Revista Velvet | Rapa Nui: La isla que no se puede explicar, solo vivir
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Rapa Nui: La isla que no se puede explicar, solo vivir

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Rapa Nui: La isla que no se puede explicar, solo vivir

POR equipo velvet | 17 septiembre 2026

Remota, misteriosa y profundamente viva, Rapa Nui es mucho más que sus imponentes moais. Es una isla que se descubre sin prisa, entre amaneceres frente al océano, volcanes, playas de aguas tibias, sabores locales y una cultura ancestral que sus habitantes se encargan de mantener viva. Un viaje de seis días que deja claro que hay lugares que no se pueden explicar: solo vivir.

Por María José Winter Fotos Majo Winter

¿Qué sentiste la primera vez que viste un moai? Me preguntó una amiga días después de volver de Rapa Nui. Y la verdad, en ese momento, no supe qué responder. La isla me había dejado tantas emociones en esos seis días que tuve el privilegio de recorrerla, que no fui capaz de poner en palabras lo que había sentido.

Pero ahora que miro hacia atrás con un poco más de perspectiva, entiendo por qué uno de los lugares habitados más remotos del planeta atrae las miradas de chilenos y extranjeros por igual. Rapa Nui es, en sí misma, una fantasía.

Un pedacito de tierra llena de misterios, de moais vigilantes como guardianes del océano, de bailes ancestrales y de una cultura viva que sus habitantes protegen con una convicción gigantesca. Solitaria en el Océano Pacífico, a más de 3.700 kilómetros de la costa chilena.

Hay personas que creen que con cuatro días hacen todos los checks y se pueden volver tranquilamente al continente.

Pero nada más alejado de la realidad. Esta isla es mucho más que una lista: es disfrutar de un asado de atún recién sacado del mar por un grupo de pescadores, es perderse entre los caminos sin ruta, es encontrarse entre las piedras a un grupo de mujeres pascuenses comiendo los peces que acaban de pescar, es aprender a bailar y gozar de su música. Es adentrarse profundamente en una cultura que permanece intacta gracias al esfuerzo de cada uno de sus habitantes.

CINCO DE LA MAÑANA Y 15 MOAIS: LA MEJOR ALARMA DEL MUNDO

Son las 5 de la mañana. La oscuridad devora este pedazo de territorio en medio del Océano Pacífico, pero nosotros ya vamos camino desde Hanga Roa hasta el otro extremo de la isla. Después de 30 minutos de viaje, llegamos a nuestro destino.

El guía se baja con linternas en la cabeza, un par de sillas y unas mantas por si da frío. Y aunque sigue casi completamente oscuro, es imposible no sentir su presencia: la de los 15 enormes moais de Ahu Tongariki.

Los turistas ya empiezan a llegar, porque ver el amanecer frente a la línea de moais más grande de la isla es un imperdible para cualquiera que visite Rapa Nui. Con un café en mano, esperamos pacientemente mientras el cielo comienza a aclarar.

No hace falta que el sol salga por completo para que el lugar se transforme en algo que cuesta describir. El cielo se pinta de rosado y naranjo, las siluetas aún oscuras de las estatuas gigantes contrastan con la luz que irradia el amanecer detrás de ellos, y el volcán Rano Raraku se ilumina de forma imponente al fondo. Una manera perfecta de empezar el día, que se completa cuando los primeros rayos de sol aparecen brillantes entre los moais.

Después de ese espectáculo, la visita obligada es Rano Raraku, la cantera de los moais. Un volcán enorme donde encontrarás la mayor concentración de estatuas de toda la isla: por todas partes, enterrados, acostados, a medio tallar. Son tantos que en algún momento se transforma en un juego espontáneo entre los visitantes: quién encuentra más. Y acá comienzan nuevamente las teorías de cómo se lograron tallar estas piezas de piedra de más de 10 toneladas, y cómo las trasladaban cerro abajo sin romperlas para llevarlas a distintos puntos de la isla. Un misterio que la ciencia todavía no logra resolver del todo.

No es casualidad que Hollywood haya puesto los ojos acá. Rano Raraku fue elegido como escenario principal del trailer de Wild Horse Nine, una película británica protagonizada por John Malkovich que se estrena en cines este noviembre. Él mismo dijo que Rapa Nui es una de las mejores locaciones para filmar. Y después de haberlo visto con mis propios ojos, no le discuto nada.

RANO KAU: EL CRÁTER QUE TE ROBA EL ALIENTO

Hay un lugar en la isla donde la sensación de inmensidad y silencio es sobrecogedora. Un silencio interrumpido solo por el viento y el lejano ruido de las olas. Para llegar al cráter del volcán Rano Kau, primero debes subir el cerro en auto, aunque hay quienes lo hacen en bicicleta e incluso caminando, hasta casi la cima del volcán.

El camino ya es alucinante antes de llegar. Hacia el sur, vas bordeando un acantilado y una cresta estrecha que cae 300 metros abruptamente hacia el mar. Desde ahí, según cuenta la historia, los antiguos guerreros se lanzaban hacia el océano para nadar hasta los tres islotes o motus frente al volcán, y competían para obtener el primer huevo del ave manutara y así conseguir el gobierno de la isla. Caminar por ese borde angosto e imaginarse esos tiempos te acerca a una época de guerreros, valentía y honor. Es ahí mismo donde se encuentra la Aldea Ceremonial de Orongo, formada por unas 50 casas de piedra que solo se habitaban en los días previos a la ceremonia del Hombre Pájaro.

Y de pronto, aparece el cráter. Una laguna de agua dulce de 1,5 kilómetros de diámetro, cubierta de islas flotantes de juncos de totora, custodiada por las enormes laderas del volcán y abierta hacia el mar en uno de sus costados. Te quedas parado al borde mirando hacia abajo y por un momento no sabes bien qué hacer con tanta belleza junta.

NANCY: EL ALMA DE RAPA NUI

Una persona que me marcó en la isla fue Nancy Manutomatoma, bailarina, coreógrafa y directora de la academia y compañía Varua Ora. Tuve el privilegio no solo de ver su espectáculo de baile —que recomiendo sin dudarlo, lo hacen todos los martes, jueves y sábado en la calle principal— sino también de visitar su hogar.

Su casa es un templo. Es el corazón de Varua Ora: donde nacen las ideas, donde se desarrollan las coreografías, donde se crean las vestimentas, donde Nancy y su marido Jerome Bour coleccionan los tesoros que han traído de Tahití y otras partes del mundo. Jerome es francés, pero se enamoró de la isla en una visita de joven, y se enamoró también de Nancy, de los bailes y de la música. Hoy es además presidente de la asociación cultural.

Nancy me conquistó desde el primer momento. Cada vez que habla de su cultura, te hipnotiza, porque se nota que es algo que vive en sus venas. Baila desde muy pequeña y desde entonces ha representado a Rapa Nui en el mundo entero. En su taller confecciona a mano las faldas para el espectáculo, con plumas de ganso colocadas una por una en cada prenda. Un trabajo detallista, paciente y lento, que demuestra que las cosas bien hechas siempre tienen su recompensa.

ANAKENA: UNA PLAYA QUE NO PARECE CHILENA

Y como sé que no se resisten frente a una buena playa, no puedo dejar fuera a Anakena. La más apetecida de las playas chilenas rompe todos los esquemas: palmeras, agua cálida, peces que se ven a simple vista desde la orilla y una arena perfecta que no se parece a ninguna otra playa del continente. Te sientes en la Polinesia. Ese mar tibio, ese color, esa calma. Y cuando levantas la cabeza después de hacer snorkel y ves a los siete moais mirándote desde la orilla, la sensación es tan extraña y tan hermosa al mismo tiempo que te quedas un momento flotando, sin querer salir del agua.

La plataforma donde están esos moais se llama Ahu Nau Nau y es considerada la cuna de la historia y la cultura de Rapa Nui: según la tradición oral, fue aquí donde el primer rey de la isla, el Ariki Hotu Matu’a, desembarcó con sus hombres y estableció el primer asentamiento que dio origen a toda la cultura pascuense.

Ustedes ya saben que un buen viaje no está completo sin buena gastronomía. Y a Rapa Nui se viene a gozar. Coman por mí unos cuantos ceviches de atún —los encontrarán literalmente en todos lados y todos están buenos. Prueben una empanada de LeFrits, de ceviche o de atún con queso crema. Y no se vayan sin probar el Poe, el postre característico de la isla hecho con plátano y coco, que se disfruta mejor en la tarde, con un café, frente a la playa de Hanga Roa, viendo el sol esconderse detrás del océano. Iorana, Rapa Nui. Volveré.

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