Con esa mezcla de cansancio feliz y sonrisa permanente que solo el ser padres puede explicar, Euge y Mati nos invitan a conocer de cerca cómo viven este momento único y cómo la pequeña alegra –cuyo nombre ya anticipa su espíritu– vino a cambiarlo todo.
Fotos Ozcar Dirección creativa Macarena Badilla Styling Paula Moreno Maquillaje y pelo Pamela Cornejo Producción Carolina Lazo Audiovisual Pedro Magnere
Convertirse en padres marca un antes y un después, incluso para una pareja tan compenetrada y de energía inagotable como la que forman Eugenia Lemos (40) y Matías Kosznik (40). Con trabajos creativos, agendas cambiantes y una vida acostumbrada a la espontaneidad, la llegada de Alegra –su hija de dos meses– los sumergió en una rutina nueva, luminosa y profundamente transformadora. Entre risas, desvelos, aprendizajes y una complicidad que se nota en cada gesto, hoy viven la maternidad y paternidad con una mezcla de emoción, humor y ternura que desborda.

Acostumbrados a jornadas que terminaban entrada la madrugada, series interminables y eventos sin horarios fijos, lo más difícil fue reacomodar su vida en las noches. “Ahora manda ella. Nosotros nos acomodamos a su ritmo, y lo hacemos felices”, confiesa la influencer de moda. De a poco, el ritual de acostarla temprano, bajar luces y apagar pantallas reemplazó sus antiguos maratones frente al televisor. “Nos encantan las series, pero nos resignamos felices”, admite Matías.
Ambos sienten que el cambio no les pesó, porque esta era una maternidad profundamente deseada. “Hicimos mucho como pareja antes de dar este paso: viajamos, cumplimos metas, vivimos intensamente. Eso nos deja en paz para disfrutar este momento sin sentir que renunciamos a nada”, agrega Matías.
–¿Qué parte de la rutina fue la más desafiante de adaptar?
Euge: Hemos fluido muy bien. Siempre fuimos buen equipo y nos dividimos orgánicamente las tareas. Con Alegra fue natural. Además, tenemos suerte, porque duerme bien de noche, y eso te pone al otro lado. Lo que más cambió fue el horario nocturno.
Matías: A mí me costó más, porque me gusta mucho ver series, pero esto es algo que también queríamos vivir. Una maternidad muy deseada. Hicimos muchas cosas juntos antes, viajamos, cumplimos sueños, entonces estábamos listos para este cambio. Cuando lo deseas, no lo sientes como una pega.
E: Así como las noches, también cambiaron las mañanas. Ella se despierta con tanta alegría, con ganas de “hablar”, que es imposible no contagiarse. Te ayuda a levantarte, aunque estés muerta de sueño.
M: Alegra se levanta siempre de buen humor. Eso es tremendo.
La llegada de Alegra no hizo más que confirmar algo que ya sabían: funcionan como un verdadero equipo. Y aunque improvisan, cada uno tiene sus fortalezas. Eugenia es la encargada de la organización: ropa, orden, accesorios, detalles. “Cuando la tomo yo, está peinada y con vestido. Cuando lo hace él, está en pijama y con pelo parado”, dice Euge entre carcajadas.
Matías, por su parte, se ocupa de la logística nocturna, la mamadera del turno de las dos de la mañana y de preparar todos los ambientes para la rutina. “Es súper organizado, y eso nos equilibra”, destaca Eugenia.

–¿Cómo fueron los primeros días de Alegra en casa?
M: Las primeras noches fueron un caos. Tuvimos que reorganizar el espacio, poner un banquito, mover cosas… detalles que hacen la diferencia.
E: Y el cambio de hora fue terrible. Estuve embarazada en invierno, con días cortos, y cuando nació, de repente oscurecía a las 9. Fue un desorden total.
–¿Qué se vio más afectado en esos rituales diarios personales?
E: Nuestros “baños personales” fueron los más afectados. Yo soy de hacer los 10 pasos de skincare, súper organizada… La primera semana no sabía si me había puesto crema ni cuándo me había lavado los dientes (dice entre risas).
M: Vivimos en un loop hermoso: comer, dormir, mirarla, reír y repetir. Todo se vuelve un plan.
Cada gesto de Alegra compensa el cansancio. “Tiene una alegría al despertar que te resucita. Por más muerta que me sienta, me mira y ya estoy despierta”, dice Euge.
–Aunque llevan 20 años juntos, esta etapa les dio nuevas miradas sobre el otro. ¿Qué descubrieron?
E: A Mati me lo imaginaba así. Ya tenía esas habilidades, pero ahora las tiene híper desarrolladas. Está pendiente de que (Alegra) coma, de que esté bien, de que tenga todo. Es muy cuidadoso.
M: A Euge le admiro la paciencia, sobre todo con la lactancia. Es una pelea diaria: a veces agarra, a veces no. Yo enseguida pienso “démosle mamadera”, pero ella insiste y tiene una paciencia enorme.
–¿Cómo se complementan en esta nueva etapa de padres?
E: Mati es muy organizado, especialmente con horarios de comida y rutinas. Yo fluyo más. Entonces encontramos un punto medio.
Una de las cosas que destacan es precisamente compartir todo lo que tiene que ver con Alegra, y en ese “hacer todo juntos” la lactancia está incluida.“ Tenemos lactancia mixta. En la noche yo hago el turno de las 2 AM y ella el de las 5. Después sigo yo a las 8. Todo depende de los trabajos del día. Fluye, pero está ordenado”.
La clave, dicen, ha sido leerse. Cuando uno se cansa, el otro toma la posta sin decir demasiado.
–¿Cómo manejan hoy las prioridades entre la paternidad y el trabajo?
E: Nuestra prioridad era ser padres presentes. Trabajamos freelance, pero eso nos permite acomodarnos y estar mucho con ella. Queremos que sea parte de nuestros proyectos.
M: Siempre quisimos trabajar juntos para manejar nuestros tiempos. Esta vida la construimos para tener libertad y disfrutar. Ahora queremos que ella sea parte de ese estilo de vida, sin quitarle lo que necesita para su desarrollo.
–¿Qué es lo que más disfrutan de esta nueva etapa?
E: ¡Que es deliciosa! Estamos mal, ¡pero mal de amor! (risas). Nunca vi a Mati tan enamorado.
M: Ella me mira y me derrito. Me pasa que estoy en reunión y me mira sonriendo… y chau, perdí todo.
E: Disfrutamos al verla despertar, verla sonreír. Leímos mucho sobre la conexión a través de la sonrisa y es adictivo.

Euge es una persona tremendamente creativa; el diseño inunda su vida de una forma alegre y sincera que transmite en todo momento. Con la llegada de Alegra, su creatividad evidentemente se vio afectada, pero de la mejor manera. “Desde el embarazo. Todo me inspira”, afirma.
Tanto Euge como Matías tienen trabajos demandantes, pero les apasiona lo que hacen y han sabido combinar todo lo nuevo que trae un embarazo y la llegada de un hijo. Eugenia se preparó intensamente para un parto normal, pero finalmente debió hacerse un parto por cesárea, por la vuelta de cordón. “Me mentalicé para la guerra”, reconoce.
Enfrentar ese cambio, sumado al cuerpo posparto y a volver a eventos rápidamente, fue un proceso intenso.
“Vestirse en posparto es más difícil que en el embarazo”, asegura. “Pero me obligó a reconciliarme rápido con mi cuerpo. Lloré lo que tenía que llorar y seguí”, afirma.
–¿Cómo fue el apoyo de las marcas con las que trabajan?
E: Ha sido increíble. Con Skechers, por ejemplo, trabajamos hace años, son como familia. Muchos supieron del embarazo antes que la familia, porque trabajamos juntos todos los días. Han sido súper atentos y cariñosos.
–¿Cuáles son sus próximos proyectos profesionales?
M: No paramos. Lo primero que hicimos fue sacar su pasaporte porque queremos que Alegra viaje con nosotros siempre que se pueda.
E: Los nuevos proyectos ya la contemplan. Vienen cosas de moda infantil, contenido, viajes. Y seguimos con el podcast Dale Color, viene la pretemporada, Viña del Mar y todo el 2026 a full. Y en enero, por fin, Alegra va a conocer a toda la familia en Argentina. Hay mucha gente que todavía no la conoce. Así que nos vamos para allá para que todos la abracen.

Sobre su podcast, Dale Color, Eugenia reconoce que la maternidad inevitablemente entrará en los próximos episodios. “En la última temporada yo estaba embarazada, así que es natural que ahora aparezca la pata paternal. Uno va hablando de lo que vive, no lo puedes evitar. Es parte de lo que somos”, comenta.
El trabajo no se detiene, pero ahora fluye con Alegra integrada a la rutina. “Nuestra vida la construimos para tener libertad, viajar, conocer el mundo, priorizar el disfrute y los proyectos propios. Y queremos que ella sea parte de eso”, explica Matías.
Cuando les preguntan si extrañan algo de la vida pre Alegra, la respuesta es clara: “No echamos de menos casi nada, salvo ver series”, ríen. Eugenia sí confiesa un punto débil: la ropa. “Extraño mi clóset. No he podido volver. Tengo kilos encima, obvio. Y he trabajado toda la vida en moda. Tengo mucha ropa que todavía no me puedo poner. Para una mujer, eso cuesta. Es fuerte”.
Pero tal como es ella, Euge encuentra la belleza en el proceso: “Mientras no puedo jugar con mi clóset, juego con el de ella. Sus carteritas, zapatitos, vestidos… ¡una muñeca! Le encanta. Se entretiene con los colores, mira todo con esos ojos enormes. Me derrito”.
Si algo tienen claro es que esta nueva etapa es intensa, desafiante y emocionante. Pero, sobre todo, profundamente feliz. “Alegra hace honor a su nombre. Y a nosotros nos cambió el día a día para mejor”, coinciden.
La vida no se detuvo con la llegada de Alegra: al contrario, se abrió. Se volvió más blanda, más honesta, más amorosa. Y en ese equilibrio nuevo, lleno de aprendizajes diarios, hay algo que ambos repiten sin dudarlo: “Alegra llegó para completarnos. Para recordarnos quiénes somos, y para mostrarnos quiénes queremos ser”.