Revista Velvet | Ámsterdam: belleza, arte y libertad
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Ámsterdam: belleza, arte y libertad

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Ámsterdam: belleza, arte y libertad

POR equipo velvet | 09 febrero 2026

Llena de vida, flores y bicicletas, Ámsterdam es una invitación a perderse caminando en sus callecitas o navegando entre ellas. Perfecta para una luna de miel o para un viaje entre amigas, la “Venecia del norte” enamora a cualquiera.

Por Soraya Madriaza 

Ámsterdam estaba en mi lista de ciudades pendientes por conocer hace décadas. Un viaje de trabajo a un país cercano fue el puntapié definitivo para lanzarme finalmente a descubrirla. ¿Qué les puedo decir? ¡Debería haber venido mucho antes! Fascinante, intensa y cautivadora, Ámsterdam tiene entretención para todos los gustos.

Tengo que partir por las flores. Para los fanáticos de la jardinería, su mercado es un lugar mágico. En primavera, tulipanes, amarilis y jacintos abundan por doquier. ¿Y en invierno? Bulbos de todas las plantas que se puedan imaginar. Además, para compensar la ausencia de flores fuera de su temporada, los holandeses se han especializado en hacer tulipanes de silicona que parecen reales. Les traje de regalo a varias personas. Todas fueron a ponerlos en agua hasta que les aclaré que no eran reales (y que difícilmente hubieran resistido un viaje a Chile en mi maleta).

Otro punto fuerte de Ámsterdam es su cultura: es obligatorio dedicar al menos un día completo a recorrer sus museos. Los más importantes están en la Museumplein, o Plaza de los Museos, donde puedes pasar el día entero maravillándote con las obras de los grandes artistas de los Países Bajos.

El Rijksmuseum (25 euros), con su gran colección de arte neerlandés, contiene grandes obras de artistas como Rembrandt y Vermeer. La audioguía que arriendan por 6.5 euros ofrece una opción de recorrerlo visitando las obras emblemáticas de cada sector. Solo conocer el edificio una obra maestra de arquitectura clásica, ya vale la pena.

El Museo de Van Gogh fue mi favorito. La entrada cuesta 24 euros y la audioguía 3.75. Este museo no solo reúne la colección más grande de obras de este tremendo artista, sino que haciendo uso magistral de la arquitectura y el diseño inmersivo despliega en varios niveles toda su vida y trabajo artístico. Emociona saber que su nieto Vincent fundó este museo.

Los amantes del arte moderno gozarán en el Moco Museum, que incluye un jardín con entrada gratuita y obras de Banksy y otros artistas contemporáneos.

Aunque sea un spot turístico clásico, no se puede dejar fuera de la agenda una visita a la Casa Museo de Anne Frank, que conmueve por la desgarradora historia de los últimos años de esta niña y su familia, quienes perdieron la vida en el campo de exterminio Bergen-Belsen, a pocas semanas del término de la Segunda Guerra Mundial. Su padre, el único sobreviviente de las ocho personas que habitaron en este ático que hoy alberga el museo, entregó el diario de vida donde Anne registró su experiencia en este lugar y se convirtió en una de las obras más leídas en la historia de la literatura mundial. La entrada cuesta 14 euros, pero si pagas 23, tienes derecho a participar en una charla en la que te cuentan más detalles de la vida de Anne y su familia.

LA VIDA ENTRE CANALES

Ámsterdam se caracteriza por dos cosas: estar rodeada de canales y tener más bicicletas que habitantes. Por 20 euros puedes tomar un ferry y recorrerla admirando su arquitectura, caracterizada por esas casitas altas y estrechas que dominan la ciudad. Los mil 500 canales de la ciudad son una solución ingeniosa a los desafíos geográficos de la región, transformando pantanos para ganar espacio y favorecer la construcción de viviendas. Este sistema de canales controlaba el exceso de agua usando sus icónicos molinos de viento (hoy bombas) para moverla hacia el mar. Así pudieron transportar mercancías eficientemente y convertir a Ámsterdam en un potente centro de comercio mundial.

La vida nocturna es otro fuerte de Ámsterdam. Su Barrio Rojo, llamado así por los farolitos que adornan sus calles, atrae a turistas que quieren ver o compartir un rato –por decirlo elegantemente– con mujeres para todos los gustos que se exhiben en sus vitrinas. 250 euros de multa a quien sea sorprendido fotografiando a alguna de ellas.

Otra cosa que ha hecho famosa a Ámsterdam son sus más de 200 Coffee Shops, donde el consumo recreativo de cannabis está permitido en mayores de 18 años, en un intento por controlar el consumo de otras drogas más duras. En 1970 se autorizó la venta de esta droga blanda y hoy se pueden vender máximo 5 gramos por día, por persona. En los Países Bajos, la política de drogas es muy estricta y estos locales arriesgan su cierre si se descubre venta de alcohol y otras sustancias.

En lo que se refiere a gastronomía, Ámsterdam tiene varios restaurantes notables como Pianeta Terra (cocina italiana con influencia global. Beulingstraat 7) o Toet (cocina mediterránea sofisticada, lejos del circuito turístico. Europaplein 67). Pero en general, su gastronomía es bastante simple. Abundan los locales de papas fritas. Lo que más disfruté fueron sus quesos y sus stroopwafels, unas galletitas muy delgadas rellenas de caramelo que deben comerse tibias. Un vicio.

La mejor época para visitar Ámsterdam es en verano, pero ojo, rara vez sube de 20 °C. En invierno también se puede visitar si te gusta o toleras mucho el frio, porque alrededor de – 8°C grados es la norma.

La mejor manera de moverse es a pie o en bicicleta, aunque también la red de tranvías es extensa y muy cómoda. Y para alojar, hay que quedarse en el centro. Hay hoteles para todos los gustos y bolsillos.

Los alrededores también merecen una visita. Hay muchos paseos que se pueden hacer por el día, como visitar sus molinos, sus campos de tulipanes (desde fines de marzo a fines de abril para ver su máxima floración), las fábricas de queso o de cerámica. También se puede ir a conocer La Haya. Su Corte Internacional está a 45 minutos del centro de Ámsterdam y es un edificio espectacular en el que puedes visitar la Llama de la Paz Mundial, adornada con piedras de todo el mundo.

Ámsterdam no es un destino barato, pero merece la pena. Su rica historia y su cultura, la belleza de sus canales y de su arquitectura, la vida nocturna vibrante y una alegría y libertad que se siente en el aire, te invitan a recorrerla por agua y por tierra hasta enamorarte perdidamente de este rincón del mundo. No me queda otra que volver.

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