El lago enfrenta la peor catástrofe de su historia por la contaminación de sus aguas. un ataque de cianobacterias, de los géneros microcystis y nodularia, obligó a cerrar muelles y a detener la acostumbrada vida lacustre en medio de la alerta. Después de una temporada controvertida, con alcalde destituido y culpas repartidas entre civiles y autoridades, sus defensores dicen que ahora solo queda esperar un milagro.
Por Alfredo López J.
¡Una bacteria asesina en el lago!, fue la voz de alerta que dio la vuelta a los 40 kilómetros de costa del lago Vichuquén en el comienzo de este verano. Uno que quedará registrado como el más triste y lamentable después de tantas décadas doradas que han confirmado al balneario como un lugar clave de descanso e influencia.
Su fisonomía rural, en la Región del Maule y a una distancia que no supera las cuatro horas desde Santiago, lo ha convertido en un reducto que une tradición campesina, deportes acuáticos y veraneos sagrados para muchas familias que provienen de Talca, Curicó, San Fernando y Santa Cruz.
Su situación privilegiada, sin embargo, dio un giro dramático a fines del año pasado. Vichuquén, que en mapudungun significa ‘culebra del lago’, pasó de paraíso a pantano. Sus más de 4.500 habitantes fueron testigos de cómo las autoridades sanitarias prohibían todo contacto con las aguas que manifestaban un grave fenómeno de eutrofización por exceso de nutrientes.
En la misma fecha, la amenaza de riesgo sanitario tomó más fuerza cuando se confirmó la muerte de once perros supuestamente envenenados por cianobacterias tóxicas, las mismas que cambiaron el azul oscuro de lago por un verde intenso, junto a aparición de molestos hedores y la consiguiente putrefacción del cuerpo lacustre con una media de 30 metros de profundidad.

“Esto no fue de un día para otro”, reacciona Pablo Mekis, corredor de propiedades e interiorista con gran prestigio en la zona. Para él, la noticia de que la Seremi de Salud ordenara la restricción del uso recreativo de las aguas del lago, es el resultado de un proceso acumulativo de más de 15 años. “Vichuquén es un lugar que nos ha dado grandes satisfacciones, lindos recuerdos familiares y veranos inolvidables, pero también lo hemos descuidado. Esto es responsabilidad de todos”, reconoce.
La acumulación de nitrógeno y fósforo, que proviene fundamentalmente de actividades agrícolas y forestales, es el resultado de una desmedida plantación de pinos y eucaliptos: especies exógenas que han cambiado el paisaje, arrasado la flora nativa y, en consecuencia, deteriorado la composición del lago como un ecosistema de vida para peces, anfibios y centenares de aves migratorias.
La descarga de aguas servidas domiciliarias, mediante antiguos desagües que funcionan sin control ni prevención, es otro de los factores que detonaron la tragedia. Al igual que el gran número de jardines ornamentales y muelles en el borde del lago que han ido en detrimento de la reproducción de algas, totoras y batros que funcionan como un filtro natural de depuración.
Se presume que casi un 12% de la orilla se ha destinado para rellenos y otras riberas artificiales.

En medio de los dardos, que apuntan a particulares y también al escaso control municipal, los mismos residentes también advierten que todo empezó luego del terremoto de 2010. Cambiaron los niveles de agua y su desagüe respecto del mar. Hasta esa fecha, el canal se abría natural y proporcionalmente después de las lluvias de agosto y, para no aumentar la salinidad del lago, se habilitaban barreras de arena mediante el uso de máquinas y retroexcavadoras. Hace más de un año fueron medioambientalistas de Llico, entre ellos la agrupación Aitu, con apoyo de la ONG FIMA, quienes impulsaron un recurso ante la Corte de Apelaciones de Talca que escaló hasta la Corte Suprema. ¿El objetivo? Impedir que la municipalidad aplicara el protocolo, vigente desde el 2016, que permitía mantener la cota del lago y evitar la salinidad excesiva de sus aguas.
En su alegato, establecían que en el sector de la desembocadura existe una planta de tratamiento de aguas de la Municipalidad de Vichuquén que ha sido objeto de procedimientos y sanciones de la Superintendencia del Medio Ambiente por incumplir con la normativa ambiental. “El agua no circula correctamente y se han generado inundaciones de la población con material fecal”, advirtió la abogada Sofía Barrera.
Más allá de las responsabilidades, el desastre fue inmediato. No solo desde el punto de vista medioambiental, sino también económico. Más del 80% de la fuerza laboral de la comuna gira alrededor del lago y sus atractivos.
Paula Barrios, presidenta de la Corporación Impulsa Vichuquén, que nació nueve años después de los catastróficos incendios de 2017, establece que, hace mucho tiempo, el lugar dejó de ser solo verano y diversión.

“Hemos sido azotados por temas climáticos, terremotos, maremotos, inundaciones, incendios y ahora la contaminación. Todo deja en evidencia la enorme valentía de los que habitan todo el año en la zona, gente muy resiliente”, sostiene.
De ahí que su tarea, desde entonces, ha sido apoyar con fuerza el emprendimiento local. Para lograrlo, desarrollan encuentros, talleres, capacitaciones y visibilización de negocios. “Ahora somos 20 emprendedores. Un 60% corresponde al área de la gastronomía, con ofertas de repostería, cafetería, restaurantes y también pan amasado. El otro 40% está enfocado en la artesanía, fundamentalmente con trabajos de cerámica, madera y coirón”.
Para ella, ahora es momento de salir adelante: “Más del 80% de los habitantes de la comuna vive del lago, con trabajos múltiples de asesoras del hogar y servicios de mantención de jardines, lanchas y muelles”. Es decir, una serie de oficios y actividades que le ha dado carácter y continuidad a la zona.
“Frente a este impacto brutal –prosigue Paula Barrios– es impresionante cómo la gente ha tenido energía para reinventarse de manera inmediata. Por ejemplo, la dueña de una cafetería en el boulevar de playa Paula se cambió a un lugar más alto. Dejó la orilla del lago para atreverse con una oferta que tuviera una vista más lejana, pero segura”, subraya.
El presidente de la Unión Comunal Lago Vichuquén, el doctor Enrique Waugh, es otra de las voces respetadas a la hora de los diagnósticos. De acuerdo a su postura, no todo se debe a la contaminación externa, “sino a un fenómeno natural asociado al envejecimiento del lago”.
Aun así, cree que ese proceso ha sido acelerado por la acción humana. Algo, a su juicio, preocupante, sobre todo por la importancia del turismo como principal eje de una comuna golpeada.
A la avalancha de malas noticias, se sumó el pasado 22 de diciembre la destitución del alcalde de Vichuquén, Patricio Rivera Bravo. Una medida de la Contraloría de la República, luego de un sumario en su contra tras ser sorprendido manejando bajo los efectos del alcohol y a bordo de un auto municipal.
La detención del jefe comunal se habría producido durante la tarde del viernes 19 de septiembre, en la Ruta J60, en la Región del Maule, luego de que Carabineros recibiera una serie de denuncias de un vehículo transitando a alta velocidad y de manera irresponsable. En el control, el edil marcó 1,78 gramos de alcohol por litro de sangre, superando los 0,8 que la legislación considera como estado de ebriedad.
Han sido meses dramáticos, confiesa el edil. A pesar de que a mediados de enero retomó sus funciones de manera oficial, todavía siente el peso del error que cometió.

“Tengo que asumir que estoy al frente de un puesto de confianza, donde nuestro comportamiento debe ser intachable. No quiero caer en excusas, pero el año pasado fue muy duro para mí, fundamentalmente por la pérdida de dos familiares fundamentales en mi vida. En esas fechas tan especiales quería olvidar, aliviar el dolor y actué mal. Pero aprendí la lección y tengo que aceptar lo que venga. Yo no venía del mundo político y, aun así, tuve una gran votación. Pero eso no es suficiente, ahora tengo otra oportunidad y mi compromiso es seguir liderando la comuna, siempre muy consciente de haber cometido un gran error, sobre todo en un momento muy vulnerable de nuestra comuna”, declara.
Frente a la contaminación del lago, admite que siempre ha defendido el trabajo de contención de las barreras de arena en la desembocadura. “Pese a ello, nos hace falta un plan de acción que asegure recursos para la recuperación de Vichuquén”, dice. Desde esa vereda, recibe con optimismo la reciente disposición el Ministerio del Medio Ambiente con el objeto de articular un programa de regulación con normas secundarias de calidad ambiental.
Ante la emergencia fue la propia ministra del Medio Ambiente, Maisa Rojas, quien levantó la voz: “Le ofrecimos al municipio financiamiento y apoyo técnico para que ellos puedan abordar de manera eficaz este problema ambiental, social y económico”. Entre las medidas destacadas resaltó el financiamiento del gobierno regional de 600 millones de pesos para enfrentar la emergencia y otros 200 millones para estudios del caso. Estos fondos iniciales permitirán abrir la esperanza de recuperar los ecosistemas dañados y, en la medida de lo posible, el pronto retorno de animales, peces y otras especies endémicas.
La resolución también fue aprobada por la Cámara de Diputados, la que además solicitó al Ejecutivo el pronto fortalecimiento de la normativa ambiental del lago. Un camino para garantizar la asistencia técnica del Ministerio del Medio Ambiente, mantener activo el comité operativo de crisis y establecer un sistema de monitoreo público.
En rigor, la idea es poner en marcha un estudio técnico que, ya en octubre del año pasado, ofrecía un protocolo para la apertura de la barra terminal del Estero Llico. Una propuesta creada en conjunto con el Ministerio de Obras Públicas y la Dirección General de Aguas que permitiría regular cianotoxinas con éxito. El índice de esas bacterias, en resumen, es el que sirve como único parámetro universal a la hora de autorizar lugares con fines turísticos y recreacionales en un balneario que, históricamente, ha sido el reducto de descanso de clanes de influencia nacional como los Gálmez, Aspillaga, Kaufmann, Cueto, Cardoen, Aresti, Mujica, Venezian e Iraguen, entre otros. No se trata de una medida en favor de algunos.
“Mucha gente cree que Vichuquén son solo mansiones a la orilla del lago. Si bien es cierto que hay casas que tienen valores que superan las 200.000 UF, también es real que existe todo un pueblo que, día a día, sale adelante gracias a una infinidad de trabajos y servicios. Ellos son la verdadera cara de nuestra comuna”, sostiene Pablo Mekis.
En resumen, la naturaleza pasó la cuenta y dejó en evidencia su mala salud. “Hay que admitirlo: ¡Cuánta felicidad nos ha entregado el lago durante tantos años! Pero llegó el momento en que pidió auxilio a gritos y ahora no nos queda otra cosa que esperar que descanse y, ojalá, vuelva a ser lo de antes”, concluye, con más control que esperanza.