Revista Velvet | Sofía Subercaseaux, la editora chilena premiada por los Independent Spirit Awards
Entrevistas

Sofía Subercaseaux, la editora chilena premiada por los Independent Spirit Awards

Sofía Subercaseaux, la editora chilena premiada por los Independent Spirit Awards
Entrevistas

Sofía Subercaseaux, la editora chilena premiada por los Independent Spirit Awards

POR equipo velvet | 14 abril 2026

Radicada en Nueva York, ha trabajado en películas y series junto a realizadores como Pablo Larraín, Sebastián Silva y Antonio Campos, en proyectos de autor y otros para Netflix y HBO, construyendo una carrera entre el cine independiente y la industria estadounidense. Fue reconocida por su trabajo en la cinta The Testament of Ann Lee, protagonizada por Amanda Seyfried.

Por Monserrat Parraguez Fotos Mona Fastvold

La cineasta y editora chilena Sofía Subercaseaux estaba de vacaciones familiares en el sur de Chile con sus hijos en febrero cuando se enteró de que había ganado el premio a Mejor Edición en los Independent Spirit Awards, nominada por el montaje de la película The Testament of Ann Lee, protagonizada por la actriz norteamericana Amanda Seyfried y dirigida por Mona Fastvold.

Si bien la tomó por sorpresa, este no es el primer proyecto grande en el que ha participado: lleva más de 15 años ensamblando las escenas de películas como María o El Conde, dirigidas por Pablo Larraín, o la serie de HBO The Staircase.

Nacida en Santiago, Sofía cuenta que llegó a la edición después de probar en otros roles en el cine, casi por cuestión de suerte, y que esto calzó perfectamente con lo que buscaba. Estudió Dirección Audiovisual en la UC porque la convenció la malla, le pareció entretenida. Antes había estudiado un Bachillerato de Humanidades y estuvo a punto de entrar a Derecho, pero a última hora lo descartó. “Quería algo creativo, pero no me interesaba escribir, tampoco quería directamente estudiar arte. Y el cine tiene esa mezcla entre el mundo práctico y el mundo artístico que me acomodó harto”, dice.

“En la universidad dirigí más que nada, pero no me acomodaba, no me gusta mucho estar en el set. Lo hice –y creo que lo hacía bien– pero no me satisfacía tanto, me estresaba más que otra cosa. Cuando salí de la universidad, en el año 2011, entré a trabajar a Fábula (la productora de los hermanos Larraín), por casualidad. Postulé a una oferta en el área de producción. Mientras estaba trabajando en eso llegó Sebastián Silva (director de La Nana), a quien yo conocía mucho porque era el mejor amigo de mi hermano Pedro (el cantante Pedro Piedra). Él llegó con un proyecto muy chico a Fábula que se llamaba Crystal Fairy (and the Magical Cactus). Era una película muy pequeña protagonizada por Michael Cera, porque mientras ellos estaban esperando filmar una película más grande con Michael –que estaba en Chile, y que se estaba demorando– decidieron ir a filmar esta otra más pequeña al norte”.

“Era un equipo muy reducido, cinco actores –que eran los hermanos de Sebastián– más Michael y Gabby Hoffman, que es otra actriz amiga de Sebastián que es norteamericana. Como yo ya lo conocía, me mandaron a ayudar en todo lo posible. Hice de continuista y vestuario. Éramos en total como diez personas, en tres autos –como si fuera una película de estudiantes– manejando hasta Pan de Azúcar y quedándonos en unas cabañas. Muy bajo presupuesto, pero lo pasamos increíble, la película se sentía que iba a ser especial. Y cuando terminamos de filmar, Sebastián, que es muy impaciente, no tenía un editor todavía y estaba buscando a alguien y me lo ofreció. Yo le dije que sí. Aunque había editado solo cosas de la universidad, nada profesional, sabía lo básico editando los cortos que había dirigido, pero no estaba ni cerca de ser editora ni de saber cosas técnicas”, recuerda.

Entonces se puso a editar la película, aprendiendo a medida que hacía. El proceso empezó a resultar y terminó editando la película completa, un poco por accidente. “En ese momento sentí que era una posición en la que me sentía muy cómoda, porque tenía control creativo y era en la tranquilidad de mi oficina. No tenía que ir al set ni tenía esa cosa tan angustiante que tiene escribir, que es desde cero. Cuando yo estoy trabajando en la película significa que esta ya pasó, entonces no tiene esa cosa espantosa que tienen las películas que son proyectos eternos, inalcanzables. Yo soy muy impaciente, entonces no podría sacar adelante proyectos que tengo que pensar a cinco años plazo. Me hizo mucho sentido, fue la primera vez que sentí eso”.

Y esa película pequeña quedó seleccionada en el Festival de Sundance. Sebastián Silva la invitó a ir unos meses a ayudar a editar el siguiente proyecto que estaba haciendo en calidad de aprendiz, para luego ir al festival. Estuvo casi cinco meses en Nueva York, donde aprovechó de hacer cursos de guión y dibujo en NYU. “Me vine como en una especie de semestre semi sabático post universidad, algo que no había hecho porque me había puesto a trabajar al tiro. Y en esos seis meses me empezaron a dar ganas de quedarme. Fuimos a Sundance después y la película ganó un premio (Directing Award: World Cinema Dramatic) y ahí me empezó a contactar gente para editar sus películas acá –un documental, cosas chicas–, pero eso abrió la puerta para que, a través del éxito de esa película, yo pudiera postular a una visa de artista y poder quedarme más tiempo. De repente comenzaron a salir trabajos y, de a poco, me transformé en editora”.

De ahí han pasado 14 años y, según cuenta, los proyectos han ido de a poco creciendo en su escala, pero sigue trabajando con amigos y gente cercana. También ha realizado proyectos con su marido, el director norteamericano Antonio Campos, con quien tiene dos hijos pequeños e hicieron la serie de HBO The Staircase, protagonizada por Colin Firth, Toni Colette y Patrick Schwarzenegger.

–¿Es muy diferente trabajar en proyectos chilenos que trabajar en Hollywood, a una mayor escala?

–Es bastante parecido, porque, en mi caso, los proyectos en que he trabajado son todos como de autor. Nunca he trabajado para proyectos más Hollywood con gente que no conozco. Con Pablo y con Antonio he hecho cosas chicas y otras más grandes, y la relación es la misma. Al final, la relación entre un editor y un director –independiente de la escala del proyecto– no cambia tanto: sigue siendo algo muy privado y chico, en una oficina, entre dos personas. Puede que tengas una oficina más grande o profesional, que tengas más tiempo y un equipo más grande fuera de esa sala, pero independiente de cuán grande es el equipo y cuán grande es el proyecto, el proceso entre un editor y un director es más o menos el mismo.

–Pero en la prensa, posterior, la distribución, eso tiene otra escala…

–Sí, eso tiene otra escala. Por ejemplo, esta película que acabo de hacer con Mona Fastvold, la de Ann Lee, tiene a Fox Searchlight, entonces eso incluye gran premiere, eventos, alfombra roja, y fuimos a Venecia. Lo mismo con María, que era Netflix, una película grande, o con Staircase, que es HBO, y hace que la premiere sea más entretenida, que la vea más gente. Pero para mí, el proceso no cambia mucho, la verdad.

–¿Pero no es algo que te interese tanto?

–No tanto, me parece un poco incómodo. Es entretenido, pero hasta por ahí no más. Parece ser más entretenido de lo que es. Me ha tocado conocer a todos los actores de las películas en las que he trabajado, más que nada en las premieres. En la de ahora, con Amanda Seyfried, no fui a set porque la filmaron en Budapest, pero a veces voy a set por cosas puntuales. Por ejemplo, si quieren mi opinión sobre una secuencia en particular y cómo la están filmando o si yo quiero ver cómo están filmando algo. Pero si no es necesario, lo evito. Ir a un set donde uno no tiene algo claro que hacer es una sensación muy desagradable.

–¿Cómo fue el trabajo con la directora Mona Fastvold, productora y guionista de The Brutalist?

El trabajo con ella ha sido increíble, porque es una muy buena amiga. Ella y su marido, Brady (Corbet, director de The Brutalist) son una pareja de amigos de hace años. Brady trabajó con Antonio –mi marido– como actor, porque Brady era actor antes, cuando ambos tenían alrededor de veinte años. Son súper amigos hace mucho. Somos muy cercanos, vivimos al lado. Siempre había querido trabajar con la Mona, siempre decíamos que la próxima película la haríamos juntas, y por temas de calendario no habíamos calzado. Creo que en su última película yo estaba trabajando en otra cosa, hasta que ahora resultó. Fue una edición demasiado tranquila, muy entretenida, y como en horario maternal, porque las dos tenemos niños chicos. Partíamos tempranito después de dejar a los niños en el colegio, trabajábamos hasta las cinco de la tarde, y volvíamos. Súper ordenado y entretenido.

–¿Qué desafío específico encontraste en el proceso de editar The Testament of Ann Lee?

–Es un musical y es la primera vez que edito algo de ese género. Era un desafío para mí editar porque no es un medio en el que me sienta tan cómoda, ni tampoco soy tan fanática de los musicales. Pero este es un musical diferente, no es convencional y no opera tanto en la lógica de los musicales. La gente no se pone a cantar impromptu en medio de una frase, tiene otra lógica. El trabajo con el compositor, además, que también es un amigo cercano –Daniel Blumberg, que ganó el Oscar el año pasado por la música que hizo para The Brutalist– fue una relación demasiado activa y viva, en el sentido de que él estaba en la sala de edición también. Fue un trabajo colaborativo simultáneo muy entretenido. Las canciones que había escrito las seguíamos adaptando, trabajando, expandiendo, comprimiendo, según lo que la película iba necesitando durante el proceso de edición.

¿Y cómo fue lo de ganar el premio? ¿Cómo te sentiste?

–Por suerte no fui, porque me hubiera muerto de vergüenza de haber tenido que decir algo. Yo estaba en el sur, de vacaciones, y no tenía ni señal, así que me enteré al día siguiente. Mi marido, que estaba en Nueva York, logró hablar con mi hermano que fue a comprar y le agarró señal el teléfono. Llegó mi hermano diciendo: ganaste, ganaste. Y yo como: gané. Juro que se me había olvidado que eran los premios ese día. Había estado nominada antes a esos premios con Rotting in the Sun (película de Sebastián Silva rodada en México), pero esta vez, cuando vi la fecha, ya tenía pasajes comprados para Chile. Entonces era lo uno o lo otro. E ir al sur con mis niños, con mi familia, es como la semana que esperan mis hijos todo el año, porque son vacaciones con los primos en el lago, es el evento más esperado, así que no fui a la premiación. Pero estoy muy agradecida, es muy bonito cualquier tipo de reconocimiento. Pienso, sobre todo… No sé, como para mi papá, una cosa de chochera.

–Luego de esta película, ¿cuáles son tus próximos proyectos?

–Después de que terminé Ann Lee, que fue el primer semestre del año pasado, en el segundo semestre de 2025 estuve trabajando de nuevo con Pablo Larraín en una serie de cuatro capítulos para Netflix protagonizada por Mercedes Morán. Es una adaptación de libros de la escritora argentina Mariana Enríquez que se llama “Mis muertos tristes”. Es una miniserie que terminamos recién y que está muy buena. Y ahora acabo de empezar otro proyecto, que es una película con el actor de Rotting in the Sun, que es un comediante, Jordan Firstman. Es su debut como director, en donde actúa y dirige.

–¿Tienes deseos de dirigir en algún momento?

No me dan ningunas ganas de dirigir. Creo que hay editores que tienen ambiciones de ser directores, pero yo no, para nada. Me acomoda mucho mi trabajo. Es como una posición precisa para mí, donde tengo un control creativo que se siente muy satisfactorio. Me voy involucrando en un proyecto y luego cambio a otro, pero alcanzo a hacer una o dos películas al año. Entonces, para mí, mi trabajo es el complemento perfecto entre continuidad y cambio.

Te puede interesar