Revista Velvet | Martín Eluchans muestra su Casa Museo del Absurdo
Reportajes

Martín Eluchans muestra su Casa Museo del Absurdo

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Martín Eluchans muestra su Casa Museo del Absurdo

POR Ignacia Castillo | 10 abril 2026

El artista visual abre las puertas de su hogar, un universo ecléctico y autobiográfico donde cada objeto cuenta una historia.

Foto y video Pedro Magnere 

Olor a palo santo, música y muchos colores son parte de la experiencia sensorial que el artista Martín Eluchans tiene preparada cuando uno entra a su hogar, al que llama Casa Museo del Absurdo.

Coleccionista desde los diez años, en este espacio reúne todo lo que le gusta: candelabros de bronce, fanales, objetos de porcelana, figuritas de personajes animados, aviones a escala –tiene más de 400– y también piezas de sus propias colecciones. “Normalmente, de cada exposición, me quedo con una obra”, cuenta.

Licenciado en Artes Visuales con mención en Escultura, con estudios en arte general, un máster en diseño escenográfico y una pedagogía en Artes Visuales, hoy su trabajo se mueve entre el maquetismo como pieza artística, el bordado de conflictos geopolíticos y contingencia, y las clases de cerámica en su estudio Ítaca (@itacaestudioceramica).

“Me gusta convivir con mis objetos. No me gusta que estén guardados juntando polvo, porque quiero relacionarme con ellos y entender la vida estando en contacto permanente. Es algo muy afectivo”, dice.

–¿Por qué Museo del Absurdo?

Viene de la filosofía del absurdo de Albert Camus, Premio Nobel de Literatura, quien plantea que la existencia humana no tiene un sentido predeterminado y que cada uno debe encontrar el propio. Sus tres palabras clave son pasión, rebeldía y libertad, y yo las he aplicado en mi casa con una cuota de humor. En apariencia, todo esto puede no tener sentido, pero para mí, sí lo tiene. Mi casa es mi patria, el lugar al que pertenezco, con los objetos con los que me siento identificado. Aquí todo es circular: las miniaturas pasan a un escenario o maqueta y luego a las vitrinas.

–¿Qué estilo tienes?

–Es ecléctico porque es una mezcla de muchas cosas, no pretendo que sea etiquetable, pero sin duda muy escenográfico. Cuenta historias, fragmentos de viajes o experiencias de mi vida y objetos que he ido recolectando (nada está elegido al azar y sé exactamente su historia). Convienen formas, colores y texturas variadas con inspiración en el barroco, la curva, el color, el bronce, el mármol y siempre mucho humor. Me gustan mucho las antigüedades porque tienen vida y pasan de mano en mano. Finalmente, son cosas prestadas que eventualmente serán parte de otras historias y personajes. Es raro que compre muebles nuevos porque les falta alma, experiencia, no me interpelan.

–¿Qué consejo darías para lograr una casa con identidad propia?

–Que la armaran en función de lo que piensan y sienten. No aplico en ninguna de mis facetas la palabra “moda”. No me gustan los lugares, artistas ni colores de moda. La casa tiene que ser autobiográfica y contar una historia: ser escenográfica, tener espíritu y alma. Esas casas de Pinterest, donde todo es perfecto, no desafían. Para sintetizarlo: la regla es no seguir reglas.

–¿Qué rol tiene la luz en tu casa?

–Como es tan escenográfica, funciona mucho mejor de noche y con luces. Tengo muy poca luz cenital, pero muchas luces de colores para generar ambiente.

–¿Cómo logras que el espacio no se vea recargado?

–Tiene que estar ordenado y limpio. Pero que sea recargado no me molesta; de hecho, me gusta. Soy cero minimalista. Para mí, más es más.

–¿Cómo sabes cuando un rincón ya está listo?

–Nada está listo. Nunca. Me encanta la poesía y me apropié del poema Ítaca, de Konstantínos Kaváfis. Es mi leitmotiv actual. El poema habla de que lo importante en la vida son los procesos y no el destino. Me gusta esa idea de que está todo en constante movimiento y por reinventarse. No hay nada concluso. No pretendo que mi casa esté terminada: nunca va a estar lista. Los espacios son dinámicos.

–Ítaca es también el nombre de tu estudio de cerámica.

–Es un espacio muy lindo donde hago clases semanales. Lo que más nos regula es lo táctil, por eso la cerámica está “de moda”. No es por capricho ni coincidencia. En el mundo en que vivimos la regulación es importante. Y la cerámica te permite bajar, conectar con la tierra y lo primitivo, y trabajar la paciencia y la frustración.

–¿Te cuesta desprenderte de las cosas?

–Tengo varios favoritos de los que no me desprendería, pero entendí que, siendo artista, hay que hacerlo. Me costaba vender mi obra, pero el círculo se completa en la medida que las piezas naveguen.

–¿Cuáles son tus espacios favoritos?

–Mi taller es uno de ellos, donde yo me repliego, reflexiono y me dedico a hacer. Pero uso todos los espacios. Si quiero leer, lo hago en el living; si quiero trabajar en el computador, en la cocina; en el comedor estoy siempre ordenando, pintando o haciendo miniaturas. Todos los espacios tienen algo especial.

–¿Y tu objeto favorito?

–La escultura del David de Miguel Ángel, que está en el living. Cuando era universitario estaba con una amiga en una tienda en Huérfanos y lo vi. Me enamoré inmediatamente, pero no me alcanzaba. Volví, traté de negociar el precio y molesté tanto a la dueña que me dijo que no me lo vendería. Después junté la plata y mandé a mi amiga a comprarlo. Lo pinté de Ronald McDonald, luego de rosado, y siempre lo intervengo. Es el arquetipo de la masculinidad, y me interesa cuestionarlo con un David rosado, llorando y con flores.

–¿Qué recomendaciones darías al decorar con arte?

–Creo que todo combina. Si tienes buen ojo, todo puede convivir en armonía. E incluso algo que no la tenga puede ser tremendamente interesante. Convivir con arte es importante: cuando compras una pieza de arte, te llevas un pedazo del artista.

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