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MalasMadres: Gracias Playstation por llegar a nuestras vidas

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MalasMadres: Gracias Playstation por llegar a nuestras vidas

POR Vanina Rosenthal | 07 agosto 2020

Ni terapia de pareja, ni sexo desenfrenado. En honor a la verdad, lo que está salvando mi pareja de no colapsar durante la cuarentena -además del amor, el respeto y todo lo políticamente correcto-, fue haber comprado una Playstation 4.

Voy a comenzar por el principio. Ninguno pensó que el encierro duraría tanto. Y cuando llegó mayo, los ánimos ya estaban insostenibles y el aire se cortaba con tijera. Al estrés propio de la pandemia, sumémosle una profesión absolutamente golpeada por el desempleo (los dos somos periodistas) y dos hijas adolescentes con la montaña rusa emocional -y hormonal- que eso implica.

Cada uno tuvo que aprender a encontrar su espacio. A la más chica se le dio por el lettering, la mayor se refugió un poco en la lectura y otro poco en su vida social vía Zoom, yo enloquecí con las plantas y la decoración, algo a lo que jamás le había prestado importancia básicamente porque nunca había tenido tiempo de ‘vivir’ mi casa, y a él se le ocurrió que la solución estaba en una consola de videojuegos. Me pareció una locura. Pero ya nadie tenía ganas de pelear, así que “cómprate lo que quieras”. Hizo un estudio de mercado con hijos de amigos, y se decidió por la Play 4 slim. 

El tema es que desde que esa cuestión llegó a casa, mágicamente estamos perfecto.

A los que pensaban que la Play es cosa de chicos, les digo que están equivocados. Y a los que pensaban que es solo para hombres tipo club de Tobi para jugar fútbol en línea, también. On fire los cuatro integrantes de esta familia con la única inversión de cuarentena. Y aunque suene insólito, hemos descubierto todo un mundo. Nadie se ha vuelto gamer, pero es divertido descargar tensiones con un joystick en la mano.

Yo perdí mi virginidad con Ghost of Tsushima. Debo confesar que aprender a dominar los movimientos del samurai fue más difícil que aprender a andar en bici sin rueditas, pero es como lo mismo. Cuando le tomas la mano, no paras. Así que los últimos días los he pasado en el fascinante mundo del Japón feudal. Es como estar en una película. Olvídense la escenografía. Sopla el viento y es como si te llegara en la cara. El vestuario, la música, todo es WOW. Pero lo más genial es jugar. Jugar de verdad. Apretar los botones con furia como si de verdad estuvieras matando al enemigo en territorio mongol, como si de verdad fueras un fantasma y como si de verdad tu vida dependiera de ese salto o de ese sable. He llegado a soñar con Jin (el personaje del juego), con el humo y con los pájaros buena onda que te indican por dónde ir.

En síntesis, creo que la Playstation fue la cuota de abstracción perfecta en un momento de máxima tensión. Y sacando cuentas, es más barata que una terapia de pareja (aunque no tiene reembolso). Creo que no sabíamos cuánto necesitábamos distraernos, pasarla bien, jugar sin pensar en mascarillas ni nuevas normalidades hasta que la bendita consola llegó a esta casa. Tanto la queremos, que mandamos a hacer un mueble y le hicimos un espacio a medida. Nos falta ponerle nombre y celebrarle el cumpleaños…

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