Revista Velvet | El enigma y la verdad sobre la fortuna de la Reina Isabel II
Realeza

El enigma y la verdad sobre la fortuna de la Reina Isabel II

El enigma y la verdad sobre la fortuna de la Reina Isabel II
Realeza

El enigma y la verdad sobre la fortuna de la Reina Isabel II

POR Carlos Loyola Lobo | 30 mayo 2022

Entramos en tierra derecha para las celebraciones por el Jubileo de Platino de la Reina Isabel II de Inglaterra. Personaje icónico de nuestra historia al menos durante el último siglo, la monarca que bate el récord de ser la jefa de estado más longeva del mundo, tendrá todas las celebraciones a su haber el próximo 7 de junio en donde tanto los Windsor como los ingleses y porqué no, el mundo entero, celebrará los 70 años que lleva en el trono. Sin embargo, hay una arista no del todo clara respecto a su figura y lo que significa: su fortuna.

Se ha dicho que es la mujer más rica del Reino Unido. Aunque, claro, la escritora J.K Rowling le lleva la delantera y Adele la sigue de cerca. Aun así, lo cierto es que Isabel II no figura en el ranking de los millonarios del mundo de la revista Forbes ni tampoco cuenta entre los monarcas con más dinero. Las cuentas abultadas de los mandamases del Medio Oriente le llevan ventaja. Pero ojo acá, porque en esos casos son fortunas personales. En el caso de Isabel II y sus bienes nos referimos al de la familia real en su totalidad y ahí que la cifra se eleva sobre los 88 millones de dólares. Y eso sí que nos calza bastante más con la idea que tenemos de este linaje real. No por nada, el fallecido Príncipe Felipe de Edimburgo hablaba de “la firma” cuando se refería a la monarquía, que a todo esto es la marca más conocida del mundo después de Facebook, Google, Apple y Amazon.

Y aunque se han hecho esfuerzos por transparentar sus cuentas, aun no está todo claro. El periódico The Times calcula que la fortuna de la reina asciende a los 600 millones de dólares. Otros en cambio suman a la cuenta palacios, castillos de más de 18 mil hectáreas rurales y no menos de 350 propiedades, muchas de ellas ubicadas en exclusivos barrios de Londres. Sumemos las mentadas joyas de la corona, además de las obras de arte que coexisten en las dependencias de castillos y palacios. No olvidemos también que la monarca es propietaria de cisnes en el río Támesis, también del fondo marino, incluyendo sus especies como delfines y ballenas. Nada menos.

Pero una cosa es el valor patrimonial de todo lo que posee la corona acumulado a lo largo de siete siglos y que se traspasa de un monarca a otro, y lo que realmente pertenece a Isabel II. Es cierto que el legado no se puede vender pero sí se puede disfrutar de abultados beneficios de forma vitalicia. La Casa Windsor se financia a partir de negocios agropecuarios, derechos mineros e incluso por cobro de licencias de la famosa “carrera de caballos de Ascot” donde asiste lo más selecto de la sociedad inglesa. Por esto es que la Reina recibe unos 100 millones de dólares al año, y que los distribuye en seguridad, dietas, viajes, pagos al personal, más el mantenimiento de los espacios que habita. Es ella la que decide cuánto reparte a su familia. Eso queda a su completa disposición. Por eso es que los miembros de la familia tienen que portarse bien, sino vea no más lo que le pasó a Harry y a Meghan que al elegir irse a vivir a Estados Unidos tuvieron que renunciar a todos estos privilegios.

Por otro lado existe el conocido como “monedero privado” y que es un fondo destinado a gastos no públicos de la familia real. Este dinero viene de los negocios que gestiona el Ducado de Lancaster y que le aportan a la corona una suma de alrededor de 24 millones de euros al año y que están dirigidos a gastos personales de la Reina. Una cosa poca. Pero donde la cosa no se pone tan clara es en lo referente a las rentas de la Reina producto de sus inversiones personales.  Y como es de suponer, ella directamente no figura en la compra y venta de acciones sino que son instituciones financieras las encargadas de estos fondos. Es por esto que Buckingham tembló cuando se revelaron por Paradise Papers, que informaron que la Reina había invertido su patrimonio en paraísos fiscales en las Islas Caimán.

Último pequeño y gran detalle. Por ley, la monarca no está obligada a pagar impuestos, pero en 1993 se acordó con la casa de Hacienda declarar un porcentaje de sus ganancias. Y aunque haga gala de sus vistosas tenidas, sombreros, carteras y perros gorky, dicen que es austera en su vida diaria. Dicen también que es la primera en apagar las luces dentro del palacio, y que de su bolsillo paga los arreglos que haya que hacer en Buckingham. Y un dato no menor: ella misma sacó de su plata para financiar el arreglo judicial para salvar a su hijo, el Príncipe Andrés, del caso Epstein. Todo con tal de evitarse cualquier otro escándalo.

Te puede interesar