Revista Velvet | Pioneras, las dos chilenas llegaron en bicicleta al campamento base del Everest
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Pioneras, las dos chilenas llegaron en bicicleta al campamento base del Everest

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Pioneras, las dos chilenas llegaron en bicicleta al campamento base del Everest

POR Ignacia Castillo | 09 abril 2026

Camila Forti y Jacinta Correa hicieron historia el 10 de febrero al convertirse en las primeras mujeres en llegar pedaleando hasta los más de 5.000 metros de altura del Everest, en una expedición de Big Mountain Bike.

Fotos Matías Donoso (@matiasdonosophoto)

El 10 de febrero, dos chilenas hicieron historia al convertirse en las primeras mujeres en llegar al campamento base del Everest en bicicleta. Se trata de Camila Forti y Jacinta Correa, dos amantes del Big Mountain Bike –modalidad de mountain bike en alta montaña, sobre los 3.500 metros de altura– que, justamente, se conocieron hace cinco años practicando este deporte.

Tiempo atrás, a Camila le había quedado dando vueltas una inquietud: un amigo suyo, Ignacio Rojo, había llegado al campamento base en bicicleta. “Siempre me quedé con la idea en la cabeza”, recuerda. Todo tomó forma en octubre del año pasado, cuando Camila llamó a Jacinta con la invitación. “Desde el minuto uno me dijo: ‘Vamos, sí o sí’. Y ahí empezamos a movernos como locas”.

11 DÍAS

Comenzaron a planear el proyecto en noviembre. Buscaron auspiciadores, organizaron la logística y entrenaron con foco en la aclimatación: subir distintos cerros de altura para que el cuerpo se adapte progresivamente. Su favorito era el cerro El Pintor.

“Al principio era más por la aventura, pero investigando vimos que no había registro de mujeres llegando en bicicleta. Eso nos dio aún más ganas de ser pioneras”, cuenta Camila.

Un mes y medio antes, compraron el pasaje y comenzó oficialmente la travesía.

Llegaron a Nepal en pleno invierno, ya que solo permiten el ingreso en bicicleta al Parque Nacional Sagarmatha en temporada baja. El equipo estaba compuesto por cinco chilenos: Camila, Jacinta, un filmmaker, un fotógrafo y un asistente audiovisual. Además, los acompañaron dos guías y tres porteadores locales.

La aventura duró 11 días: ocho de ascenso y tres de descenso.

Cada jornada comenzaba a las 7:30, con los bolsos cerrados y el desayuno listo. Salían pasadas las 8:00, esperando que el sol templara un poco el ambiente.

A mediodía hacían una pausa para almorzar y, luego, continuaban pedaleando hasta las 17:00, cuando el sol se escondía y llegaban al siguiente campamento. Se reunían junto a la fogata hasta las 19:00, comían y a las 21:00 ya estaban durmiendo.

–Camila, ¿qué fue lo más complejo?

–El clima, sobre todo por el frío en las noches. Dentro del saco no pasábamos frío, pero todo lo que quedara afuera se congelaba. Ir al baño a mitad de la noche era lo peor. Ese frío nos fue desgastando y nos jugó en contra.

–¿Cómo era el camino para la bicicleta?

–Es el mismo sendero que usan quienes van caminando. Hay partes donde se puede pedalear perfectamente, pero en otras hay puentes colgantes, escaleras y rocones que hay que escalar. En esos tramos subíamos con la bicicleta al hombro. Igual pudimos pedalear mucho más de lo que esperábamos. Eso sí, a medida que llegábamos a mayor altura, la bicicleta se hacía cada día más pesada.

–¿Pensaron en algún punto que no llegarían?

–No, porque íbamos cumpliendo el itinerario y reaccionábamos bien. Terminábamos cansadas, obviamente, pero podíamos seguir. Estábamos preparadas. Hubo momentos duros, pero distintos para cada una. La noche previa al día de cumbre, Jacinta se sintió mal y estuvo fatigada. Yo ese día estaba muy bien. Pero dos días después, ya bajando, me dio fiebre. Fue mi momento más crítico. La fiebre siguió en Chile y terminé con neumonía.

–¿Por el frío?

–Fue una mezcla. Allá es común la “tos del Himalaya”, provocada por el aire frío y seco, la altura, el polvo y el humo de las fogatas, donde queman excremento de animales. Todo el equipo la tuvo. A eso, en mi caso, se sumó al cansancio.

EL DÍA DE LA CUMBRE

El octavo día llegaron al Campamento Base del Everest, ubicado a 5.364 metros de altura.

“Lloramos, nos emocionamos”, recuerda Camila. “No podíamos creer que estábamos frente a esa piedra famosa que tantas veces vimos en fotos. Haber levantado este proyecto con más chilenos y ser las primeras mujeres en el mundo todavía me cuesta procesarlo”.

–¿Qué hicieron apenas llegaron a la meta?

–Antes, el guía nos puso tiempo límite. Nos dijo: “No pueden estar más de 45 minutos, máximo”. Esto porque estaba todo calculado y después teníamos que empezar el descenso. Por el otro lado teníamos también al equipo audiovisual, que ya tenía todo pensado para las tomas. Tuvimos un minuto para estar tranquilos –donde nos emocionamos, abrazamos y celebramos– y después nos pusimos a trabajar.

–¿Cómo describirías el lugar?

–Es impresionante. Íbamos andando y no podíamos creer dónde estábamos. Rodeadas de montañas gigantes, imponentes, muy cerca. Si alguien tiene la posibilidad de ir, lo recomiendo totalmente. Es un lugar impactante.

–¿Cambió algo en ti después de lograrlo?

–Sí. Más allá del logro, solo la experiencia de hacer estas expediciones te vuelve más fuerte. Una sufre durante el esfuerzo, pero después lo olvida y quedan las cosas buenas. Siempre decimos con la Jaci que no somos deportistas profesionales. Somos dos personas normales a las que les gusta la bicicleta y hacer estas locuras. No hay que ser experta para intentar algo así.

–¿Cómo se toman el ser mujeres pioneras?

–Durante el viaje estuvimos compartiendo toda la travesía con fotos, GPS y mucha gente nos estaba siguiendo y nos escribía dando las gracias y diciendo que no lo podían creer y que esto las inspiraba. De verdad sentimos que dejamos una huella en varias mujeres. Y allá la gente nos miraba, nos sacaban fotos, nos grababan, encontraban que era una locura.

DIRECTO AL TRABAJO

El regreso fue abrupto. “Llegamos un miércoles en la mañana y el jueves ya estábamos trabajando”, dice Camila. Ella estudia Pedagogía Básica y trabaja en un colegio como encargada de disciplina. Jacinta es ingeniera comercial y trabaja como product manager. “De lunes a viernes estamos full en nuestros trabajos y, los fines de semana, salimos a la montaña”.

No son deportistas profesionales, pero sí entrenan constantemente. Además de bicicleta, practican escalada, trekking y entrenamiento físico.

Jacinta lleva cerca de siete años en el Big Mountain Bike; Camila comenzó en 2020, cuando compró su primera bicicleta y empezó a subir cerros con un grupo guiado. En uno de esos desafíos, en el cerro El Plomo, se convirtió –casi sin saberlo– en la tercera mujer en el mundo en lograrlo en bicicleta. “Me lo dijeron cuando faltaba una hora y media para la cumbre. Me dio el punch de energía para llegar”, afirma.

–¿Qué mensaje le darías a una mujer que quiere aventurarse en deportes de montaña?

–Que se atreva. No hay que ser experta ni profesional, sino que metódica y probar para ver si te gusta. Siempre va a haber un deporte para cada persona.

–¿Qué circuitos recomiendan en Chile?

–Partir en unos en bike park para familiarizarse con la bici en cerro y después probar en cerros como El Pintor –que la Jaci siempre dice que es nuestro patio preferido– o La Parva. El Pintor puede tomar una mañana o un día completo, depende del ritmo de cada uno, porque es largo.

–¿Recomiendas el Big Mountain Bike?

–Hay gente a la que sí y otros a los que no, porque igual es un deporte extremo. Una está en altura, con velocidad y rocones enormes, entonces no es para cualquiera. Pero todas las personas que siempre han tenido un bichito o una intriga con la bicicleta, o cualquier deporte, deberían probarlo.

–¿Es peligroso?

–Depende. Hay que usar siempre todas las protecciones y entender que uno regula la velocidad y el riesgo. En el viaje ninguna de las dos nos caímos.

–¿Qué viene después del Everest?

–Vamos a seguir haciendo proyectos juntas. Somos una muy buena dupla. Nuestro objetivo más pronto es un documental de esta travesía. El equipo audiovisual está trabajando en la edición y nosotras en el evento de lanzamiento en mayo. Nuestra próxima aventura no la tenemos clara, pero siempre hay algo.

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