Revista Velvet | “La historia se repite”: el doloroso adiós de Caroline Kennedy a su hija
Cultura Pop

“La historia se repite”: el doloroso adiós de Caroline Kennedy a su hija

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“La historia se repite”: el doloroso adiós de Caroline Kennedy a su hija

POR Rommy Buchholz | 07 enero 2026

La muerte de Tatiana Schlossberg, a los 35 años, volvió a situar a la familia Kennedy frente a una de esas tragedias que parecen repetirse, generación tras generación. Periodista ambiental, autora y madre de dos hijos pequeños, Tatiana falleció tras una agresiva batalla contra la leucemia mieloide aguda, dejando atrás no solo una carrera en pleno desarrollo, sino también una reflexión pública y profundamente honesta sobre la enfermedad, la maternidad y el peso de la historia familiar.

Hija de Caroline Kennedy, Tatiana creció deliberadamente lejos del foco mediático que marcó la infancia de su madre. Sin embargo, su muerte y el ensayo que escribió en los últimos meses de su vida volvieron a poner en primer plano a una de las dinastías políticas más observadas de Estados Unidos, esta vez desde un ángulo íntimo y doloroso.

Una despedida marcada por la historia

El lunes 5 de enero, en la iglesia de St. Ignatius Loyola, en Nueva York, Caroline Kennedy despidió a su hija acompañada por su esposo Ed Schlossberg y sus hijos. Delante de ellos caminaban el viudo de Tatiana, George Moran, y los dos hijos de la pareja, Edwin y Josephine. Seis días antes, la familia había anunciado su fallecimiento con un mensaje breve y directo: “Siempre vivirá en nuestros corazones”.

La pérdida se suma a una cadena de tragedias que han marcado la vida de Caroline Kennedy desde la infancia, comenzando con el asesinato de su padre, John F. Kennedy, seguido por el de su tío Robert F. Kennedy y la muerte de su hermano John en un accidente aéreo.

El diagnóstico y una carrera contra el tiempo

Tatiana había dado a luz a su segunda hija, Josephine, en mayo de 2024, cuando los médicos detectaron una alteración severa en su conteo de glóbulos blancos. El diagnóstico fue devastador: leucemia mieloide aguda con una mutación extremadamente rara. Ella misma escribió sobre el impacto inicial: “En realidad, era una de las personas más sanas que conocía. Esto no podía ser mi vida”.

Lo que siguió fue un año y medio de quimioterapias, trasplantes de células madre, uno de ellos donado por su hermana Rose, infecciones y ensayos clínicos. Durante ese proceso, Tatiana relató sin adornos la transformación física y emocional que atravesó, desde la pérdida de peso hasta la imposibilidad de tomar en brazos a sus hijos.

El ensayo que rompió el silencio

En noviembre, Tatiana publicó en The New Yorker un ensayo que se convirtió en una de las reflexiones más crudas sobre la enfermedad y el legado familiar. Allí abordó no solo el miedo a morir joven, sino también la culpa que sentía hacia su madre. “Durante toda mi vida he intentado ser buena: una buena estudiante, una buena hermana, una buena hija, y proteger a mi madre y no hacerla sentir molesta o enojada. Ahora he añadido una nueva tragedia a su vida, a la vida de nuestra familia. Y no hay nada que pueda hacer para detenerla”.

Más allá del apellido Kennedy

Formada en Yale y con un máster en Oxford, Tatiana inició su carrera periodística en un diario local de Nueva Jersey antes de incorporarse a The New York Times como reportera climática en 2014. Cubrió desde eventos locales hasta temas ambientales de alcance global, y en 2019 publicó el libro Inconspicuous Consumption, centrado en el impacto ambiental de los hábitos cotidianos.

 

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Antes de enfermar, planeaba un segundo libro dedicado a los océanos y la crisis climática. Ese proyecto quedó inconcluso. En su lugar, dedicó sus últimos meses a crear recuerdos con sus hijos, una intención que dejó por escrito con claridad: “para intentar llenar mi mente de recuerdos”.

Hoy, será Caroline Kennedy quien ayude a preservar la memoria de Tatiana para Edwin y Josephine, tal como su propia madre lo hizo tras la muerte de JFK. Una tarea íntima y silenciosa que, una vez más, pone a la historia personal de los Kennedy en el cruce entre lo privado y lo público, recordando que detrás del apellido hay vidas marcadas por decisiones, vocaciones y pérdidas muy reales.

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