BECYCLE es mucho más que una clase, es una experiencia transformadora. Así lo promueven y así se siente. Son solo 45 minutos de cardio de alta intensidad al ritmo de la música que hacen sudar, reír, tonificar y también llorar.
Me acuerdo perfecto cuando BECYCLE abrió en Chile, años atrás, y por cosas del destino fui de las primeras que se vieron atraídas por este sistema de entrenamiento. Si bien al tiempo lo dejé, debo decir que con el paso de los años olvidé cómo esos 45 minutos de cardio intenso no solo te dejan “lona” físicamente, sino también, te liberan emocionalmente.
Volví porque una de mis mejores amigas asiste todo el tiempo, y me instó a probarlo nuevamente para esta columna. Confiaba en mi experiencia deportiva y en todas las disciplinas que practico, pero BECYCLE te saca de la zona de confort, por más deportes que hagas. Y es que aquí la música, las coreografías, pesas y pedales, te atrapan.
Cuando subí la foto pos clase, me llegaron muchos comentarios del tipo “bienvenida a la secta”, en el buen sentido de la palabra. Y creo llegar a entender por qué esta comunidad es tan fuerte. BECYCLE es perfecto para quienes buscan una especie de catarsis en la que, aferrada a tu bicicleta, no podrás pensar en nada más que en el momento en el que el profe te permite bajar la carga.

Lo primero que llama la atención, si nunca lo has hecho, es la oscuridad que envuelve la clase, algo muy beneficioso para aquellos que a veces tienen un poco de vergüenza al hacer ejercicio en público. Aquí cada uno se centra en su espacio y en su bicicleta, intentando sobrevivir a esos 45 minutos intensos en los que, además de practicar cardio y ejercicios de fuerza, debes dar lo mejor de ti al ritmo de la música. Créanme que no es fácil hacer flexiones pedaleando mientras suena Taylor Swift o algún reguetón.
Quienes suelen ir seguido, evidentemente tienen sus profes y playlist favoritos, pero la gracia de BECYCLE, en mi experiencia, es que siempre es diferente. Más allá de ir ganando fuerza y agarrándole el ritmo, la diferencia está en cómo llegas a esa clase.
Si hablamos de los beneficios, aquí nos encontramos con un entrenamiento completo. “Aunque no hablamos de calorías, una clase puede llevarte a quemar hasta 700. Fortalecemos piernas, glúteos, brazos y core; mejoramos la resistencia cardiovascular; y lo hacemos con bajo impacto en las articulaciones. Es eficiente, es seguro y es profundamente revitalizante. El cuerpo cambia, pero sobre todo cambia la forma en la que te relacionas con él”, explica Angélica Sánchez, gerente general y Co-Founder de BECYCLE.
El coach de turno enciende la música, se sube a la bicicleta y ya no volverás a parar. Quizás, solo bajar la intensidad. Pero créeme que no te darás cuenta y habrás pedaleado casi una hora.
En esos minutos en los que el físico recibe esa primera intensidad, lo emocional no puede pasar inadvertido. La música, el grupo, la energía de los coaches, la oscuridad: cada detalle es parte fundamental de esta experiencia que, como bien dicen, es un refugio, un ritual y un viaje.
Aquí el estrés cae, el ánimo sube y la mente se abre. Muchos dicen que es terapia en movimiento: un lugar donde sueltan, se escuchan, se encuentran y salen más ligeros, sostienen muchos.
Literalmente aquí nadie mira a nadie, por lo que el estrés de poner bien los zapatos en el pedal y el miedo a no poder sacarlo en caso de alguna emergencia o tener que buscar las pesas están solo en tu mente y tu espacio.
Además, mirar al coach es necesario, más allá de las indicaciones que va dando. Él se baja de la bicicleta, recorre la sala, aplaude, motiva a los alumnos a pedalear y bailar al ritmo de la música.
“La experiencia es auténtica y humana. El deporte hace feliz a las personas, y en BECYCLE trabajamos todos los días para que esa felicidad se experimente desde el minuto en que entras al estudio hasta que sales. Nuestra misión es simple: que salgas más feliz de como llegaste”, dice Angélica Sánchez.
Un plus: funcionan on demand, es decir, no se cobra matrícula. “Vienes porque quieres, te hace bien y es tu momento. Esa libertad crea una conexión real con el lugar y con uno mismo”, sostiene.

¿Te vas a cansar? Sí. ¿No vas a ir al ritmo? También. ¿Te vas a saber todas las canciones? Probablemente, no. ¿Lo vas a disfrutar? En algún minuto quizás quieras parar, pero no lo harás.
Como en toda disciplina deportiva, aquí encuentras ese equilibrio entre lo físico y lo emocional, algo que finalmente te lleva a estar más presente y conectado contigo.
Si te gusta sudar la gota gorda, como dicen, este es el lugar. Y a medida que asistes a las clases, notas los avances. Aguantas más, puedes ponerle más intensidad, te cuesta menos agarrar el ritmo y una vez más terminas con una sonrisa en la cara. No por nada la comunidad habla de BECYCLE como “My Happy Place”, “mi lugar seguro”, “mi espacio para volver a mí”. Es de esas adicciones buenas que te recuerdan la importancia de sentirse vivo y saludable. Además de dejarte con ganas de más.
Si bien hay quienes irían todos los días, los expertos aseguran que con tres veces a la semana logras un hábito extraordinario en el que verás resultados, sostienes la energía y conviertes a BECYCLE en una especie de ritual personal.
“En BECYCLE creemos en el poder del movimiento para cambiar la vida de las personas. La bicicleta es solo el vehículo; la verdadera transformación ocurre adentro. Por eso, cuando un rider nos dice ‘este es mi Happy Place’, entendemos que estamos cumpliendo nuestro propósito”, concluye Angélica.
Además de BECYCLE puedes realizar BEAT, un “Fit Boxing Studio” inspirado en el boxeo que fusiona ejercicios de HIIT, Metcon y Cardio. @becycle_chile