Revista Velvet | Velvet Tester: “No le tenía fe a la máscara LED de la que todos hablan. Me equivoqué”
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Velvet Tester: “No le tenía fe a la máscara LED de la que todos hablan. Me equivoqué”

Velvet Tester: “No le tenía fe a la máscara LED de la que todos hablan. Me equivoqué”
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Velvet Tester: “No le tenía fe a la máscara LED de la que todos hablan. Me equivoqué”

POR Paulina González | 17 agosto 2026

La Shark CryoGlow, el dispositivo de skincare más vendido en Estados Unidos, aterrizó en Chile prometiendo resultados visibles en pocos minutos. La probé durante 21 días para descubrir si era solo una tendencia viral o un gadget que realmente vale la inversión. Mi veredicto: no es una solución mágica de un día para otro, pero sí consiguió algo mucho más difícil… quedarse en mi rutina.

Hay productos de skincare que prometen mucho y cumplen poco. Y después está la Shark CryoGlow, una máscara LED que en pocos meses se convirtió en el dispositivo de belleza más vendido en Estados Unidos. Entre sus fanáticas están Mila Kunis, quien la calificó como “la mejor” sin ningún tipo de patrocinio, y la modelo Sofia Richie Grainge, que la mostró en Vogue. Pero, más allá de las celebridades, había una promesa que no dejaba de repetirse: resultados visibles en pocos minutos. Y, seamos honestos, cuando una misma frase aparece una y otra vez, es imposible no preguntarse si realmente será cierto.

Soy bastante escéptica con los aparatos de belleza. He probado varios que prometen transformar la piel y, en la práctica, los cambios son mínimos o requieren una paciencia infinita. Por eso, cuando la Shark CryoGlow llegó a Chile, decidí hacer lo único que realmente despeja las dudas: probarla yo misma. Durante 21 días la incorporé a mi rutina de skincare, usándola casi a diario, para descubrir si la combinación de terapia LED y crioterapia era solo otra tendencia viral o si realmente podía marcar una diferencia. Después de tres semanas de uso, estas son mis conclusiones.

Lo primero que tengo que decir es que su diseño es un espectáculo. Da para selfies entretenidas y recuerda a unos lentes de esquí futuristas o a un visor de realidad virtual. La primera vez que la usé me sentí como un Stormtrooper en versión beauty. Si tu marido, tus hijos —o cualquier persona que entre de improviso a la casa— te encuentra usándola,probablemente se ría antes de preguntarte qué estás haciendo. Y sí, prepárate para que te pidan una foto.

Pero, más allá de lo llamativa que se ve, sorprende lo cómoda que es. A diferencia de otras máscaras LED que había probado, no pesa sobre el rostro ni genera esa sensación de encierro. Se ajusta muy bien a la cara, deja espacio suficiente para respirar con total normalidad y, después de un par de minutos, incluso te olvidas de que la llevas puesta.

La tecnología detrás de la máscara también tiene su gracia. Shark la llama iQLED y combina 480 fuentes de luz con 160 LED de alta energía que trabajan en tres longitudes de onda. En simple: la luz roja y la infrarroja actúan en las capas más profundas de la piel para estimular la producción de colágeno y elastina, ayudando a mejorar la firmeza y suavizar líneas de expresión; mientras que la luz azul trabaja en la superficie para ayudar a controlar imperfecciones y mejorar la textura.

Lo interesante es que, a diferencia de muchas máscaras LED que utilizan un solo tipo de luz por sesión, la CryoGlow combina estas tecnologías según el objetivo que quieras tratar. Tiene un modo Antiedad, pensado para mejorar la firmeza con el uso diario durante ocho semanas; un modo Limpieza de Cutis, que incorpora luz azul para ayudar con imperfecciones y textura en un ciclo de cuatro semanas; y un modo Glow, diseñado para mantener esa luminosidad que todas buscamos. Porque, seamos honestas, todas queremos esa cara de “dormí ocho horas, tomé dos litros de agua y mi vida está perfectamente ordenada”, aunque la realidad sea bastante distinta.

Mi favorito, eso sí, fue InstaChill. Inspirado en la crioterapia, incorpora dos placas frías bajo los ojos con tres niveles de intensidad que se controlan desde un pequeño mando a distancia. En solo cinco a quince minutos ayuda a desinflamar bolsas y refrescar la mirada. La sensación de frío es inmediata, pero nunca incómoda. De hecho, termina siendo adictiva.

A pesar de haber dejado la adolescencia hace bastante tiempo, sigo teniendo una piel con tendencia al acné. Mi cara lo cuenta todo: si estoy estresada, dormí mal o llevo semanas corriendo de un lado para otro, aparece un brote sin pedir permiso.

Los cambios no fueron inmediatos, pero tampoco tardaron demasiado. Después de unas dos semanas de uso constante empecé a notar la piel más uniforme, especialmente en esas marcas de hiperpigmentación que suelen quedar después de un granito. Nadie me ha dicho: “¡Qué increíble está tu piel!”, pero yo sí noto que se ve más descansada, con mejor textura y, sobre todo, más pareja. Y al final, esa es la opinión que más me importa.

No es un producto barato. Cuesta $349.900 y ya está disponible en el retail nacional. Pero, a diferencia de muchos gadgets de belleza que empiezan con entusiasmo y terminan acumulando polvo en un cajón, esta máscara logró algo que pocas consiguen: convertirse en parte de mi rutina. Las sesiones duran menos de diez minutos, registra automáticamente cada uso y, para alguien como yo, que necesita un pequeño empujón para ser constante, ese detalle hace toda la diferencia.

Confieso que partí bastante escéptica. Pensé que sería otro de esos aparatos que prometen revolucionar la piel y terminan siendo más entretenidos que efectivos. Me equivoqué. No hace milagros ni reemplaza una buena rutina de skincare, pero sí logra que mi piel se vea mejor con un esfuerzo mínimo. Y eso, hoy, vale mucho.

Además, si hasta Erling Haaland —el vikingo másmquerido del fútbol— se hizo viral usando una máscara LED sin el menor pudor, ¿por qué nosotros no? Al final, quizás el futuro del skincare no era tan futurista como parecía… solo necesitábamos atrevernos a parecer un Stormtrooper durante unos minutos al día.

No hace milagros ni reemplaza una buena rutina de skincare. Pero sí consigue algo que muy pocos gadgets logran: que quieras volver a usarlo al día siguiente. Y, en un mundo lleno de promesas de belleza, eso ya dice bastante.

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