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Rosa Catrileo: «Chile tiene miedo a la discusión por la autonomía mapuche»

Por Vero Marinao | 24 junio 2021

Esta abogada especialista en Derechos Indígenas y constituyente electa por escaños reservados dice que la declaración de un Estado Plurinacional se convierte en algo folclórico si no va acompañado con el derecho a la autodeterminación de los pueblos indígenas. No se trata de lograr un “Estado dentro de un Estado”, explica, sino de una nación que, dentro de los márgenes estatales, tome decisiones políticas y administrativas de acuerdo con su cultura.

La constituyente mapuche Rosa Catrileo no habla mapudungun. Entiende la lengua, pero no puede sostener una conversación fluida, como lo hacía su padre. “Él se comunicaba con mi abuelita sólo en mapudungun pero, conscientemente, tomó la decisión de no enseñarnos a nosotros para evitar que nos discriminaran, porque las personas que son hablantes de mapudungun tienen un tono y una forma de hablar que los hace evidentemente mapuche. Entonces él pensó que, si nos transmitía eso, iba a exponernos a la misma discriminación que él sintió”, cuenta esta abogada especialista en Derechos Indígenas y constituyente electa por el sistema de escaños reservados.

–¿Y cómo percibes hoy esa decisión consciente?

–(ríe) Siempre se lo cuestioné a mi papá. Le decía: “usted pensó que nosotros nos íbamos a avergonzar de ser mapuche, pero fue todo lo contrario”. Y él hacia un análisis y decía que había sido un error pensar eso. Se excusaba en el tema de querer protegernos del racismo y la discriminación, y yo le decía: “pero si íbamos a ser Catrileo igual”. Es una decisión individual, pero que se da en un contexto en el que la discriminación fue muy dura con la generación anterior a la nuestra; la de nuestros padres o de nuestros abuelos. Ellos no tomaban esta decisión al azar, sino que era producto de una política que apuntaba a borrar lo indígena, a decir que eso era malo, que era una señal de retroceso, una señal de salvaje. No era algo positivo como los vemos hoy nosotros.

El papá de Rosa fue profesor de educación básica rural y casi toda su carrera la ejerció en comunidades mapuche. “Siempre viví en las escuelas de esas comunidades, por lo tanto, no había mucha conciencia de lo que era ser mapuche, porque todos éramos mapuche. No había mayor cuestionamiento, para nosotros lo normal era esa vida. Fue una vida tranquila, de campo, con hartos amigos. Eso era donde mi papá trabajaba, y durante las vacaciones, de diciembre a marzo, estábamos en mi comunidad de origen, Ayllán Marillán, en el sector de Tromen Huichucón. Ahí mi abuelita tenía su ruca, ella cocinaba ahí, no había mayor cuestionamiento”, dice.

La conciencia de su cultura nació cuando Rosa llegó a vivir a Freire, luego de que sus padres se separaran. Estudió en el liceo municipal de la comuna. “Ahí sí habían niños que no eran mapuche, profesores que no eran mapuche. Mi familia por parte de mi mamá tampoco es mapuche, entonces ahí uno empieza a darse cuenta de que el primer apellido, que es Catrileo, lleva una marca, una diferencia. Ahí con mis hermanos empezamos a darnos cuenta de esta pertenencia a un pueblo distinto, a una cultura distinta”, dice.

Y recuerda: “Cuando llegué a la ciudad yo era súper estudiosa. Venía del campo y empecé a competir con los chicos que habían sido buenos alumnos. Ahí es cuando se toma la conciencia, cuando surge el ‘oye, esta india’. Para un niño pequeño eso es un tema. Traté de sortearlo con el hecho de ser buena alumna, porque así hay un mayor reconocimiento, que sé yo, pero el fortalecimiento de mi pertenencia se dio cuando ya fui más grande. Yo tomo conciencia de lo que significa ese colectivo al cual uno pertenece, que es el pueblo mapuche, cuando empiezo a estudiar más acabadamente la historia. Con la emergencia indígena de los 500 años (en 1992), empiezo a hacer trabajos de investigación en el liceo y eso me lleva a analizar. Y en la universidad ya hay un fortalecimiento muy marcado (de su apego a la cultura)”.

–¿Qué debe tener la nueva Constitución para que se garantice el derecho a no perder la lengua, como te pasó a ti, por ejemplo?

–Primero debe haber una valoración. En el programa –que hicimos con Benito Cumilaf– una de esas propuestas fue, por ejemplo, que en la nueva Constitución debería declararse expresamente la prohibición de políticas de asimilación. Porque no hay ninguna ley que haya prohibido el uso del mapudungun, sin embargo en la práctica sí se hizo. Instalaron políticas estatales destinadas a castellanizar, a chilenizar, a decir que lo indígena era malo. Para que eso no vuelva a suceder nunca más nosotros creemos que se tiene que hacer con una obligación expresa, una prohibición de políticas de asimilación respecto de los pueblos indígenas. Eso es algo súper concreto.

–No hay prohibición de enseñar el mapudungun, pero se omite.

–Sí, por ejemplo ahora se instaló Cultura y Lengua Indígena como una asignatura, pero no es universal, es solamente para los colegios que tienen un porcentaje de alumnos con ascendencia indígena. Y es voluntario. Si uno quiere, toma esa asignatura, y si no, no. Entonces eso no contribuye al fortalecimiento de la identidad de los niños. Les vas borrando su sentido de pertenencia, les estás diciendo que su cultura no vale, que tienen que salir de ahí para poder progresar. La Constitución tiene que hacerse cargo de eso y también de reconocer los derechos colectivos de este pueblo indígena, para poder seguir existiendo con sus diferencias. Por eso nosotros decimos que debe haber un estatuto de garantía de los derechos colectivos indígenas.

–En otras oportunidades has hablado de la “no folclorización” respecto a reconocer los derechos indígenas. ¿A qué te refieres exactamente?

–Es que muchas veces hay un reconocimiento de decir “mira qué linda la lengua, la cultura, las vestimentas, la parte espiritual”. En eso no vamos a tener mucha discusión, porque no sé si existe tanto rechazo a que la cultura mapuche siga existiendo. Pero cuando ya avanzamos un poquito más en la discusión y decimos que no solamente se trata de que la cultura siga existiendo, sino de que nosotros como pueblo decidamos qué queremos hacer, es ahí donde empieza a haber como un rechazo, a decir “ya, pero de qué están hablando”. ¿Por qué digo que es un reconocimiento folclórico? Porque si bien se establece Cultura y Lengua Indígena como una asignatura y en la Ley General de Educación se declara que el sistema educativo chileno es intercultural, al final es como un saludo a la bandera, como se diría coloquialmente, porque en la práctica el sis- tema educativo no ha variado en nada. No hay un cambio profundo. La institucionalidad sigue funcionando de la misma manera, el currículum nacional no ha sido intervenido en el sentido de formar ciudadanos indígenas y no ciudadanos sólo chilenos. Cuando quedamos sólo en declaraciones, es un reconocimiento folclórico a lo cultural, pero no a lo político, no al hecho de poder decidir, no al hecho de poder administrar, porque tampoco podemos administrar colegios o jardines. La Ley de Inclusión Escolar no permite, por ejemplo, que comunidades indígenas, que son organizaciones con personalidad jurídica, puedan administrar colegios. No existe esa posibilidad porque esa ley dice que solamente lo pueden hacer sociedades que tengan como objeto la educación, y la comunidad indígena no tiene ese objeto.

“Entonces”, continúa, “ahí uno se da cuenta de que esta interculturalidad declarada es muy bonita, pero en la práctica se va entorpeciendo con una serie de requisitos y formas ajenas a las culturas que te impiden decidir qué es lo que tú quieres para tus niños. La educación es súper importante porque para los pueblos indígenas es una herramienta de transmisión cultural. No hay niños que no vayan al colegio, hay una vulneración de derechos de los niños si uno no manda a los hijos al colegio. Entonces el sistema te obliga a enviarlos, pero te obliga a enviarlos para sacarlos de su cultura, y más aún si no puedes ni siquiera como comunidad administrar centros educativos. Entonces a eso me refiero con lo folclórico. O a estos letreros que hay en las puertas de los bancos o en el registro civil que están en mapudungun o en rapa nui, pero el registro civil no ha cambiado en nada su funcionamiento, con o sin letrero.

Hacen gárgaras con el tema de que declararon feriado el 24 de junio como el Día de los Pueblos Indígenas y, sí, muy bien, es una buena medida, simbólica, pero en la práctica ¿qué derecho incluye eso?, ¿qué cambia? Son pequeños avances, pero se necesitan otros más profundos para cambiar una institucionalidad que dé cuenta de esta visión de mundo distinta que tienen los pueblos indígenas y el pueblo mapuche en particular”.

–Entonces lo correcto sería hablar de autonomía del pueblo mapuche.

–Sí, claro, es un derecho que está reconocido en el ámbito internacional para todos los pueblos indígenas, incluido el mapuche. La candidatura que yo represento lo planteó en las comunidades que nos apoyaron. Nosotros queremos el reconocimiento de nuestro territorio como un espacio para poder desarrollar los otros derechos colectivos, dentro de los que está el derecho de autodeterminación, la facultad de los pueblos de decidir políticamente sobre su futuro manifestada en la autonomía, que es el autogobierno dentro de los márgenes estatales.

–Respecto a lo que dices sobre la folclorización, se puede emparentar con los que ha pasado en Estados Unidos con los apaches, que, de alguna manera, se han convertido en un ‘atractivo turístico’. Eso es lo que se quiere evitar también.

–Claro, porque ahí se la da relevancia sólo a lo cultural pero no a la facultad de decidir como una comunidad política, una comunidad que decide su futuro, qué es lo que quiere hacer, cómo se quiere administrar. Qué va a pasar con su territorio, cuáles son las reglas que rigen ahí. Eso es autonomía, y si en la Constitución nos quedamos con el mero reconocimiento de derecho, es como repetir los derechos que nosotros ya tenemos reconocidos en el sistema nacional. Están las declaraciones de los pueblos indígenas, por ejemplo, de la ONU, de la que Chile es parte, en el Convenio 169. Pero la idea no es ir a hacer un ‘copy paste’ de eso a la Constitución, porque va a quedar una Constitución muy linda en derechos, pero cuando los queramos llevar a la práctica, no va a haber cómo, porque no va a existir esa obligación del Estado de otorgar la garantía de ejercicio de esos derechos. Por ejemplo, si yo hablo de territorio, el Estado tiene que tomar la decisión de hacerse cargo de ese concepto e iniciar un proceso de restitución territorial. Tendríamos que hablar de unidades políticas administrativas de territorios indígenas.

“El Estado debe garantizar que el pueblo mapuche pueda ejercer los derechos de los cuales es titular. Es como esa la propuesta que nosotros vamos a llevar. Sabemos que vamos a tener que dar un duro debate y hacer pedagogía porque hay mucho desconocimiento sobre estas temáticas. Hay muchos prejuicios. Siempre está esto de decir ‘ustedes quieren un Estado dentro de otro Estado’, pero si uno empieza a analizar en ningún caso significa eso, porque esto es algo que se ha desarrollado ampliamente en el ámbito internacional, con jurisprudencia, con experiencias de otros países. Chile tiene miedo a enfrentar esta temática… Yo he estado con algunos constituyentes fuera de los escaños reservados y creo que hay posibilidad de un buen debate, de un debate abierto, transparente, pero hay un sector económico que es el que se opone a esto porque afecta sus intereses”.

–Tú dices que Chile tiene miedo a la discusión por la autonomía.

–Sí, de fondo. Cuando hablamos de restitución territorial, por ejemplo, ahí al tiro es “no, qué es eso”. Y cuando decimos ‘autonomía’, surge este slogan de ‘quieren un Estado dentro de un Estado’. Hay muchas experiencias de autonomía donde el Estado no ha tenido ninguna gran variación. Solamente lo que se ha producido es una democratización y hacerse cargo de la realidad.

–Claro, no es un Estado dentro de un Estado.

–No, porque las autonomías son dentro de los márgenes esta- tales, no se crea un Estado nuevo, pero sí se crea un territorio que tiene reglas acordes a la cultura presente de ese territorio.

–Pero sí es correcto hablar de nación mapuche.

–Sí. El Estado de Chile se creó con el modelo europeo; el de un estado, una nación, o sea que una nación no podría estar sin un Estado. Pero resulta que hay otro modelo, no necesariamente en todas las naciones debe crearse un Estado. Es lo que sucede en todos los estados americanos, hay muchos pueblos y naciones indígenas que no necesariamente implican la creación de un Esta- do. La autonomía reconoce que uno está dentro de los márgenes estatales, pero tiene este derecho a autogobernarse dentro de su territorio de acuerdo a sus reglas y culturas propias. Por ejemplo, los mapuches nunca han tenido un Estado, nunca se han organizado bajo esa figura estatal porque culturalmente no existe. Ahora yo no soy de la idea de decir “nunca los mapuche van a tener un Estado”. No lo sé. En 100 años más capaz que sí, pero en el debate actual nosotros estamos hablando de autonomía. El concepto de nación no implica que sea un Estado propio.

Rosa Catrileo cuenta que hace poco fue a visitar a la Machi Francisca Linconao, la más emblemática de las constituyentes por escaños reservados. “Estuvimos tomando mate, conversando de la vida, tenemos harto en común”, dice, y cuenta que también se ha juntado con la constituyente Natividad Llanquilleo

“Hemos estado haciendo acercamientos a los 7 convencionales constituyentes mapuche y también con los de los otros pueblos. Y hemos hablado de temas transversales como tierra, territorio, agua, cultura, lengua, medioambiente. Todos presentamos nuestras propuestas sobre la base de estos temas. Ahora, en las miradas puede haber matices y eso es lo que tenemos que conversar. Pero la machi dijo: ‘hay que estar unidos, unidos como mapuche’. Todos estamos con ese ánimo”, dice.

Y recuerda por qué al principio no quería ser candidata. “Yo no tenía tanto interés en ser constituyente porque mi papá falleció el 3 de diciembre pasado en un accidente. Yo estaba en un período muy difícil, pero fueron muchas las personas que vinieron a mi casa (a pedirle que se presentara) y en un principio dije que no, pero la decisión final también la tomé en parte por mi papá. En el último tiempo, él estaba haciendo una reconstrucción de su conocimiento cultural. Estaba en el campo, en su lof, quitando todos los pinos y eucaliptus, y reforestando con nativos. Era como una forma de traer la cultura nuevamente. Entonces yo dije ‘bueno, aquí hay un ejemplo que hay que seguir’; hay un tema colectivo que está más allá de lo individual. Y estoy siguiendo ese ejemplo, de que se tiene que terminar esto para volver a construir lo propio.

Retrato: Rocío Cuminao Rojas / Agenciauno.

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