Mucho se habla de los cambios que experimentan las mujeres durante la menopausia, pero ¿qué pasa con la perimenopausia? Y es que hay ciertas manifestaciones que comienzan a partir de los 35 años y es importante conocerlas.
La perimenopausia es una etapa de transición natural en la vida de una mujer que ocurre antes de la menopausia. Y generalmente comenzamos a ver señales a partir de los 40 años. Sin embargo, hay casos en los que puede comenzar antes. ¿Cómo saberlo?
Hay ciertas señales y manifestaciones que nos pueden ayudar y que muchas veces podemos confundir con estrés, exigencias del día o cansancio. Sin embargo, sentir ansiedad, no recordar una palabra en particular o un ciclo menstrual no regular puede tener que ver con la perimenopausia y no con el estrés. De ahí la importancia de estar atentas y consultar con un experto.
La perimenopausia es el período de transición previo a la menopausia, y en esta etapa los niveles hormonales, especialmente los de estrógeno y progesterona, comienzan a fluctuar. Puede durar varios años y suele comenzar durante la década de los 40. Pero, como comentábamos antes, en algunas mujeres puede empezar antes.
Desde el otro lado, la menopausia se confirma cuando han pasado 12 meses sin menstruación, siempre que no haya otra razón confirmada para esta ausencia.
Los expertos coinciden en siete señales que pueden acompañar esta transición. Y si bien unas pueden resultar conocidas, otras son quizás menos evidentes y pueden confundirse con cosas que no relacionamos a las hormonas.
Sí, puedes que hayas experimentado ansiedad, sin embargo, ahora aparece en situaciones que antes no te la generaban. Ahora, te enfrentas al nerviosismo, preocupación o una sensación de desborde que desconoces. Hay mujeres que incluso se sienten inquietas sin razón o les suben las palpitaciones, pero sin explicación.
Los cambios hormonales durante la perimenopausia pueden influir en el estado de ánimo, el sueño y la respuesta al estrés. Ahora bien, no toda ansiedad que aparece después de los 35 o 40 años está relacionada con esta transición.
Si sientes que es algo nuevo, intenso o que interfiere con tu vida, es clave consultar para identificar sus posibles causas.
Esta es definitivamente una de las señales más características de la perimenopausia. Si antes tu ciclo antes era bastante predecible, ahora empieza a acortarse o alargarse. O bien, hay diferencias en el sangrado, la cantidad y su duración.
Estos cambios pueden explicarse por una ovulación menos predecible y con las variaciones a nivel hormonal. Eso sí, también pueden tener otra causa. Los sangrados muy abundantes, entre menstruaciones o después de las relaciones sexuales requieren evaluación médica.
Puede que los días previos a la menstruación esos síntomas se intensifiquen. Desde la sensibilidad mamaria, la hinchazón y la irritabilidad, hasta en los cambios de humor y el cansancio, todo puede intensificarse durante esta transición.
Son precisamente las fluctuaciones de estrógeno y progesterona las que pueden influir en estos síntomas, aunque su intensidad y duración varían entre las mujeres.
Lo mejor en estos casos es llevar un registro para ver si es necesario acudir a una consulta ginecológica.
Estás contando algo y, de la nada, esa palabra se te va. O vas a alguna habitación de tu casa y el entrar te olvidaste a qué habías ido o qué estabas buscando.
Durante la perimenopausia, algunas mujeres han descrito dificultades de concentración, olvidos cotidianos e incluso una sensación de niebla mental.
Estos cambios pueden asociarse a las hormonas y a las las alteraciones del sueño, frecuentes en esta etapa.
Si bien no es algo peligroso, y es natural de la transición, si los síntomas son persistentes o progresivos, es importante consultar.
El deseo sexual es algo que puede cambiar a lo largo de la vida y en la perimenopausia algunas mujeres pueden notar diferencias.
Las variaciones hormonales pueden afectar la lubricación vaginal y provocar sequedad o molestias durante las relaciones sexuales. A su vez, el descanso, el estrés, el estado de ánimo y todo lo que conlleva una relación también influyen en el deseo.
Ahora bien, la disminución de la libido no significa necesariamente falta de atracción hacia la pareja y no tiene por qué obedecer a un problema médico.
En este caso es ideal consultar con un profesional no solo por el tema físico, sino también psicológico.
Una manifestación quizás menos conocida es la aparición o intensificación de molestias musculares y articulares.
Algunas mujeres experimentan rigidez al levantarse, dolor en hombros, caderas o rodillas, o una recuperación más lenta después de hacer ejercicio.
Aquí son los estrógenos hablando, ya que intervienen en distintos procesos relacionados con la salud musculoesquelética, por lo que sus fluctuaciones pueden generar estas molestias.
Eso sí, todo dolor que sea persistente o si hay pérdida en la movilidad, debería ser evaluado para descartar otras causas.
Puede que sin cambiar hábitos, notes que tu cuerpo cambia, sobre todo, la zona abdominal.
Durante la transición menopáusica pueden darse modificaciones en la composición corporal y en la distribución de la grasa. Y aquí intervienen tanto los cambios hormonales como la edad, la masa muscular, la actividad física y otros factores.
No todas las mujeres aumentan de peso durante la perimenopausia, y tampoco le ocurren a todas de la misma forma. Por lo tanto, más allá de un número en la pesa, hay que concentrarse en el metabolismo, pero también en la alimentación, el ejercicio y el descanso.