Veintisiete años después de la muerte de John F. Kennedy Jr., nuevos antecedentes siguen arrojando luz sobre el accidente aéreo que terminó con la vida del abogado y editor, su señora Carolyn Bessette y la hermana de ella, Lauren Bessette.
El 16 de julio de 1999, la avioneta que pilotaba se estrelló en el océano, a unos 11 kilómetros de Martha’s Vineyard, en Massachusetts.
Entre los factores que pudieron influir en la tragedia está una lesión que Kennedy había sufrido semanas antes en un accidente de parapente. Aunque los investigadores descartaron que la fractura en su tobillo izquierdo fuera determinante, personas cercanas al hijo del expresidente estadounidense habían expresado preocupación por su decisión de volver a volar tan pronto y sin instructor.
El informe de la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte (NTSB) también concluyó que el piloto, que aún no contaba con la certificación completa para vuelos por instrumentos, enfrentó condiciones climáticas adversas y un fenómeno conocido como desorientación espacial, que altera la percepción de la posición y el movimiento de la aeronave.
Además, el vuelo despegó más tarde de lo previsto, cuando la visibilidad ya había empeorado considerablemente.
Otro de los grandes misterios del accidente es por qué el piloto automático no estaba activado al momento del impacto. Los investigadores determinaron que no existía ninguna falla mecánica, pero nunca pudieron establecer si Kennedy lo desconectó de forma accidental o deliberada.
Según las reconstrucciones del caso, el descenso final duró apenas 17 segundos, por lo que Carolyn y Lauren probablemente ni siquiera alcanzaron a comprender que el avión estaba a punto de estrellarse.