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Cultura

El regreso de Las Cleopatras

Por Vero Marinao | 02 abril 2021

Hoy su discurso se lee mucho más claramente. La nueva serie sobre Los Prisioneros las traerá de regreso. Y también el rescate de una grabación que hicieron bajo los efectos del LSD.

Las bailarinas Cecilia Aguayo y Tahía Gómez, la artista visual Jacqueline Fresard y la actriz Patricia Rivadeneira conformaron este colectivo de vanguardia que en los años 80 fusionó teatro, música, danza y artes visuales. Eran feministas, pero como no estaban dispuestas a renunciar a los estereotipos femeninos y usaban la seducción como un arma, no fueron comprendidas por todos, en especial por las feministas de la época. Hoy su discurso se lee mucho más claramente. La nueva serie sobre Los Prisioneros las traerá de regreso. Y también el rescate de una grabación que hicieron bajo los efectos del LSD.

En la casa te queremos ver/ lavando, pensando en él/con las manos sarmentosas/ y la entrepierna bien jugosa. Ten cuidado de lo que piensas, hay un alguien sobre ti/ Seguirá esta historia, seguirá este orden/ porque Dios así lo quiso/ porque ¡Dios también es hombre!/

El coro de esa canción de Los Prisioneros sigue con un “ey, mujeres, corazones rojos”. Pero esa no es la versión original. La primera grabación decía “ey, Cleopatras, corazones fuertes” y el grito no lo pegaba solo Jorge González. También cantaban las bailarinas Cecilia Aguayo y Tahía Gómez, la artista visual Jacqueline Fresard y la actriz Patricia Rivadeneira. Ellas conformaban Las Cleopatras, un colectivo artístico que fusionaba teatro, música, danza y artes visuales y que estuvo activo entre 1986 y 1990. González escribió esa canción para ellas. Aunque en realidad es al revés. El líder de Los Prisioneros se nutrió de ellas para escribir ese tema.

La aclaración es importante. Las Cleopatras cuentan que en el mundo artístico de la época, especialmente en el más under, había un trabajo colaborativo. “Nosotras también le aportamos a Jorge y eso lo decimos sin querer ser pedantes. Hubo intercambios importantes y fundamentales para todo el grupo de amigos y de creadores con los que nosotras trabajábamos, no solamente con Los Prisioneros. En nuestras presentaciones había algo multidisciplinario. Nosotras trabajamos con Archi Frugone, del grupo Viena, y Pablo Ugarte (de Upa!) nos hacía clases. También compartimos con los Pinochet Boys, con la Jose Levine, con camarógrafos como el Pancho Salas, con el cineasta Daniel de la Vega”, recuerda Patricia.

LA NUEVA SERIE

A Las Cleopatras les pareció que la representación que se hizo de ellas en Sudamerican Rockers (2014) fue mala. “No se documentaron y no tenían nada que ver con nuestra estética”, dice Patricia Rivadeneira. En la nueva serie sobre los sanmiguelinos –una producción de Movistar– sí tienen expectativas. Serán interpretadas por Mariana di Girolamo, Geraldine Neary, Li Fridman y Annick Durán.

Las cuatro cleopatras han sido entrevistadas por la producción y, generosamente, han prestado su material de archivo. “Yo me he juntado a conversar con Mariana, que fue mi hija como tres años en una teleserie que no terminaba nunca (Perdona nuestros Peca- dos)”, bromea Patricia Rivadeneira.

Además, Jacqueline Fresard está recreando algunos cuadros de esa época y, para esta entrevista, los muestra desde su casa a través de un Zoom compartido con Patricia y Tahía (Cecilia Aguayo no pudo estar por razones de salud).

Jacqueline: Son cuadros sobre manteles plásticos que tienen que ver con la domesticidad y la serialidad; con esta cosa moldeada y predeterminada de lo que significa la mujer en el hogar. Y de cómo estamos predeterminadas para eso a través de nuestra femineidad y nuestro vestir. Estas son las obras que yo hice cuando era chica (para Las Cleopatras) y que he vuelto a hacer a petición de la serie. Al parecer, hoy la gente está más preparada para leerlos, más de lo que estaban en ese momento. Más allá de lo estéticamente atractivo que puede resultar rescatar patrones de vestidos antiguos y ponerlos arriba de unos manteles plásticos, estos cuadros hablan de la serialización, porque los manteles plásticos son también basura, desechos, y es contra ese fondo que se recortan las figuras de las mujeres y de ropa interior, hechas de forma seriada. Es un moldaje. Apelábamos bastante a los estereotipos femeninos. Y escuchar las reflexiones de Las Cleopatras de hace más 30 años en el contexto de hoy, es casi como cuando uno ve esas revistas antiguas de los años 50: uno dice ‘Dios mío, cómo cambió el mundo’, cómo avanzaron tanto las mujeres y desde dónde estábamos nosotras haciendo todas esas reflexiones.

Patricia: Era plena dictadura y nosotras estábamos hablando de cómo nos maltrataban los hombres, imagínate. Ya que cuatro mujeres trabajaran juntas era súper revolucionario (…) Yo creo que de alguna forma el machismo es facho. El machismo y el fascismo que se estaba viviendo en Chile eran muy parecidos a Julio César y Marco Antonio entrando en el mundo de Cleopatra. Me pareció (ella es la ideóloga del grupo) que Las Cleopatras podían tocar dos situaciones que vivíamos acá: el pinochetismo y la dictadura; y, por otro lado, la dictadura machista.

Jacqueline: Las Cleopatras no queríamos renunciar a ese moldaje (femenino) y queríamos usarlo estéticamente en nuestro favor. Manipulábamos el lado B de las mujeres. Igual jugábamos a ser las minas, apelábamos a esas pulsiones de los hombres como para desnudar un poco nuestra verdadera posición.

Patricia: Era una falsa sumisión, ¿no? Una forma de seducción kitsch. Una exacerbación de lo femenino.

–¿Y es cierto que les decían las Cleocachas?

Patricia: Sí, nuestros amigos queridos nos pusieron así (tono irónico).

Tahía: Igual en eso había un juego, nosotras nos plantábamos en el escenario representando ese arquetipo de las féminas al que no queríamos renunciar; queríamos develar que se podía mantener ese arquetipo para ocupar lugares dignos dentro del espacio social. Entonces había un diálogo bien irónico respecto de la sexualidad, de la seducción. En un momento nos apoderamos de eso y dijimos: “tenemos este poder en la mano, podemos seducir a quien sea y, desde ahí, generar como una despertada”. Muchas partes de nuestro primer espectáculo trataban un poco de eso, de pololearse al poder, de acercarse al poder desde la seducción y desde ahí develarlo, deconstruirlo, ironizarlo, burlarlo y superarlo.

Patricia: El nombre de nuestro grupo lo dice todo; Cleopatra es la emperatriz que domina gran parte del mundo, que tiene un imperio invencible y que doblega a estos romanos, pero que finalmente pierde (…) Por muy juego que fuera que nos dijeran Las Cleocachas, el juicio ético y moral que se hizo sobre nosotras era feroz. Yo fui madre soltera y eso me pasó la cuenta por mucho tiempo, lo mismo que a la Jacqueline. Yo siempre fui feminista y siempre me sentí agredida por el machismo, desde muy niña. Recuerdo a los que me trataron de violar, a los que se me metieron a la cama sin que yo quisiera, y las veces que tuve que hacerme la hueona con jefes para poder conservar mi trabajo o para tenerlo. Entre nosotras tres podríamos armar una enciclopedia de conchas de su madre.

–Todas eran feministas…

Jacqueline: En esa época el feminismo era bien estrecho, implicaba pelearse con el arquetipo femenino, y la propuesta de Las Cleopatras era no pelearse.

Thaía: De hecho, tuvimos conversaciones un poco confrontacionales con las feministas de la época. Las conocía y me acuerdo que nos fueron a ver un par de veces y como que no coincidíamos mu- cho porque, como dice la Jacqueline, ellas tenían una lucha contra el arquetipo femenino y nosotras queríamos reivindicarlo. Queríamos ser valoradas y respetadas desde lo femenino y tener un lugar de dignidad y de equidad con respecto a los hombres, reivindicar el arquetipo femenino en todo su esplendor y en sus dimensiones.

Patricia: La Tahía ya explicó cuáles eran las diferencias (con las feministas chilenas de esa época), pero sí había puntos comunes. Éramos mujeres que queríamos nuestra independencia, queríamos equidad, igualdad, éramos pro aborto, no estábamos dispuesta a renunciar a nuestra libertad sexual y reproductiva, éramos pro amor libre, queríamos ser profesionales y teníamos ambiciones profesionales. Nos salíamos del molde en el cual nos habían criado. Las cuatro veníamos de familias conserva- doras y de derecha. Y las cuatro transitamos a tener familias no conservadoras y de izquierda.

–¿La separación se produjo de forma natural?

Paty: Sí, fuimos madres, fuimos tomando otros trabajos. Y no había fondos concursables.

Thaía: Además, Las Cleopatras éramos un montaje bastante ambicioso, bastante caro. Igual nos fuimos adaptando a escenarios mucho más simples, muy diferentes a toda la parafernalia que originalmente se había diseñado. Pero no era un negocio fácil de sostener en el tiempo, no lográbamos que entraran las lucas necesarias para que se pagaran las presentaciones, no teníamos dónde concursar, y empezamos a necesitar trabajos remunerados.

Patricia: Una vez salimos arrancando de un teatro porque no tuvimos cómo pagar, ¿se acuerdan?

Tahía: Sí, estábamos contando la plata en el camarín y decíamos ‘esta hueá no dio, no dio’. Y no nos dio para pagar el teatro. Así que arrancamos con la plata por una ventana.

Patricia: Fue ese teatro que estaba como en un subterráneo.

Tahía: El Wurlitzer.

Jacqueline: Y estaba lleno.

Thaía: Es que teníamos mucho gasto. Siempre teníamos invitados, era un movimiento importante de recursos persona; además estaba el tema estético, las proyecciones, los telones de fondo, la cámara de circuito cerrado a la que la Paty le hablaba. Era una cosa bien multimedia. En ese tiempo no se usaba que un montaje escénico tuviera tanta tecnología asociada, nosotras trabajábamos con micrófonos y los textos eran grabados: había dos maneras de mirar lo que pasaba (en el escenario).

Jacqueline: Hoy uno habla de esto y suena como algo normal, como cualquier concierto. El que lo hiciéramos hace 35 años es valiosísimo.

EN LSD

No solo la nueva serie sobre Los Prisioneros las traerá de vuelta. En esos años la artista Verónica Vega, que es una especie de quinta Cleopatra, grabó una sesión en la que ellas estaban bajo el efecto de LSD. “Es material inédito que será rescatado, así como en el 2016 se rescataron las canciones para hacer nuestro disco”, dice Patricia. Y Jacqueline aporta: “Es un video de nosotras hablando cosas muy íntimas que exponían realidades muy diferentes a las de hoy. Es fuerte vernos antes de la revolución feminista en plena dictadura”.

–¿Por qué se editó ese disco recién en el 2016 y no cuando hacían sus presentaciones?

Patricia: Hubo un intento, pero…Ya, Tahía, ¡cuenta!

Tahía: Hubo un intento ahí de negociación con Fonseca (representante de Los Prisioneros) para que fuera nuestro manager. Y hubo una comida en la que nos juntamos como para hablar y hacer lobby sobre “la posibilidad de”. Había harto alcohol en esa comida, y él empezó a acosarme. Él se iba a casar y dije públicamente: “esto no lo soporto, y te vas a casar en dos semanas”. Fue bien escandalosa esa noche, y bueno, sería todo, hasta ahí llegamos con ese sueño.

Jacqueline: Es loquísimo cuando vemos hoy la historia, porque resulta que tu condición irrenunciablemente femenina mandó a la mierda nuestro proyecto. El interés del mánager estaba condicionado a un cierto comportamiento femenino de parte de nosotras; son cosas que quizás en el momento que pasaron no las veíamos como parte de un sistema y de una estereotipación de las mujeres, de los roles.

Tahía: Es como dicen LasTesis, pero al revés, seguramente “la culpa era mía de cómo andaba y como vestía”.

–¿Y qué significa haber sido una Cleopatra?

Tahía: A nivel personal es interesante mirarnos en retrospectiva, ver algo que hicimos en la escena pública hace 33 años. Me pasan hartas cosas, es un movimiento interno para mí, me actualizo yo misma. Siento que nuestro colectivo está vivo, somos muy amigas. Quizás la serie es una oportunidad para concretar posibles proyectos que tenemos en la cabeza. Las Cleopatras tienen vida, y existen hoy.

Patricia: Las Cleopatras siempre han sido un motor para mi evolución como ser humano, mi aprendizaje ha sido permanente, son siempre mis maestras. Y de alguna manera nos mantenemos unidas por eso mismo, porque nos sostenemos en nuestras luchas que siguen siendo las mismas, feministas.

Jacqueline: Para mí siempre fue un camino de descubrimiento de conciencia y todo lo que hoy estamos viviendo me lo ratifica, pero en el momento en que estaba pasando era confuso. Las Cleopatras eran un gran esfuerzo de producción, una gesta por ir y llegar a esta puesta en escena. Yo no veía con tanta claridad todos en los contenidos que teníamos, nuestra importancia histórica. Porque las mujeres no hemos tenido mucha conciencia del nivel de nuestra opresión, de nuestras limitaciones por ser mujeres. Poco a poco hemos ido despertando, pero traemos una impronta de sometimiento y de subordinación a los hombres. A los 20 años nosotras recién estábamos dándonos cuenta, probando los límites; por eso siento que es muy valioso el contraste de lo que pasaba hace 30 años y lo que pasa ahora. Es muy fuerte y muy bonito para nosotras reivindicarnos, porque realmente era una exploración hacia terrenos bastantes desconocidos donde obviamente no éramos popularmente bien recibidas. No sé si internamente nos definíamos como feministas en esa época, pero como luchadoras de la causa feminista sí, de todas maneras.

Patricia: No éramos muy comprendidas. El mundo no nos hacía buen espejo para poder identificarnos. Era una lucha por la identificación, por decir “somos mujeres, libres, luchadoras”, pero el machismo nos quería decir “no, son putas”, y teníamos que lidiar con eso.

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