Los alimentos también pueden estar de moda, y éste lo hace con toda justificación. Mejora la digestión y fortalece las defensas, revolucionando tu salud desde el intestino. ¿De qué alimento hablamos?
El kéfir, una especie de yogur que se suele relacionar a la alimentación saludable. Pero lo cierto es que trata de un fermentado ancestral, originario de las montañas del Cáucaso y consumido en Asia Central desde hace siglos, y que en los últimos años es un favorito de muchos precisamente por sus múltiples propiedades saludables que, incluso, aseguran favorecen la longevidad.
Además, la ciencia respalda el poder de este oro blanco. Esto es, que sus probióticos refuerzan la microbiota intestinal, ayudan a regular el tránsito y pueden contribuir a mejorar la absorción de nutrientes.
Se trata de un producto lácteo fermentado que se obtiene de la leche y que se parece al yogurt. Un alimento probiótico que contiene microorganismos que pueden ayudar a la salud intestinal, de ahí su popularidad. Pero no se debe dejar de lado su textura cremosa y su sabor ligeramente ácido. Y si bien se podría pensar que es “como un yogur”, si bien comparten similitudes, sus procesos, texturas y beneficios para la salud, también tienen grandes diferencias.
Doble fermentación: mientras el yogur se fermenta solo con bacterias, el kéfir también contiene levaduras. Por ello, se produce una fermentación láctica y alcohólica.
Más bacterias: el yogur contiene entre dos y siete cepas bacterianas, mientras que el kéfir contiene hasta 50 cepas diferentes entre bacterias y levaduras, por lo que es un probiótico más potente.
Sin lactosa: tras la fermentación, el yogur mantiene lactosa (aunque en menor cantidad que la leche). Pero en el kéfir, las levaduras y bacterias adicionales descomponen casi toda la lactosa, por lo que es más adecuado para aquellos intolerantes leves. Además, sus enzimas facilitan la digestión de grasas y proteínas.
En sus orígenes, descubrieron que la leche almacenada en bolsas de cuero fermentaba de manera natural y producía una bebida con propiedades nutritivas. Y la llamaron keyif, haciendo referencia a la sensación de bienestar que produce. Luego, las sucesivas generaciones le atribuyeron propiedades curativas y lo consideraron un elixir de longevidad.
En el siglo XIX, el microbiólogo ruso Elie Metchnikoff, premio Nobel de Medicina, estudió impacto del kéfir en la salud intestinal y su relación con una mayor esperanza de vida. Hoy es reconocido como un alimento probiótico que mejora la salud digestiva y fortalece el sistema inmunológico.
Entre sus beneficios, los expertos destacan que mejora la salud digestiva ya que equilibra la microbiota intestinal, ayuda con el estreñimiento y la diarrea, y reduce la hinchazón. Además, fortalece el sistema inmunológico. Esto, porque mejora la microbiota y el 70% de las defensas están en el intestino.
A esto se le suma su efecto antibacteriano y antifúngico y sus compuestos bioactivos que reducen la inflamación crónica.
El kéfir es rico en vitaminas del grupo B y vitamina K2, así como en minerales esenciales, como el calcio, magnesio, fósforo y potasio, y contiene triptófano.
Por su parte, diferentes estudios revelan que reduce el colesterol LDL y regula el azúcar en sangre. Así como también tiene beneficios a nivel de la piel, reduciendo problemas de acné, eccemas o rosácea.