El hermano actor, escritor y activista de Javier Bardem debutará en Chile, bajo la dirección de Ramón Llao, con la serie de podcast “El último palestino”, donde se aborda la temática de palestina y realiza un cameo interpretándose a sí mismo. “Creo que estos tiempos exigen compromiso político y militancia”, dice en esta entrevista exclusiva.
Por Ignacia Castillo Fotos Ana Mañez
Desde su casa en madrid, ciudad en la que vive y donde dice querer “pasar cada vez más tiempo”, Carlos Bardem se toma un momento para hablar de sus pasiones: la actuación, la escritura y el activismo.
Hermano mayor del ganador del Premio Oscar Javier Bardem, Carlos no goza de la misma fama internacional, pero ha construido una sólida trayectoria en España. Este diciembre, a sus 62 años, debutará en Chile en la serie de podcast “El último palestino”.
Dirigida por Ramón Llao y escrita por Simón Soto, la producción –disponible en Spotify y Apple Podcasts– sigue la historia de Leila Halabi, una chilena de origen palestino cuya vida cambia al enterarse de que su familia en Gaza ha muerto en un bombardeo, con solo un niño sobreviviente.
El elenco lo conforman destacados actores chilenos: Celine Reymond, Francisco Melo, Ramón Núñez, Tito Bustamante, Loreto Valenzuela, Vanessa Miller, Matías Oviedo, Isabel Baboun, Ricardo Meruane, Denisse Nazal, Alejandro Trejo, Nico Zárate, Amaya Forch y Carolina Paulsen. Y Bardem, quien hace un cameo de sí mismo.
“Me escribieron por Twitter (hoy X) y luego cerramos los detalles por otra mensajería. Me gustó mucho la propuesta, porque creo que cualquiera que denuncie el genocidio en Gaza es mi hermano en el mundo. No pregunté más y dije: ‘¿En qué puedo ayudar?’”, relata.
“Es una maravilla de producción, un podcast fantástico donde interviene muchísimo talento chileno y se me oye a mí por ahí”.
Carlos ya tenía experiencia en el formato sonoro: suele narrar los audiolibros de sus propias novelas y ha participado en producciones como “Guerra 3” y la adaptación española de “The Sandman”. “La ficción sonora es un reto actoral: no puedes apoyarte en la cara, solo en la voz, en las inflexiones, en la intención. Eso me resulta siempre muy interesante. Lo disfruto mucho”, comenta.

–¿Cómo te preparaste para este podcast?
–No tuve que investigar mucho porque hago de mí, de mi yo activista. Tengo mi yo actor, mi yo escritor y mi yo activista. No entiendo la cultura como entretenimiento. No la consumo así ni me interesa escribir desde ese lugar. Creo que estos tiempos exigen compromiso político y militancia. Me ofrecieron dos formas de participar y optamos por interpretarme a mí mismo leyendo el manifiesto de una campaña internacional, algo que hago con frecuencia. Lo mínimo que podemos hacer los que tenemos la suerte de vivir en lugares que no bombardean a diario es prestar nuestra voz, nuestro impulso y nuestra energía a una causa justa.
–¿Qué puede esperar la audiencia?
–Es una historia muy bien documentada tras años de investigación periodística y conversaciones con expertos. Pero es ficción, hecha con la voluntad de mover a la emoción. Desde esa rabia e indignación ante un crimen de lesa humanidad, la invitación es a movernos a la acción, al compromiso. Que cada uno haga algo desde su esfera. Espero que mueva a la emoción positiva: no hacia la desesperanza, sino hacia la necesidad de actuar.
–¿Qué referencia tienes del mundo cultural chileno?
–He leído novelistas chilenos y he visto cine chileno, aunque ahora no podría darte nombres. Las generaciones tienen un momento en el que tienen que plantarse ante una atrocidad, y me alegra que haya personas en Chile y en el mundo que estén rompiendo un relato dominante desde hace décadas. Esto no parte el 7 de octubre, sino en 1947. Esa es la función del arte y la cultura. Si no, entramos en el mero entretenimiento que busca la analgesia: la ausencia de dolor, de pensamiento crítico y de rebelarte contra las cosas. Es solo pasar un rato consumiendo palomitas de maíz.
Carlos pertenece a una extensa saga de intérpretes: abuelos, tías abuelas, su madre –la premiada Pilar Bardem– y sus hermanos Mónica y Javier; además de tíos y primos directores de cine. Con Javier comparte también el activismo. En septiembre, en la 9ª edición del Festival de Cine de Santander, recibieron juntos el Faro Verde por su compromiso ambiental.
–¿Cómo nace ese activismo en ustedes?
–Mi madre nos inculcó una conciencia de clase y política desde muy pequeños, sin adoctrinar, solo enseñándonos una profunda aversión a la injusticia y un fino olfato para detectarla. Nos criaron en esta noción de que hay que denunciar lo injusto. Apoyamos la causa palestina, pero no es la única. También interpretamos, codirigimos y coescribimos el documental ‘Santuario’, sobre el cambio climático, para el que viajamos a la Antártica, pasando por Chile. También hemos apoyado al pueblo saharaui y denunciado injusticias políticas y sociales más cercanas a la realidad española.
–¿Cómo era su madre?
–Yo la quise mucho como madre y luego tuve la suerte de ser muy amigo suyo como mujer. Era admirable y comprometida. Cuando ya era mayor y en un restaurante le preguntaban si tenía alguna intolerancia, ella siempre contestaba: ‘A las injusticias’. Y eso lo heredamos.
–¿Ella los introdujo en la actuación?
–Javier es seis años menor, pero empezó a actuar mucho antes y es mejor actor. Yo empecé a actuar más tarde porque a mi madre le llegó éxito profesional y la estabilidad económica siendo mayor. Entonces crecí viendo la parte menos glamorosa de la profesión: la angustia de que no nos sonara el teléfono, alimentar a tres hijos sola, trabajar en lo que saliera. Así que me licencié en Historia, con diploma en Relaciones Internacionales, e hice otros oficios. Empecé a actuar con 34 años. Pero cuando me puse frente a la cámara, fue reconocible. Mi madre, por falta de dinero para una cuidadora y de familia con quien dejarnos, nos llevaba siempre a los rodajes, teatros y sets de televisión. Cuando niño te quedas con todo, y crecimos viendo a los mejores actores y actrices del país. Así es que algo aprendimos ahí.
–¿Tienes planes de trabajar con Javier o Penélope Cruz?
–A simple vista no, pero me encantaría. Sería trabajar con los mejores y seguramente sería un muy buen proyecto, ¿no? Hemos compartido algunas cosas Javier y yo, y con Penélope estuve también en una película hace muchos años, del director español Bigas Luna, que se llamaba “Volavérunt” (un drama histórico de 1999 que narra la muerte de la Duquesa de Alba en 1802, basándose en la novela homónima de Antonio Larreta). Penélope era una de las protagonistas y yo un señor que salía por allí. Lo pasamos muy bien. Me encantaría trabajar con ellos porque son dos magníficos intérpretes.

Entre los rodajes y las presentaciones de sus novelas, Carlos Bardem viaja constantemente. Actualmente actúa en la serie española “La Agencia”, que se sumará a Disney, y saldrá en dos películas que están por estrenar: una del director Peter Weber (La joven de la perla) y otra junto a Guy Ritchie, donde hace de villano.
“En mi vertiente de escritor –no sé si soy más actor que escritor o escritor que actor– quiero publicar una novela que está en las últimas correcciones”, adelanta. En Chile y Latinoamérica se encuentran sus novelas “Mongo Blanco”, “El asesino inconformista” y “Badaq”, publicadas por Fondo de Cultura Económica. Esta última fue traducida al francés y es finalista del prestigioso premio Prix Méditerranée Étranger.
–¿Qué más haces además de actuar y escribir?
–No me queda tiempo de hacer muchas más cosas. Aparte, ya soy un señor de 62 años, una persona mayor. Estoy muy feliz de serlo, porque la alternativa sería no estar aquí hablando con vosotros. Me he vuelto muy egoísta con mi tiempo y lo quiero consagrar a lo que verdaderamente me apasiona, que es escribir y actuar. Me pasaría la vida actuando en un set de rodaje.
–¿Cuál dirías que es tu sello actoral?
–Me gustaría pensar que es algo que comparto con mi hermano y con mi hermana, una actriz fabulosa. Nos hemos criado con un profundo amor y respeto al oficio de actor. Aparte del mayor o menor talento que pueda poseer, a juicio de los demás, siempre encaro cualquier personaje con un profundo respeto por la narrativa de la que es parte. Una de las grandes ventajas o privilegios de ser actor es que te obliga a estudiar y aprender.
–¿Cómo ves la escena política chilena?
–Está pasando un poco lo mismo que en todas partes. Hay una escisión en la escena política muy clara entre la izquierda y la derecha. En España ocurre lo mismo, y también en toda Europa, con una derecha que se ha radicalizado hacia la extrema derecha. Yo soy abiertamente de izquierdas. Mi taza dice: “ama los libros, odia el fascismo”. Echo de menos una derecha civilizada y democrática, con la que no compartiré nunca sus supuestos, pero que respete las reglas de la democracia.
–¿Te veremos por aquí?
–Tengo pendiente ir al desierto de Atacama, me han dicho que es una maravilla. Solo estuve en Chile cuando fuimos a la Antártica, haciendo escala en Tierra del Fuego.