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«Necesitaba este stop en mi vida»

Por Vero Marinao | 09 octubre 2020

El año pasado la actriz y modelo fue diagnosticada con vértigo por estrés; estuvo tres meses con sensación de mareo y una semana en cama, sin poder pararse ni siquiera a darle un pan a su hija. Por eso dice que, pese a lo malo de la pandemia, necesitaba parar y tener un espacio de introspección. Además, cuenta que el programa MUA (@MUA_contenidos) –que realiza por Instagram junto al maquillador Franklin Athos–, la tiene muy feliz porque le ha permitido mostrarse a la gente tal como es, sin personajes, haciendo frente a sus talentos y también a sus inseguridades.

“Soy ‘Josepina’”. Josepina con “p”. Era chiquitita cuando se autodenominaba así. “¿Cómo te llamas?”, le preguntaban. “Josepina”, respondía ella. Pero no era que porque le costara pronunciar la “f”. Simplemente le gustaba más como lo decía ella; sonaba más divertido. Su papá, buenazo para poner sobrenombres, siguió su juego y la empezó a llamar Pin. Hoy, prácticamente todo el mundo la identifica de ese modo, pero hasta este 2020 –dice Josefina Montané–, mucha gente que no la conocía personalmente, tenía una opinión errada de cómo es ella, de cómo es la Pin íntima, la Pin puertas adentro, la Pin juguetona, la Pin espontánea, la Pin insegura también.

Estaba a punto de empezar la cuarta temporada de la obra de teatro El Test cuando la pilló la pandemia. Además, junto al maquillador Franklin Athos y Mariano Mediavilla preparaba el piloto del programa MUA. Pero la cuarentena dejó todo en stand by. Cuando llevaba sólo una semana de encierro, su carácter inquieto dijo “basta” y, a través de Instagram –y hoy de Youtube–, puso en marcha el programa que reivindica el maquillaje como expresión artística, y donde el sentido del humor es fundamental; un día, por ejemplo, Franklin la convirtió en una versión femenina del señor Spock, de Star Trek, y ella transformó a su pareja, Darko Peric, en un Drag Queen.

“Yo sólo había maquillado a mi hermana para su matrimonio civil. Esta era la segunda vez que maquillaba a alguien que no fuese yo; y fue a un hombre que tiene barba y que hay que hacerle bloqueo de cejas… Fueron tres o cuatro horas mirando cada detalle de su cara, porque además soy perfeccionista. Fue súper lindo”, dice.

–¿Cuándo surge tu amor por el maquillaje?

–Como trabajo en el mundo del modelaje desde los 14 años, siempre he tenido una cercanía con los maquilladores, he pasado por millones de manos, millones de artistas. Y soy de las personas que valora mucho el trabajo de un maquillador; lo encuentro hermoso, siento que es una expresión artística. Mucha gente lo ve como algo superficial, pero para mí no es eso. Nunca lo había probado tan profesionalmente como ahora y ha sido un descubrimiento muy lindo (…). Es como pintar un cuadro finalmente, que es algo que también me gusta mucho. El maquillaje es un minuto súper íntimo, súper de uno. Uno se está mirando al espejo y a mí eso me ha ayudado mucho a empoderarme, muchísimo

–¿En qué se refleja ese empoderamiento?

–En todo. Bueno, también influyen miles de factores. (Por la pandemia) ha llegado el minuto de bajar un poco las energías, de no estar en el afuera, de estar en el adentro. Todas esas cosas influyen, pero justo coincide con mi encantamiento con el maquillaje, entonces creo que me ha hecho reflexionar sobre mí, sobre mis capacidades, sobre quién soy y sobre quién quiero ser, sobre lo que proyecto hacia los demás. Y el programa en vivo también ha sido como una especie de empoderamiento, porque ha sido el espacio donde la gente me ha conocido; hasta ahora me conocían por los personajes que había hecho, o por algún programa de televisión, pero ahí también uno siempre está como un personaje de alguna manera. Y en MUA han visto a la Pin, a la Pin de la casa; no hay personaje. Y ha sido lindo tener el cariño de la gente; eso me ha hecho confiar más en mí, gracias a la gente me estoy creyendo más el cuento.

Josefina dice que ella le tiene “respeto” al virus y que siempre toma las medidas de precaución necesarias, pero que no vive con temor. “Porque el miedo inmoviliza, paraliza”, explica. Cuenta, además, que durante este tiempo también ha pintado mucho, algo que hace desde siempre. “A veces siento la necesidad de pintar, es como que veo un lienzo blanco y ¡fah!, me entrego y estoy como siete días en eso, obsesionada, y luego me bajan las revoluciones y la necesidad de pintar. Siento que vienen esas ganas cuando necesito centrarme. Y el maquillaje ha sido un poco eso, porque es un espacio de silencio, de intimidad, de concentración, y es una especie meditación también. Me ayuda harto”.

–En este período de introspección, ¿has pensado que cuando empezaste a ser famosa como actriz, se hablaba de lo bonita y guapa que eras, pero que eso ha ido cambiando con los años?

–Claro, me podría haber quedado en eso. Era fácil, podría haberle sacado partido a mi físico, podría haber explotado ese lado, pero no ha sido lo que me ha interesado. Me interesa más explorar mis capacidades.

–Debe ser incómodo, además, que a alguien le digan a cada rato qué bonita, qué linda está y no ahonden más allá.

–Claro, es muy superficial, creo que sólo pasa en Chile. En Chile la idea de la belleza está súper puesta en el afuera. Y para mí no va por ahí.

–Durante la pandemia se ha hablado mucho del tema de la reinvención de todo el mundo, tú ya te habías reinventado cuando pasaste de ser modelo a actriz…

–Yo siempre me estoy reinventado, pero me sale como orgánico porque, como te decía, soy súper inquieta, entonces siempre estoy explorando qué cosas podría hacer, qué cosas podría aprender. Nunca me quedo explorando sólo una cosa. Me gustan tantas cosas, y no le tengo miedo al probar, al equivocarme; me gustan esos desafíos, me apasiona el estar siempre inventando cosas y aventurarme en la vida.

–Y cuando te has equivocado, ¿te levantas rápido?

–Eeeh, no. Me doy mi tiempo cuando me equivoco, me doy tiempo de pensar, de evaluar y analizar para, de verdad, tomar el error como un aprendizaje y no achacarme.

De hecho, Pin cuenta que durante esta pandemia los días de bajón ligados a la incertidumbre han sido pocos. Sí los tuvo, claro, pero pese a todo lo malo del encierro, ella ve algo muy bueno: “Ha sido lindo estar con Darko y con mis hijas. Creo que necesitaba este stop en mi vida. El año pasado tuve vértigo por estrés, estuve tres meses con sensación de mareo y pasé una semana en cama, sin poder pararme y sin poder darle un pan a mi hija. Fue súper limitante y tuve que trabajar un poco el ‘no estar disponible’. Y este stop vino bien para mí; poder estar en casa, disfrutar de mis hijas, de mi familia. Lo necesitaba. Ha sido entretenida la dinámica que se da, con sus pros y sus contras. Obviamente de repente se me sale la mamá como “grrrrr” (finge un enojo), pero ha sido linda la dinámica, como que me reafirma que está todo bien, independiente de la incertidumbre que existe en el mundo completo, tengo un trío que me afirma, me apaña y que está conmigo, y todo se basa en el amor.

“DARKO SIEMPRE VA A QUERER LO MEJOR PARA MÍ”

Josefina recuerda que descubrió TikTok –la otra plataforma que la ha mantenido ocupada en estos días– cuando estaba haciendo el musical Anita, la huerfanita. “En ese tiempo TikTok se llamaba Musically y todas las niñas estaban haciendo sus videos ahí. Después mi hija me dijo ‘hagamos TikTok’ y por ese lado empecé a cacharlo. Hay que tener mucha responsabilidad para que tu hija ocupe una red social. Me gusta estar pendiente y atenta y hacerlo con ella, entonces ahí fui descubriéndolo.

Es interesantísimo, hay muchos niños creativos en TikTok, me encanta el ‘Para ti’, que es lo que te sugiere TikTok según tus gustos. Es inspirador ver a tanta gente creativa. Además, TikTok te conecta con más personas, muchas de ellas son chilenas; tiene un algoritmo diferente (más amplio) al de Instagram. Y es lindo eso, ver un poco más de lo que somos”.

Y sigue: “En TikTok, recibo pura buena onda. Es una red social súper amable, creo que es una comunidad que está ahí para tirarte para arriba, es como ‘¡tú sigue!, ¡hazlo!, ¡muy bien! Es como bien positivo, más positivo que Instagram y Twitter, por lo menos”.

Aunque no tiene ninguna decisión tomada, Pin dice que después de ver la película Tengo miedo torero –que se estrenó vía streaming–, se puso a pensar en otras formas de mostrar su arte y en cómo hacer una segunda exposición de sus cuadros.

–¿Una exposición virtual?

–No sé, pero uno tiene que empezar a hacer cosas, no nos podemos quedar estancados. No he pensado si de forma tradicional o virtual, pero sí estoy segura de que quiero hacer una exposición (…) Mi arte, mis dibujos siempre han sido momentos súper íntimos, como un hobbie. Siempre pinto en momentos en que necesito concentrarme, estar en mí, entonces compartirlos me era muy difícil. Darko me potenció para mostrar y exponer por primera vez (hace unos años). Yo no atrevía, decía ‘a quién le va a interesar, quién va a querer un cuadro mío’, porque no lo hacía queriendo que otros lo vieran, sino que lo hacía para mí. Y na poh, fue bonito ver gente mirando mis cuadros, y cuando ellos me explicaban lo que veían en mis dibujos era como “oh, qué bakán, sí, llévatelo, significa que es tuyo”. Y eso es lindo.

–Por lo que dices pareciera que fueras insegura.

–Sí. Soy insegura, la inseguridad es un tema que tengo que trabajar siempre, y claro, ahí tengo a Darko que siempre me está tirando para arriba, siempre me está diciendo “dale, dale, tú podih”, yo confío en él. Es la persona que me ama y siempre a va querer lo mejor para mí. Y si nos equivocamos, nos equivocamos y da lo mismo, pero es bakán tener una persona al lado que vea cosas positivas en ti y trate de potenciarlas. He trabajado con Alberto Montt, fui su ayudante en la universidad, y él también me da mucha seguridad en el dibujo y siempre me está ‘hueveando’ y me dice ‘ya poh, sigue, dibuja, dibuja”.

–¿A qué se debe esa inseguridad?

–No sé, he tratado de averiguar por qué soy tan insegura y creo que tiene que ver con la imagen que uno proyecta en los demás, lo que yo proyecto para otros es nada que ver a lo que soy, entonces creo que eso puede generar inseguridad… Siempre, desde que era chica, la gente opinó de mí sin conocerme, y sólo por mi apariencia física, me imponían características que no tenía, y yo decía
“por quéeeeee”. Lo he contado otras veces, en el lugar donde yo veraneaba la gente rayaba el quiosco con carboncillo y escribían ‘Pin puta’ o “Pin p5t1” y era como ‘¿what?’. Esas cosas me fueron insegurizando, y fui desconfiando de la gente; esas experiencias me hicieron cuidarme y ser más reservada para mis cosas.

–¿Cómo ves el futuro de las teleseries?

–Ya hemos visto un cambio en el teatro; el teatro por Zoom ha funcionado, he visto varias obras, pero me pasa que no es lo mismo y espero que el teatro (en vivo) se vuelva a retomar, porque es una experiencia necesaria para el ser humano. Y las teleseries no sé, igual se han retomado algunas grabaciones. Espero que, después de esto, la gente valore lo que significa tener producciones locales y lo necesarias que han sido durante el encierro. Espero que lo valoren y haya un cambio; que los guiones sean más de los chilenos, de nosotros.

–¿Vas a votar en el plebiscito?

–Sí pos niña, apruebo, jaja. Este minuto de introspección es maravilloso para replantearse lo que viene. Siento que todo está unido. Fue buena esta pausa para construir algo maravilloso. Ojalá, espero que así sea.

Fotos Javiera Eyzaguirre Maquillaje y Pelo Iván Barría Styling Sofía Pinto Agradecimientos @carritodeflores @arajwls y @arte.valentia

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