Revista Velvet | Magdalena Müller: “Han sido años para entender que esta es la persona que soy”
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Magdalena Müller: “Han sido años para entender que esta es la persona que soy”

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Magdalena Müller: “Han sido años para entender que esta es la persona que soy”

POR equipo velvet | 10 abril 2026

Más de dos décadas en la pantalla chica cumple este año la actriz de Amango.  A la tv y al teatro sumó un emprendimiento actoral, se casó y está decidida a
seguir creciendo. “Me fui reconciliando conmigo misma, con mis conflictos, con mi cuerpo. No ha sido fácil”, admite.

Por Marietta Santi Fotos Ozcar en Centro Cultural San Ginés

Magdalena Müller nos está esperando en la puerta de la teatral chile, su emprendimiento y un espacio que apunta a la formación integral a través de las artes escénicas. Al verla, cuesta asimilar que es la misma adolescente de Amango y la misma joven de Los Carmona. Ahora, a los 34 años, es una mujer que está celebrando más de dos décadas de carrera, que ha crecido ante los ojos del público y que logró ser mucho más que “la niña de la tele”.

“Ya son 21 años. ¡Guau! Yo tampoco me lo puedo creer, pero sí. Es hermoso. Crecer en esta industria tuvo sus momentos de mucho brillo, de pasarlo bien y tener éxito, pero también de asumir responsabilidades. Tuve que madurar rápido. Me salté etapas de la vida, que veía en mis amigas o amigos de mi edad. Yo decía chuta, eso no lo viví no más”, reflexiona.

A la TV, el teatro y el cine, Magdalena sumó hace un par de años la idea de formar una escuela con su compañía, La Teatral Chile: “Creamos este espacio no para formar actores y actrices necesariamente, sino para entregar herramientas a la gente”. Habla con convencimiento mientras hace un recorrido por las salas. Se nota orgullosa. Escuchándola, inmediatamente queda claro que la actriz es una persona muy matea.

“Sí”, reconoce ella entre risas. Inmediatamente aclara que “siempre lo fui. Creo que la disciplina es algo que me entregó el ballet, que partí haciendo a los cuatro años. Era una muy buena alumna, no solo a nivel de notas, sino que además tenía un buen comportamiento. Igual, a veces pienso y digo: ‘Oh… podría haberme portado un poquito peor (risas)’. Pero bueno, uno es como es no más”.

Sentada frente a un desayuno tardío en un café de Providencia, Magdalena hace un recorrido por su carrera. La gente la mira y no falta el fan que pide una selfie. Ella posa con una sonrisa.

Todo partió cuando era muy chiquita y participó en un comercial de Ambrosoli, Cuando tenía 12 años, un productor de televisión (Nicolás Allende, ideador de Amango), la “descubrió”. Participó en un casting y luego tuvo una breve aparición en la teleserie Gatas y Tuercas (2005), a lo que siguió un rol en Charly Tango (2006).

Mientras Magdalena empezaba a hacer carrera, sus padres (María Alejandra y Karl) y sus hermanos (Maximiliano e Isidora) se convirtieron en su cable a tierra.

“En mi casa era una más, no era la hija famosa. Lo agradezco mucho, porque esa actitud me ayudó a entender que esta carrera es cambiante, efímera. Sobre todo en la etapa de Amango, que fue muy explosiva”.

–¿Con qué sentimiento la recuerdas?

–Con mucho cariño. Como una etapa muy vertiginosa, adrenalínica. Fueron tres años muy intensos. Entré a Amango cumpliendo 14 años y terminó a mis 16. Fue una etapa que tuvo sus dificultades, porque me volví un ser humano muy extraño en el colegio: los niñitos chicos me perseguían y a mis compañeros eso no les caía bien.

–¿Pero encontraste apoyo?

–Sí (risas). Mis mejores amigas son del colegio. Tuve un grupo que me apañó heavy y con Amango fue hermoso todo el proceso, aunque era difícil ser conocida. Yo no sabía cómo reaccionar cuando la gente se me acercaba. No entendía por qué alguien quería tener un autógrafo mío.

–¿Cómo viviste el fin de Amango?

–Gracias a mi familia, la caída no fue tan fuerte. Además, seguí trabajando en Corazón Rebelde, que fue mi entrada a la industria y a entender que uno vale por cuánto vende.

EN REBELDÍA

Junto con egresar del Club de Teatro de Fernando González, Magdalena participó en la teleserie Pobre rico (2012), y después en Somos los Carmona (2013). En esta producción fue Yoyita, una campesina para la que subió 15 kilos de peso y que le permitió rebelarse contra las reglas estéticas de la industria televisiva.

Pese al éxito de su personaje, sufrió lo que llama “adolescencia tardía”. Se explica: “Me empezó a pesar la mochila, tuve una crisis emocional y vocacional. Además, desde que entré a la televisión empezaron a decirme que no calzaba bien en el estándar físico. Cuando tenía 14 años me preguntaba: ¿Por qué me dicen eso si soy una niña totalmente normal?”, recuerda.

–La exigencia para las mujeres es mayor en la industria actoral.

–Efectivamente, este mundo para las mujeres es muy cruel y duro, muy inhóspito. Uno lo ve a nivel internacional. Es súper difícil asumir que uno no pesa 45 kilos sino 60, o que tiene canas o arrugas.

–Imagino que hoy existe más respeto, ¿no?

–Sí, mucho más. Han pasado varios años y algo ha cambiado, pero sigue siendo difícil. Hoy nadie quiere envejecer. Toda la vida te dijeron que no era suficiente, que había que ser un poco más delgada, un poco más joven. Las expectativas están puestas siempre más arriba. A mí me parece correcto que exista diversidad de personas, diversidad de cuerpos, diversidad de caras. ¿Por qué vamos a ser todos iguales?

–¿Cómo asumiste este tema?

–A medida que me empezaron a criticar por eso, más engordé. Estaba muy enojada. Después me fui reconciliando conmigo misma, con mis conflictos, con mi cuerpo. No ha sido fácil. Han sido años para entender que esta es la persona que soy.

–¿Buscaste ayuda?

–Hice terapia psicológica y fui a un nutriólogo. Supe que había empezado a desarrollar una resistencia a la insulina, ya que engordé a pura azúcar.

Toma café, se toma unos segundos y concluye: “Amo la carrera y la vida que tengo. Para mí, siempre es un desafío que la gente opine sobre uno, pero entiendo que es parte de tener un trabajo expuesto. No me puedo quejar, la gente es muy amorosa conmigo”.

BIEN ACOMPAÑADA

Magdalena recuerda con cariño a sus personajes televisivos, en especial a Claudia, de Pobre rico (2013), a Esmeralda de Edificio Corona (2021) y a Ramona de Amar profundo (2021-2022), que le dio su primera nominación a un Caleuche. También ha disfrutado de sus personajes en Juego de ilusiones y Aguas de oro, a las que califica de “más bien desagradables. Me encantaría hacer una villana”.

Aunque es popular por la TV, la actriz tiene un grueso currículo escénico. Partió en 2012 con su egreso y dos años después fundó La Cruda –su compañía junto a Diana Rivera– que hoy se llama La Teatral Chile y tiene como eje el género. En su repertorio están las obras Carolina, de Isidora Aguirre; y el monólogo Luisa, de Daniel Veronese.

También ha participado en los montajes Invencible (2022-San Ginés), Honor (2024-Zoco, 2025 GAM) y En otras palabras (2025-San Ginés). Esta última pieza, protagonizada junto a Felipe Rojas, exAmango, estuvo cinco meses en cartelera y fue una de las obras más vistas de 2025.

Magdalena reconoce que le encanta hacer teatro, no solo porque puede llegar a un público que no la conoce, sino porque le permite bucear en ella misma. “Con En otras palabras descubrí nuevas cosas mías. Abrí espacios de vulnerabilidad que nunca me había atrevido a tocar. El teatro es una experiencia profunda, que permite crecer en cada función con los compañeros”, dice entusiasmada.

Por el teatro ha llegado al cine, área menos explorada por ella, aunque en 2014 la dirigió Silvio Caiozzi. En diciembre pasado filmó Que se acabe todo, dirigida por Moisés Sepúlveda, quien la vio actuar hace tres años en el San Ginés. “Amo hacer cine y soy una gran consumidora de películas, pero me han llamado poco”, dice.

Pese a su agenda tan agitada, Magdalena se da tiempo de leer (devoró las dos novelas de la chilena Francisca Solar) y de practicar muay thai, arte marcial tailandés. “No me perdono entrenar dos veces a la semana, quisiera que fueran más, pero los tiempos no alcanzan. Me encanta, lo paso tan bien pegando combos y patadas, es muy liberador”.

–Imagino que tu marido debe ser un gran partner, porque corres de un lado a otro.

Es lo máximo mi Félix (Echeverría). Él es ingeniero civil industrial mecánico y trabaja en eólica, su especialidad son los aerogeneradores. Ahora anda en Chiloé porque hubo un accidente con una máquina. Es lo más apañador que hay y le fascina lo que hago. Fue muy hermoso conocerlo, porque nosotros somos bien distintos en muchas cosas. Nos emparejamos y, a medida que empezamos a crecer juntos como pareja, nos dimos cuenta de que en lo profundo teníamos mucho en común. Nos admiramos y nos acompañamos en nuestros caminos, que son súper distintos.

–Pero tienen poco tiempo.

–Creo que la gran dificultad que tenemos es esa, y que a veces nos vemos menos de lo que nos gustaría. Lo hemos conversado muchas veces, y echarse de menos tiene lo rico de que, cuando nos vemos, es hermoso. Nos casamos cumpliendo seis años de relación en 2025 y estamos haciendo una apuesta a largo plazo.

–¿Han pensado en la maternidad?

–Sí, pero no tengo tanta claridad de lo que quiero, ni lo que queremos. Lo hemos conversado, por supuesto, y en este minuto los dos sabemos que ahora no queremos. Y no sabemos si es que vamos a querer. Pero está en un veremos.

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