Revista Velvet | Irina Karamanos: “Con Gabriel tenemos una complicidad apasionada en lo político y lo emocional”
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Irina Karamanos: “Con Gabriel tenemos una complicidad apasionada en lo político y lo emocional”

Irina Karamanos: “Con Gabriel tenemos una complicidad apasionada en lo político y lo emocional”
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Irina Karamanos: “Con Gabriel tenemos una complicidad apasionada en lo político y lo emocional”

POR equipo velvet | 20 mayo 2023

Entrevista por Carolina Urrejola Scantlebury Fotos Ozcar

Mientras escribe un manual de conceptos sobre el rol de las Primeras Damas, cuenta que su currículo ya está circulando en busca de un empleo estable. Como cualquier chilena, necesita un trabajo remunerado tras el año sin sueldo en su paso por La Moneda. En esta entrevista, además, revela detalles de su rutina en la casona del barrio Yungay y da su mirada sobre el matrimonio y la maternidad. De la vida íntima con Boric, dice: “Mi día comienza y termina haciendo tiempo para estar juntos”. 

Irina Sabine Alice Karamanos Adrian, 33 años, escorpión, me cita en un café del Barrio Lastarria donde solía vivir junto a Gabriel Boric hasta antes de asumir la presidencia y mudarse al barrio Yungay. Tiene varias reuniones durante el día y más de una será en este local. Toma y suelta su largo pelo castaño varias veces durante la conversación, que sostendrá con su tablet abierto para tomar notas o usarlo de ayudamemoria. Me muestra una colorida aplicación en su celular de la tradicional marca Moleskine, que la ayuda a agendar de forma estética sus muchas actividades. Amante del arte y la cultura, es una mujer dulce y cálida, y –al mismo tiempo– sumamente racional y de ideas firmes. Su actitud es ejecutiva, lo que refuerza el jumper gris que lleva puesto.

Estudió Arte en la Universidad de Chile por un año y luego partió a la Universidad de Heidelberg, en Alemania, donde cursó un pregrado de Humanidades. Lleva años dedicada a la educación y el feminismo. Actualmente se declara motivada con los talleres que junto a la Academia Empoderadas realizará a niñas en colegios. Además, la también militante de Convergencia Social asumió como coordinadora del Observatorio Internacional de Política Feminista de la Internacional Feminista de la cual es fundadora, y que busca crear un banco de políticas públicas para que líderes de Latinoamérica puedan replicarlas. Está comenzando a participar del circuito de charlas y seminarios en Chile y otros países. Además, está buscando un trabajo estable.

–¿Cómo lo hace una mujer contemporánea con una sólida formación profesional para vivir sin ingresos durante el tiempo que estuviste en La Moneda?

–Al principio con ahorros de mi trabajo anterior en la Fundación Pro Cultura. Al final tuvimos que compartir con Gabriel.

–¿Y qué te pasaba con eso?

–Me parece tremenda la falta de autonomía. Creo que involucrarse en el proyecto del otro dentro de una relación puede implicar algo así por un tiempo, no lo encuentro grave. La diferencia es que en este caso está pensado así de antemano. La gente cree que un Presidente tiene que ser tan masculino que a su pareja sólo le queda suavizar y compensar con buenas noticias para el gobierno.

–¿Fue un error haber asumido el cargo en la Dirección Sociocultural?

–Para nada. El año pasado me demostró que leer la política con feminismo cumple una tarea transformadora. En ese sentido, fue una misión cumplida con fecha de inicio y término, y una demostración de que se puede cambiar la política.

–¿En qué sentido? Porque el símbolo de terminar con la figura de la Primera Dama es potente. Pero más allá del símbolo, ¿fue para ti una experiencia formativa? ¿Saliste mejor, cambiada?

–Totalmente. Salí convencida de que es posible. Era un lugar tan improbable y a la vez tan perfecto para la acción feminista. Improbable porque no parece un lugar propio de tu identidad. Y perfecto porque concentra todas las reglas más convencionales de lo que cada época espera de una mujer. Una de las tensiones que tiene el rol es el poder. Poder ayudar a hacer cosas buenas desde un lugar muy alto. Es tentador, pero no es democrático. Ese poder sólo se podía tomar para dejarlo. Porque el aparato del Estado debe funcionar bajo las reglas democráticas y no por una relación afectiva, por muy genial que sea la pareja.

–¿Te motivó lo suficiente como para pensar en un cargo de representación popular?

–La verdad es que no. Sí reafirma mi convicción en la vía institucional de la política.

–¿Y trabajar en el aparato público?

–No puedo. Se excluyen todos los espacios públicos o que reciban fondos del Estado para evitar un conflicto de interés.

–¿Y dónde puedes buscar trabajo?

–En el sector privado, en organismos internacionales, en ONGs y en institutos o fundaciones que no reciben fondos del Estado.

–¿Está circulando tu currículum? ¿Has tenido feedback?

–Está circulando. He tenido feedback del mundo del arte y la cultura, que es algo a lo que he postulado. Pero muchos proyectos conmemorativos de los 50 años del golpe de Estado están recibiendo fondos públicos este 2023, así es que debo esperar.

EL COSTO DE LOS CAMBIOS

Cuando Gabriel Boric era candidato, el país conoció la voz de su pareja, Irina, compartiendo una visión crítica del rol que asumen los parientes de los presidentes sólo por ese vínculo. Por eso a muchos les sorprendió que Irina Karamanos decidiera finalmente asumir la Dirección Sociocultural de La Moneda. La exposición fue explosiva, y cada tropiezo, reprochado con dureza.

–Imagino que el rol que tuviste en La Moneda implicó cosas negativas o decepcionantes.

–Me esperaba ataques porque es de manual, y me esperaba también estereotipos. Soy fuerte. Creo que para hacer cambios que están latentes, hay que visibilizar. El tema de las primeras damas no era muy conversado, pero al hacerlo, vimos que todo el mundo tenía una opinión. A veces el cambio ya está, y uno sólo lo materializa. Me doy cuenta de que había una tradición inerte, que se repetía, pero no se estaba revisando.

–Frente a polémicas como la del Gabinete Irina Karamanos, ¿cómo fueron los ataques? ¿Muy duros?

–Yo te diría que sí. En general tú puedes desglosar los ataques y ver, por ejemplo, que varios tenían que ver con que yo no estuviera casada. La ilegitimidad respecto de que la pareja de un Presidente no esté casada, evoca muchas cosas: una posible inestabilidad del Presidente, una posible mentira. De eso salían comentarios como que yo estaba contratada, dudas sobre la orientación sexual del Presidente, si yo era mujer u hombre. Que yo soy trans o mujer trans fueron cosas que se intentaron instalar o hacer circular sobre mí. Entonces, yo era una persona trans contratada. Y el Presidente, una persona homosexual usándome como pantalla. Y esas campañas hay que entenderlas como una expresión de que lo que estás representando es algo que está transmutando, algo que estás desviando o desdibujando. Cualquier cambio en un espacio convencional tiene una contra reacción. En ese sentido no me escandalicé, lo que sí me escandalizó fue el uso negativo que se hace con la imagen de lo trans. Por eso creo que para hacer cambios es bueno visibilizar los temas.

UNA PAREJA RITUAL

La joven estudiante Irina Karamanos conoció al dirigente Gabriel Boric en 2016, mientras ella militaba en el Movimiento Autonomista. Lo ubicaba porque en 2011 había visto a través de la televisión, estando en la universidad en Alemania, cómo un grupo de jóvenes universitarios lideraba marchas que buscaban cambiar el sistema educacional en Chile. Hoy llevan 4 años de relación.

–Al pensar en instituciones de la sociedad, la familia y el matrimonio siguen siendo importantes y tradicionales, aunque existen nuevas formas igualmente válidas. ¿Qué opinas de este nuevo mapa?

–Todos vivimos estructurados por las normas y el poder, que nos configuran como sujetos. Entonces, para tener reconocimiento tenemos que jugar las reglas del juego. A la vez, tenemos el potencial de cambiar o subvertir las normas. Esto nos pone en una situación que parece contradictoria. Por eso es importante que nos hagamos cargo de la no discriminación, son temas que a la humanidad le debieran dar vergüenza. Todas las personas de una sociedad debieran implicarse en cada problema. Si yo no hago nada estoy contribuyendo a que la sociedad esté como esté. Ese es el nivel de responsabilidad que yo siento y que me llevó a la política. Considero que todas las personas pueden moldear la sociedad. Nuestra generación vio el poder como algo externo, y lo trajimos hacia adentro para poder moldearlo y repartirlo.

–¿Hay un logro de tu generación en disminuir la brecha entre quienes están dentro de la política y quienes están fuera?

–Creo que sí, que hemos hecho un vuelco de lo que creíamos sobre el poder, de cómo lo veíamos, lejano. Es fuerte vivir ese vuelco en el mismo cuerpo, en una misma vida. Primero lo ves afuera, luego lo internalizas y lo multiplicas. Es el desafío, de ver lo político en la vida cotidiana, no como algo lejano, definitivo y que ocurre “a pesar de mi”.

–¿Qué opinan como pareja de la posibilidad de casarse?

–Pienso que existe la idea demasiado forzada de la pareja como complemento binario. Yo creo que nos complementamos mejor siendo ambos toda la gama de géneros incluyendo ser femeninos y masculinos, a la vez. Así vistos más completos, nos convertimos en un mejor apoyo mutuo, dependiendo del momento. Pasa lo mismo con el orden emocional y económico de la sociedad. En el estereotipo, lo que traen los hombres a la casa es la plata y el cansancio. Y las mujeres cuidan y trabajan en el hogar. Un sistema nacional de cuidados por ejemplo, se sale de esa matriz porque abarca al fin lo material y lo cultural, lo redistributivo y el reconocimiento. Mira, pasa que los dos tenemos una complicidad apasionada en lo emocional y en lo político. Nos dimos cuenta de eso y lo hicimos crecer. Compartimos convicciones, es así como nos conocimos, y ambos sentimos un compromiso muy grande y mutuo con estar juntos en esto. Hay muchos simbolismos en nuestra relación. Estamos en un proceso suficientemente intenso.

–¿Y temes que el matrimonio pueda cambiar eso?

–No. Creo que es una ceremonia que cada tipo de pareja, o familia podrá decidir tener o no. Nosotros hacemos hartas ceremonias en nuestra vida privada, tenemos mucho humor, somos los dos bien completos, nos damos margen para hacer nuestros propios ritos.

–¿Renovación simbólica de votos?

–Nos replanteamos objetivos. Me encanta generar ambientes, nos gusta leernos frases o párrafos que terminan siendo significativos por un buen periodo de tiempo. El apoyarnos como iguales y entendernos como imperfectos, nos ha dado mucho rango de compromiso. No hemos necesitado demostrar que somos complemento del otro. Nos sentimos completos por ahora. Yo sí defiendo los distintos tipos de rituales y ceremonias que cada pareja quiera llevar adelante. No descarto el matrimonio, pero por la ceremonia y no por la instrumentalización política que se pudiera hacer de eso ahora. Si hablamos de lo mucho que siendo un político el matrimonio como institución le ha importado al Estado, sólo cabe volver a hablar del rol de Primera Dama, donde con ese requisito que no estaba escrito en ninguna parte, ha funcionado como una garantía de estabilidad que te permitía incluso tener una oficina en el Palacio de La Moneda, un equipo pagado y seis fundaciones a cargo.

–Los dos han dicho que les gustaría ser padres. ¿Es posible que lo sean durante este periodo en que Gabriel es Presidente?

–Me cargaría que se instrumentalice a mi hija, hijo o hije. Más allá de eso, no creo que exista un momento perfecto para tener hijos.

–Pero tengo la impresión de que la gente en la calle te lo debe comentar.

–Las señoras me dicen que tenga un guagua con el Presidente, que cuide al Presidente, que le diga que cuentan con su apoyo. Me dicen también que lo acompañe. Me han preguntado mucho por qué no voy a viajes, por qué no estoy en tal o cual lugar, lo que es interesante porque nos acompañamos muchísimo. Mi día comienza y termina con un momento para estar juntos, porque nos importa. Lo interesante es que hay una ilusión de que al ser Primera Dama uno está más conectada con él.

–¿Pero eso es por ser Primera Dama o por ser mujer y pareja?

–La ilusión es que, por estar ahí, en el Palacio, en frente de todo el mundo, está generándose ese apoyo emocional. Ahora no estoy en La Moneda, pero nosotros nos complementamos y nos apoyamos emocionalmente igual. Esa mirada de la pareja presidencial es absolutamente binaria. Nos hemos acostumbrado a que hay que mostrar una pareja heterosexual en la cornisa de la política, donde la pareja del Presidente es ojalá la versión más convencional de la mujer. Gabriel se complementa emocionalmente conmigo, con su sobrino, con su hermano, con sus amigos.

PÉRDIDAS Y FRAGILIDADES

Irina Karamanos ha contado que las historias familiares de desarraigo y migración que comparten con el Presidente fueron parte de su primera etapa de conocerse –y reconocerse– en el otro. Ella de ascendencia griega y él, croata, juntos han ido repasando más de una vez las preguntas que surgen en torno a su árbol genealógico.

–Tu papá murió cuando eras muy chica, a los 8 años. Ahora estaría cumpliendo 90 años. ¿Cuéntame qué imagen guardas de él?

–Era muy sencillo. Era profesor normalista, les hacía clases a niños en situaciones complejas durante la dictadura. Fue muy entregado en sus clases y en difundir la cultura griega, acercarla. Era ajedrecista. El primer contacto que una persona tiene son sus padres, ellos te muestran el mundo. Yo estoy muy agradecida de cómo él me lo mostró. Me crió de una manera abierta, me permitió hacerme preguntas. Sería genial poder volver a esa fuente hoy y hacerle preguntas sobre todo tipo de cosas, partiendo por qué piensa de la política actual.

–¿Por tus orígenes, te sientes griega?

–Me siento muy griega.

–¿Y cómo son?

–Si hubiera que generalizar, en Grecia la convivencia y la conversación son más importantes que la calefacción o que ahorrar. En medio de la crisis económica, cerraron todas las tiendas pero no los cafés, seguían abriendo. Se llenaban. Mi papá tenía mucho de eso, para él era muy importante filosofar en colectivo.

–Tu mamá enviudó muy joven, tú creciste sola con ella…

–Ella es maravillosa. Es una mujer muy trabajadora, una inspiración para mí. Siempre me llevó a abrir mi cabeza con arte, con cultura. Cada vez que pudo mostrarme algo nuevo lo hizo.

–Uno de los rasgos del Presidente Boric es que es transparente frente a temas complejos, como su trastorno de la salud mental. ¿Cómo convives con esa realidad y el manejo que él hace del tema?

–Estoy orgullosa de que lo haya llevado así. Mira, yo creo que lo personal te afecta y tiene una forma política de cambiarse. La mujeres mayores que tienen una mala pensión salen a la calle y se dan cuenta de que son muchas más. Probablemente se involucren en un movimiento como NO MÁS AFP. O una familia que durante la pandemia no tuvo qué comer y armó una olla común, hizo que sus vecinos que estaban en la misma situación pudieran comer. O padres de niñes trans que arman fundaciones para visibilizar el tema y suman a otros padres. Gabriel, que tiene trastorno obsesivo compulsivo, lo tematiza porque el problema de la salud mental es poco tematizado en nuestra sociedad y muy poco financiado. Creo que es lo más político que podía hacer.

–¿Y no te preocupa o entristece que, al exponerlo, el tema sea utilizado en su contra?

–Gabriel es una persona políticamente expuesta desde que lo conozco. Es difícil que todos los aspectos de tu vida sean expuestos y me preocupa cuando lo atacan, porque quiero que esté bien y sea feliz. Pero no nos da miedo que nos ataquen porque es parte del proceso de cambio. Nunca he visto un cambio que no implique tensiones, roces, ataques, especulaciones. Creo que eso es imposible. En ese sentido, somos bien realistas y pragmáticos. Nos tomamos muy en serio el rol de generar cambios. Y sabemos que hay que romper huevos para poder hacerlo. A mí me angustia mucho más el silencio y la paralización. A veces hay que empujar algunas cosas para que a más gente le vaya mejor.

EL BELLO Y GOLPEADO BARRIO

Este año 2023, Irina ha visto en la intimidad cómo el Presidente Boric ha enfrentado duros momentos a raíz de las consecuencias de los indultos presidenciales, los incendios del verano en Valparaíso y el sur, y la serie de atentados contra carabineros que, una vez más, ha obligado a reacomodar la agenda de gobierno, poniendo al centro de ella temas como la seguridad y la inmigración ilegal.

–Ustedes viven en una casona en el barrio Yungay, un sector que ha estado muy complicado por delitos violentos y poblado de personas migrantes. ¿Qué opinas al respecto?

–Me parecería terrible no darme cuenta de la realidad de la ciudad y del país. Me parecería irresponsable socialmente. Para nosotros el cambio hubiera sido vivir en un lugar alejado de la organización comunal, barrial, vecinal. Y lejos de la intensa circulación de personas. Vivíamos en Santiago centro-centro y nos movimos a un barrio residencial donde hay mucha vida comunitaria. Después de Iquique, Yungay es el lugar con mayor densidad de personas migrantes. Los fenómenos de la sociedad a los que tú haces referencia se están trabajando in situ y eso yo lo veo. Hay obviamente una tensión por la expectativa de que aumentará la seguridad en el barrio. Hay vecinos que están muy contentos y otros decepcionados.

–¿No es frustrante que el tema de seguridad diluya la agenda del gobierno?

–Es que la política es situada. Hay una agenda de cambios que continúa. De hecho, no ha parado. Y luego están todas las cosas que van sucediendo y a las que hay que ponerle prioridad, no son excluyentes. Nos preocupa mucho el tema de seguridad y también sus profundidades. ¿Qué es lo que lleva al crimen organizado, en que es eso distinto a la delincuencia? No son preguntas de respuesta rápida, que es lo que se espera ahora en el debate público.

–¿Cómo es vivir en la casa presidencial? ¿Cómo se administra el movimiento, las personas circulando? ¿Hay espacio para la intimidad?

–No circula tanta gente. Cuidamos mucho nuestra vida privada, pero tenemos menos tiempo. Y hay personas maravillosas que nos ayudan a gestionar ese tiempo y las necesidades que tenemos. Además, ambos somos muy ordenados con nuestra rutina. Compartimos y disfrutamos el espacio de encuentro para nosotros, nuestras familias y, a veces, amigos. La casa es también un espacio de trabajo.

–¿No se les hace grande?

–No. Es un lugar que elegimos porque es concéntrico. Todas las ventanas se miran, nos podemos ver y compartir. Es una casa grande, pero íntima a la vez. En eso se basó mi búsqueda.

–Tengo la impresión de que en tu personalidad aparentemente zen hay un aspecto bastante punk. Incluso, antisistema.

–(Risas). No soy antisistema, pero sí creo que hay que estar siempre actualizando los sistemas. Para mí es mucho más radical tener expectativas de cambiar el sistema que descartarlo. Alguien podría decir que si uno entra a la institucionalidad, la está validando tal como está. Yo creo que no, que la única manera de cambiar algo es entrando. .

–¿Y eso es una forma de rebeldía en el siglo XXI?

–Me imagino que sí. Lo contrario sería querer que todo siga igual o pensar que no se tiene ninguna incidencia en lo que nos rodea.

Producción general Natalia Ramírez y Pamela Hernández Maquillaje y Pelo Humberto Moya Stylist Ale Cuevas.

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