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Carlos King: Un 2020 muy díficil

Por Vero Marinao | 14 octubre 2020

Tras el 18-O, conocimos a un panadero de más de 80 años que, después de una década, volvió a amasar para no dejar sin pan a sus vecinos. A 12 meses del inicio del estallido social, quisimos saber en qué estaba y cómo ha vivido este 2020 en medio de la pandemia.

El año pasado, en estas páginas contábamos la historia de Carlos King (84 años), dueño de la panadería Ducal (en el Barrio Italia), quien hacía más de 10 años no ponía, literalmente, las manos en la masa, porque su Epoc –una afección pulmonar obstructiva crónica– se agudizaba con el polvo de la harina. En los primeros días de toque de queda amasó porque sus panaderos no pudieron llegar trabajar y, en este 2020, algo mucho más peligroso que un polvo de harina puso en jaque su salud: se contagió de Covid-19 y estuvo diez días hospitalizado.

«Gracias a Dios no necesité ventilador mecánico; parece que don Jechu cree que tengo algunas deudas que pagar acá abajo», dice con humor. Ha sido un año muy difícil para él. «De repente nos llegó este otro estallido que es la pandemia y ha sido mucho más delicado. Este Covid no pide permiso, llega nomás», cuenta y aclara que, cuando se contagió, la panadería debió estar cerrada una semana pese a que él no bajaba al local desde marzo (vive en el segundo piso). «Esto ha sido terrible, he tratado de mantener un vínculo con mis trabajadores (13 personas) para no dejarlos sin trabajo. Para mí habría sido fácil que ellos usaran el seguro de desahucio y yo haber pagado sólo las imposiciones y desligarme de algunos, pero uno también tiene que pensar que ellos tienen un hogar y necesitan plata2. Por eso llegó a un acuerdo con algunos para que se rebajaran un poco el sueldo y trabajaran menos horas.

«Hay personas que llevan años trabajando conmigo. Mi forma de ser no me permite aprovecharme de los demás y dejarlos sin sueldo y a la deriva», explica. Durante la cuarentena, cuenta, las mermas económicas han sido importantes; los restaurantes a lo que normalmente les vendía, no pudieron comprarle. Incluso hoy su producción es muy baja; si antes del coronavirus su panadería producía dos mil kilos diarios; hoy sólo son 400. «Una sobrina, que es mi ahijada además, vive en el barrio alto y empezó a buscar clientes dentro del sector donde vive. Llega acá antes de la seis de la mañana a buscar el pan, lo embolsa y se lo lleva para hacer entregas. A ella le ha servido, y a la vez me ha servido a mí», dice. «A mí esto me desestabilizó totalmente, hasta tuve que echar mano a unos ahorros que tenía, los ocupé todosPero tengo que seguir luchando«, explica.

¿Ha pensado en cerrar? «Sí, lo he pensado, pero si cierro, creo que va a ser más grande el problema, porque tendría que pagarle desahucio a todos mis empleados y, al no tener esa plata, no sé qué haría. Estoy tratando de evitar eso. A mí no me gusta que me den, soy un poco orgulloso, pero con la pandemia he tenido que recibir un poco la ayuda de mis hijos. A veces no tengo ganas de hacer nada, pero luego reacciono y digo ‘tengo que seguir luchando’, no queda otra«.

Carlos King, 2019

 

 

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