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Constanza Richards: En el campo, con paciencia y espíritu solidario

Por Vero Marinao | 12 octubre 2020

Héroes anónimos... (un año después).

Tras el 18-O, conocimos a un suplementero que nunca dejó de abrir su quiosco ubicado en el sector de Plaza Italia; un panadero de más de 80 años que, después de una década, volvió a amasar para no dejar sin pan a sus vecinos; un florista que repartió clavelines durante las protestas y una psicóloga que regaló Flores de Bach a los manifestantes. A 12 meses del inicio del estallido social, quisimos saber en qué estaban y cómo han vivido este 2020 en medio de la pandemia.

Cuando recién comenzaron las manifestaciones, la psicóloga y profesora de herbolaria Constanza Richards (30) preparó Flores de Bach para regalar y ayudar a contener emocionalmente a los manifestantes. Viajaba desde Cartagena (donde vivía en ese momento) a Santiago para hacerlo. Pero el mismo día en que le tomaron las fotos para el reportaje que hizo revista Velvet, decidió no venir más a la capital. “Se tornó todo muy violento y era muy inseguro para cualquier persona que estuviera ahí. Esa fue la peor semana”, recuerda Constanza, quien ahora vive en el campo, al sur de Santiago. “El movimiento siempre es válido mientras las personas no caigan en espirales de violencia que justifiquen otras violencias. Yo entiendo que para mí es súper fácil exponerlo de esta manera, porque no he estado expuesta a una violencia, no vivo en una toma, ni me han desalojado; yo pude estudiar y tengo un trabajo. Pero siento que quienes no estamos en esa posición de vulnerabilidad, no tenemos que necesariamente recurrir a la violencia para generar cambios positivos para todas las personas”. ¿Cómo ha trabajado durante el tiempo de pandemia? “Ahora lo hago 100% digital. Es súper distinto porque uno como terapeuta establece un clima de confianza a través del lenguaje no verbal, a través de los aromas, a través del tono de la voz y, al hacerlo de forma digital, todo se ve afectado, no es lo mismo”.

Dice que aunque sí se ha “apretado el cinturón” (en términos económicos), el suyo es un problema muy menor comparado al de personas que dependen de un ingreso diario que está relacionado con estar en la vía pública. “Tal como lo decían el año pasado (durante las protestas) los afectados son siempre los mismos (…) La pandemia fue como abrir una cortina para muchas personas que no tenían la noción de que existían esas carencias y esas necesidades. Durante este tiempo (de cuarentena) hemos visto en las noticias a personas que aparecen con un estante detrás, con libros que valen por lo menos 60 mil pesos y botellas de whisky de 20 años, y vimos también otras casas que son cartoncitos con bolsas. La realidad no se puede negar porque ya se vio”.

Antes de la pandemia, ella también trabajaba de manera independiente entregando servicios a empresas que requerían de una actividad de bienestar o un trabajo grupal. “Este año no lo he hecho porque implica trasladarse, digitalmente no es lo mismo y, al final del día, los recursos están reorientados a otras cosas”.

En 2019 también preparaba flores para algunas personas. “En estricto rigor ellos no eran pacientes porque no iban a psicoterapia conmigo, iban a terapia con alguien más y yo era como la terapeuta de las flores. Con algunas de ellas hacemos una llamada mensual y, vía Chile Express, les mando los preparados para cada dos o tres meses”, cuenta.

Y sobre lo que vendrá a futuro en términos de demandas sociales, hace una precisión. “Siento que usar el término ‘estallido social’ es entrar en un terreno pantanoso. En octubre hubo hechos de mucha violencia, es difícil poner en palabras todo lo que pasó, pero fue un mes conflictivo. No sé si podemos hablar de ese ‘estallido’ como si fuese un objeto que se prolonga en el tiempo y que se fuera a repetir ahora que ha pasado un año y que hay otros temas sobre la mesa. Yo creo que lo que pasó fue más bien puntual”.

Su aprendizaje este 2020 es que hay que tener paciencia. “Hay mucho que hacer y muy pocas manos, entonces hay que tenerle paciencia a las pocas manos, o prestar manos. Hay que cooperar en lo que se puede y tratar de remar todos para el mismo lado”. Todos los meses Constanza aporta dinero, de forma anónima, a alguna organización.

 

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