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“La ficción también debería ser un vehículo de información”

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“La ficción también debería ser un vehículo de información”

POR Vero Marinao | 21 julio 2020

Un hombre se enfrenta a la mujer y decide ir a declararle su amor a la mujer que siempre amó, pero a la que nunca se acercó. Ese es el punto de partida de La alambrada, la obra que a fines de los años 60 escribió la olvidada dramaturga María Asunción Requena y que Víctor Carrasco estrenaría el 12 de junio en el GAM. La propuesta del director era hacer un solo espectáculo con dos obras. “Se me ocurrió sumarle una mirada más contemporánea de otra dramaturga chilena, Carla Zúñiga. Y ella imaginó cómo podría haber sido el destino de los personajes de esa primera obra y escribió El grito ahogado. El proyecto se llama Patagonia, cuenta.

Los ensayos empezaban el 13 de marzo, justo la semana en que, debido a la contingencia por Covid-19, GAM cerró sus puertas. “En ese momento teníamos la esperanza de que las cosas se iban a solucionar bien pronto, que iba a ser por un par de semanas o, a lo sumo, un mes”, recuerda. Pero, ya sabemos, la pandemia dijo otra cosa.

Claro que el director estrenó igual en el GAM; claro que otra obra –Mentes Salvajes, del sueco Marcus Lindeen, el mismo autor de Los Arrepentidos –y vía Zoom (el primer montaje chileno en esa modalidad)–. “Esta obra yo ya la tenía en carpeta como un posible proyecto. A través de estos textos, él busca el despojo; una actuación que esté muy lejos de los cánones habituales de la interpretación, no hay personajes, hay personas que se prestan para decir ese testimonio, no hay intención de construcción de personajes y eso me pareció interesante porque acerca al texto a una dimensión más humana. Y me pareció que la obra podría funcionar perfectamente bien desde cada una de las casas de los actores, apelando a la sencillez”.

Héctor Noguera, Paulina Urrutia, Francisca Gavilán, Gabriel Cañas y Natalia Valdebenito fueron dirigidos vía Zoom durante tres horas diarias durante un mes y medio. “Tenemos una dinámica curiosa, pero muy parecida a la del teatro, llegamos antes de la plataforma, nos juntamos, tomamos un tecito y hablamos de lo que ocurre diariamente con cada uno, eso que es muy propio de un camarín”, dice. Y agrega: “Por primera vez tuve un estreno donde no nos abrazamos ni diciendo el tradicional ‘mierda, mierda’. Todos esos ritos son muy importantes. Fue difícil. Aunque las sensaciones son muy parecidas. No quiero desestimar el contacto físico y el contacto humano, porque es súper importante pero lo que ocurría era muy parecido y era importante que lo sintiéramos”.

–Dentro de ese ritual está el aplauso, ¿debe ser raro no recibir aplausos?

–Es raro, nosotros lo desestimamos por un problema técnico. Cuando se abre la posibilidad de que muchas personas aplaudan (por Zoom) se genera un ruido que es un poco sin forma. No tiene la forma del aplauso.

–En Twitter surgió una pequeña polémica acerca de si esto es o no teatro. ¿Es teatro?

–Sí, totalmente, es teatro transmitido por una plataforma. Lo que pasa es que no se puede obviar ese detalle ni tampoco el contexto en el que esto ocurre. Me parece sumamente respetable que haya personas que no quieran hacerlo (…) En este momento nuestro sector, como muchos otros sectores, está sin ninguna posibilidad de trabajo. Buscar maneras de estar juntos, de trabajar y de obtener a cambio una remuneración a mí me parece sumamente importante, sobre todo porque no sabemos cuánto va a durar esto. No sabemos en cuánto tiempo más se van a abrir los teatros, en cuánto tiempo más vamos a poder estar en una sala sentados al lado de una persona sin que eso signifique un riesgo para mi vida.

Nadie estaba preparado, nadie tenía un relato elaborado de cómo iba ser este tipo de teatro, porque es algo que se está descubriendo recién sobre la marcha y en ese sentido tiene mucho de ensayo (…) Detrás de eso hay una reflexión de cómo poder vivir, sobrevivir o trabajar, cómo seguir estando juntos en tiempos donde eso es justamente el grave problema. Circunstancias que tienen que ver con la vida y la muerte. Así de extremo. Nunca me ha pasado por la mente quedarme para siempre esto (teatro por Zoom). Tiene que ver con las circunstancias. La manera de actuar frente a esta coyuntura es muy personal, solo podemos respetar las posiciones que tienen unos u otros porque son igualmente válidas. Es muy difícil decir lo que todos debemos hacer, salvo cuidarnos.

–¿Se hizo evidente la precariedad de ser artista?

–Esa precariedad es global, nos hermana a todos los que hacemos esto. Se hace evidente el poco interés del Estado y también de los privados por lo que nosotros hacemos. Hay un dato importante; en países como el nuestro la cultura aporta alrededor del 2% del PIB, en países desarrollados es alrededor del 7%. Es muy curioso que nosotros no seamos importantes para el Estado y que estemos tan a la deriva y que estas situaciones que son tan extremas dejen en evidencia a un sector que está desprotegido.

Continuar leyendo la entrevista completa en le edición digital de Revista Velvet.

 

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