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Paridad en la medida de lo posible (o de lo que ellos permiten)

Por Lenka Carvallo | 23 enero 2020

Faltó solo un voto para que se aprobara alguna de las dos propuestas paritarias presentadas por la oposición y Chile Vamos. De los senadores que habían comprometido su apoyo, Manuel José Ossandón pidió permiso y no se presentó; Juan Castro, quien anunció su aprobación, se abstuvo; Felipe Kast no llegó.

Es agotador el ‘peloteo’ —no sé cómo más llamarlo— del que somos objeto las mujeres en el Congreso Nacional. Me saco el sombrero por aquellas diputadas, senadoras, asesoras, representantes de la academia, líderes de fundaciones, etc, que se las juegan por establecer la igualdad de género dentro de una institución históricamente machista. Se requiere de coraje, astucia, interminables horas de trabajo, diálogos, capacidad de negociación, organización a toda prueba y una paciencia infinita para lograr que las demandas de igualdad sean consideradas… Ni hablar de transformarlas en ley o, más aún, cuando se trata de establecerlas como un derecho fundamental en la carta magna.

“Sería inadmisible una nueva Constitución escrita nuevamente por hombres y, más encima, de la elite”, dijo en CNN la senadora Adriana Muñoz (PPD) quien, a todo esto, podría convertirse es la segunda mujer en la historia en ser presidenta del Senado, después de Isabel Allende que llegó a ese cargo recién el 2014.

De no ser por Felipe Harboe (PPD), que declinó su postulación para abrirle el camino, ese cotizado bastión de poder continuaría siendo encabezado por hombres, quién sabe hasta cuándo y así por los siglos de los siglos…

Tampoco una mujer de la centroderecha ha llegado a presidir el llamado ‘segundo poder’, lo que da cuenta de la insólita disparidad del Senado, por no llamarlo derechamente machismo y donde que las mujeres —y esto corre para ambas cámaras—, pelean en clara minoría por los derechos igualitarios y de familia.

Así, retomando la discusión paritaria en cuanto a la conformación del eventual órgano constituyente, más se parece a una mala serie de Netflix, con entrega en ingratos capítulos. El último fue el miércoles 22, tras el rechazo en el Senado de los mecanismos para garantizar el equilibrio entre el número de hombres y de mujeres.

Faltó solo un voto (se obtuvieron 24 de los 25 requeridos) para que se aprobara alguna de las dos propuestas paritarias presentadas respectivamente por la oposición y Chile Vamos. Fue en este último grupo, considerado clave para obtener mayoría, donde vino el déficit; los senadores que habían comprometido su apoyo, Manuel José Ossandón (independiente) pidió permiso y no se presentó; Juan Castro (RN), quien anunció su aprobación finalmente se abstuvo. Felipe Kast (Evopoli) no llegó, excusándose en una descoordinación de fechas.

No nos olvidemos que el tema ha tensionado desde un comienzo al conglomerado de la centroderecha e incluso llevó a la presidenta de la UDI a congelar la participación del partido en Chile Vamos y a quitarle el saludo a Mario Desbordes y Hernán Larraín Matte, presidentes de RN y Evópoli respectivamente.

Ahora el siguiente trámite será en la comisión mixta en la Cámara de Diputados, a discutirse la próxima semana, es decir, en la cuenta regresiva para el receso parlamentario de febrero —que ya es un hecho, lo que sin duda hará hervir aún más la indignación ciudadana—.
Así, a la carrera y contra el tiempo debiera decidirse un mecanismo para contar con la paridad aprobada en marzo, cuando empiecen las campañas hacia el plebiscito del 26 de abril.

¿A qué acuerdo se llegará, cuál será el mecanismo? Ni idea. Será el gran signo de interrogación que deberá dilucidarse en un nuevo capítulo, en el mismo lugar.

Pero en fin, así es nuestra vida.

Recién en 1999 los hijos son iguales ante la ley. Sólo en 2004 tuvimos ley de divorcio. Tan solo en 2010 fue promulgada la ley que penaliza y tipifica el femicidio. En 2017 se aprobó el aborto (en tres causales) y la ley de cuotas…

Todo cuesta, todo es lento, difícil, complejo, doloroso, lleno de trampas, resquicios para alcanzar una igualdad en la medida de lo posible (o de lo que permiten los hombres).

 

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