, Mauro me vendó las manos antes de ponerme los guantes y me enseñó los golpes, a los cuales les puso número. Una vez tomada mi posición de ataque, me iba diciendo los números y yo tenía que responder con el golpe correcto.
Aquí la coordinación lo es todo, así como los reflejos. La concentración se vuelve tal que pierdes toda noción del tiempo. El sudor no tardó en llegar y el cardio hizo su efecto. 1, 2, 1… 1, 2, 3… 1, 1, 4… Cuando por fin le agarras el ritmo, le agrega agacharse y la secuencia numérica cambia. La concentración se vuelve aún más clave.
Golpear parece simple, pero en la práctica cansa, y mucho. Luego, nos ubicó en medio de varios sacos y había que dar la vuelta haciendo distintas cantidades de golpes en cada uno de ellos. Un boxeador al lado del otro, y con Esteban Vásquez cerca, yo solo pensaba en arrancar de él y sus golpes, los que claramente iban al saco, pero la potencia con la que golpea algo de miedo me dio. Solo pensaba en avanzar de saco en saco, sin importar si estaba dando los golpes correctos. Si un boxeador profesional viene a la siga, créanme que harían lo mismo.
Entre las diferentes etapas de la clase también había tiempo para sentadillas, burpees y sentadillas con salto. Un entrenamiento verdaderamente completo y realmente extenuante. Ahora entiendo por qué los rounds duran lo que duran. Y es que es tanto lo que debes controlar en pocos segundos que el knockout no me pareció algo lejano.
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Por su parte, golpear tiene su toque de satisfacción y esa liberación de fuerza aporta adrenalina y ganas de más. Ya en la mitad de la clase mis manos me dolían, el cansancio se hacía presente y la intensidad de los golpes bajó. Pegarle al saco puede ser satisfactorio y liberador, pero también es agotador. Y en más de algún minuto creí haber perdido mis dedos. “¿Este dolor se pasa en algún minuto?”, le pregunté a Mauro, quien entre risas me dijo: “De aquí a una semana”.
Al día siguiente sentía mi espalda alta, los brazos y abrir una puerta le pesaba a mis manos. ¿Ganas de más? Totalmente. Si lo que te gusta es un deporte completo en el que mejores cardio, resistencia y fuerza, el boxeo es una excelente opción porque, además, es variado, lo que lo hace muy entretenido.
Con una sola clase entendí el efecto de esta disciplina en el cuerpo y en la mente. El despeje es total, así como también estar fuerte es clave para aguantar los golpes y poder darlos. Tal como explica Mauro: “Es un entrenamiento súper completo, en el que trabajas fuerza, cardio, coordinación y reflejos, todo al mismo tiempo. Sales cansada, pero con la cabeza mucho más liviana”. Esto lo comprobé: por más agotada que haya estado, salí feliz del gimnasio.
Son precisamente esos cambios los que lo hacen una disciplina ideal para las mujeres, tanto física como mentalmente. “Se nota mucho en la seguridad. Se sienten más fuertes, más ágiles y con más confianza en su propio cuerpo. A nivel mental, ayuda muchísimo a bajar el estrés y a tener mejor ánimo”, comenta el coach.
Aun cuando pueda verse duro, “golpear, moverte y concentrarte libera tensión y te enseña a canalizar emociones sin reprimirlas. La confianza llega sola cuando te das cuenta de todo lo que eres capaz de hacer y cómo evolucionas”, agrega Bustamante.
Como en cualquier deporte, Mauro coincide en que para boxear solo necesitas las ganas de moverte y constancia, además de los básicos: ropa cómoda, vendas y guantes. Yo me llevé mis vendas como el premio máximo de haber sobrevivido a una clase de box.
Y, como en toda disciplina, lo ideal es practicarlo dos a tres veces por semana. “Es suficiente para ver cambios, sin sobrecargar el cuerpo, y mantener la motivación”, dice Bustamante.
El box resulta un deporte variado. Mauro tiene alumnos desde los nueve años en el Colegio Victoria García y hace clases particulares tanto a niños como a adolescentes y adultos. “El boxeo es un deporte muy transversal en cualquier etapa”, sostiene.
El knockout en este caso fue mental. Todo lo que alguna vez pensé sobre un entrenamiento de box fue superado. La mente realmente entra en blanco y el agotamiento es real, pero la sensación posterior, contrariamente, es de liviandad extrema. Con los brazos caídos y manos adoloridas salí del gimnasio Awka con una sonrisa en la cara y algo más que un check probando disciplinas nuevas.
Mauricio Bustamente hace clases personalizadas y grupales y entrena en el gimnasio Awka, para quienes buscan un entorno pro y cercano al boxeo profesional. @maurobustamante.c.