Revista Velvet | Osito regalón y otras curiosidades y exigencias del rey Carlos III
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Osito regalón y otras curiosidades y exigencias del rey Carlos III

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Osito regalón y otras curiosidades y exigencias del rey Carlos III

POR Rommy Buchholz | 03 noviembre 2022

Un osito regalón hasta entrados los 40 años, y más curiosidades y exigencias del rey Carlos III. Todo eso y más sacará a la luz The King: The Life of Charles III, la biografía de Carlos escrita por su antiguo ayudante de cámara de confianza.

El libro está a punto de salir al mercado, y su autor Christopher Andersen no se ha dejado ningún secreto por atrás. Uno de los más llamativos, tiene que ver con un oso de peluche de la infancia de Carlos, que incluso tenía un cuidador determinado. 

Según Andersen reveló en su libro, Michael Fawcett, era el encargado de cuidar del animal de peluche. Cada vez que el juguete necesitaba ser reparado, la antigua niñera del rey, Mabel Anderson, salía de su retiro para hacer las reparaciones necesarias.

Mabel Anderson, la querida niñera de Carlos

Mabel era «el único ser humano al que se le permitía llevar aguja e hilo al oso de peluche del Príncipe Carlos». «Él tenía más de cuarenta años, y cada vez que había que reparar ese peluche, se podía pensar que era su propio hijo el que tenía que someterse a una cirugía mayor», escribe Andersen.

Por otro lado, Fawcett, también se encargaba de poner pasta de dientes en el cepillo de dientes de Carlos, de afeitarle la cara, de ayudarle a ponerse los pantalones y de atarle los zapatos. Le tendía el pijama y la cama cada noche.

En cuanto al personal de jardinería de la finca de Carlos en Highgrove, Andersen señala que también debía estar a la altura de sus exigencias. «El jardinero jefe», escribe Andersen. «Se despertaba cada día con una lista de instrucciones y quejas escritas por su jefe en tinta roja».

El libro también revela que el entonces príncipe de Gales se paraba en su porche y, si no estaba contento con el trabajo realizado por los jardineros, supuestamente les gritaba órdenes a través de un megáfono verde.

«Para alguien que dijo que fue intimidado de niño, el Príncipe Carlos claramente disfrutaba intimidándonos», dijo un empleado de Highgrove a Andersen. «Podía ser agradable y cortés, pero la mayor parte del tiempo era malhumorado y mezquino. No se lo pensaba dos veces a la hora de gritarte insultos si ponías un pie en falso».

Otro antiguo ayudante de cámara, Ken Stronach, quien según reveló Andersen durante muchos años se encargó de lavar a mano la ropa interior del príncipe y de arroparle en la cama con su querido peluche, coincidió.

Stronach afirma en el libro haber visto a Carlos, en medio de una discusión con su entonces esposa, la princesa Diana, agarrar un pesado botín de madera y lanzárselo a ella, sin llegar a tocarle la cabeza.

Así, las anécdotas en torno al corto temperamento de Carlos continuan en el libro, desde una vez que rompió un lavamanos al perder una joya, hasta incluso aquella oportunidad en que quería aire fresco y al no poder abrir la ventana la rompió con una silla.

«Al no poder abrir la ventana, cogió una silla y la abrió de un golpe. No satisfecho con el resultado, rompió otra», reveló Stronach. «Hay que entenderlo. El príncipe está acostumbrado a conseguir lo que quiere. Y quería un poco de aire fresco».

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