Revista Velvet | Felipe Kast: “El desafío del nuevo gobierno es tener coraje para hacer reformas estructurales”
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Felipe Kast: “El desafío del nuevo gobierno es tener coraje para hacer reformas estructurales”

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Felipe Kast: “El desafío del nuevo gobierno es tener coraje para hacer reformas estructurales”

POR admin | 03 marzo 2026

Con la libertad de saber que en algunas semanas dejará el Senado, Felipe Kast lanza sus críticas a la postura de los libertarios frente al gobierno electo. “Quieren llegar a la moneda compitiéndole por fuera”, advierte.

Por Juan Cristóbal Villalobos Fotos Bárbara San Martín

Durante cuatro años, entre 2014 y 2018, el entonces diputado Evópoli compartía casi a diario con su tío José Antonio, en esa época un parlamentario UDI que destacaba por levantar las banderas más conservadoras dentro del gremialismo. Ambos Kast optaron por un acuerdo tácito: cuidar la familia y no discutir por política. Solo once años mayor que el actual senador por la Araucanía, el hoy presidente electo es el menor de los hermanos de su padre, Miguel, quien murió a los 34 años luego de haber sido ministro de la dictadura y uno de los Chicago Boys más influyentes. “Con José Antonio fuimos muy cercanos, especialmente durante mi adolescencia. Luego de la muerte de mi padre, veíamos mucho a mis abuelos y tíos”, confiesa.

Esa relación familiar no le impide reconocer lo mucho que le costó a su partido sumarse al gobierno de su tío. “Lo hicimos porque queríamos sumar desde adentro”, explica reconociendo que aceptar cargos después de haber sido tan críticos del presidente electo, puede traerles costos electorales.

El senador afirma que los republicanos “han dado pasos de madurez”. “Si continuaban por el camino de la soberbia y la soledad, probablemente no hubieran llegado muy lejos. José Antonio está tomando decisiones correctas, sabe que para gobernar se necesita gente con experiencia y un discurso unitario. Muchas veces las cosas que se dicen en campaña hay que guardarlas debajo de la cama cuando se llega al poder”.

—¿Cuál es su expectativa ante la llegada de José Antonio Kast a La Moneda?

—Creo que el desafío del nuevo gobierno es tener coraje para hacer reformas estructurales que permitan cambiar Chile. Pasar de lo performático y lo “anunciativo” a lo concreto. Eso todavía está por verse.

–¿Se arrepiente de no haber ido a la reelección por la Araucanía? Evópoli perdió un senador y, desde marzo, lo reemplazarán Vanessa Kaiser y Rodolfo Carter, una libertaria y un republicano, ambos bastante más a la derecha que usted.

–Nada. Creo que los partidos no pueden depender de una persona; Evópoli ha logrado trascender y hoy tiene varios liderazgos. Estoy convencido de que tendremos un rol importante en la política chilena.

–¿Por qué cree que Evópoli ha disminuido su apoyo electoral? En la última elección parlamentaria logró elegir solo dos diputados y podría desaparecer.

–Hoy las personas buscan posiciones más drásticas y radicales; no dialogantes, que es justamente el sello de Evópoli. Además, nuestro error fue no entender que la política tiene una dimensión “performática”, “artística” y de exageraciones, lo que en la actualidad es clave para obtener buenas votaciones.

–¿Su partido entonces tiene que ser más “performativo”?

–Debemos seguir aportando seriedad y buenas políticas públicas. La verdad es que no creo que vayamos a morir, aunque estemos en un momento en el que el populismo y las posturas más extremas son lo que vende. Estoy seguro de que este es un proceso transitorio, una moda. Cuando estas posturas extremas choquen con la realidad y muchas de las promesas que han hecho no se puedan cumplir, la misma ciudadanía va a preferir proyectos más consistentes y honestos, capaces de lograr resultados concretos.

–¿Los republicanos todavía están en los extremos?

El Partido Republicano entendió que poner el acento en lo que divide puede funcionar durante la campaña, pero que para gobernar se requiere unidad y esfuerzos colectivos. Sinceramente, creo que el gabinete de Kast refleja las distintas miradas que existen en la derecha y que se sumó a personas que aportarán con su experiencia. Obviamente, la interrogante es cómo funcionarán los nuevos ministros, pero ya se dio un paso importante.

–Sin embargo, Hernán Larraín Matte, uno de los fundadores de Evópoli, piensa lo contrario: dijo que el nombramiento de Judith Marín como ministra de la Mujer era un error político y una provocación.

–Yo no lo veo así, al contrario, me imagino que el objetivo al designar a una persona con posturas conservadoras como las de ella es demostrar que lo puede hacer bien y así derribar los prejuicios que existen contra el mundo evangélico. Además, la futura ministra no ha cometido ningún error y no quiero partir con un prejuicio.

–¿Qué le parece la actitud de los libertarios al plantear “líneas rojas” en ciertos temas y rechazar entrar al gabinete?

–Ese partido, y particularmente Johannes Kaiser, apuestan por repetir el guión que usó José Antonio frente al gobierno de Sebastián Piñera: llegar a La Moneda compitiéndole por fuera. Y lo han dicho públicamente. Kaiser está jugando a ser el díscolo, apostando que a Kast le irá mal. Los libertarios decidieron tensionar y presionar con sus ideas desde afuera, lo que es completamente legítimo. Además, esto implica un sacrificio porque no pudieron acceder al poder.

–¿Se ve en una misma coalición con ellos?

–A diferencia del presidente electo, los libertarios no han querido acercarse a la cultura de Chile Vamos. Ahora, todavía no sabemos cómo actuará el gobierno a partir del 11 de marzo. En ese sentido, ha sido correcto no ponerle un nombre a lo que se está formando, porque no hay una coalición nueva. Chile Vamos simplemente está colaborando con el presidente Kast, así como el Socialismo Democrático colaboró con el gobierno de Boric.

–¿Pero se debería formar una nueva alianza política y electoral?

–Creo que hay un espacio para que exista en Chile un partido como el Partido Popular en España. Pero, el PP es distinto a los republicanos y libertarios.

–¿Quiénes integrarían ese partido?

Chile Vamos tiene una larga historia y se han ido tejiendo confianzas. Obviamente, entre nosotros hay diferencias como también las hay en el PP. La impronta de nuestra coalición se gestó trabajando en el gobierno de Sebastián Piñera, por lo que existe una mirada diferente a la que tiene el Partido Republicano.

“LA BATALLA CULTURAL ES UN CLIVAJE MUY ÚTIL ELECTORALMENTE”

Relajado en su casa de soltero decorada con un estilo moderno y funcional, Felipe Kast prepara su vida pos Congreso. Hasta el momento, tiene decidido participar en el debate público desde el think tank Horizontal y continuar con un proyecto que lo tiene especialmente entusiasmado: el podcast “Felipe Podcast”, donde entrevista a políticos de todos los sectores. “Se escucha mucho”, asegura con orgullo.

–Figuras de la derecha más dura, como Magdalena Merbilháa, han criticado el nombramiento del diputado Evópoli Francisco Undurraga como ministro de Cultura. Argumentan que él no representa los valores tradicionales de la derecha y que ese ministerio es clave en la batalla cultural.

–Yo le respondería que Pancho Undurraga fue uno de los pocos parlamentarios que tuvo la valentía de defender las ideas de la derecha cuando la gran mayoría de los diputados de nuestro sector no pudo resistirse a apoyar los retiros. Si Magdalena Merbilháa busca alguien con el coraje para proteger la libertad en serio, ese es Undurraga.

–Los libertarios hablan de la urgencia de dar una batalla cultural frente a la izquierda. ¿Existe realmente una disputa de ese tipo en Chile?

–La idea de una batalla cultural y valórica es un clivaje muy útil electoralmente, porque ahí se cruza la mirada religiosa con la política. Por eso, siempre será una herramienta que la derecha más dura intentará ocupar, ya que les permite aglutinar a sus suyos y enfrentar a un enemigo claro, generando una tensión dramática. El equipo de José Antonio Kast fue inteligente porque para superar el 50% de los votos, guardó esa herramienta, la que antes había usado mucho. Sabían que para ser mayoría y gobernar, tenían que abandonar los temas valóricos. Ese discurso de la batalla cultural te permite consolidar tu 15% más duro, pero después se toca techo. Por eso, el presidente electo prometió un gobierno de emergencia con el eje en la seguridad, una demanda ciudadana que no tiene límite. Así, logró que incluso gente que no compartía sus valores votara por él, porque se lo veía más firme y duro en seguridad, que es lo que más preocupa a la gente.

–¿Pero realmente existen dos visiones en pugna sobre temas como la educación y las libertades personales?

La batalla cultural tiene muchas dimensiones. Por ejemplo, la que dio Javier Milei para enfrentar al kirchnerismo fue muy importante, porque en Argentina se había instalado la concepción de que el Estado era el motor de la sociedad. Lo que él hizo, a través de la pedagogía política, fue explicarle a la ciudadanía que había que devolverles el poder a los emprendedores, a las empresas y a las familias, y quitársela al grupo de políticos que se había enquistado en la elite y tenía todos los privilegios. En Chile, esa batalla cultural es menos extrema, porque nuestra política es más seria. Sin embargo, sí le sirve a los que intentan venderse como outsiders. Eso atrae votos porque la gente está cansada de la ineficacia y de la lentitud de los políticos al momento de cambiar las cosas. Debido a esa indignación, cualquiera que diga que no es parte de los que administran el poder, corre con ventaja. Así lo hizo José Antonio en las elecciones anteriores. Justamente, el gran problema de Evelyn Matthei fue que, pese a ser una tremenda candidata, se rodeó de políticos de Chile Vamos que eran los mismos que ya habían gobernado.

–¿Qué efecto puede tener en el futuro gobierno el que Kaiser sea un permanente outsider crítico?

–Es perjudicial, pero fue la misma postura que tuvo Kast durante el gobierno de Sebastián Piñera. Para el expresidente siempre fue difícil que los republicanos se declararan de oposición, sobre todo después del estallido social.

–Pero Chile Vamos nunca tuvo una lista parlamentaria con los republicanos, como sí lo hizo el PR con los libertarios.

–Sería muy complejo para el futuro gobierno si Kaiser se declara de oposición. Haría que todo fuera mucho más complejo.

–¿Podría pasar?

Ojalá que no. La verdad es que espero que los libertarios se sumen al gobierno. Esa daría más coherencia y confianza, y se producirían menos fisuras.

– Usted es miembro de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado. ¿Apoya la candidatura de Michelle Bachelet a la ONU?

– Sí y espero que el próximo gobierno también lo haga para que efectivamente esta candidatura pueda avanzar. Creo que la expresidenta, más allá de las diferencias políticas que uno pueda tener con ella, es una mujer que ha demostrado ser una demócrata. Cuando estuvo a cargo como comisionada de los Derechos Humanos condenó con mucha fuerza a Venezuela. Además, ha sido dos veces presidenta. Dicho esto, creo que Boric se equivocó al anunciar su postulación sin consensuarla antes con José Antonio Kast. Eso le hubiera dado más fuerza.

– ¿Por qué Boric actuó así?

– Más que para potenciar a Bachelet, lo hace para abuenarse con su propio sector, que está muy dividido. Busca beneficiarse él.

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